Mostrando entradas con la etiqueta New Orleans. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta New Orleans. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de marzo de 2009

PeCaMiNoSa OrLeAnS 4


Los iluminados del Señor recorrían la calle Bourbon día y noche, ataviados con esas sudaderas que aseguraban:

"God hates Mardi Gras"




Predicaban pacíficamente el mensaje de amor de Jesús.



Pero la Bourbon, ya se sabe, está llena de apóstatas, de herejes, de blasfemos...

Contonean sus pecaminosos cuerpos en mueca grotesca, de desprecio y burla.

Ovejas descarriadas.



O bien contraatacan directamente, micrófono en mano, contrapredicando blasfemias.

Nuevos iconoclastas, modernos heréticos.



¡Ardua y espinosa es la labor de quien regala en Mardi Gras la palabra de Dios!



La tensión en algún momento se hizo casi insoportable.

Aquel duelo dialéctico se me antojó casi tan dramático como un sermón apocalíptico en Speakers´ Corner.

Uno defendiendo la materia y el otro el espíritu.

Uno abogando por este mundo y su contrincante apelando al más allá.

Uno llamándolo vicio y el otro virtud.



Desde las alturas la gente se rebelaba contra aquel sermón vociferado a golpe de escupitajo.

Les abucheaban, les insultaban, les hacían cortes de manga.



A este tipo se le acabaron los argumentos ateos y decidió, directamente, desabrocharse la bragueta y exhibir su trozo de materia, con el que hacer frente a tanta exuberancia espiritual.



Bourbon Street, calle de contrastes.

O no:

A fin de cuentas, de una y otra parte, el mismo histrionismo, el mismo cachondeo, idéntico sentido del espectáculo.

Si yo fuera creyente y llegara a recalar por accidente en la calle Bourbon, probablemente me avergonzaría más de los defensores que de los detractores de Dios.


viernes, 6 de marzo de 2009

PeCaMiNoSa OrLeAnS 1


De primero, unas cervecitas bien frías.

De segundo, un vinito.

De postre, una hand granade.

Y luego ya nos pasamos a los rones.

¿Ok?



Ahora en serio: en New Orleans también comimos.

La especialidad, comida cajún: legumbres, arroz, verduras, jamón.

Nada mejor para desintoxicarme después de tanto texas-burguer.



También el marisco es especialidad de New Orleans y la última noche me di un verdadero homenaje.

Retrospectivamente descrito se me antoja decir que di rienda suelta, también, a la gula.



Pero la sede del pecado era, sin duda, esta calle: Bourbon Street, sita en el French Quartier.

Los franceses, ya se sabe... puro libertinaje.



Desde los balcones la gente tiraba los ya mentados color beads.

Es ésta una tradición que se remonta hasta finales del siglo XIX, aunque los orígenes del carnaval de New Orleans, o Mardi Gras, son anteriores (principios del XVIII, cuando llegan los franceses a la ciudad).



Parece que las listas de espera para alquilar uno de estos balcones pueden ser de años.

¿Alguien quiere que le pille algo para el 2015?



Hay quien tira collares, hay quien tira ropa, libidinosamente...



Pero donde se percata uno de que la Bourbon es la calle del pecado es a su entrada, donde hacen guardia los vigilantes y garantes de la fe, las buenas costumbres y la virtud.



Allí enarbolan sus pancartas timoratas y apocalípticas.



Y no sólo allí: en cualquier cruce de caminos, en cualquier esquina transitada, cerca del pecado, plantan su chiringuito espiritual estos salvadores de almas.

Unos rezan, otros leen la biblia, otros predican...

De una guagua escolar salieron una noche 30 o 40, prestos a evangelizar la ciudad.

Todos llevaban literatura sacra en las manos y una sudadera que rezaba (valga la redundancia):

"God hates Mardi Gras"

Mientras sostenía un ron con la derecha una de esas fustigadoras del pecado me cogió la izquierda y rezó por mí una oración, pese a haberle advertido que yo era una causa perdida ya y que ni bautizo tuve.

¿Por qué tanto odio a Mardi Gras?

Al fin y al cabo, como le dijo Raquel a uno de ellos en plena borrachera:

-Yo miro alrededor... y sólo veo amor.



¿Por qué, pues, detesta nuestro diosito la fiesta de Mardi Gras?

Por las tetas, supongo.

En Mardi Gras las mujeres enseñan fugaz o demoradamente su custodiado frontis, a cambio de un collar de cuentas.

No me aclaro: hay webs que dicen que esto es una tradición tan antigua como la de los propios beads y otras que lo niegan y se lamentan de esta degeneración del Mardi Gras.

No sé, es un tema polémico, ideológicamente contaminado, y no tengo tiempo para demorarme en una investigación estrictamente teórica sobre la materia.



No me aclaro pero me da igual, pues al final me acabo repitiendo lo mismo:

-Ante la duda...



...la más...

Joder, lo siento, no me viene la rima.



Quizás también odie diosito Mardi Gras debido a la depravación de esta gente: invertidos, zarazas, errores de la naturaleza.

La tipa que me cogió la mano y rezó por mí me dijo una aberración; bueno dos:

La primera me cabreó mucho:

-Imagínate que te mueres esta misma noche.

-Joder, tía ceniza, eso no se le dice a nadie
-pensé, y le dije algo parecido pero en inglés.

La segunda: que los niños con síndrome de Down eran un regalo de Dios.

Interrogada socráticamente me respondió que sí, que prefería tener un hijo síndrome de Down que un hijo sin dicha... "gracia".

