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jueves, 17 de noviembre de 2011

qUiNtO cOnTaCtO



Trabajosamente retorno al blog. Bajo a la mina a escribir un nuevo post. Retomo el tema que había dejado interrumpido: los motivos para no escribir, para sumirse uno en el silencio.

Ya he hablado de los lectores en el post anterior, de cómo -para bien o para mal- condicionan lo que uno escribe y cuenta, tanto como lo que ni cuenta ni escribe. Otra de las razones (distinta a la anterior) para tomarse un respiro y abdicar del blog por un tiempo indefinido puede tener que ver con cierta sensación de saturación virtual.

Hace mucho tiempo, en una edad que se me antoja hoy cercana al Pleistoceno, se inventó algo sorprende y maravilloso, un prodigio de la tecnología, absolutamente novedoso y futurista: el chat. Era una época en la que nadie había oído hablar todavía de Facebook, de Tuenti, de MySpace, de Twitter ni de ninguna otra red social. Tampoco existían los blogs y el correo electrónico no se había generalizado ni democratizado aún. Sin embargo, la comunicación a distancia a través de los chats con personas desconocidas ya era posible. Más aun que posible, era real, y además... fascinante.


Recuerdo cómo era aquel chat antediluviano de Olé (el primer buscador de Internet en lengua castellana). Si querías chatear debías elegir un apodo o nickname y solicitar tu acceso a uno de los "cuartos" (creo recordar que no se hablaba de grupos de discusión sino de "rooms"). Esos cuartos o rooms eran temáticos y también por edad. Así, debías elegir entre "Sexo", Amor", "Amistad", "Política", "Tecnología", ·Religión",  "Literatura", etc. (No hace falta aclarar que los he escrito en el orden de la popularidad que tenían entonces). La otra posibilidad era elegir tu room en función de la edad: "Menos de veinte", "Veinteañeros", "Treintañeros", "Más de 40", "De 40 a 50", "De 50 a 60", etc.

Recuerdo meterme en aquellos "rooms", entrar y salir, alternando con avidez fáustica y promiscua, y experimentar por primera vez con el simulacro de las identidades, con la transgresión de los límites espaciales y con la sensación de libertad y sorpresa que aquella comunicación virtual con desconocidos hacía posible.

Aquello era entonces totalmente novedoso e insólito; hoy los chats me producen hastío e indiferencia. Pero lo cierto es que en aquel tiempo pude pasarme toda una tarde hipnotozado por la pantalla del ordenador y por el feedback que aquellos desconocidos daban a lo que mis dedos escribían con embelesamiento en el teclado.

Y aquí retomo el argumento: aquellas sesiones de chat me dejaban exhausto, con la cabeza embotada y el alma vacía. El tiempo se me había escapado vertiginosamente entre el teclear frenético de mis dedos y en todas esas horas (en las que había dejado de respirar el aire puro de la calle, o de leer un libro, o de besar y acariciar un cuerpo, o de zambullirme en el océano de mi isla), en todo ese tiempo malgastado, sólo había intercambiado algunas frases tontas, o inútiles confesiones con desconocidos; había desperdiciado cumplidos y emborronado las horas con frases banales y predecibles. En definitiva, la tarde se habían diluido en una especie de burbuja virtual, adicto a aquel mundo de simulacros y apariencias. Sólo al salir de allí y respirar el aire del mundo real podía volver a pensarlo todo desde fuera, tomar distancia, y jurarme que nunca más volvería a malgastar mi tiempo en el chat de Olé.

Aquella fue mi primera experiencia de saturación virtual.



Hoy es mucho más sencillo saturarse virtualmente que antaño, pues al chat han venido a sumarse los blogs y, fundamentalmente, las redes sociales. Hoy hay quien se levanta por las mañanas y se conecta al Facebook o al Tuenti con adicta ansiedad, para informar al mundo del desayuno especial que piensa ingerir, o para ser el primero en enlazar y compartir una noticia, o para divulgar la canción que acaba de escuchar o la última fotografía que ha sacado a través del Iphone.

Los empachos de vida virtual en los chats de mi adolescencia, vistos a la luz del presente, no son más que el preludio de lo que nos esperaba. Hoy los teléfonos inteligentes o las redes sociales como Twitter nos han instalado de lleno en un universo de saturación virtual. Quien los maneja lo sabe. Quien los sufre también.

No conozco sino los rudimentos básicos de Twitter. Pero por lo que sé propicia la información instantánea y el presentismo. En Twitter, a diferencia de los blogs, lo que cuenta es lo que está sucediendo y se cuenta o retransmite en tiempo real.

 El martes fui a un acto en la Facultad de Bellas Artes en donde los candidatos al 20-N por la provincia de Santa Cruz de Tenerife explicaban sus programas a la luz de las reivindicaciones de los indignados o del 15-M, que eran quienes organizaron el acto. (Por cierto, las 12 fuerzas concurrentes por la provincia fueron invitadas al acto, pero sólo asistieron 6, entre las que no estaban ni PSOE ni PP ni CC, que son las únicas con representación política en el Parlamento). Pues bien, tras la mesa de debate, en una pantalla gigante, todo el acto se iba resumiendo vía Twitter a tiempo real. La experiencia fue fantástica, pues los que estábamos allí pudimos comparar -y contrastar- el devenir de los dos universos simultáneos que teníamos ante nosotros: el real y el virtual, el de la experiencia sensitiva (visual, sonora, olfativa, táctil) del Salón de Actos de Bellas Artes y el de los "tuits" de 140 caracteres en que se trataba de encorsetar todo lo anterior.


