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lunes, 18 de abril de 2011

¿InTiMiDaD VioLAdA 2?


Hay que reconocer que la Caleta de Famara is different:

¡Montar un Carnaval a mediados de marzo, casi en Semana Santa!


Fue hace tan sólo dos fines de semana (es verdad: llevo una buena temporada ausente del blog), y lo pasé bastante bien.
 
Lo mejor fue dormir en casa y no tener que conducir borracho a horas intempestivas: bastaba con cruzar la calle para ponerle a la noche su punto final.



No me esperaba para nada ver a Pepe Benavente en el Carnaval de Famara.  

Yo le dije a Nico (mi primo):

-Chacho, ése se parece a Pepe Benavente.

-¿Te puedes creer que nunca he visto al Pepe Benavente ese?

(Mi primo es abogado, le gusta la literatura fantástica, el ajedrez y participa esporádicamente en misiones internacionales como observador electoral... No sé si todo ello explica el que no conozca a Pepe Benavente. Algo debe de explicar)

-Naycol, vamos a acercarnos al escenario porque me da que es él.

Y en efecto, allí estaba el Pepe más famoso de la TV Autónomica Canaria, haciendo retruécanos y meneando la cintura a ritmo de bolero en el escenario del Llano de Famara.

"Altamente surrealista" -pensé- "Como todo lo que ocurre en este pueblo"



Media hora antes mi primo Nico se había rociado la camiseta con Betadine (para darle más verosimilitud al disfraz de zombie) y yo me había puesto una gorra de flores y unas gafas plateadas (para que me entrara la gorra había tenido que quitarme, por cierto, la peluca rubia, tras treinta y dos días de exhibición ininterrumpida).

Ya estábamos, pues,  listos para darlo todo.


Por supuesto, como me temía, lo primero que me encontré fue a mis alumnos.

Nota aclaratoria nº1: A todo profesor/a le resulta incómodo tropezarse a sus alumnos/as mientras está de marcha. Se trata de una Ley Universal del Cosmos y las explicaciones son muy variadas (Montse: sospecho que tú eres una excepción ¿me equivoco?).

Nota aclaratoria nº2: Hube de aclararle a mis alumnos que lo de haberme quitado la peluca era algo meramente transitorio. Volvería a ponérmela en cuanto terminara el Carnaval.



El desfile no era el coso de Santa Cruz, vale, pero las carrozas, la batucada y la gente disfrazada animaron las calles de este pueblito surfero como si de Rio de Janeiro se tratara.

 

¡Y sí! ¡Es Lidel!

Cuando lo vi, jugando con los niños, me acerqué disimuladamente, sin pronunciar su nombre (el dueño estaba cerca), su verdadero nombre (el dueño lo llama de otra forma), y Lidel se abalanzó sobre mí, mientras me llenaba de lamidos y besos.

Menos mal que en esto apareció mi primo Nico, que aunque amante de los perros, iba disfrazado de zombie: Lidel huyó como de la pólvora, mientras ladraba, farruco pero en retirada. Conseguimos así que el dueño  (mi vecino) no se enterara "de lo nuestro".




¡Ni idea quiénes son éstos!

Uno en Carnavales se junta con lo peor de cada casa. Voy a imprimir la imagen y titularla: "Foto de familia: Family Monster".


Al final todo termina.

El Carnaval de Famara es un mes más tarde que en el resto del mundo. Al principio cuesta calzarse un disfraz con estos calores que preludian el verano. Es como comer peladillas en agosto. Pero al final uno se acostumbra, como a todo. El fin del Carnaval chicharrero produce melancolía y desconsuelo. (Y una monumental resaca). Menos mal que existe el de Famara, prolongación desesperada del primero, sucedáneo delirante y deliciosamente extravagante.

Los caleteros ya están, también, en Semana Santa. Su cuaresma es la más breve del mundo: sólo dura una semana.

