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miércoles, 18 de noviembre de 2009

AdiÓs SiLviO 3


Supongo que nos gustan las dos cosas: ficción y realidad.

Disfrutamos con los universos de ficción. Nos deleitan esos productos de la imaginación, esas historias que no están constreñidas por los límites de lo material, esos personajes que cobran vida sin tener huesos ni carne. Es el mundo del arte: de la literatura, del cine, del teatro. Es el mundo de la imaginación: de los sueños, de la locura, del pensamiento cuando se eleva en el cielo con la libertad de una cometa libre de dueño.

Pero al mismo tiempo sentimos una irresistible atracción por la realidad, por la verdad. No nos gusta que nos mientan: la demagogia, el engaño, la simulación, la ocultación, la desinformación. No sólo les ocurre a los filósofos: a nadie le gusta vivir de espaldas a la realidad. Y leemos, escuchamos, preguntamos, interrogamos, precisamente por eso: porque buscamos la verdad.

Cuando uno vive lo suficiente como para llevar un tiempo expuesto a los productos de la ficción, por una parte, y a las realidades de la vida misma, por otra, no tarda en percatarse de lo siguiente:

Que en la ficción hay mucha más realidad de la que estamos dispuestos a reconocer y en la realidad, a su vez, mucha más ficción.

Por un lado, los personajes de ficción y sus peripecias nos muestran con su ejemplo muchas verdades que la realidad -por ser más pobre, material y limitada- no está siempre en condiciones de ofrecernos.

Por otro lado, nuestras vidas están llenas de ficción: imitamos y nos inspiramos e invocamos muy a menudo a aquellos personajes de ficción que por uno u otro motivo se han hecho un lugar en nosotros mismos; y ellos condicionan nuestra forma de actuar y de ver el mundo.

El tema da para mucho más, intuyo. Sirva lo anterior de breve pincelada meramente.

Porque lo que me interesa es la cuestión de lo que ocurre cuando la ficción se hace pasar por realidad.

Llamaré a esto lo aparente.

Lo aparente es aquello que parece que es real pero que no lo es:

"Oro parece, plata-no es"

Hay algo de fraude y decepción, pues, en ello; y algo de fascinación también.

El ejemplo perfecto es el reality show amañado, tan recurrente en nuestra televisión:

Nos fascina el espectáculo, la trama rocambolesca, el esperpento.

Nos fascina la idea de que la madre de la chica se haya liado con el novio de ésta última; y que aparezcan peleándose en pantalla madre e hija, novio y novia; nos fascina que luego el presentador anuncie que el chico en realidad es gay y que tiene otra relación fuera de ese triángulo familiar; y que aparezca el susodicho y que resulte ser el padre de la niña; y ver entonces a la madre insultando y pegando a su marido; y a la chica haciendo lo mismo con su novio...

Vale, lo reconozco: se me fue la mano con el ejemplo. Pero a lo que iba: nos fascina dicho espectáculo precisamente en la medida en que creemos que es real. Puede que sintamos repulsión y que cambiemos de canal y que escribamos indignados una carta al director echando pestes de la telebasura. Pero el esperpento no nos ha dejado indemnes, indiferentes.

Sin embargo, cuando nos enteramos de que todo ha sido amañado y de que todos los protagonistas del show son sólo actores... entonces lo que sentimos es decepción (y no alivio), chasco (y no reconciliación) y una profunda desilusión por haber estado sometidos a un fraude, a un engaño, a un fiasco...

Fascinación y fiasco: este es el territorio de lo aparente.

Es muy significativo que a la ficción de la literatura, del cine o del teatro nunca le hacemos este reproche:

-¡Era todo mentira! Vaya mierda.

Con lo aparente en cambio nos sentimos como si hubieran jugado con nuestros sentimientos (confianza, ingenuidad, ilusión, miedo, ternura, fascinación) o simplemente como si nos hubieran hecho perder el tiempo:

-¡Eran todos actores! ¡Y yo aquí hipnotizado delante de la TV como un gilipollas!

Explico todo esto, supongo, en mi descargo, quizás como una forma de mea culpa, pues no a todo el mundo le ha sentado igual de bien la revelación del fiasco, la idea de que hubiera alguien real, manejando desde arriba o desde atrás los hilos del Silvio Lombardi de ficción.

Cuando se juega a mezclar ficción y realidad a tan altas temperaturas las quemaduras terminan por ser de verdad.

Y es que la historia de Silvio Lombardi entra dentro de la categoría de lo aparente.

Y tras la fascinación, como dije, llega el fiasco.



Voy a aparentar lo siguiente: que yo también quedé fascinado y engañado por la propia historia de Silvio, para así saciar la sed de realidad -natural como el hombre (y la mujer, uff)- de quienes con tanto ahínco preguntaron si Mr. Lombardi era real o no. Voy a aparentar que dejé escrita una nota para mí mismo, para no volverme loco con tanto argentino de caballería:

"He empezado a confundirlo todo, o algunas cosas al menos. Ayer casi digo "vos" y apenas utilizo ya el pretérito perfecto compuesto, como si fuera argentino. Me voy a la cama pensando "qué hara Silvio mañana" y me levanto con una idea febril que no puedo dejar de apuntar. Hoy me crucé con una chica por la calle y me dije: "Vaya mina". Así que voy a escribirlo todo: la verdad. Voy a contarme a mí mismo cómo ocurrió todo por si algún día en el futuro empiezo a ver de veras papelitos ensangrentados en los bolsillos de la chaqueta... Todo comenzó con el Cizañas, en Barcelona. Estábamos desayunando una tosta catalana en una churrería cerca de su casa cuando me dijo que estaría bien crear un personaje de ficcion en el blog para animar el cotarro, que la cosa estaba muy poco animada. La idea me fascinó. Mezclar ficción y realidad; ya llevaba haciendo algo de eso en cierta manera. Y la cosa me gustaba. Ahí mismo le puse nombre: Silvio Lombardi. No sé muy bien por qué ese nombre. Supongo que fue esa misma mañana y no en el AVE a Madrid cuando decidí que el personaje sería argentino, como el chico que me había devuelto el móvil. En efecto, dos días antes había perdido mi móvil en el Templo de Debod y una pareja de argentinos lo había encontrado y me lo había devuelto. Yo estaba entusiasmado, muy agradecido y les pregunté cómo podía recompensarles. Tenía 20 euros en el bolsillo y tiempo libre. Pero ellos dijeron que no hacía falta, que era lo menos que podían haber hecho. La anécdota se quedó grabada en mi memoria y pensé que la cosa merecía un post. Pero cuando surgió la idea de parir para el blog a un personaje de ficción vi claro que dicho individuo tenía que salir de allí, de aquella tarde en el Templo de Debod. Así que continué a mi manera el encuentro con la pareja de argentinos. Vi nacer ante mis ojos a Silvio Lombardi, quien empezó a contarnos sus peripecias desde este blog. Un día recibí un mail de Montse, diciéndome que me había pillado, que había descubierto un error en mi historia. Tenía razón, había descubierto un error al que difícilmente podían ponérsele peros. Desde entonces, Montse y el Cizaña se convirtieron en las únicas personas que sabían la verdad, pese a que eran bastantes quienes no terminaban de creerse la historia. Pensé muchas veces: "A estos dos hay que darles un Óscar" o "Si al final de todo se reparten capones, estos dos no se salvan". Pero a mí me tocó el trabajo sucio de dar la cara, de mentir, incluso a las personas más cercanas, a mis seres queridos. A mi padre una vez tuve que decirle: "Estate tranquilo, yo sé lo que me hago, soy mayorcito y responsable, confía en mí". Y es que hay que reconocer que Silvio en algunos momentos llegó a inspirar cierto miedo.... Ahora en cambio es distinto, ahora nos llevamos bastante bien los dos, qué digo, Silvio no existe, qué manía, a veces me da por dudar y por olvidarme de todo esto, de cómo nació en realidad Mr. Lombardi y de cuál es su verdadera naturaleza. Pero por si acaso, por si alguna vez lo olvido, he querido dejar todo esto escrito, a modo de prueba, de mensaje en una botella, por si acaso, por si las moscas, entendés Andriu, espero que sí."

Lo aparente saca su fuerza de seducción de la irresistible atracción que siente el ser humano por la verdad, por la realidad. Estoy convencido de que si desde el principio hubiera dicho que Silvio Lombardi era sólo un personaje de ficción, en vez de un argentino -algo chiflado- de carne y hueso la expectación en torno a las peripecias de este singular personaje no hubiera sido muy grande. O dicho de otro modo: estoy convencido de que quienes creyeron en la realidad de Silvio Lombardi disfrutaron mucho más de sus posts que quienes supieron o sospecharon que era un personaje de ficción.

Por esa misma razón los realities shows o los concursos de tele-realidad triunfan. Vienen respaldados por un aliado poderoso: la realidad.

Lo mismo ocurre con muchos blogs. En este ya se me conoce demasiado como para jugar a las adivinanzas con la realidad y la ficción. La aventura de Silvio Lombardi no deja de ser una excepción. Pero hay muchísimos blogs en la red que juegan a contar historias o peripecias vitales increíbles y sorprendentes. El anzuelo que mantiene a los lectores enganchados lleva en parte casi siempre la misma carnada, a saber: la pregunta "¿será verdad todo esto que cuenta este pavo?".

Cuando se descubre todo, cuando se sabe la verdad y se encienden las luces, ya lo dije: se acaba la fiesta.

Llega la decepción.

Por eso quizás hubiera sido mejor dejar a Silvio vivo, o al menos a Valeria; llevarlo de vuelta a su país y a su ciudad natal, Santa Fé; despedirlo desde aquí con lágrimas virtuales, o con gritos de alivio: "vete ya, pesado"; hacerlo desaparecer en la ficción para seguir soñando con él de tarde en tarde.

Pero no ha sido así: lo he traído desde el sosegado universo de la ficción -casi tirándole por las orejas- hasta el mundo falaz de lo aparente.

He decepcionado a algunos y he saciado la sed de realidad de otros.

Quizás todos hemos aprendido algo.

Yo al menos sí.

Platón fue un señor en ocasiones muy serio. Cuando diseñó su ciudad ideal prohibió la entrada en ella a los artistas o específicamente a los poeas o "aedos". De eso trata el primer libro que me mandaron a leer en 1º de Filosofía. Platón le reprochaba a los poetas su inmoralidad al describir o contar de modo falaz la realidad. Para el filósofo griego los poetas eran, en suma, mentirosos, embusteros, impostores. Sus obras eran mera apariencia. Hacían pasar lo falso por verdadero, la ficción por realidad. En resumen: eran apologetas de lo aparente.

Sospecho que Platón de habérselo planteado también habría prohibido en su polis perfecta los reality shows y los blogs embusteros, como éste en ocasiones.

Pero lo más grave no es su rechazo a lo aparente, sino el no haber sido capaz de imaginar una categoría para la ficción (o no haber incluido la obra de los poetas dentro de esa categoría):

Obsesionado con sus dicotomías (mundo real vs. mundo aparente, conocimiento vs. opinión, mundo inteligible vs. mundo sensible) me temo que no dejó o no pensó en un lugar para la ficción.

Es una lástima.


martes, 17 de noviembre de 2009

lunes, 16 de noviembre de 2009

domingo, 15 de noviembre de 2009

SiLeNciO SePuLcRaL



Anoche abrí el correo de Silvio Lombardi.

Estábamos Santi, María (diseñadora de flyers) y yo. Contamos 1, 2, 3 y leímos:

ES VALERIA

Fue un poco decepcionante.

¿Qué quería decir Silvio con esas dos palabras?

Sobre la marcha le mandé un correo diciéndole que no había entendido a qué se refería, aunque con la incertidumbre de no saber bien si aquel correo se lo estaba escribiendo a un muerto o a un vivo. Hoy domingo he recibido un mail desde la cuenta de Silvio Lombardi. Lo mejor es que lo transcriba aquí y que guarde yo el más espectral de los silencios:

Estimado Andriu,

Ya te dije en su momento que Silvio no se llamaba Silvio en realidad, ni Alfredo lleva el nombre de Alfredo, ni Galoha es Galoha. Tampoco yo me llamo Valeria. Y sin embargo me conoces. O al menos me viste en el Templo de Debod junto a Silvio.

Silvio está ya muerto, pero desde hace ya casi tres semanas.

El día que nos conocimos fui yo quien se quedó en mente con la dirección de tu blog y fui yo quien estuvo leyéndolo durante todo un fin de semana. Me gustó, como te dije. Yo también escribo, aunque no te puedo dar muchos más detalles acerca de mi profesión. Espero que lo entiendas.

