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miércoles, 19 de mayo de 2010

MáS aLLá



El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.


(Jorge Luis Borges: "Las Cosas")


jueves, 29 de abril de 2010

aPoLo 11


Fue un pequeño paso para un hombre,

mas descarriló con él toda mi vida.


Fue mi anhelo más estratosférico:

Elevarme,

encaramarme,

coronar el Cielo.


Contemplar resumido en el silencio

el Mundo.


Fue mi vida toda una misión

aeronáutica.


Aprendí a volar con quince años

un ganso de lata,

antes que un coche.


Y mi trayectoria de cometa

me labró un destino

irrenunciable.


Y el reflejo falaz del espejo del cielo,

(luna aduladora)

supo convencerme de que era inmortal

estrella yo,

firmamento.


¿Fue para la humanidad un gran salto?

Ahora estoy en Lebanon, Ohio

(y eso solamente es lo que importa)

lejos de aquel páramo

de una sola cara

(desolada)

a la que entregué todos mis días.


Fue un pequeño paso para un hombre

en la dirección equivocada.




martes, 13 de abril de 2010

SiEmPrE MaR



Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.

(Jorge Lus Borges: "El mar")


domingo, 11 de abril de 2010

oRo GrAdUaL


Está bien que se mida con la dura
Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En que Heráclito vio nuestra locura

El tiempo, ya que al tiempo y al destino
Se parecen los dos: la imponderable
Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.

Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Otra substancia halló, suave y pesada,
Que parece haber sido imaginada
Para medir el tiempo de los muertos.

Surge así el alegórico instrumento
De los grabados de los diccionarios,
La pieza que los grises anticuarios
Relegarán al mundo ceniciento

Del alfil desparejo, de la espada
Inerme, del borroso telescopio,
Del sándalo mordido por el opio
Del polvo, del azar y de la nada.

¿Quién no se ha demorado ante el severo
Y tétrico instrumento que acompaña
En la diestra del dios a la guadaña
Y cuyas líneas repitió Durero?

Por el ápice abierto el cono inverso
Deja caer la cautelosa arena,
Oro gradual que se desprende y llena
El cóncavo cristal de su universo.

Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer, se arremolina
Con una prisa que es del todo humana.

La arena de los ciclos es la misma
E infinita es la historia de la arena;
Así, bajo tus dichas o tu pena,
La invulnerable eternidad se abisma.

No se detiene nunca la caída
Yo me desangro, no el cristal. El rito
De decantar la arena es infinito
Y con la arena se nos va la vida.

En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cósmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el mágico Leteo.

El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
Que el rey sajón ofrece al rey noruego,

Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.


(Jorge Luis Borges: "El reloj de arena")


Foto: Seamus

viernes, 9 de abril de 2010

AqUeL NiÑo


Era un niño

y llevaba mi nombre.


El pardo de los ojos, si acaso.

Pero no el cabello,

que fue casi negro y castaño y cambiante y

(rubio albino) voluble,

como un amante infiel.


Llevaba tan sólo mi nombre

y era un niño.


Pasaba una a una las páginas

de viejas revistas

(me dijeron) sin romperlas,

como si las leyera.


Iba mucho a la playa y al parque y a los merenderos que hay en la Esperanza

(lo sé por las fotos).


Era (digo) un niño

y se llamaba Andrés.


Y fue antes de que existieran

la filosofía y el sexo,

los países que nunca podré recorrer,

los falsos recuerdos,

la estupefacción por las vueltas del tiempo cada año más veloces,

las medias verdades,

el lenguaje abstracto

(y no: bicicleta,

piñata,

sangre en las rodillas),

las clases sociales,

el escepticismo y la desconfianza al leer un diario,

la ironía, el sarcasmo,

la cruel sensación de la vida

en fuga.


Era un niño entonces

(o eso me contaron)

con mi nombre a cuestas.



lunes, 1 de marzo de 2010

SoNeTo CLXIX



Sirvan tus nuevas lentes de contacto,

vidrio que cambia años por dioptrías,

o el peeling o el botox o las cirugías

para sellar luciferino el pacto.


Sirva el aloe o la flor de cacto

a erradicar del glúteo las estrías

y a que aunque marchita lucir deberías

lozana y joven parezcas de facto.


Nereida de gym, nínfula operada,

que con liftings alargas tu artificial

primavera, falaz edad dorada:


¿Cómo podrás afrontar que tu rosal

acabe siendo polvo, sombra, nada,

cuando, sin flores, sea ése tu final?



Foto: Magnolia



lunes, 22 de febrero de 2010

SuBe BaJa


Subimos


Y subimos


Y nos ves escalar


A ritmos discordantes:


El viejo lentamente y vencido,


Aferrado con fuerza a la baranda y con miedo


De caerse. La juventud malgastando de tres en tres tus peldaños,


Los días que le sobran, los amores, las ilusiones locas del futuro en el ático.


Peldaño


A peldaño


Cada día nos ves


Exhalar fatigados,


Remontar con esfuerzo tu recta


Anatomía de esquinas y de ángulos muertos.


Testigo muda, te burlas de nosotros pues aunque hagamos el amor


En el zaguán (y también pis), no se arruga tu piel como la nuestra ni triste sientes frío.


Tú permaneces siempre inmóvil, escalera, mientras nosotros subimos.


Tú eres esfinge y calendario cruel, mientras subimos.


Y asistes impasible a este espectáculo


Irónico mientras nosotros


Bajamos y


Bajamos.




domingo, 17 de enero de 2010

DiViNo TeSoRo


A qué vienes ahora,
juventud,
encanto descarado de la vida?
¿Qué te trae a la playa?
Estábamos tranquilos los mayores
y tú vienes a herirnos, reviviendo
los más temibles sueños imposibles,
tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.

De las ondas surgida,
toda brillos, fulgor, sensación pura
y ondulaciones de animal latente,
hacia la orilla avanzas
con sonrosados pechos diminutos,
con nalgas maliciosas lo mismo que sonrisas,
oh diosa esbelta de tobillos gruesos,
y con la insinuación
(tan propiamente tuya)
del vientre dando paso al nacimiento
de los muslos: belleza delicada,
precisa e indecisa,
donde posar la frente derramando lágrimas.

Y te vemos llegar: figuración
de un fabuloso espacio ribereño
con toros, caracolas y delfines,
sobre la arena blanda, entre la mar y el cielo,
aún trémula de gotas,
deslumbrada de sol y sonriendo.

Nos anuncias el reino de la vida,
el sueño de otra vida, más intensa y más libre,
sin deseo enconado como un remordimiento
-sin deseo de ti, sofisticada
bestezuela infantil, en quien coinciden
la directa belleza de la starlet
y la graciosa timidez del príncipe.

Aunque de pronto frunzas
la frente que atormenta un pensamiento
conmovedor y obtuso,
y volviendo hacia el mar tu rostro donde brilla
entre mojadas mechas rubias
la expresión melancólica de Antínoos,
oh bella indiferente,
por la playa camines como si no supieses
que te siguen los hombres y los perros,
los dioses y los ángeles
y los arcángeles,
los tronos, las abominaciones...
.


(Jaime Gil de Biedma: Himno a la juventud)