Nota aclaratoria nº3: Este es uno de mis clásicos posts en los que hago una crónica fotográfica de alguna festividad, tradición o viaje. Como he querido cumplir con la legalidad vigente (con la Ley de Protección de Datos de Carácter Personal), según la cual no puedo sacar y publicar fotos o videos de personas que no hayan dado su consentimiento expresamente, me he visto obligado a sustituir las fotos originales por otras realizadas en los mismos lugares pero a diferente hora, cuando las calles estaban desiertas. Confío en que el cumplimiento de la ley y la adecuación a lo moralmente preferible no escatime o mengüe el interés de la crónica carnavalera.

domingo, 20 de marzo de 2011

SoY dALTóNiCo


De Londres me apasionan sus museos.

Además de inabarcables, son muy amenos e interactivos. A los escolares que lo recorren, libreta en mano, se les ve encantados, anotando datos que leen en los paneles informativos o que escuchan en un video. Los profesores los dejan danzar libremente por las distintas salas y galerías, pese a ser algunos de estos escolares muy menudos. Viéndoles me pregunté (con bastante escepticismo) si nuestros peques, en una situación parecida, darían muestra de semejante autonomía.



Esta chica está copiando un retrato de Tomás Moro (creo), en la National Gallery Portrait. La profesora les había dejado a sus alumnos elegir el retrato que más les inspirase y ellos se habían puesto manos a la obra, entusiasmados. Mientras ellos dibujaban, la profesora iba observando el trabajo y corrigiendo o aprobando el trazo de cada uno.

Yo quise ser uno de esos alumnos. 

En Londres los escolares visitan el British Museum, la National Gallery o el Natural History Museum. En Tenerife nos llevaban, en cambio, a la fábrica Danone y, con suerte, a la de Coca-Cola.


Pero afortunadamente de pequeño hice un viaje a Londres con mis padres y pude visitar este museo con apariencia de catedral: el Natural History Museum.

Y fue allí donde por primera vez supe que era daltónico.



Al volver hace unas semanas a este museo, le hablé a Olivia de aquella sección, dedicada al cuerpo humano, en la que hacía muchísimos años había sido incapaz de detectar unos números camuflados en un dibujo. Mi madre entonces me había dicho: "Hijo, puede que seas daltónico".

Eso cuadraba bastante con algunas anécdotas. Las discusiones en torno al color de un objeto siempre han sido una constanteen mi vida. Cuando se trataba de verdes, grises o marrones, yo notaba que me faltaba convicción en el modo de distinguirlos, identificarlos y nombrarlos.
Pero mi vida transcurría con total normalidad y aquello no alteraba en absoluto el día a día: no confundía el verde con el rojo en los semáforos, y distinguía claramente los colores puros y no mezclados, como el verde que tapiza el fondo de escritorio de mi blog.

En realidad, nunca llegué a estar seguro de ser daltónico. Aquel experimento había tenido lugar hacía muchísimos años, y no en la consulta de un oftalmólogo, sino en un museo. No había pues evidencia científica de mi daltonismo.




 ¡Hasta que, perplejo, volví a hacer hace unas semanas el test en el Natural History!

Yo iba pasando las diapositivas, mientras tapaba con la funda de la cámara la leyenda explicativa. Olivia entonces me preguntaba: "¿Qué ves?". Y yo decía: "Veo un 9". Y ella insistía: "¿No ves nada más?". Y yo: "Bueno, veo una ligera sombra junto al 9. Me parece un 5 o un 6, no estoy seguro". 

Y entonces leíamos la leyenda: 

"96: Probablemente tienes visión completa del color; 9 y un amago de 6: Probablemente tienes un problema en la percepción del color verde; 6 y un amago de 9: Probablemente tienes un problema en la percepción del color rojo".

¡Yo era daltónico!

No sabía si celebrarlo o entristecerme por ello, pero al menos ya no era una vaga sospecha, sino una evidencia.