A Silvio tenía pensado matarlo desde hacía ya mucho tiempo. El monstruo que he retratado a lo largo de los posts que me has dejado escribir en tu blog durante este último mes no es ni la mitad de despreciable que el Silvio real con el que conviví durante estos últimos años. Y sin embargo una puede caer en esa trampa y enamorarse del hombre equivocado: y amarlo y odiarlo con la misma pasión y fuerza.

Todavía no sé cómo sucedió todo, cómo decidí escribirte y hacerme pasar por Silvio y pedirte que me dejaras publicar durante un tiempo en tu blog. Supongo que comprendí que para poder matar a Silvio Lombardi debía al mismo tiempo crearlo: resucitarlo aquí. Fue todo una forma de expiación, o de justificación, o acaso un acto de vanidad sin más. Los que escribimos somos personas vanidosas. Y sólo ahora me doy cuenta de que también lo somos un poco quienes asesinamos.

Quizás por eso te mando la última foto. Es un tatuaje de Silvio. La policía acabará encontrando su cadáver, de eso no me cabe ninguna duda. Eres libre de ponerte en contacto con ellos y de facilitarles la foto, el contenido de mis posts y los archivos que te envié esta mañana. He sido bastante meticulosa a la hora de mezclar realidad y ficción, así que en ese sentido creo que tengo las espaldas cubiertas. También me he cancelado mi cuenta de correos y hace un tiempo que escribo desde fuera de Madrid, de España, de Europa.

En cuanto a ti, debo agradecerte tu generosidad por haberme permitido crear y desarrollar en tu blog este personaje de ficción: Silvio Lombardi. No te sientas culpable ni cómplice de nada. Aparecieras tú en nuestra vida o no aquella tarde de octubre en el Templo de Debod, lo cierto es que a Silvio iba a terminar asesinándolo de una forma u otra. Hay cosas que no está en nuestra mano cambiar.

Debo pedirte disculpas asimismo por haber contribuído a que parte de tus lectores se hicieran la idea de que detrás de Silvio Lombardi estabas tú. Confieso que la ocurrencia me hizo gracia y en parte soy responsable de ese equívoco. No sé si te diste cuenta pero algunos detalles lingüísticos, algunas equivocaciones en el léxico, fueron puestas adrede para hacer pensar a tus lectores que quien escribía no era un verdadero argentino, sino un mero impostor. Confío en que este equivoco termine aquí y mis experimentos lúdicos entre la realidad y la ficción no te traigan al final ningún problema con la policía.

Ha llegado el momento, Andriu, de decirnos adiós.

Este correo es una explicación pormenorizada del escueto "ES VALERIA" que te envié el jueves. Recibí tu correo pidiéndome una aclaración de verdad y creo que te la mereces. Aquí está. Por otra parte, de modo adjunto te envío algunos ficheros: fotos y un video. Quiero que los abras. Tienen que ver con la muerte de Silvio Lombardi. Puedes hacer con ellos lo que quieras: publicarlos, entregarlos a la policía o eliminarlos sin más una vez los hayas visto.

Un cordial saludo.



viernes, 13 de noviembre de 2009

Mi despedida (2)


Los papelitos llegan de todas formas, haga uno lo que haga. Podés pasarte todo el día sentado en el sofá, sin moverte, sin quedarte dormido, atento a cualquier movimiento, a cualquier ruido, da igual. Al final termina tu mujer apareciendo, desde la calle, con un sobre en la mano: "Aquí tenés una carta para vos". Me pregunto cuánto tiempo llevaría ese aviso -te quedan- de muerte -2 días- en el buzón, esperando el momento.

Llegan aunque uno no se mueva y aunque uno se enfade y llore y se desespere e implore sin saber a quién y le grite a la mujer: "Alejate, no quiero verte, no me traigas más cartas, no me traigas nada, no quiero nada de ti, dejame solo". Porque aunque se quede uno así, todo el día guarecido en casa, enfundado en una frazada como si estuviese uno con calentura, solo y aislado y separado del mundo, como a cubierto, de todas maneras los papelitos terminan llegando.

Es tan simple como esto: después de todo el día de guardia, vigilando las espaldas, las manos en los bolsillos, la mirada tensa, llega la noche por fin, uno cierra las puertas, las ventanas y los cerrojos; uno va al cuarto de la nena y le da un beso; uno se desviste, se mete en la cama, siente el frío todavía por todas partes, levanta la almohada y decubre el papelito: "TE QUEDA 1 DÍA".

Entonces uno asiente, dice "ok" y se da cuenta de que lleva todo el día esperándolo. Y sabe que haga uno lo que haga ellos siempre llegan.

Entonces uno se acuesta, resignado y vencido, cansado pero sin poder dormir porque unos golpes de martillo retumban acá adentro de la cabeza, mientras se atropellan en ella recuerdos, imágenes, presagios, argumentos. Desfila a velocidad de vértigo por la mente -como por una autopista- la infinita llanura verde, la pampa del alma, la casita oscura y pobre, el regreso a Italia de la familia, las peleas en casa, la pintura, el arte, las mujeres, la universidad, el primer laburo, Malena, las peleas otra vez, Madrid, Valeria, Galoha, las mujeres de nuevo, el cuaderno negro, los papelitos.

¿Te pasó alguna vez eso, Andriu? ¿Se te juntó toda la vida en apenas un instante? En estos casos, perdés el tiempo si intentas dormir. Darás vueltas en la cama buscando el sueño pero con el corazón acelerado el sueño corre y huye asustado. Te levantarás, darás vueltas por la casa, inquieto, sin saber qué hacer con los segundos, minutos, horas, días, quizás años que te quedan. Quizás días, horas no más. Te sentarás entonces, puede ser, delante de un cuaderno o de la computadora, a escribir. A vos te gusta eso. Y escribirás quizás, como ahora mismo estoy haciendo yo:

Andriu,

Te escribí un mail hace algunas horas. En él cuento algo importante acerca de quién soy yo. Quiero que no lo leas todavía, por favor. No sé bien si todo esto de los papelitos es una broma absurda, una amenaza real o una trampa de mi mente enferma. Ya dije que mi nombre no es Silvio Lombardi. Ni el de Valeria, ni el de Alfredo, ni el de Galoha... Sólo intento proteger a algunas personas con todo esto, empezando por mí. En ese mail que verás mañana en tu correo te cuento algo más acerca de quién soy en realidad, aunque no todo. Me gustaría que leyeras ese mail sólo en caso de que yo muriera. Y lo sabrás porque en ese caso no volverías a tener noticias de mí. Si todo esto de las amenazas de muerte es sólo una broma el sábado te lo haré saber, así como a todos los lectores del blog, con un escueto mensaje: "Estoy vivo. Borrá el mail que te mandé. Adiós". Como te dije, de un modo u otro dejo de escribir aquí. Me buscaré otro blog quizás, otra persona a quien hacer sentirse en deuda. Aquí siento que sobro. Mi último favor es éste: que borres mi mensaje de correo electrónico antes de leerlo. Espero poder confiar en ti. Si mañana (hoy ya) no muero, desde el sábado podrás olvidarte de mí: borrarás mi mensaje, bloquearás mis permisos para publicar y no sabrás nunca nada más de mi. Si mañana (hoy ya) sí muero, con más razón aún podrás olvidarme (tras leer mi mensaje de correo electrónico)... O quizás con menos.