Los smart phones no hacen más que acentuar esta tendencia hacia la "virtualización" de nuestras vidas. Al ser portátiles, ligeros y cómodos nos permiten acceder al mundo virtual desde casi cualquier lugar en el que nos encontremos: la cola de un banco, el aula de un instituto o la playa desde la que accedo al océano de mi isla. Y así es posible levantarse por las mañanas y empezar el día publicando en Facebook una foto del desayuno que pretendemos zamparnos, de tal forma que sin darnos cuenta abandonamos el mundo irreal de los sueños e ingresamos en el mundo virtual de Internet sin apenas detenernos a paladear el otro mundo, el simplemente real.

Con el blog a veces me ha ocurrido y me ocurre algo parecido. Siento que las horas que paso escribiendo en NaDa PeRmAnEcE, leyendo otros blogs e interaccionando con otros blogueros o lectores consumen y reprimen la posibilidad de paladear la vida real en toda su plenitud...

lunes, 24 de octubre de 2011

CuArTo cOnTaCto


Hay una amalgama de razones que explican, supongo, estos cinco meses de silencio. Hay otra amalgama de razones de signo contrario, que me impulsan a retomar el blog, aunque con cautela. Al final seguiré escribiendo, supongo, pues la falta de tiempo no puede ser sino un pretexto absolutamente eludible, y al fin y al cabo comunicarme y explorar el mundo con la palabra y la imagen me gusta demasiado como para dejar morir sin lucha esta pasión.

Sin embargo, hay un problema que persiste aún, que no he solucionado o dilucidado: los lectores, el público, los amigos, conocidos o simples merodeadores de este blog. En otras palabras: ustedes. Intentaré explicarme.

No concibo NaDa PeRmAnEcE como otra cosa que como una bitácora personal. No es un blog temático: sobre fútbol, sobre filosofía, sobre actualidad o educación. Es un blog personal, bastante variado en su contenido y con mucha miscelánea: amigos, gatos, religión, alumnos, fotos, manías, ficciones, poesía y, por supuesto, el incesante transcurrir del tiempo, que desgasta y barre las cosas en la eterna sucesión de pleamares y bajamares. 

Pero algo hay de común en toda esa miscelánea: Andriu, mi persona, yo. Aunque lo que llega al blog es un porcentaje ínfimo de mi vida, lo cierto es que eso que llega es puro y casi sin filtrar, pues está escrito desde la intimidad de quien se mira al espejo sin voluntad de engañarse a sí mismo. Así he entendido siempre la escritura: como una exploración hacia la verdad, como un descubrimiento íntimo de una realidad que nos tienta y se resiste a ser comprendida; pero también como una confesión y como un acto de comunicación.

Los diarios personales que siempre he escrito, desde que era pequeño, cumplían la primera función: la de nombrar y explorar y conocer el mundo. La posibilidad de publicar todo ello en un blog personal como NaDa PeRmAnEcE satisfizo la inherente necesidad de comunicación o comunión.

¿Comunicación con quién?

Mi primer diario no era de Hello Kitty pero sí tenía una cerradura minúscula para guardar bajo llave los secretos más inconfesables y prohibidos que imaginarse pudiera. Aquel diario con llave me gustaba. Me sentía importante con él, guardián de una valiosísima intimidad que había que proteger de las pérfidas miradas de los posibles espías que pudieran rondar mi dormitorio. Con la llave en mi bolsillo me sentía tranquilo y confiado. (Hoy las cosas han cambiado; los niños de hoy seguramente han oído hablar de Julien Assange y les genera éste más angustia que a los niños de entonces el hombre del saco).

Sin embargo, muy pronto me di cuenta de que lo que quería escribir y de hecho escribía en aquel diario no tenía nada de prohibido, de inconfesable o de tabú. Podría haber escrito por aquel entonces cómo descubrí la masturbación o qué chica de clase me gustaba más (si mi diario hubiera sido de Hello Kitty me hubiera entregado en cuerpo y alma a ese tipo de literatura). Pero tales temas, con ser privados, no me parecían tan interesantes como para dejar de ellos constancia escrita.

No, mis diarios infantiles no eran del género rosa. Sin embargo, lo que escribía en ellos era absolutamente íntimo, pues eran asuntos que me importaban e interesaban de verdad, frente a los cuales yo estaba obligado a posicionarme o definirme, y que brotaban del corazón. Eran íntimos, pero no secretos ni prohibidos. Por eso, poco a poco comencé a ser más descuidado con la celosa llavecita. Poco a poco dejé de utilizarla y fantaseé con que alguien leyera el contenido de esos diarios. (Creo que incluso llegué a imaginarme mi propia muerte y la conveniencia o no de dejar el diario cerrado con llave, para no hacer del todo imposible una lectura póstuma de aquellas páginas de caligrafía infantil). Porque comencé a sentir entonces, creo, la imperiosa necesidad de comunicación con los otros que anida detrás del impulso o compulsión a la escritura.

¿Comunicación con quién, con qué otros?

El problema no resuelto (ahora que no escribo diarios cerrados con llave sino blogs abiertos) son los otros, es decir: ustedes. Y no me refiero a ustedes en concreto, los que ahora mismo están leyendo este post, sino al conjunto de lectores o espectadores reales y potenciales que un blog posibilita.

Los otros de un blog son a veces voyeurs silenciosos. Otras veces son comentaristas fieles. O esporádicos visitantes. O críticos acérrimos, o trolls (afortunadamente NaDa PeRmAnEcE no ha tenido ninguno). A veces son completos desconocidos y a veces amigos del alma, o cualquiera de las casi infinitas posibilidades que caben en la gama comprendida entre ambos extemos.