Al llegar a casa investigué algo más en torno al mal del daltonismo, y consulté en internet varias cartas de Ishihara (como la de arriba), para confirmar mi diagnóstico.

Y efectivamente, pude comprobar que padezco un tipo de daltonismo por el que no distingo ciertas gamas de verde.

Al parecer, el ojo humano dispone de conos y de bastones. Los primeros son los responsables de la visión del color; los segundos, de la luz. Hay tres tipos de conos: uno sensible al azul, otro al verde y el tercero al rojo. Combinándolos somos capaces de percibir unos 20 millones de colores distintos. En la pigmentación de mis conos encargados del verde hay un defecto, que hace que confunda unos con otros.

El daltonismo es un defecto genético, y es más frecuente en los hombres que en las mujeres. Según la Wikipedia afecta al 8% de los hombres y al 0,5 de las mujeres. Ello se debe a que sólo se transmite por el cromosoma X y a que el alelo por el que lo hace es recesivo (un alelo es dominante cuando "se impone" al alelo contrario y se manifiesta en los rasgos físicos del individuo; si es recesivo, entonces no se manifiesta sino que se inhibe, a no ser que el otro alelo sea también del mismo tipo). Las mujeres tienen dos cromosomas X. Para que una mujer sea daltónica, los dos alelos ligados al rasgo de la visión del color han de ser propios del daltonismo. Esto es bastante poco frecuente. En el caso del hombre, basta con que su único cromosoma X tenga el defecto del daltonismo para que el individuo sea daltónico. Paradójicamente, las mujeres son las únicas que pueden transmitir el daltonismo a su descendencia (debido a que el gen del daltonismo "viaja" en el cromosoma que ella transmite, el X).

Si me he enrollado como una maraca, aquí tienes la explicación de la Wikipedia, más clara y concisa:

"El defecto genético es hereditario y se transmite por un alelo recesivo ligado al cromosoma X. Si un varón hereda un cromosoma X con esta deficiencia será daltónico, en cambio en el caso de las mujeres sólo serán daltónicas si sus dos cromosomas X tienen la deficiencia, en caso contrario serán sólo portadoras, pudiendo transmitirlo a su descendencia. Esto produce un notable predominio de varones entre la población afectada: el daltonismo afecta a aproximadamente el 8% de los hombres y solo al 0,5% de las mujeres".

La Wikipedia habla explícitamente de "defecto". Sin embargo, también dice:

"Aunque la confusión de colores entre un daltónico y otro puede ser totalmente diferente, incluso en miembros pertenecientes a la misma familia, es muy frecuente que confundan el verde y el rojo; sin embargo, pueden ver más matices del violeta que las personas con visión normal y son capaces de distinguir objetos camuflados. También hay casos en los que la incidencia de la luz puede hacer que varíe el color que ve el daltónico".



¿Qué querrá decir con eso de que somos capaces de distinguir los objetos camuflados?


¿Quiere decir eso que estamos mejor preparados genéticamente para encontrar a Wally?

En fin, haciendo virtud de la necesidad, proclamo:

¿Quién quiere poder distinguir 20 millones de colores si luego se pasa toda la tarde buscado a Wally y no lo encuentra?

viernes, 18 de marzo de 2011

AgEnDa VeRdE


Pese a estar ya a mediados de marzo, ayer me he comprado una agenda. 

Mi cabeza y el dorso de mi mano izquierda estaban llenos de recordatorios, apuntes, citas, tareas pendientes, pequeños proyectos que me veo obligado a postergar. Me he dicho: "Tu cabecita necesita un disco duro externo". Así que he entrado en una papelería y he preguntado por una agenda del 2011.

En la foto se puede apreciar que no es exactamente una agenda lo que me he comprado, sino un dietario. La dueña de la papelería no me supo explicar en qué se diferenciaba una agenda de un dietario: en ambos había un calendario inicial, una página en blanco para cada día y un santoral que me informaba que hoy, por ejemplo, es San Cirilo. En las últimas páginas había en cambio un apartado titulado "Resumen del Año". Pensé en las posibilidades literarias de esta sección final y me decidí a llevarme la agenda. Esto es, el dietario.

