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viernes, 4 de julio de 2008

LeAnDrO PeRdOmO 3


"A los tres días me encontraba navegando en un viejo velero rumbo a América. Íbamos sesenta hombres y una mujer. La mujer era la esposa de uno al que no se le ocurrió nada mejor que llevarla con él".


"No quiero contarte las cosas que sucedieron durante los cuarenta días de navegación a causa de la mujer. Casi matan al marido y casi la matan a ella... Todos querían "abusarla". Y gracias que el marido, como buen isleño bastante desconfiado, tuvo la precaución de llevar un revólver. Viejo y antiguo era el revólver, todo destartalado que yo no sé si acaso funcionaba, pero gracias a él pudo el fulano mantener a raya a aquellos más exaltados que a toda costa querían trompicarla... a la mujer. Pero bueno, este es otro asunto".



"Como te decía, habíamos salido de una playa de Las Palmas sin pasaporte ni documentación alguna, clandestinamente. Otros ya lo habían hecho en pesqueros más viejo y más pequeños y todos habían llegado a Venezuela. Lo que pasamos en la travesía no es para narrarlo. Se nos acabaron los víveres y gracias a un barco japonés que nos tropezó en ruta y nos dio algo. Después tuvimos que racionar el agua. Más tarde se nos rompió el palo del velamen, que al fin pudimos arreglar; y por último, cuando el barco empezó a hacer agua por un costado y no descansábamos achicando, tuvimos la suerte de avisar tierra. Eran las costas venezolanas. Estábamos salvados".


"Al acercarnos a la Guaira nos salió al encuentro una falúa con policías. Casi de remolque entramos en el puerto. Allí nos rebuscaron, nos controlaron, nos inscribieron seguramente en la lista de extranjeros refugiados y, sin más requisitos, nos dejaron ir a cada uno donde quisiéramos. Al patrón y al negociante de la expedición (nos cobraron por cabeza tres mil pesetas) creo que los detuvieron, y el barco quedó fondeado en la bahía para que allí se pudriera, como había sucedido con otros llegados anteriormente. Yo, con dos más, uno de La Gomera y otro de Lanzarote, me puse enseguida camino de Caracas. Extendida bajo un sol caliginoso se respiraba en la ciudad el ímpetu de un pueblo joven, laborioso, lleno de energías y lleno de afán de lucha por el medro personal y... la expansión económica de la nación entera. Este afán y esta lucha la manifestaban, más que los nativos, los miles de emigrantes que de Europa llegaban a la República en busca del vellocino de oro, sobre todo portugueses, italianos y españoles".

(Leandro Perdomo: Nosotros, los emigrantes)



jueves, 3 de julio de 2008

LeAnDrO PeRdOmO 2


"En esas deambulancias a contrarrumbo y sin dirección única que acostumbro hacer de un extremo al otro del caparazón arrecifeño, inconscientemente, mis pasos a menudo buscan el mar, las orillas del mar, los aledaños ribereños frente a los arrecifes rocosos, que resaltan en la marea baja flotando entre las marismas y en los charcos de aguas blancas a veces, no tan blancas otras, que el verdinoso encenagamiento de los fondos alfombrados de algas y musgos suele dar la tónica cromática a los reflejos del sol bajo las olas. Es mi afición marinera. Es mi soterrada y redomada inclinación a las faenas náuticas, mi enclave anímico, mi entretien vital. ¿O no será mi hobby, acaso? Quién lo sabe... Al menos, esos paseos cara al océano sé que me sirven de evasión o, quizás sería mejor decir, de liberación del pensamiento cuando el pensamiento se retuerce encadenado".

(Leandro Perdomo: Arrecife. Antología de crónicas)

domingo, 29 de junio de 2008

LeAnDrO PeRdOmO 1


"Hoy, siempre que puedo merodeo por los rincones costeros de esta isla mía natal, a veces con la caña a cuestas, a veces sin caña, pero con una gran ilusión de olas, y singladuras, y rumbos, y pleamares, y bajamares a cuestas. Yo, internado tierra adentro, necesito más que nada ver el mar, y ese es mi sino. ¡Ah ese sino de los hombres, de algunos hombres! ¡Oh Prometeo encadenado! y ¡oh imaginación, grandiosa imaginación salvadora de los hombres, de algunos hombres! Gracias a la imaginación muchas personas se salvan, unas de la locura, otras de la amargura, otras de la inutilidad total y de la chifladura. Hay quienes han llegado hasta imaginar a Dios, a imaginárselo quién es y cómo es. Es cuando la imaginación simple se convierte en imaginación creadora, que es lo mismo que salvadora."

(Arrecife. Antología de crónicas; by Leandro Perdomo)