En cuanto a todos ustedes, lectores de este blog, me despido dándoles las gracias por haberme leído durante todo este mes. Sé que no le soy simpático a gran parte de ustedes. Pero esto es lo que hay. Y yo soy -por ahora- el que soy.



miércoles, 11 de noviembre de 2009

C-E-N-T-I-N-E-L-A


Sigo durmiendo poco y mal. Hoy me desperté a las seis y Valeria no estaba en la cama. Me levanté y la vi sentada frente a su computadora. Le pregunté qué hacés. Nada, no tenía sueño, no puedo dormir. Estuvo toda la mañana pegada a la computadora, como centinela. Así que ahora , por la tarde, me vine a un locutorio, mientras ella saca a Galoha al parque infantil. ¿Qué te pensás? Vos no vas a impedir que siga escribiendo en "nada permanece". Ni tampoco vos, Alfredo. Y en cuanto a Andriu, que sí puede, creo que ya estuvo bien, me voy, chau. Acá no me quieren, no les gusta ese "tono" con el que hablo, me piden que me vaya a escribir en mi libreta negra. Pues eso haré. Si desaparezco a partir del sábado no piensen que morí, que me mataron. Empiezo a pensar que lo de los papelitos es tan solo una broma macabra. ¿Quién iba a estar interesado en matarme? No valgo tanto. Si dejo de escribir es porque me cansé. O bueno, les cansé a todos ustedes con las historias de mi adicción al sexo y con los papelitos. En cuanto a éstos, me puse a pensarlo fríamente y llegué a la conclusión de que no puede ser sino una broma. Si alguien me quiere matar se me hace estúpido que me mande notas con la cuenta regresiva: "te quedan 5 días", "te quedan 4", "3 días", "2, 1". No soy un gil para creerme todo esto. Ayer me consiguieron engañar y meterme en el bolsillo de la campera otro papelito: "TE QUEDAN 3 DÍAS". Pero es que no estuve atento y anduve de acá para allá, en el metro, entrando en bares, por la calle, normal despistarme. Pero hoy no. Hoy llevo todo el día alerta, pendiente de quién se me acerca y de todos los movimientos que se producen a mi alrededor. Siento cómo todas las miradas se fijan en mí. Me siento espiado como por una mirilla de puerta o de escopeta. Pero yo también estoy atento, vigilante, centinela, como Valeria con su computadora.

martes, 10 de noviembre de 2009

Tengo miedo


Estoy nervioso, sudoroso, sin sueño, dando vueltas en la cama toda la noche, al final me levanté ya, para qué esperar a las seis si aún no concilié el sueño, noche cerrada, qué mas da, a quién le importa. Llevo unos días así, inquieto, con miedo. Sí, tengo miedo. Y para colmo, vos, Andriu, te escribís ese post embustero en el que te hacés pasar por mí, no me gustó tu broma, ya te lo dije. Te equivocaste también en lo de Valeria, sí era ella la que viste en el Templo de Debod cuando nos conocimos, simplemente Galoha estaba esa tarde en casa de su abuela ¿viste?. Y lo que contás del Historial es otro vil embuste, llamalo juego si querés, ya vi que te gustá inventar historias. Pero debés tener cuidado con lo que escribís. No es una amenaza, es un consejo. El que está amenazado soy yo, el que tiene miedo, y al que nadie quiere creer, porque esto parece de locura. Ayer fui a la policía, no sé si les di la dirección de tu blog, sí, se las di, pero no me creen, manchas rojas, dicen, papelitos, y casi los veo reirse de mí, no me toman en serio, no soy español, no soy como ellos, como ustedes, como vos tampoco, ME QUIEREN MATAR, ME QUIEREN MATAR, HAY ALGUIEN QE ME QUIERE MATAR, no sé ya cómo decirlo para que me crean y no piensen que me lo estoy inventando todo, lo escribo aquí para que cuandfo ocurra todos digan "Pues era verdad" o "Y no hicimos nada" o" Y no te creimos, Silvio". Valeria tampoco me cree, dice qwe soy yo el que se mete los mensajes ensangrentados, los papelitos de muerte, en los bolsillos. Además está tramando algo con Alfredo. El viernes me llamó al celular, él nunca me llamó antes, me dijo que estaba muy preocupado conmigo, que a leer lo que le había escrito en mi cuaderno negro me exigía que le diera la dirección del blog en el que escribo y que era por mi bien, por mi salud, creo que por mi vida dijo también. Pero miente Alfredo también, como vos Andriu mentiste, porque yo nunca dije nada ni escribí nada en el cuaderno negro sobre tu blog ni sobre vos ni sobre las minas con las que cojo, que ya no cojo, que estuve persiguiendo ayer y antes de ayer a una vecina que se me insinuó antes y esta vez me evita y me miró con cara muy extraña. Así que Alfredo me oculta la verdad y por eso no le di la dirección del blog ni contesto cuando me llama al celular ni fui ayer a la terapia. Y la verdad es que él ya tiene la dirección de "nada permanece" porque me habló de la mina que conocí en el metro y me dijo tranquilo Silvio, no pasa nada, no es más que una recaída, pero podemos salir adelante, sólo tenés que contarme las cosas a mí, y no en ese blog, tenés que confiar en mí que soy tu amigo y tu terapeuta. Pero no es mi amigo y no puedo confiar tampoco en él porque lo de la mina no lo escribí yo nunca en el cuaderno negro así que tuvo que leerlo en el blog y la única persona que sabe del blog es Valeria aunque pensé que nunca recordó la dirección cuando Andriu me la diste en el Templo. Así que los dos son cómplices y me están mintiendo y no me creen y Valeria esto lo escribo sabiendo que lo vas a leer también y creo que te voy a despertar ahora mismo y te voy a decir "Mirá lo que esciribo, Vale, es el blog de Andrés, aquel canario que vimos en el Templo de Debod, recordás, hablamos con su mamá" y sabés mejor que nadie que lo que siento es miedo y que sí te fui infiel también te quise, Vale, también te quiero todavía, a pesar de que me convertí en lo peor de lo que nunca pude llegar a ser y por eso te pido perdón y creo que va a ser mejor que duermas, que sigas durmiendo, que ya voy contigo ahora, será mejor que leas todo esto por ti misma, porque ¿lo lees, verdad? ¿cómo pudo si no Alfredo saber de la mina del metro si yo nunca conté nada en su cuaderno, fuiste vos verdad quien se lo dijo? ¿y por qué finge entonces Alfredo que no tiene la dirección si ya la tiene, quiere acaso humillarme, que sea yo quien se la diga a él y no él a mí, es eso parte de la terapia? Pues no la va a tener de mí, que lo lea todo desde aquí: "Alfredo: enterate, no te voy a decir lo que ya sabes". Y a ti tampoco, Valeria. Léelo aquí no más. Eso sí, anoche hace apenas unas horas, tú dormías ya Valeria y esta vez no te lo voy a contar, leelo aquí en el blog, anoche digo abrí el libro que estaba leyendo por donde lo había dejado y encontré el tercer papelito anunciando los días que me quedan, y con el mismo adorno en sangre:

"TE QUEDAN 4 DÍAS"


domingo, 8 de noviembre de 2009

Ya lo dije


Soy impotente.

Ahora que creo que Valeria lee también el blog de Andriu, bueno es que yo lo diga, antes de que sea ella quien lo cuente. Un conocido me explicó el otro día cómo en el "historial" quedan registrados todos mis movimientos en la computadora de Valeria. Y me contó cómo había que hacer para borrarlos. Ayer pude encender a solas la computadora. Quería borrar mi rastro, mis huellas. Pero entonces vi que alguna otra persona había estado entrando a "nada permanece" a horas diferentes de las mías. Galoha tiene sólo tres años y medio. Valeria es la dueña de la computadora y que yo sepa la única persona que tiene acceso a la misma. Se me ocurre pensar si yo mismo soy el que entré al blog en esas horas, sin acordarme ahora. O peor aun: se me ocurre pensar si fui yo el que entré en estado como de sonambulismo, sin ser consciente de lo que hacía.

El caso es que Valeria es una buena mujer. Todavía no la describí, creo. Tiene una belleza ambigua. No es el tipo de las que hacen que un hombre se voltee en la calle y exclame: "Vaya hembrón". Ni tampoco tiene carita de muñeca, ni de princesa, ni unos rasgos perfilados. Su rostro es tirando a regular. Una de esas mujeres anónimas que se cruza uno todo los días en el metro y que en nada llaman la atención. O casi en nada. Porque hay algo especial y único en su mirada. No sé si es el brillo, o la forma de almendra o la melancolía de sus ojos oscuros. Algo en el fondo de su mirada que solo se descubre tras mucho observarla hacen de Valeria, también, una mujer linda.

Pero sobre todo es buena Valeria por haber seguido conmigo después de todo. Yo le ayudo en casa todo lo que puedo. Las mañanas las paso buscando laburo. Me tomo mi tazita de mate y una rebanada de pan con mantequilla y salgo a la calle, entrando a todos los lugares donde leo escrito: "se busca". Luego me tomo un café en algún bar con periódico y apunto las señas de las ofertas en las que puedo encajar. Pero a eso de la una ya estoy de vuelta en casa: limpio la casa, hago la cama, barro, friego, ordeno y hago la comida. También le ayudo con Galoha, con la ducha, cena y cuento. Pero a menudo me pregunto si todo esto es suficiente para compensar las veces que engañé a Valeria.

A los tres meses de mudarme a su casa dejamos de hacer el amor, de coger. Yo no tenía ganas. Era raro y ella pensó que el problema era de ella. Yo siempre había sido muy mujeriego y ella lo sabía. Ya me había descubierto alguna aventurilla con alguna mina, alguna mentira, lo que no bastó para que se echara atrás en su decisión de ponernos a vivir juntos.

Yo también pensé que el problema era ella. La verdad es que me seguía gustando. Ya lo dije: sus ojos lindos y cómo huele a limpio siempre. Pero a la hora de la verdad, cuando nos ibamos a la cama, nada. Aquello no había forma de levantarlo.

Entonces yo volví a las andadas. Quise encontrar en todas esas mujeres a las que ansiaba y perseguía como un depredador lo que con Valeria no conseguía: una erección. Volví a mirar a las mujeres más allá de los ojos y a hablarles más allá de las palabras. Volví a jugar a engatusarlas, a llevarlas a una cama, a un cuarto de baño, a un discreto rincón en un parque. Pero asistí espantado a este horror que me consume por dentro.

Valeria me dio mucho apoyo, mucha comprensión y también dinero. Fue ella la que me pagó las sesiones con un sexólogo: Alfredo. Yo me convertí en un monstruo parecido (y al mismo tiempo muy diferente) al que ustedes ya conocen. Seguía intentándolo sin éxito con Valeria y siempre que podía lo intentaba con la primera mujer que se me pusiera delante y que me pareciera atractiva. Quería curarme no más. El monstruo impotente en que me había convertido quería dejar de ser impotente pero para eso había que ser un monstruo un poco más.

Alfredo me pidió que lo escribiera todo y que dejara esos intentos frustrados de infidelidad, con los que el círculo vicioso en el que había entrado no hacía más que agrandarse al tiempo que hacía a Valeria cada vez más desgraciada. Yo le hice caso en lo de escribir, pero no en lo de dejar de intentar reencontrar mi virilidad en camas ajenas.

Entonces me encontré a Andriu (bueno, a su celular) en el Templo de Debod, se lo devolví y te quedaste tan agradecido, Andriu, que me prometiste escribir un post sobre nosotros en tu blog. Yo no sabía bien lo que era un blog todavía ni tú sabias quienes éramos nosotros. Porque aquella mina con la que vos me viste en el Templo de Debod no era Valeria, sino una, otra, con la que había quedado por internet. Si hubiera estado con Valeria también habrías visto a Galoha con nosotros.