Ya en casa he sabido por el diccionario que un dietario es un libro de contabilidad, en el que se anotan los gastos e ingresos diarios de una casa. De ahí el apartado titulado "Vencimientos".

Da igual.

Poco importa si es agenda o sucedáneo.

Como le dije a la dueña de la papelería:

-Lo que importa es que es mi color favorito.

 

jueves, 27 de enero de 2011

SeR pRoFeSoR



Ayer tuvimos Consejo Escolar, así que volví a salir de noche del instituto.

Seguía lloviendo.

Me metí en el coche y puse uno de esos álbumes antiguos de Sabina que aunque envejecen nunca caducan. El limpiaparabrisas marcaba la cadencia de la música, de la lluvia, de mi cansancio y de mi estado de ánimo.

De camino a casa son 22 kilómetros y me gusta aprovechar ese tiempo para escuchar las noticias. Pero ayer era uno de esos días en los que uno no está para escuchar las noticias (los políticos, las pensiones, los mercados, ya saben) sino para ordenar las ideas que se acumulan en la cabeza con mayor rapidez de lo que hace falta para procesarlas o digerirlas.

Dar clase en un instituto (ser profesor) significa que al final del día las ideas se te acumulan en la cabeza con mayor rapidez de lo que hace falta para procesarlas o digerirlas.

Los posts surgen de un estado de ánimo.

Surgen de la lluvia golpeando la luna de un coche.

De la música del parabrisas o de la cadencia que marca una guitarra y las reminiscencias de un estribillo.

Eso es lo que quería hacer: llegar a casa y vomitar este post.

Pensé entonces en los comentarios a los que no había tenido tiempo de responder. Pensé en los enlaces que no había podido aún visitar. Me miré la mano izquierda. Con bolígrafo verde decía en el dorso de la mano: "Policía: botellón" y "Examen Jhony". Pensé entonces en que tenía que dejar preparados para hoy diversos exámenes (del trimestre, de recuperación, de alumnos enfermos) y calculé asimismo cuánto tiempo me iba a llevar preparar las clases de hoy.

Ser profesor significa que al final del día uno siempre tiene que calcular cuánto tiempo le va a llevar preparar las clases del día siguiente.

Al final del día siempre me pregunto: ¿cuánto tiempo hoy para ver algo en la tele? ¿cuánto tiempo para leer? ¿cuánto tiempo para hablar por teléfono?

En definitiva: seguía lloviendo y yo llegué a la conclusión de que no tendría tiempo de escribir ningún post.

 Así que el post que estoy ahora mismo escribiendo es el mismo que tenía ganas de escribir ayer.

Y eso nunca es bueno... pues ahora tengo la extraña sensación de estar haciendo los deberes.

Ayer se me ocurrió pensar que puesto que la mayor parte de las horas del día (de mi vida) transcurren en el instituto o las ocupo en una actividad relacionada con él, lo más normal sería dedicar alguna entrada a mis alumnos, a mis clases, a la asignatura que imparto, al instituto.

No es así.

(Casi ninguno de mis posts tratan de todo eso)

Muy al contrario: entro en el blog como quien entra en la ducha, como quien se va de viaje, como quien se sepulta en la cama bajo edredones, como quien se traviste, como quien se hace el loco, como quien sufre un episodio de amnesia, como quien se emborracha, como quien pone los cuernos, como quien se echa a dormir... como quien pega un frenazo, detiene su coche en medio de la ruta y sale a coger aire y a empaparse con la lluvia, que cae torrencial y oxigenada desde el cielo.

O algo así.

Ayer se me ocurrió la idea de narrar en un post toda mi jornada escolar, desde las 8 de la mañana con 2º A de bachillerato, comentando a Aristóteles, hasta las 19:30 en el Consejo Escolar, hablando de los alumnos que en el recreo se esconden del profesor de guardia, en un rincón del patio, para fumar.