Como a continuación afirmó que su hija tenía síndrome de Down no quise seguir por ahí, por no herir sensibilidades. Si me tocaba morir esa noche, al menos me despediría con educación y tacto.

Pero me pregunto ahora en que grupo metería mi angel de la guardia a los homosexuales:

¿regalos o castigos de Dios?

Por las pancartas que vi, imagino la respuesta.



Tetas, gays...

...y muchas hand granades, la bebida -junto al hurricane- más popular del Mardi Gras.

Joder, qué miedo, todos los ingredientes para el Apocalisis en una misma calle.



Eso sí, ya puestos a pecar, hagámoslo bien, carajo.

Bebamos como auténticos endemoniados, como si el maligno en persona secara a fuego nuestros gaznates entre trago y trago.

Pequemos y bebamos con ganas, joder, mientras estas pancartas de al lado me dicen:

"Arrepiéntete de tu pérfido corazón de incrédulo"

"Confía en Jesús"

"Pregúntame por qué mereces ir al infierno".

Y es que nunca resultó tan morboso y excitante cogerse una simple cogorza.

(Seguro que hasta Montse se hubiera animado)



He de reconocer que la omnipresencia de estos personajes tan simpáticos fue una de las cosas que más me impactó del Mardi Gras de New Orleans.

¿Se creían todo lo que decían?

¿Les pagaba alguien o lo hacían voluntariamente?

¿Desde qué lugares del país (aparte de Texas) vendrían?

¿Desde cuándo habrían estado preparando el Mardi Gras?

¿Querían de verdad salvar almas o sólo ver un par de tetas?

¿Serían quizás ateos escenificando una parodia de lo más rancio del ideario religioso?

Ante tantas preguntas, afortunadamente siempre habia alguna tetuda a mano para sacarme de apuros, metafóricamente hablando.



Sea como fuere, eran objeto de mofa y de protestas.

Hay quien se burlaba, hay quien discutía de teología con ellos.

Bourbon Street: un buen lugar para filosofar a plena luz del día con una copa en la mano.



Sea como fuere, esta gente tenía muchos cojones (o estaba bien armada).

A paso de procesión recorrían incesantemente la calle del pecado, increpando y amonestando a los más deshinibidos, proclamando su fe a golpe de provocación y bramando su diatriba contra todo en nombre del Altísimo, mientras del cielo caían color beads, las descendientes de Eva exhibían sus encantos y por doquier se derramaba, con alevoso placer, la sangre de Cristo y otros efluvios.



Los publicistas, sociólogos de nuestro tiempo, lo habían pillado a la primera.

La sociedad americana era puritana hasta para beber.

Atrapados por la inmoderación de los extremos, sólo cabía la virtud radical de la sobriedad última o la caída incontrolada en los abismos pecaminosos del alcohol.

El universo simplón de la moral puritana hacía mucho más atractivo el placer más mundano que divino (la mayor parte de las veces) de la ebriedad.

Había que sacar partido de ello y diseñar un anuncio incomprensible en España, en donde la comparación de una cerveza con el pecado hubiera sido una hipérbole extemporánea sin gancho alguno...

New Orleans en Mardi Gras:

Lugar o tiempo de contrastes, religión y farra, sexo y castidad, represión y exhibicionismo...

Pecaminosa ciudad para unos, Nueva Sodoma y Nueva Gomorra, a un paso del hospital, de la jail y del graveyard.

Fiesta mundana de celebración de los placeres del cuerpo y la materia, para otros.

Antes de los cuarenta días de penitencia, vale la pena.




viernes, 27 de febrero de 2009

CoLoR BeAdS


Le pregunté a mi directora antes de irme si quería que le trajera algo de New Orleans.

-Some beans -le entendí yo: judías.

Busqué en la red: había unos "red beans" típicos de la zona... ¿se referiría a ésos?

Nada más llegar a New Orleans, en pleno Mardi Gras, me di cuenta que lo que había dicho mi directora era otra cosa:

-Some beads.

Lo cual explica, en parte, el tono de sorna con que lo había dicho.



Toda la ciudad estaba decorada con collares de cuentas de colores, que colgaban de cuellos o de balcones.



En el lugar más insospechado, apartado del meollo carnavalero, volvían a aparecer los color beads, como estribillos de villancico, como olas de un mar inagotable, como lunares en la espalda de una mujer de tez blanca y pecosa.



Los color beads habían tomado la ciudad, como una plaga de langosta africana.

Su presencia había inundado las calles de un aire de festividad y hasta las interdicciones municipales sonaban a guasa.



Había color beads dentro de los coches, en los manillares de las bicis y hasta en los cables aéreos del tranvía.

New Orleans no era como el resto de ciudades texanas y los coches no ejercían allí su singular dictadura.



La gente llevaba color beads por el día.

Paseaba con ellos colgados del cuello como quien en Tyler exhibe su crucifijo, con orgullo y sin complejos.



Por las noches esa misma gente se dedicaba a hacer cosas raras con los color beads...



...hasta horas intempestivas, en que todo se veía borroso y en la retina se fundían formas, colores y anhelos.



Otra vez de día, los color beads pegaban con todo.



Los portaba gente seria...



...y gente no tan seria.



Y menos mal que iban al cuello, pues faltaban manos libres.



Algún anuncio bienintencionado...



...cada jornada carnavalera era refutado.

Metí el último día en la maleta de viaje un puñado de color beads, con la intención de llevarlos al cole y regalárselos en la reunión de grado del viernes a las profes de 1st Grade y a la jefa de estudios.

La reunión, al final, fue cancelada.

Menos mal.