Quien posee un blog lo sabe, pero yo nunca he terminado de acostumbrarme a esta particular relación que los otros de un blog introducen entre uno mismo y lo que escribe. En ocasiones he desnudado mi alma aquí mismo, en algún post, y me he quedado tan ancho. Otras veces, en cambio, me he mostrado reservado, pudoroso, críptico o esquivo. En ocasiones he sucumbido a la tentación de satisfacer a los lectores del blog, y les he dado lo que querían (o creía yo que querían): entradas breves, videos y alguna que otra confesión escabrosa. Otras veces me he rebelado contra ello, y he escrito acerca de lo que realmente me apetecía, sin eludir los textos interminables o los temas menos mediáticos. Siempre me he encontrado haciendo equilibrio entre Andriu y los otros, entre la exploración expresiva y la comunicación, entre ustedes y yo.

Empecé este post diciendo que hay una amalgama de razones que explican estos cinco meses de silencio (y que hay otra amalgama de razones de signo contrario, que me impulsan a retomar el blog). Parte de esas razones para el silencio tienen que ver con la perplejidad que me producen los otros, ustedes, y mi indecisión en cuanto a si proseguir o no con el blog ha tenido que ver, en parte, con esa relación ambivalente que el autor de un blog mantiene con sus lectores y comentadores.

Supongo que seguiré así, sin terminar de acostumbrarme a escribir en un blog (pese a haber comenzado a hacerlo en febrero de 2007), sin dejar de sentirme fascinado por esa extraña relación que uno crea con los otros, ustedes, cuando los goznes del candado ceden y la cerradura salta en pedazos porque aquel diario con llave infantil es Historia y se ha transformado en un blog personal abierto -y expuesto- al resto del mundo.



domingo, 16 de octubre de 2011

TeRcEr cOnTaCtO



Me veo obligado a retornar al blog con toda una serie de cautelas, indecisiones y aparentes fintas. Pero no hay ánimo de engaño en ello sino, al contrario: voluntad de verdad y de honestidad conmigo mismo y con quienes se han asomado por aquí durante estos meses y no han encontrado sino el débil eco del pasado.

Un blog es como una casa de campo. Desde allí nos contemplamos a nosotros mismos y al mundo circundante desde otro ángulo y con un sosiego y detenimiento que la ciudad nos hurta. Alejados de los ruidos y del frenético ritmo de la gran urbe, desde la casa de campo tomamos la distancia necesaria para comprender lo que pasa.

Un blog es una casa de retiro. Hay quien pasa en ella los fines de semana. Hay quien la visita casi a diario, o quien la habita en largas y fecundas temporadas. Algunos incluso se mudan allí definitivamente y apenas mantienen trato con el mundo real de la ciudad.

Yo llevo cinco meses sin abrir la cerradura oxidada del candado de mi casa de campo. El jardín se ha llenado de maleza y de malas hierbas. El interior está sucio, polvoriento y con olor a encierro. Durante estos meses, de vez en cuando, un paseante aparecía y le tiraba piedrecitas a los cristales, para ver si alguien contestaba:

-¿Qué pasa con tu blog? -me preguntaban- ¿Lo tienes parado?

-Pues sí -contestaba yo, lacónicamente, sin dar más explicaciones.

Pensé que vendrían solos. Pensé que los motivos para dejar de escribir se me aparecerían un buen día delante de mí: evidentes, claros y distintos. El tiempo acabaría por perfilarlos y definirlos. Uno no deja de visitar hasta el abandono su casa de campo sin ningún motivo.

Pero los días en la ciudad pasaban y los motivos para no ir al campo seguían sin aparecer. Simplemente notaba que mientras más tiempo transcurría más me afianzaba en la ciudad. No iba ya a la casa de campo y, pese a no tener motivos para ello (o pese a no tenerlos claros), persistía en mi inmovilidad de urbanita.

Hace una semana que he interrumpido mi exilio en la ciudad y que he venido a respirar este aire limpio y preciso. Ha sido un acto irracional, inmotivado, de pura voluntad irreflexiva. Ha sido un salto al vacío, un movimiento casi instintivo.

Me resulta imposible todavía escribir un post normal y corriente (sobre actualidad política, literatura, religión, amor o crítica social). Sería como llegar a la casa de campo -destartalada como está- y en lugar de hacerle una limpieza a fondo y arreglar el jardín y el polvo interior, adornar las paredes con cuadros.

Sólo concibo ir retomando el contacto de nuevo muy poco a poco. Y es por ello que me veo obligado a retornar al blog con toda una serie de cautelas, indecisiones y aparentes fintas.

lunes, 10 de octubre de 2011

SeGuNdO cOnTaCtO


Hay blogs que súbitamente mueren. Tras un comienzo trufado de proyectos, ilusiones y promesas de continuidad se interrumpen un buen día y no vuelven a actualizarse jamás, o bien poco a poco se desvanecen, espaciándose cada vez más unas entradas de otras, hasta extinguirse. He visto varios casos de éstos. De hecho, al parecer, la duración media de la vida de un blog es de 15 meses (463,7 días, para ser más exactos, o más pedantes).

Las razones para que esto ocurra (que los blogs tampoco permanezcan) son muchas y variadas. Los blogueros que abandonan pueden hacerlo por falta de tiempo, por falta (o exceso) de lectores, por no encontrarle sentido a lo que hacen, o porque la vida les tiene demasiado entretenidos. 

También la propia muerte se inmiscuye a veces entre un bloguero y su blog. El caso más dramático al que he asistido es el de un profesor de filosofía al que nunca conocí en persona, pero cuyo blog seguía esporádicamente. Un día aciago dejó de publicar. En un comentario a su última entrada, dejado por alguien cercano (familiar o amigo, no lo recuerdo), se informaba escuetamente a los lectores del blog del fallecimiento del autor y se enlazaba a otro blog en el que se ofrecía una crónica de los últimos días en el hospital, de la operación y del fatal desenlace.