Ayer era ése el post que quería escribir: un post interminable, como el Ulises de Joyce, sobre lo que ocurre en mi instituto en un solo día.  

Hoy me he puesto a escribir, finalmente, no ese post sobre el instituto, pero sí algo parecido.

Hoy me he puesto a escribir también desde el instituto.

(los martes y los jueves tengo clases de mañana y de tarde, así que almediodía no vuelvo a casa)

Hoy he colgado un video con imágenes de mi instituto.

Hoy he escrito un post de profesor...

Y sin embargo, palpo esta silla en la que estoy sentado ahora mismo, frente al ordenador de la Sala de Profesores; palpo la tela recia y está húmeda.

Hoy vuelvo a ser profesor aquí en el blog, de nuevo, o todavía.

Y sin embargo mis vaqueros están mojados, mis zapatos encharcados y mi chaqueta chorrea agua por las costuras.

Todo mi cuerpo huele a lluvia.


 

lunes, 24 de enero de 2011

miércoles, 19 de enero de 2011

sArDiNaS JaReAdAs 1

 

 Éste es Lídel, el perrito al que le gustan las salchichas.

Siempre he pensado que la Humanidad se divide en dos clases de personas:

a) los amantes de los perros.

b) los amantes de los gatos.

Los primeros son extrovertidos y sociables; personas alegres a las que les gusta la compañía y las manifestaciones públicas de afecto. Son directos en el trato con la gente, no se guardan casi nada en la recámara. Son confiados y a veces tienen tan poco malicia, o pueden llegar a ser tan simples como dicen las mujeres que somos los hombres.

Los amantes de los gatos son en cambio seres introspectivos, generalmente tímidos, o simplemente con una vocación irrenunciable por la soledad. Necesitan del afecto de los otros, pero en dosis controladas, para evitar el colapso por saturación (y babas). Son más rebuscados, o más complicados, tal y como decimos los hombres que son las mujeres.

Los lectores habituales de este blog saben de sobra por cuál de estos dos mamíferos siento una mayor devoción; y por tanto dentro de qué tipo humano me veo a mí mismo.



Lídel apareció en mi vida (o en mi casa) hace tan sólo una semana. 

Siempre pensé que era el perrito del vecino, un tipo alto y tieso como un mástil, viejo y huraño. Casi siempre que lo veía andaban juntos. Sin embargo, de un tiempo a esta parte Lídel anda siempre solo, recorriendo las calles de arena de La Caleta.

La semana pasada le hice unas carantoñas y se tomó la confianza de subir tras de mí las escaleras de mi casa y colarse en la cocina. Era la hora de la cena, así que abrí la nevera y le fui dando, cachito a cachito, una salchicha alema del supermercado Lidl. El perrito devoraba la salchicha con desesperación de náufrago.

Al día siguiente, a la misma hora, yo llegaba exhausto del instituto (los martes y los jueves doy clase en el nocturno) y a la puerta de mi casa estaba haciendo guardia el perrito del vecino. Pensé en las salchichas alemanas del Lidl, y allí mismo lo bauticé:

-¡Vamos, Lídel, sube, que es la hora de la cena! -le azucé.

Lídel salió escopetado escaleras arriba, en dirección a la nevera: esa noche cayó otra salchicha alemana.

De este modo, noche a noche, se fue construyendo entre Lídel y yo una placentera rutina, como la que van forjando los amantes a lo largo del tiempo.



Pero llegó el día fatídico.

Llegó nuestra primera crisis.

Y es que una de esas noches, en la que llegaba a casa tarde y sin fuerzas para juguetear con Lídel, al abrir la nevera descubrí que el bote de salchichas estaba vacío.