Después de leer tu blog te pedí el favor de que me dejaras escribir en él. Por cierto, no me lo leí todo como te dije. Pensá que Valeria me controla mucho el uso que le doy a la computadora y me resulta difícil leer páginas prohibidas, como las de citas con desconocida,s siendo suya la computadora. Te dije no más que leí todo tu blog para halagarte y así hacer más fácil que aceptaras mi propuesta de colaboración. Perdoná si te molestó esta mentira. Tu blog se convirtió también en una de esas páginas prohibidas para mí. Entonces empecé a contar esos encuentros sexuales: el metro, Halloween. Pero eran pura fabulación. No se me empina. Y mi querida Valeria, que quizás vaya a leer todo esto dentro de un rato, lo sabe demasiado bien.

Ya está, ya lo dije.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Valeria: ¿estás ahí?


Tengo serias razones para pensar, Valeria, que vos leés todo lo que llevo escribiendo en el blog de Andriu.

jueves, 5 de noviembre de 2009

TrEs PaLaBrAS

Leí que están enfadados conmigo, porque sigo escribiendo de vez en cuando, porque no escribo comentarios o por las dos cosas.

No conté en el último post que el sábado Valeria se despertó y me descubrió escribiendo en su computadfora. Era muy temprano, las seis más o menos. Me preguntó: "¿Qué haces?". Yo le dije que me había levantado solo, sin sueño, y que estaba rellenarndo un curriculum para una empresa de importaciones de productos argentinos de la que me había hablado. No sé si me creyó o no. Se regresó a dormir y luego por la mañana no me volvió a preguntar.

Pero no me puedo arriesgar a que me vea otra mañana tan temprano con su computadora. Desde que descubrió que la utilzaba para concertar citas con desconocidas por internet no me permite utilizarla si no está ella delante. Y claro, delante de ella no puedo ponerme a escribir en este blog. Así que perdonen que escriba tan rápido y sin estilo literario ni nada de eso y que no conteste a los comentarios, además, Andriu, no he entendido casi nada de esa discusión sobreel erotismo (tampoco terminé de leerla). Para mí el sexo no es un arte ni un capricho sino una pura necesidad. Y n o estoy orgulloso de ello pero así es.

Hoy en cambio quiero contar lo de los papelitos en los bolsillos.

Desde hace casi un mes me viene sucediendo, no todos los días pero muy a menudo: encuentro papelitos ensangrentados en los bolsillos de mi campera.

Ya había tenido alguna experiencia desconcertante, que me había hecho ponerme en guardia. Así, por ejemplo, una noche en una discoteca alguien debió de metereme una cápsula o chorro de veneno en la bebida porque cuando llegué a casa empece a vomitar y a retorcerme en el suelo. Empecé a aullar de dolor y Valeria llamó a la ambulancia. Me hicieron un lavado de estómago y me dijeronque habían encontrado restos de amatoxina, un poderoso veneno con efectos mortales.

Luego vinieron los papelitos. Salía de casa por las mañanas para buscsar laburo, me tomaba un café acá o allá, acompañaba a Valeria y a Galoha al parque, daba una vuelta, volvía a casa. Y en algún momento ocurría: metía la mano en el bolsilklo de la campera y encontraba allí un trozo de papel manchado de sangre.

Se lo conté a Alfredo y él me dejaba hablar pero me miraba con cara de no estarselo creyendo. Tampoco Valeria parecía muy convencida, pese a que siempre le enseñaba los papelitos. No sé si pensaba que yo mismo me lo inventaba, que yo mismo sacaba la sangre de alguna parte y trataba de llamar no más la atención con esa alocada invención. Comprobé que no era salsa ketchup, ni zumo de tomate. Era sangre, no sé si de ternera, de cerdo, de perro... o de persona.

Ayer volví a encontrar un nuevo papelito manchado de rojo y esta vez tenía escritas tres palabras:

"ES TU SANGRE"


martes, 3 de noviembre de 2009

Es así...


El sábado me vestí de monstruo pero yo me siento así todos los días: monstruo.

Hicimos una fiesta de Halloween en casa. Nos disfrazamos todos. Galoha de bruja piruja. Valeria de personaje de Tim Burton. No conozco a Tim Burton pero eso me dijo y la verdad estaba terrorífica. El Zanahoria también vino, no me explico qué hacía allí. Tenía un hacha clavada en la cabeza y un río de sangre le corría por la cara hasta la barbilla. Yo iba normal, con mi campera de siempre pero con una careta de monstruo en la cara. Así lo de fuera reflejaba lo de dentro.

Había bocaditos, tortilla española, frutos secos, ananás y birras para los mayores. Había muchos nenes, amiguitos de Galoha, de la escuela. Y también sus mamás. Sobre todo sus mamás.

A la última novia del Zanahoria ya me la cogí así que me puse a mirar a las otras, con gran cuidado de Valeria Burton. Y quien busca encuentra.

Me refiero a la mami del nene diablo que tanto gritaba.

Me refiero al nene; la mami no gritaba pues cogimos a escondidas sobre la alfombrita del cuarto de Galoha.

Ya estuvo en casa varias veces esa mami. Y también la veo en el parque cuando llevamos a Galoha a jugar. Los niños juegan y las mamás hablan sentadas en un banco. Yo a veces las acompaño y me fumo un cigarrillo mientras pienso. Antes aprovechaba allí para escribir en la libreta negra las cosas importantes que me iban pasando y que me preocupaban. Ahora aprovecho para escribir en esa misma libreta las mentiras que lee Alfredo cada lunes y cada miércoles. A veces escribo y otras veces observo desde lejos. Algunas de esas minas con las que habla Valeria hacen que se me acelere la sangre. Por ejemplo, esta, la mami del nene diablo.

Se lo digo todo esto en la fiesta de Halloween, en la cocina, mientras saco unas birras. No se sorprende, no se asusta. Estoy seguro de que sabe. Estoy seguro de que Valeria le cuenta, de que en el parque, sentadas en el banco, hablan de mí, del monstruo, de mi problema.

Se lo digo también y le pregunto:

-¿Verdad que tenés curiosidad? ¿verdad que querés saber cómo es hacerlo con alguien que sólo piensa en hacerlo?

La mami aparta la mirada, como si yo llevara la máscara puesta, luego mira para atrás: fuera de la cocina todos juegan y beben y comen y no oyen nada de lo que hablamos pues la música infantil no lo deja. Y entonces me responde:

-Sí.

Y la droga empieza a fluir furiosa por cada una de mis venas.

-Vení, seguime.