Hay también otros blogs que, sin llegar a morir, se detienen, languidecen, dejan de latir, pasan a un estado de hibernación, entran en coma. Devolverles el vigor de antaño, o al menos insuflarles vida, para que de sus cenizas vuelva a emprender el vuelo el ave Fénix, no es imposible... pero cuesta.

Y en ésas estoy.
   

domingo, 9 de octubre de 2011

pRiMeR cOnTaCtO



Cuánto cuesta volver a empezar, y reparar lo que hemos por largo tiempo descuidado.

sábado, 23 de abril de 2011

¿InTiMiDaD VioLAdA 3?


Escenario 1:

 El año pasado, por estas mismas fechas, salí a recorrer las calles de La Laguna, cámara en mano, con el propósito de captar en imágenes el espíritu de la Semana Santa a través de sus procesiones. El resultado es este post sin texto: son sólo fotos.

En varias de esas fotos (cuatro para ser más exactos) se ve a niños a los que, al estar en primer plano, se les puede identificar perfectamente. En el resto de imágenes se ve a personas adultas claramente identificables (sólo los capuchinos constituyen la ineludible excepción). Ni a los niños ni a los adultos les pedí autorización alguna: para ser fotografiados, para subir a internet sus imágenes, para enlazar el post un año más tarde.

¿Debería haberlo hecho? Detener la procesión para cumplir con dicha formalidad hubiera resultado un tanto heterodoxo. ¿Debería haber renunciado a crear aquel post? Me asomo a mi balcón, contemplo las procesiones de este 2011, me fijo en la cantidad de personas que sacan fotografías o graban videos con sus cámaras o teléfonos móviles... ¿Cuántas de esas fotografías y videos están ya en la red, para ser compartidas -exhibidas- en blogs o a través de las prolíficas redes sociales? ¿Cuántas de esas personas detuvieron la procesión para explicarles lo que pretendían hacer con esas fotos o videos a los afectados en cuestión: penitentes, monaguillos, músicos, obispos, políticos, niños?

Cambio de escenario:

Hace un mes les mandé a hacer un trabajo en grupo a mis alumnos de Ética sobre alguno de los Derechos Humanos: un mural, un sketch, un video, un power-point, una canción. Varios de los grupos decidieron hacer videos caseros. Los grababan en casa, o en el recreo, o en alguna hora libre. Hasta que llegó el asunto a oídas de la directota. Ésta habló con el grupo de alumnos que pretendía hacer entrevistas a profesores y alumnos acerca del Derecho Humano que habían elegido: no podían llevarlas a cabo sin una autorización de sus padres.

Fui a hablar con la directora, para explicarle en qué consistía el trabajo, así como su exhibición: sólo pretendía utilizar los videos en clase, sólo lo verían los alumnos del grupo. La directora me insistió en que sólo podrían salir imágenes de aquellos alumnos cuyos padres hubieran firmado un documento de autorización a principio de curso. Además, para evitar que las imágenes fueran subidas a internet y de ahí circularan incontroladamente, yo debía ser quien lo grabara todo (con la cámara del instituto), sin darle copia del documento ¡a los propios creadores y actores!

Estábamos en su despacho. Empecé a sentirme incómodo en el asiento. Hacía tan sólo unos días acababa de subir a la red el video sobre los dos chinijos caleteros comiendo pipas y filosofando:

-Isabel ¿tienes acceso a Internet? -le dije, señalando a su ordenador.
Ella asintió.

-Te voy a enseñar una cosa. 

Entonces le enseñé el último post de mi blog de Filosofía. Era una crónica de la fiesta de Carnavales del IES Agustín Espinosa. Allí se veía a alumnos de todos los cursos y edades. Como en el caso de las procesiones de Semana Santa, no le había pedido autorización a nadie para publicarlas. Tan sólo les había dicho a mis alumnos de 2º de bachillerato que se metieran en el blog para que se descargaran las fotos más fácilmente (tengo el correo electrónico de todos ellos, pero es más sencillo enviarles un link que 20 fotos).

-¿Crees que debo borrar este post? -le pregunté.

Lo hice desde el mismo ordenador de su despacho. Ese post carnavalero ya no existe (últimamente no hay post carnavalero que resista la censura).

Le dije a la directora que repartiría a todos los alumnos que hicieran un video como trabajo de Ética un impreso para que sus padres autorizaran por escrito la toma de imágenes de sus hijos con fines educativos.

Meta-escenario:

Acabo de reproducir una conversación privada entre la directora de mi Centro y yo. Sin su consentimiento. Me pregunto si al hacerlo estoy violando, de nuevo, la ley de Protección de Datos de Carácter Personal (a la que se refirió ella durante dicha conversación). Al difundir sin su permiso nuestra charla: ¿Estoy violando el artículo número 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

Escenario 3:

El origen de todas estas dudas y disquisiciones fue el video de los chinijos caleteros. Empecé aquel post con esta pregunta: "¿Debo eliminar este post?". Casi todos los lectores coincidieron en que el video violaba la intimidad de los dos chiquillos. 

Ricardo propuso, entre otras cosas, distorsionar la imagen. También contó cómo él había hecho lo mismo en fotos de su instituto que había colgado en su blog. Bajé -censuré- el video y lo modifiqué con Movie Maker. Ya no se distinguía la imagen de los dos peques, ni -¡ay!- el azul nítido del cielo caletero, la ondulación de la toalla emulando el mar, la luz primaveral. Pero el tono de voz de los chinijos, inconfundiblemente caletero, seguía siendo delicioso: transmitía tranquilidad, dicha, reminiscencias de una época pretérita e irrecuperable.

Carse opinó entonces que también la voz debía distorsionarse, a fin de no poder identificar a los infantes. Y aminuscula dio una vuelta de tuerca: ni siquiera era legítimo reproducir el contenido de una conversación que era privada. ¿Acaso los niños no debían ser tomados tan en serio como los adultos?