(Sí, lo reconozco: soy de esas personas que terminan un bote o un paquete de algo y lo dejan nuevamente en la nevera, a la espera de que alguien con más iniciativa y resolución acabe por tirarlo a la basura)

Mientras yo miraba con cara de imbécil el bote lleno de ese líquido en el que nadan (cuando quedan) las salchichas, Lídel movía la cola frenéticamente, salivando y extasiado, ajeno a la tragedia que se estaba mascando.

-Ya va, Lídel, ya va -decía, tranquilizador, mientras en mi interior mi cabeza trataba de sacudirse el abotorgamiento y el cansancio para buscar una solución.

Llené un tazón con el líquido amniótico de las salchichas, cuyo olor me pareció tan penetrante, tan asalchichado, que por un momento pensé que a Lídel no le importaría cenar caldo de salchicha, para variar.

Pero Lídel husmeó aquel mejunje y lo rechazó con displicencia.

Registré mi nevera y mi despensa: pasta, papas, frutos secos, yogures, bases de pizza, fruta, queso blanco, pepinillos, dátiles, cereales, leche, berberechos... 

Allí no había nada apropiado para Lídel.



Y entonces vi las sardinas jareadas.

-Si fueras un gato- le dije.

Lídel me miraba expectante, como queriendo comprenderme.

-Si fueras un gato todo sería más fácil.

Lídel agachó las orejas. Una especie de gemido se escapó de su interior.

-¿Y por qué no? -le dije-. ¿Por qué no ibas a ser tú capaz de comer sardinas?

Y así, con suma precaución, le partí una porción de sardina jareada. Lídel la olisqueó y se abalanzó sobre ella, casi con mayor entusiasmo que hacia las salchichas a las que lo tenía habituado.



No he vuelto a hacer una compra en Lidl. Así que, hasta la fecha, el perrito Lídel sigue cenando cada noche sardinas jareadas.

Entre los dos se ha restaurado la vieja rutina y el pescado salado ha hecho posible esta dulce reconciliación.



 Hay personas extrovertidas, y de una jovialidad sencilla: son los amantes de los perros.

Hay otras personas que se sienten más cómodas en el ensimismamiento de sus soledades: son los que aman a los gatos.

Pero Lídel es un perro al que le gustan las sardinas jareadas.

Así que es muy probable que las cosas no resulten ser tan simples como parecen.

Y que cada persona sea un misterio, una incógnita, un enigma.

viernes, 14 de enero de 2011

AmOr eSpEcTáCuLo


Ayer me tropecé con esta pintada impresa en los muros de la Biblioteca Pública de Arrecife.

El amor es transgresor.

El amor es irracional.

El amor es locura.

Sí, vale pero... 

¿Hacía falta pringar con el grafitti toda una pared de la Biblioteca? 

¿Hacía falta ser cursi en público y no sólo en privado?

¿Cómo serían las muros de nuestras ciudades si todos nos dedicásemos a llenarlos con nuestras manías y obsesiones?



Personalmente, sólo soy partidario del grafitti cuando se alcanzan unos mínimos de calidad.



O cuando los firma un genio, una autoridad en la materia, como Banski.

Pero más allá del hecho de que al tal (o a la tal) "Moon" se le debería caer la cara de vergüenza por atreverse a hacer esa cagada de pintada frente a los muros de la Escuela de Arte Pancho Lasso, lo que más me llamó la atención ayer al leer la declaración de amor público fue la impudicia de airear y proclamar a los cuatro vientos algo tan íntimo como lo que parece haber entre "Moon" y su chica (o chico).

Pero eso es lo que se lleva hoy en día: el amor público.


Al llegar a casa puse la radio. Mar Montoro, del programa de los 40 principales "La mar de noches", recibía la llamada de Daniel, quien nos contaba su historia, que te enlazo aquí para que la escuches, poque no tiene desperdicio.