Lo demás ya lo saben: la alfombra, el cuarto de Galoha. Mientras lo hacemos yo le susurro al oído muy bajito: "Es así, es así, es así. es así...".


sábado, 31 de octubre de 2009

Aquí me siento más libre


Lo reconozco: me encanta exhibirme aquí, en el blog de Andriu, sin que nadie me conozca y sin tener que rendirle cuentas a nadie.

Hoy volví a madrugar. Creo que esta va a ser la única forma de utilizar la computadora de Valeria: aprovechar estas horas en las que ella está en el séptimo sueño. Además, me encanta el silencio del patio de vecinos a esta hora y el trozo de noche que se ve desde nuestra ventana, recortado en miniatura, pues vivimos en un primer piso.

Pero sobre todo está eso de no rendir cuentas. Alfredo se lo calla todo, no me critica, no me hace ningún reproche. Pero yo intuyo que disimula bien lo que piensa: que soy un monstruo, un perturbado, un paranoico. No juzga mis escarceos sexuales ni pone caras extrañas cuando le hablo de los papelitos en el bolsillo.

Y qué decir de Valeria. Ella juzga y critica y reprocha, con la mirada, con los silencios, con el llanto y a veces también con la palabra, algunas veces. A ella no puedo seguir contándole todas mis monstruosidades, ya no. Dejé de hacerlo y creo que así sufrimos menos lo dos.

O bueno, no sé, algunas veces cr




viernes, 30 de octubre de 2009

Vuelvo a las minúsculas y a los títulos laaaaaaargos


Madrugué mucho hoy para poder escribir este texto. Valeria duerme. Me levanté sigiloso de la cama, para no despertarla a ella ni a Galoha, para agarrar su computadora y poder aclarar un poco todo esto. Ayer no más pude visitar el blog pero bien rápido porque Valeria rondaba cerca. No le dije todavía que estaba escribiendo acá y desobedeciendo a Alfredo y pensaría que algo extraño estaría yo tramando si me viese de pronto pegado a su computadora, con la que nunca me relaciono. Es noche cerrada todavía.

Leí todos los comentarios y me sentí bien hundido. Pero a lo mejor fue por mi culpa. Estoy acostumbrado con Alfredo a soltar boludeces todo el tiempo y a que él no diga nada. Sólo a veces hace una pregunta, se fija en algo que dije, me manda a repetir algo, pero casi nunca me corrige ni me critica ni me reprueba mi actitud. Por eso me sentí hundido. Quizás debí primero contar algo más normal sobre mí, decir quién soy, todo eso, y no contar lo de mi problema con el sexo. Perdoname, Andriu y todos los demás por ser tan pelotudo.

Ya dije que no me llamo Silvio Lombardi pero por favor no me pregunten por mi verdadero nombre. Andriu, podés llamarme Mr. Lombardi si querés, no me pareció ofensivo. Vivo con Valeria y su hija Galoha, una nena linda como una flor que tiene tres añitos y medio. Su padre es un brasileño que apenas se habla con Valeria, salvo los fines de semana alternos, que le toca a él. El chabón le pasa 150 euros mensuales y es un tremendo pelotudo.

A Valeria la conocí en un parque, es una larga historia. Vivimos juntos, dormimos juntos, cogemos juntos y supongo que nos queremos, no lo sé muy bien. O bueno sí, yo la quiero, y ella me quiere, pero de modos diferentes. No sé si me explico. Creo que no, pero da igual.

Desde el principio le conté que era adicto al sexo y que conmigo no iba a conseguir fidelidad ni paz. En esto soy sincero siempre, desde el principio. Por eso acaso siempre estuve solo. Pero ella me dijo: "Vente con nosotras, no me importa". Siempre me llevé bien con Galoha, desde el principio. Es un cielo y su mamá la quiere con locura. Creo que me dijo "vente con nosotras" porque adivinó que iba a ser yo mucho mejor padre que el Zanahoria (así llamo yo al brasileño). Y en eso Valeria no se equivocó. Cuido a la nena, la ducho, la peino, le digo: "poné aquí la ropa sucia, Galoha, poné allí los zapatitos, sentate a la mesa", le pongo la cena y le leo cuentos de Teo, que ya me sé de memoria. Quiero a esta nena como si fuera mía y no del Zanahoria.

Pero en lo otro sí se equivocó Valeria. Creo que pensó que yo podría cambiar, que podría reformarme, ser normal. Y creo que yo también lo pensé aluna vez, estando con ella. Pero el día menos pensado volvía a crecerme por dentro el monstruo. Pero no quiero aburrirles ya con lo del sexo y perdonen si les molestó que contara acá mi última cogida con la mina del metro.

Y en cuanto a lo de crear otro blog propio de Lombardi no voy a hacerlo. No sé si seguiré con vida dentro de poco y si le pedí a Andriu escribir en la suya es porque de confirmarse mis temores no quisiera que mi historia quedara olvidada e ignota en una web que nadie visita. Andriu, sabés que podés bloquearme cuando quieras, o al menos eso me dijiste vos. No contesté a tus correos porque casi nunca me lo abro. Mejor hablame así como hacés ahora, desde el blog.

Me voy otra vez junto a Valeria, empieza a ser tarde, o más bien temprano. Si se despertara y me viera escribiendo a estas horas se pensaría que estoy todavía más loco de lo que estoy.

martes, 27 de octubre de 2009

PaRa OcTuBrE

dObLe iDeNtiDaD


Yo no me llamo Silvio Lombardi ni la mujer con la que vivo se llama Valeria ni mi psicólogo terapeuta se llama Alfredo.

Son sólo seudónimos que me inventé para contar todas estas cosas en el blog de Andriu.

Para protegerme.

Así que hasta en los nombres es diferente lo que cuento aquí de lo que cuento en el cuaderno de tapas negras que cada lunes y cada miércoles revisa aquél a quien di en llamar Alfredo.

Pero todo lo demás es verdad.

Ayer por la tarde, no obstante, tuve que mentirle a Alfredo. Le entregué el cuaderno negro en blanco y le dije que no había escrito nada durante el fin de semana, que me la había pasando pintando y buscando laburo y vendiendo pulseras en la plaza de Chueca. No le conté, pues, que lo había desobedecido y que había seguido escribiendo en este blog del que no tiene la dirección, a escondidas, desde la computadora de Valeria.

Creo que se tragó todo el cuento aunque con Alfredo nunca se sabe, casi nunca habla ni dice nada, sólo yo le cuento mis historias y él pregunta algo de vez en cuando.

No como ustedes.

No estoy acostumbrado a tantas preguntas.