Ante las dudas, decidí no volver a subir el video de los chinijos caleteros, ni siquiera en la versión en la que éstos eran casi inidentificables. Y empecé a escribir post monotemáticos, con el título entre signos de interrogación, sin tener ya claro los límites de una buena praxis en materia de blogs...

lunes, 18 de abril de 2011

¿InTiMiDaD VioLAdA 2?


Hay que reconocer que la Caleta de Famara is different:

¡Montar un Carnaval a mediados de marzo, casi en Semana Santa!


Fue hace tan sólo dos fines de semana (es verdad: llevo una buena temporada ausente del blog), y lo pasé bastante bien.
 
Lo mejor fue dormir en casa y no tener que conducir borracho a horas intempestivas: bastaba con cruzar la calle para ponerle a la noche su punto final.



No me esperaba para nada ver a Pepe Benavente en el Carnaval de Famara.  

Yo le dije a Nico (mi primo):

-Chacho, ése se parece a Pepe Benavente.

-¿Te puedes creer que nunca he visto al Pepe Benavente ese?

(Mi primo es abogado, le gusta la literatura fantástica, el ajedrez y participa esporádicamente en misiones internacionales como observador electoral... No sé si todo ello explica el que no conozca a Pepe Benavente. Algo debe de explicar)

-Naycol, vamos a acercarnos al escenario porque me da que es él.

Y en efecto, allí estaba el Pepe más famoso de la TV Autónomica Canaria, haciendo retruécanos y meneando la cintura a ritmo de bolero en el escenario del Llano de Famara.

"Altamente surrealista" -pensé- "Como todo lo que ocurre en este pueblo"



Media hora antes mi primo Nico se había rociado la camiseta con Betadine (para darle más verosimilitud al disfraz de zombie) y yo me había puesto una gorra de flores y unas gafas plateadas (para que me entrara la gorra había tenido que quitarme, por cierto, la peluca rubia, tras treinta y dos días de exhibición ininterrumpida).

Ya estábamos, pues,  listos para darlo todo.


Por supuesto, como me temía, lo primero que me encontré fue a mis alumnos.

Nota aclaratoria nº1: A todo profesor/a le resulta incómodo tropezarse a sus alumnos/as mientras está de marcha. Se trata de una Ley Universal del Cosmos y las explicaciones son muy variadas (Montse: sospecho que tú eres una excepción ¿me equivoco?).

Nota aclaratoria nº2: Hube de aclararle a mis alumnos que lo de haberme quitado la peluca era algo meramente transitorio. Volvería a ponérmela en cuanto terminara el Carnaval.



El desfile no era el coso de Santa Cruz, vale, pero las carrozas, la batucada y la gente disfrazada animaron las calles de este pueblito surfero como si de Rio de Janeiro se tratara.

 

¡Y sí! ¡Es Lidel!

Cuando lo vi, jugando con los niños, me acerqué disimuladamente, sin pronunciar su nombre (el dueño estaba cerca), su verdadero nombre (el dueño lo llama de otra forma), y Lidel se abalanzó sobre mí, mientras me llenaba de lamidos y besos.

Menos mal que en esto apareció mi primo Nico, que aunque amante de los perros, iba disfrazado de zombie: Lidel huyó como de la pólvora, mientras ladraba, farruco pero en retirada. Conseguimos así que el dueño  (mi vecino) no se enterara "de lo nuestro".




¡Ni idea quiénes son éstos!

Uno en Carnavales se junta con lo peor de cada casa. Voy a imprimir la imagen y titularla: "Foto de familia: Family Monster".


Al final todo termina.

El Carnaval de Famara es un mes más tarde que en el resto del mundo. Al principio cuesta calzarse un disfraz con estos calores que preludian el verano. Es como comer peladillas en agosto. Pero al final uno se acostumbra, como a todo. El fin del Carnaval chicharrero produce melancolía y desconsuelo. (Y una monumental resaca). Menos mal que existe el de Famara, prolongación desesperada del primero, sucedáneo delirante y deliciosamente extravagante.

Los caleteros ya están, también, en Semana Santa. Su cuaresma es la más breve del mundo: sólo dura una semana.

Nota aclaratoria nº3: Este es uno de mis clásicos posts en los que hago una crónica fotográfica de alguna festividad, tradición o viaje. Como he querido cumplir con la legalidad vigente (con la Ley de Protección de Datos de Carácter Personal), según la cual no puedo sacar y publicar fotos o videos de personas que no hayan dado su consentimiento expresamente, me he visto obligado a sustituir las fotos originales por otras realizadas en los mismos lugares pero a diferente hora, cuando las calles estaban desiertas. Confío en que el cumplimiento de la ley y la adecuación a lo moralmente preferible no escatime o mengüe el interés de la crónica carnavalera.

domingo, 3 de abril de 2011

¿InTiMiDaD VioLAdA 1?



NOTA PREVIA: He decidido suprimir el video que encabezaba este post, en el que se veía y escuchaba a dos "chinijos" (así se llama en Lanzarote a los niños pequeños) comiendo pipas y filosofando. El video violaba la Ley de Protección de Datos de Carácter Personal, al no contar con el consentimiento de sus padres. El texto, la reflexión acerca de las dificultades de cumplir con esta ley con la llegada de Internet, sigue siendo válido, así que lo dejo.  

¿Les parece que debo eliminar este post?

Cuando oí la conversación que estaban teniendo estos niños, estos chinijos caleteros, no pude evitar coger la cámara para grabar desde mi toalla, como un espía, todo lo que se decían. 

En cuanto agucé el oído me sentí fascinado por poder ser testigo de esa concepción del mundo que tienen los niños y que tan bien se muestra cuando éstos hablan entre sí, y no con adultos. Además me sentí transportado a la infancia: a los días y vacaciones eternas, al ocio como lo más importante en el mundo, a ver la vida a un metro y poco del suelo. Pero tras haber editado el video he tardado bastante en decidirme a publicarlo en el blog.