No sé si has podido escuchar hasta el final una historia "de amor" tan empalagosa como la de Daniel y Olga, "su churri". El programa de Mar Montoro tiene más de 25.000 fans en Facebook. Me pregunto si a todos ellos les parece normal que se le llame "amor" a la relación que tienen 2 personas que nunca se han visto y que sólo se conocen (por Facebook y por teléfono) desde hace 13 días. Me pregunto si les parece normal que el ingeniosísimo Daniel, en un alarde de originalidad, se plante en Madrid desde Bilbao, para darle una sorpresa a "su churri", y que todos los 25.000 y el resto de oyentes del programa presencien: a) cómo se ven cara a cara, el uno al otro, por primera vez; b) cómo se besan por primera vez ("momentazo con beso de tornillo incluido", reza la página web); y c) cómo a Olga se le saltan las lágrimas de emoción.

En fin, sólo puedo decir una cosa: puajjj...

(Si no existen emoticonos vomitando habría que inventarlos)

Para resumir:

Que si estás enamorado debes publicarlo en un blog, contarlo en antena, llorar en la TV, darte besos públicos de tornillo, pintarrajear las calles.

Ahora es de mal gusto decirle a tu chica (o chico) un "te quiero" cuando se está a solas, escribirle una dedicatoria en la solapa de un libro, regalarle besos, palabras, caricias privadas... a espaldas de todos.

Hay que demostrarlo. Hay que volver público el amor, hacerlo espectáculo, para que todos los demás (peatones, telespectadores, oyentes, público) puedan certificarlo, darle el visto bueno, corroborar que se trata de amor, y no de un simulacro. 

Así que no lo olvides: si dudas de tu amor y de tus sentimientos, pide el comodín del público.

Sólo si sube la audiencia, es amor del bueno.




Para terminar te dejo con una de las famosas "pruebas de novios".

También del desamor se saca tajada.

lunes, 10 de enero de 2011

MeNoS CuArTo

 

Campana de La Concepción sobre la calle Carrera (La Laguna), tocando los cuartos.


Era la una menos cuarto.

jueves, 6 de enero de 2011

MiS ReYeS


He aquí mis regalos de Reyes.

Una camisa, un libro, un perfume, una camiseta con una foto de Mayco y un número para el Gordo, con una notita que dice: "¿Para un año sabático?".

El sorteo comienza a las 12:00 horas, en 2 minutos...

Una extraña superstición me ha obligado a publicar este post antes de dicho comienzo.

Un minuto...

sábado, 6 de noviembre de 2010

No EnTiEnDo...


...cómo he tardardo tanto en darme cuenta de que los exámenes también pueden corregirse...


...desde aquí.


viernes, 17 de septiembre de 2010

aNiMaL EtErNo


Me pregunto si Tales de Mileto se quedaba mirando al mar cada mañana, como yo.

A Tales se le tiene como al primer filósofo occidental: el padre de la filosofía.

Por tanto, parece incuestionable que efectivamente pasó muchas horas de su vida mirando al mar que se extendía desde las costas de Mileto hasta el horizonte inexpugnable.

Es imposible contemplar el mar y no filosofar.

Cada mañana me levanto y abro la ventana de mi cuarto.

Como una anticipación de la filosofía de Heráclito, según la cual nada permanece ni se repite, siendo imposible zambullirnos dos veces en el mismo río, del mismo modo, cada mañana la ventana abierta de par en par me ofrece siempre un paisaje y un mar diferentes.

El otro día la abrí y el océano se escapaba, como por un sumidero, entre los brazos del dique y del muelle de la Caleta de Famara.
Eran las mareas del Pino.

Entonces se me ocurrió pensar que Tales de Mileto tuvo la genuina ocurrencia de que todo era agua y de que el agua era el principio y origen de todo lo existente, precisamente, mirando el mar, contemplando el desconcertante espectáculo de una de aquellas bajamares.

Y es que el mar (pensé yo que pensó Tales) es un animal, que sube y baja: un ser vivo y animado.

Las mareas son el símbolo o la metáfora de la vida, con sus ciclos y regularidades.