Les diré por qué hago terapia con Alfredo:

1) Porque soy argentino.

2) Porque soy adicto al sexo.

3) Porque intuyo que me quieren matar.


domingo, 25 de octubre de 2009

úLTiMa CoGiDa


Voy a intentar seguir las directrices estéticas propias del blog de Andriu.

Voy a separar las frases con puntos y aparte, voy a centrar la foto y a imitar su estilo.

Por puro divertimento no más.

Y a contar lo que me ocurrió hace un par de semanas:

Estaba esperando el Metro, parada Tirso de Molina.

Al lado mío había una mina leyendo un libro.

Entonces se le cayó al suelo un papel del libro, un marcador supongo.

Ella no se movió así que me agaché y se lo recogí.

Ella me miró y me sonrió pero no me dijo nada.

Llegó el vagón y nos sentamos de nuevo juntos: en realidad no quedaban más que esos dos asientos libres.

Empecé a mirarla a través de los cristales de enfrente. Cuando llegábamos a una estación la iluminación exterior borraba su reflejo. Al arrancar el metro, en la oscuridad de los túneles, aparecía de nuevo reflejada en el cristal también su silueta y su cara, que me miraban.

De repente sentí una presión en el muslo.

Era su rodilla apretando ligeramente mi pierna.

Dudé si era normal ese contacto.

Miré a mi alrededor y vi que ningún otro viajero rozaba sus rodillas con la persona de al lado.

Volví a mirar al cristal de enfrente y entonces creí percibir en su reflejo una sonrisa de gato.

Entonces apreté yo también mi pierna derecha contra su izquierda.

Mi erección era mayúscula.

Entonces se detuvo el tren en Tribunal y ella se puso en pie para bajarse.

Yo hice lo mismo y comencé a seguirla.

Sus nalgas se desbordaban para atrás como en oferta.

Se metió en un bar y se pidió una copa de algo.

Yo me senté dos mesas más allá y me pedí una birra que bebí a tragos largos.

Me levanté y me acerqué a su mesa pero cuando estaba a tan solo unos metros de ella seguí de largo hasta el baño, rozándo con mi costado su hombro al pasar por su lado.

En el baño me lavé las manos y al incorporarme la vi reflejada en el espejito del lavabo, entrando al baño.

Entonces me volteé y me corrí a un lado para qe ella pasase.

Pero ella se corrió también del mismo lado y nos quedamos de frente el uno al otro.

Entonces la agarré por la cintura y empezamos a manosearnos y a besarnos.

Nos fuimos al baño de mujeres y allí nos volvimos locos.

Le bajé hasta los tobillos un tanga rojo como la foto de hoy.

Tenía una cola soberbia, con dos grandes nalgas firmes y lustrosas.

Cogimos en silencio, mordiéndonos el ruido.

Luego salió del baño y yo esperé unos minutos allí sentado en la tapa antes de seguirla, para evitar sospechas.

Pero cuando estaba fuera ella había desaparecido, tras haber pagado mi birra.

......

No sé por qué conté todo esto.

Quizás porque nunca lo escribí en el cuaderno negro.


sábado, 24 de octubre de 2009

Regreso repentino

Andriu, hay que ver todo lo que se están metiendo tus comentadores por mi culpa. Ojalá no me cojás rencor a mí por todo esto. Por si acaso, para que vos nos os enfadés conmigo, haré un punto y aparte...

Por cierto, vos no dijiste nada acerca de centrar las fotos, así que me he tomado la libertad de publicar esta de nuevo a la izquierda. (¿sos de izquierda? Nunca hablás de política en el blog, creo).

Respecto a tu mail, perdoname, tardé mucho en responderte. Ya viste que no me molestó nada todo lo que me decís. Me parece normal que querás conservar cierta unidad formal en tu blog. Como pintor y muralista que soy lo entiendo perfectamente. Pero ya que todo lo que me escribiste no son más que sugerencias haré uso de mi libertad cuando lo crea oportuno. Trabajemos en equipo, pues, como decís.

Pero antes de nada me gustaría explicar por qué en tan poco tiempo he decidido no volver a escribir y ahora recién rectifico:

Acudo desde hace dos años al psicólogo, dos veces por semana. En la sesión del miércoles le conté a Alfredo que había empezado a escribir en un blog y le conté toda la historia del teléfono móvil en el Templo de Debod. Alfredo siempre me dice que escriba, que escriba, que escriba, que escriba todo lo que me pasa y todo lo que ocurre en mi cabeza. Me ha dado un cuaderno de tapas negras y duras: "Llévalo a todas partes, Silvio, conviértelo en tu amigo y confidente" -me dijo.

A mí me aburre un poco escribir tanto, prefiero pintar. A veces no se me ocurre ya que contar. Lo que hago durante el día me resulta aburrido y monótono. De repente sin darme cuenta me he puesto a dibujar, a llenar de dibujos el cuaderno... o de rayones. Luego Alfredo revisa en silencio mi cuaderno, repasa lo que he hecho en los últimos días, lo que "he avanzado", y me mira con ese gesto de profesor decepcionado y a mí se me cae el mundo encima.

Pero después de escribir mi primer texto aquí me sentí eufórico, pletórico, radiante. No sé si me entendés. Era casi como pintar un gran mural, de esos que se alzan sobre los tejados y que todo el mundo puede ver y contemplar y admirar.

Pero a Alfredo no le gustó la idea. Me pidió la dirección del blog y me dijo que él tenía que supervisar lo que yo escribiera y que no era conveniente que hubiera tanta gente opinando e influyendo en lo que yo contara o dejara de contara. Se refería a todos los comentadores, a ustedes. Alguien habló de "presión mediática", pues eso.

Le dije a Alfredo: "Estate quieto, no voy a escribir más, ya está, sólo fue un texto y muy cortito". Lo hablé con Valeria y ella me dijo lo mismo, que obedeciera a mi psicólogo. Así que por eso escribí ese texto de despedida.

Pero he seguido visitando el blog, "desde la sombra", cuando Valeria se hallaba en el laburo, como ahora. He estado leyendo los comentarios que pedían "Vuelve Silvio", "Arriba Silvio, abajo Andriu, dictador". He sentido otra vez ese fuego en el estómago. Y sobre todo: no he escrito nada de esto en el cuaderno de tapas negras.

Porque donde me dan ganas de escribir es aquí y no en el cuaderno negro. No sé si debería por lo menos contárselo a Valeria. No todavía. Voy a esperar un poco antes de decírselo...