¿Por qué?

En el post anterior aparecía Andriu haciendo el payaso en el Natural History Museum junto a unas niñas inglesas que habían ido allí con el colegio. Nadie dijo nada, nadie protestó por sacar a esas niñas en NaDa PeRmAnEcE sin su consentimiento. Y sin embargo es posible que a sus padres, en el improbable caso de que algún día se topen con este blog, no les haga ninguna gracia esa entrada.

En el pasado  a "mis gansitos" siempre los saqué desenfocados. Los estadounidenses son tan histéricos con los niños que me pareció que hacer que sus rasgos no se identificaran era la mínima de las precauciones. Ahora no sé si aquellos posts hubieran ganado más con las caras de mis alumnos al natural, mostrando a través de sus expresivas facciones sus sentimientos, ocurrencias y... en suma, sus "gansaditas".

Lo cierto es que hay un problema legal en todo ello. La Ley de Protección de Datos de carácter personal no permite publicar o difundir imágenes de menores sin su consentimiento. Cuando éstos son menores de 14 años serán sus padres quienes otorguen o nieguen dicho consentimiento.

Así que el video en el Natural History y éste en el muelle de Famara son claramente ilegales.

¿Qué hacer? Lo correcto sería hablar con los padres y pedirles su autorización para subir a la red estas imágenes de sus hijos...

Tan sólo tener que explicarles a los padres el asunto me da pereza (no se trata de un corto o una película o un anuncio, sino de un simple post). Y además ¿Es realista pensar que no tendrían inconveniente en hacerlo? Francamente, no. 

Imagínense la escena: Andriu se acerca al tipo de la bici y le aborda (después de haberse quitado la peluca rubia) y le explica que quiere subir a internet un video en cámara oculta que ha hecho de su hijo, en bañador, mientras mantiene una charla de carácter privado con otro niño en bañador.

Sinceramente, no me veo con tal capacidad de persuasión como para no salir con un ojo morado.

Así que... ¿qué hacer entonces? ¿renunciar a publicar todas aquellas fotos o videos en los que aparezcan menores identificables, a no ser que se obtenga por parte de sus padres una costosa o improbable autorización?  Si de lo que se trata es de cumplir con la ley... habrá que renunciar a ello.

 Sin embargo, como han repetido los internautas anti-Sinde a lo largo de los últimos meses, con la llegada de internet es imposible ponerle puertas al campo. En efecto, la red está llena de fotos e imágenes de menores que se envían, copian, publican, descargan y suben a través de blogs, periódicos, redes sociales o cadenas de mails. No hablo de imágenes vinculadas a la pornografía infantil, sino de fotos de niños de todo tipo. Apuesto a que es elevadísimo el porcentaje de esas fotografías que han sido introducidas o reutilizadas en la red sin autorización alguna.

Por ejemplo, ésta:



He escrito "Niños" en Google-Imágenes. Me han salido tropecientas mil fotos e imágenes de niños y niñas disponibles para hacer con ellas lo que crea conveninte. Pues bien, aquí está, colgada a NaDa PeRmAnEcE, esta fotografía. Los padres de los tres retoños seguramente dieron una autorización al fotógrafo para darle a la imagen un uso determinado (aun anuncio de cursos de verano, por ejemplo). Pero una vez que la fotografía se ha subido a la red, cualquier persona puede hacer con ella infinidad de cosas. Yo, por ejemplo, tan sólo la he utilizado como ejemplo de mi argumentación. Pero podría escribir un post explicando que estos son mis tres hijos, o hablando de la grave enfermedad de Tommy, o del ligero retraso mental de Carol, la niña rubia que está subida a la pela, o... ya pueden imaginar todo lo que se puede hacer jugando con la realidad y la ficción. 

¿Qué hacer pues? ¿Es correcto infringir la ley aduciendo que la intención con la que uno sube a la red este video caletero es inofensiva, o arguyendo que tiene un interés como documento audiovisual debido a su gran poder sugestivo y evocador? ¿Son esto razones válidas o una mera racionalización?

El domingo que viene eliminaré este post o lo dejaré tal cual está. Todo depende de lo que ustedes opinen al respecto. Así que, dicho esto, les reitero la pregunta del principio:

¿Les parece que debo eliminar este post?

miércoles, 15 de septiembre de 2010

De vUeLtA


En un acto de renovado narcicismo me he dicho a mí mismo: ¡Escribe!

Fue el otro día, y me lo pedí por móvil, mediante el insólito procedimiento de telefonearme a mí mismo.
La primera noticia que tuve de mí mismo desde el otro lado del auricular fue a mediados de mayo, en Madrid.

Ocurrió en el piso de Limón, dos meses antes de regresar a Canarias. 

Ocurrió en torno a las cinco de la mañana, mientras trataba de acertar a introducir la llave en la cerradura de la puerta de entrada al piso, torpe de ebriedades.
De repente me sonó el teléfono.

Busqué en la pantalla del móvil quién podría llamarme a esas horas.
En la pantalla sólo ponía: "Desconocido".

Pero al coger el teléfono era yo.

Era mi voz, que decía: 

"Hola qué tal, mira, soy Andrés. Nada, que te llamaba para que... Sfthyt*dfdf*... Vale, pues mira... que es algo urgente, algo que contarte, venga, venga, hasta luego, chao".

Atónito, perplejo, borracho y algo asustado volví a escuchar el mensaje, que se repetía una y otra vez, como una serpiente que se muerde la cola. 

Decidí despertar a Santi. Le acerqué el teléfono a la almohada:

-Santi, escucha: ¿soy yo?

