
De primero, unas cervecitas bien frías.
De segundo, un vinito.
De postre, una hand granade.
Y luego ya nos pasamos a los rones.
¿Ok?

Ahora en serio: en New Orleans también comimos.
La especialidad,
comida cajún: legumbres, arroz, verduras, jamón.
Nada mejor para desintoxicarme después de tanto texas-burguer.

También el marisco es especialidad de New Orleans y la última noche me di un verdadero homenaje.
Retrospectivamente descrito se me antoja decir que di rienda suelta, también, a la gula.

Pero la sede del pecado era, sin duda, esta calle: Bourbon Street, sita en el French Quartier.
Los franceses, ya se sabe... puro libertinaje.

Desde los balcones la gente tiraba los ya mentados
color beads.
Es ésta una tradición que se remonta hasta finales del siglo XIX, aunque los orígenes del carnaval de New Orleans, o
Mardi Gras, son anteriores (principios del XVIII, cuando llegan los franceses a la ciudad).

Parece que las listas de espera para alquilar uno de estos balcones pueden ser de años.
¿Alguien quiere que le pille algo para el 2015?

Hay quien tira collares, hay quien tira ropa, libidinosamente...

Pero donde se percata uno de que la Bourbon es la calle del pecado es a su entrada, donde hacen guardia los vigilantes y garantes de la fe, las buenas costumbres y la virtud.

Allí enarbolan sus pancartas timoratas y apocalípticas.

Y no sólo allí: en cualquier cruce de caminos, en cualquier esquina transitada, cerca del pecado, plantan su chiringuito espiritual estos salvadores de almas.
Unos rezan, otros leen la biblia, otros predican...
De una guagua escolar salieron una noche 30 o 40, prestos a evangelizar la ciudad.
Todos llevaban literatura sacra en las manos y una sudadera que rezaba (valga la redundancia):
"God hates Mardi Gras"
Mientras sostenía un ron con la derecha una de esas fustigadoras del pecado me cogió la izquierda y rezó por mí una oración, pese a haberle advertido que yo era una causa perdida ya y que ni bautizo tuve.
¿Por qué tanto odio a Mardi Gras?
Al fin y al cabo, como le dijo Raquel a uno de ellos en plena borrachera:
-Yo miro alrededor... y sólo veo amor.

¿Por qué, pues, detesta nuestro diosito la fiesta de Mardi Gras?
Por las tetas, supongo.
En Mardi Gras las mujeres enseñan fugaz o demoradamente su custodiado frontis, a cambio de un collar de cuentas.
No me aclaro: hay webs que dicen que esto es una tradición tan antigua como la de los propios beads y otras que lo niegan y se lamentan de esta degeneración del Mardi Gras.
No sé, es un tema polémico, ideológicamente contaminado, y no tengo tiempo para demorarme en una investigación estrictamente teórica sobre la materia.

No me aclaro pero me da igual, pues al final me acabo repitiendo lo mismo:
-Ante la duda...

...la más...
Joder, lo siento, no me viene la rima.

Quizás también odie diosito Mardi Gras debido a la depravación de esta gente: invertidos, zarazas, errores de la naturaleza.
La tipa que me cogió la mano y rezó por mí me dijo una aberración; bueno dos:
La primera me cabreó mucho:
-Imagínate que te mueres esta misma noche.
-Joder, tía ceniza, eso no se le dice a nadie -pensé, y le dije algo parecido pero en inglés.
La segunda: que los niños con síndrome de Down eran un regalo de Dios.
Interrogada socráticamente me respondió que sí, que prefería tener un hijo síndrome de Down que un hijo sin dicha... "gracia".
Como a continuación afirmó que su hija tenía síndrome de Down no quise seguir por ahí, por no herir sensibilidades. Si me tocaba morir esa noche, al menos me despediría con educación y tacto.
Pero me pregunto ahora en que grupo metería mi angel de la guardia a los homosexuales:
¿regalos o castigos de Dios?
Por las pancartas que vi, imagino la respuesta.

Tetas, gays...
...y muchas hand granades, la bebida -junto al hurricane- más popular del Mardi Gras.
Joder, qué miedo, todos los ingredientes para el Apocalisis en una misma calle.

Eso sí, ya puestos a pecar, hagámoslo bien, carajo.
Bebamos como auténticos endemoniados, como si el maligno en persona secara a fuego nuestros gaznates entre trago y trago.
Pequemos y bebamos con ganas, joder, mientras estas pancartas de al lado me dicen:
"Arrepiéntete de tu pérfido corazón de incrédulo"
"Confía en Jesús"
"Pregúntame por qué mereces ir al infierno".
Y es que nunca resultó tan morboso y excitante cogerse una simple cogorza.
(Seguro que hasta
Montse se hubiera animado)

He de reconocer que la omnipresencia de estos personajes tan simpáticos fue una de las cosas que más me impactó del Mardi Gras de New Orleans.
¿Se creían todo lo que decían?
¿Les pagaba alguien o lo hacían voluntariamente?
¿Desde qué lugares del país (aparte de Texas) vendrían?
¿Desde cuándo habrían estado preparando el Mardi Gras?
¿Querían de verdad salvar almas o sólo ver un par de tetas?
¿Serían quizás ateos escenificando una parodia de lo más rancio del ideario religioso?
Ante tantas preguntas, afortunadamente siempre habia alguna tetuda a mano para sacarme de apuros, metafóricamente hablando.

Sea como fuere, eran objeto de mofa y de protestas.
Hay quien se burlaba, hay quien discutía de teología con ellos.
Bourbon Street: un buen lugar para filosofar a plena luz del día con una copa en la mano.

Sea como fuere, esta gente tenía muchos cojones (o estaba bien armada).
A paso de procesión recorrían incesantemente la calle del pecado, increpando y amonestando a los más deshinibidos, proclamando su fe a golpe de provocación y bramando su diatriba contra todo en nombre del Altísimo, mientras del cielo caían color beads, las descendientes de Eva exhibían sus encantos y por doquier se derramaba, con alevoso placer, la sangre de Cristo y otros efluvios.

Los publicistas, sociólogos de nuestro tiempo, lo habían pillado a la primera.
La sociedad americana era puritana hasta para beber.
Atrapados por la inmoderación de los extremos, sólo cabía la virtud radical de la sobriedad última o la caída incontrolada en los abismos pecaminosos del alcohol.
El universo simplón de la moral puritana hacía mucho más atractivo el placer más mundano que divino (la mayor parte de las veces) de la ebriedad.
Había que sacar partido de ello y diseñar un anuncio incomprensible en España, en donde la comparación de una cerveza con el pecado hubiera sido una hipérbole extemporánea sin gancho alguno...
New Orleans en Mardi Gras:
Lugar o tiempo de contrastes, religión y farra, sexo y castidad, represión y exhibicionismo...
Pecaminosa ciudad para unos, Nueva Sodoma y Nueva Gomorra, a un paso del hospital, de la jail y del graveyard.
Fiesta mundana de celebración de los placeres del cuerpo y la materia, para otros.
Antes de los cuarenta días de penitencia, vale la pena.