Todo el que tenga una experiencia más o menos cercana con el mar sabrá que las olas vienen por rachas regulares y predecibles.

Una ola es un día de la vida de un jilguero.

Una racha de olas es una estación, una etapa crucial en la existencia del jilguero.

Cuando sube la marea y alcanza su punto álgido, el jilguero muere.

Pero el mar reanuda entonces, impasible, su ciclo eterno.

¿Dónde sino en el mar pudo haberse Tales asomado a la eternidad?

Cuando miro al mar por las mañanas no pienso en la luna ni en las mareas.

Pienso en ese animal eterno, del que venimos.

El mar que nos escolta y espera, pacientemente...


sábado, 19 de junio de 2010

CaLcEtíN MiLiTaNtE


Atrás quedaron aquellos días en los que mis calcetines empezaron a salirse del tiesto, a recorrer Madrid y a intentar comunicarse conmigo a través de su comportamiento.

Atrás quedó aquella serie de posts un tanto delirantes acerca de los extraños acontecimientos que rodeaban al piso de la calle Limón.

Y sin embargo anoche me acordé de aquellos días y de aquellos posts.

Y es que al salir de un bar de Lavepiés me topé con un bulto de tela en el suelo. La imagen de los calcetines enrollados sobre sí mismos, en medio de la calle, repentinamente inmóviles, pillados in fraganti, me recordó aquellas peregrinaciones imaginarias del pasado.

Así que ante la estupefacción de mi amiga Laura me agaché y los palpé prudentemente:

-¿Qué haces? -exclamó ella, con expresión de asco.

Yo situé los calcetines frente a mis fosas nasales.

-Olerlos -dije-. Están recién lavados, huelen a detergente.


Entonces los abrí y nos dimos cuenta de que eran unos calcetines con causa.

Los azules rezaban:


"Ningún ser humano es ilegal"

Y también:

"Papeles para todos o todos sin papeles"

Yo miré a Laura:

-Por si no te habías dado cuenta... estamos en Lavapiés.




El otro par de calcetines era aún más rotundo.

"Nosotras parimos, nosotras decidimos" -decía el violeta.

En cuanto al negro y fucsia:

"Apartad vuestros rosarios de nuestros ovarios"

Calcetines militantes: decidí quedármelos.

Ya llevábamos muchas cervezas encima y nos habían cerrado el último garito de Lavapiés así que enfilamos rumbo a casa.

A la mañana siguiente me levanté con un punto de resaca y lo primero que leí fue ese grito de guerra que había al final de mis piernas peludas, a la altura del tobillo:

"Apartad vuestros rosarios de nuestros ovarios"


lunes, 3 de mayo de 2010

gRaCiAs mOnTsE


En un lugar de la Mancha...



En un horizonte vasto,



salpicado de viñedos



de tractores



de castillos



y de tapias blanquiazules,



donde comen pipirrana...



y es ley el pisto manchego.



En un lugar de la Mancha,

en donde el viento da vueltas,



nos reunimos cinco profes:

Isabel, Montse, Ricardo, Elena

y Andriu.



Montse nos acogió en su casa en Socuéllamos (Ciudad Real) a Isabel, a Ricardo y a mí durante este fin de semana. Y con este post le agradezco su cálida hospitalidad, así como la de sus hermanas Elena y Esther, y su cuñado Ramón. Con todos ellos pasamos un estupendo fin de semana en grata compañía y asistimos a una naturaleza en plena exuberancia primaveral.



Las Lagunas de Ruidera estaban a rebosar de agua fresca que corría a raudales.



Sólo Montse y Andriu tuvieron la osadía de remojarse.



También aproveché para desempolvar la cámara de fotos y emborracharme de esa belleza que hay en lo cotidiano y para la que sólo hace falta tener los ojos bien abiertos, como poros:

Porque también hay belleza en una litrona.



En un amor.



En unas All-Star.



En un "guacho" (un niño).



En una flor.



En un arroyo.



O en un cielo que muere.