Él me dijo que sí y siguió durmiendo. Pero su sueño era tan profundo que aunque le hubiera propuesto cancelar para siempre el amigo invisible me hubiera dicho lo mismo, que sí. Su testimonio no era válido.

Sin embargo dos meses más tarde volvió a ocurrir, volvió a sonar el teléfono, volví a leer "Desconocido" en la pantalla y a escuchar mi voz decir y repetir el mismo mensaje.

Esta segunda vez estaba con Santi y con su madre, a la salida del cine. La película era Origen, eran las 00:30 y nadie estaba borracho. Transcribo los detalles de las circunstancias con esta precisión con el objeto de encontrar algún patrón, alguna clave explicativa.

Las circunstancias habían, pues, variado, pero el mensaje que me decía yo a mí mismo seguía siendo el mismo.

La tercera vez que me telefoneé estaban conmigo Pablo, Olivia, Patri Villena y mi primo Luis.

Todos escucharon el mensaje y estuvieron de acuerdo en que la voz era la mía, y no la de un farsante.

Olivia y Pablo añadieron además lo siguiente: 

Que el indescifrable "Sfthyt*dfdf*"  era en realidad: "Sube a La Laguna".

Sin embargo, por mucho que volvía a escuchar el mensaje una y otra vez yo era incapaz de entender "Sube a La Laguna". 

Muy al contrario, seguía con torpe obstinación escuchando lo mismo:

"Sfthyt*dfdf*" 

Y así terminó el verano en Tenerife.

Terminó este extraño paréntesis laboral de algo más de un año.
Regresé a Lanzarote, una vez más.

Y mientras tanto, con cada vez más frecuencia, mi telefóno sonaba y era de nuevo yo, con la misma cantinela.
Hasta que ayer lo he descifrado al fin, creo.

No es "Sfthyt*dfdf*"  sino "¡Escribe!" lo que me digo.

Así que aquí estoy, de vuelta, tras casi dos meses sin escribir ni una palabra.

Las razones que me hicieron parar son tan absurdas como las que me hacen ahora volver.

Pero espero por lo menos que a partir de ahora mi teléfono deje de sonar.

A sonar (quiero decir) conmigo mismo al otro lado de la línea.


miércoles, 16 de junio de 2010

DiAriO iMpReSeNtAbLe


Hoy quise visitar a Southmac pero su blog ha muerto.

Llevaba aproximadamente un año sin leer su prosa de animal salvaje y herido. En algún momento me sentí desbordado por su "Diario de un impresentable". Sus textos eran demasiado buenos, como si un demonio se los hubiera dictado al oído o en sueños y, en estado de trance, los hubiera trasladado (arrojado, escupido, vomitado) a su impresentable bitácora. Cada dos o tres días publicaba Southmac un post luciferino y -acuciado por quién sabe qué menesteres domésticos- el caso es que mis visitas se hicieron cada vez menos frecuentes.

Hoy al tocar a su puerta, Blogger me contestó con un desconcertante:

No se encuentra el blog que busca

Pude leer su último post en el blog de La Máquina.

Pude leer que:

El Impresentable que se despedía de su público en 2010 tenía ya muy poco que ver con aquel alegre tarado de 2004. Impresentable había madurado, o sea que había visto cerrarse puertas, desaparecer seres queridos, romperse las más intensas relaciones. Impresentable había comido mierda en cantidades industriales, luego vomitada en forma de literatura y música. Era inevitable el cambio. Era irreversible el fin.

Tras más de 800.000 visitas, más de 600 suscriptores y más de 300 seguidores, Impresentable tenía claro que nada de lo que pasó habría sido posible sin toda esa gente, la buena y la mala. El 50% de la creación dependía de sus habitantes, de las mentes independientes que leyeron, interpretaron y a veces se limpiaron el culo con las creaciones que en el Diario fueron apareciendo semana tras semana.

¿Dónde está hoy el Impresentable?

¿Se ha casado por la Iglesia?

¿Ha encontrado un trabajo "serio"?

¿Qué giro ha podido dar su vida para decidir cerrar el blog después de seis años?

¿Se ha aburrido, simplemente?

¿Qué cosas han de pasarle a uno para decidir cerrar un blog?

¿Era inevitable el cambio porque Impresentable había madurado, como dice?

En fin, dondequiera que estés, Southmac:

Te deseo lo mejor y te agadezco estos seis años de posts demenciales, lúcidos, valientes, pornográficos, sanguinolentos, sinceros, humanos... y también sobrehumanos. No fui un lector muy fiel (llegué tarde a tu blog y me fui prematuramente) pero todo lo que leí cuando te visité me deslumbró y me sacudió por dentro.

Cuando alguien se muere, el mundo se llena de objetos (gafas, calzoncillos, un DNI, una pulsera, una receta médica) sin función alguna; meros callejones sin salida.

Cuando un blog se cierra, la red se llena de links que llevan a ninguna parte.


martes, 8 de junio de 2010

RaYaDa FiLoSóFiCa


Nada permanece.

Bueno, creo que esto ya lo he dicho alguna que otra vez...

Sin embargo:

a) Si nada permanece, tampoco el enunciado "nada permanece" permanece; con lo cual algo permanece. Es decir, si nada permanece entonces algo permanece.

O:

b) Si nada permanece, todo cambia; con lo cual también cambiará la propia afirmación de que "nada permanece" y ya no será verdad que nada permanece. Es decir, si es verdad que nada permanece entonces no es verdad que nada permanece.

Esto es lo que se llama una paradoja.

Hace unos días José Ramón me hacía el siguiente comentario:

c) Permanece el cambio. Es consustancial con tu idea de que nada permanece, pero a la vez la contradice... ¿o no?

Bajo las tres formulaciones "a", "b" y "c" nos damos cuenta de que existe el peligro de caer en una contradicción o en una paradoja con enunciados como el de NaDa PeRmAnEcE. Hace ya bastante tiempo algún lector del blog hizo un comentario similar. Por entonces yo estaba bastante liado con no recuerdo qué y eludí la labor de profundizar en esta cuestión.

¿¿Pero a qué se dedica la gente cuando se pide un año de excedencia o de licencia por estudios??

¡Efectivamente!

Se dedica a escribir posts como éste
...

Cuando hacía la carrera recuerdo en clase de Lógica una anécdota que me impactó. En 1902 el joven Bertrand Russell le escribió una carta al famoso lógico y matemático Gottlob Frege en la que le formulaba una paradoja que echaba por tierra toda la fundamentación de la lógica matemática que el maestro alemán había elaborado.

Cuando escuché la anécdota no pude evitar compadecer al viejo Frege.

Y al mismo tiempo pensé en la carta de Russell y me dije:

¿Quién es este pavo?

Por esa misma época me regalaron la autobiografía en tres tomos de Bertrand Russell (que no terminé) y pude saber algo más acerca de quién era "este pavo".

Como todos los grandes genios, Russell había sido muy precoz. Desde muy pequeño era capaz de leer a los clásicos griegos y latinos en su lengua original, y su diario íntimo lo escribía con caracteres griegos a fin de evitar que los adultos pudieran leerlo.

Fue un niño solitario y taciturno, y el descubrimiento de las matemáticas fue para él una tabla de salvación. Recordando el momento en que su hermano Frank le enseñó los Elementos de Euclides, el filósofo inglés escribió: "Este fue uno de los grandes acontecimientos de mi vida, tan deslumbrantes como el primer amor. No podía imaginar que hubiera algo tan delicioso en el mundo". También añade en su autobiografía que fue tan infeliz en la escuela preparatoria que si no llegó a suidarse fue porque deseaba saber más matemáticas.

Yo soy un chico de letras y las matemáticas nunca se me dieron bien. Así que mientras más leía a Russell, más me decía:

¿Quién demonios es este pavo?

Afortunadamente, el genial Bertrand Russell también tenía su lado humano. En la contraportada de los tres tomos de su autobiografía estaba impresa esta hermosa cita, con la que él resume su existencia:

Tres pasiones simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento, y la insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas pasiones, como grandes vientos, me han llevado caprichosamente de acá para allá, sobre un océano de angustia, llegando al límite mismo de la desesperación.

¿Hace falta decir que a este pavo le dieron el Nobel de Literatura en 1950?

Y hablando de pavos, a mis alumnos de 1º de bachillerato les suelo explicar en qué consiste el razonamiento inductivo (y qué problemas tiene) mediante la anécdota del pavo inductivista de Russell.

Pero volvamos al "NaDa PeRmAnEce".

Tengo la impresión de que las paradojas a que da lugar el título de este blog tienen que ver con la famosa paradoja de Russell. En la wiki viene explicada bastante bien. Pero después de un año enseñando a leer y a escribir a mis pavit... quiero decir, a mis gansitos, estoy convencido de que estas cosas se entienden mucho mejor con dibujitos:



Bertrand Russell habla de los Conjuntos Normales y los define como aquellos conjuntos que no son miembros de sí mismos.

Por ejemplo el conjunto "c.1" (el conjunto de todas las mariposas) no es miembro de sí mismo, pues el propio conjunto no es una mariposa (sino un conjunto).

Por lo tanto, "c.1" es un conjunto normal (no es miembro de sí mismo).




A los conjuntos que a su vez son miembros de sí mismos Bertrand Russell los denomina Conjuntos Singulares.

Por ejemplo, el conjunto "c.2" (el conjunto de todas las cosas que NO son mariposas) sí es miembro de sí mismo, pues el propio conjunto NO es una mariposa.

Por lo tanto, "c.2" es un conjunto singular (si es miembro de sí mismo)




Pongamos otro ejemplo de conjunto singular, al que llamaremos nuevamente "c.2".

El conjunto "c.2" (el conjunto de todas las ideas abstractas) sí es miembro de sí mismo, pues el propio conjunto es una idea abstracta.

Por lo tanto, "c.2" es un conjunto singular (es miembro de sí mismo).




El problema o la paradoja de Russell viene ahora:

Imaginemos un conjunto "c.3" constituido por todos los conjuntos que no son miembros de sí mismos, es decir, por todos los conjuntos normales.

Bertrand Russell se pregunta: ¿Es "c.3" un conjunto normal o un conjunto singular?

Y la respuesta conduce a una paradoja:





Si "c.3" es un conjunto singular entonces forma parte de sí mismo. Pero si forma parte de sí mismo pertenece al tipo de conjuntos normales (c.1).

Por lo tanto, si es un conjunto singular entonces es un conjunto normal.

O dicho de otra forma, si es miembro de sí mismo entonces no puede ser miembro de sí mismo.




Pongamos que "c.3" es un conjunto normal, es decir, que no forma parte de sí mismo (Lo he puesto en amarillo, fuera del círculo rojo). Sin embargo, si es un conjunto normal, debería estar incluido dentro del conjunto de los conjuntos normales, es decir, debería ser un miembro de sí mismo (El "c.3" en amarillo debería estar dentro del círculo rojo, junto al resto de conjuntos normales). Pero si es miembro de sí mismo, entonces es un conjunto singular.

Por lo tanto, si es un conjunto normal entonces es un conjunto singular.

O dicho de otra forma, si no es miembro de sí mismo entonces debería ser miembro de sí mismo.





Creo que con el enunciado "NaDa PeRmAnEcE" sucede lo mismo.

Si lo traducimos al lenguaje de los conjuntos, el conjunto "c.4" es el conjunto de todas las cosas y además todas ellas son cosas que cambian (o no permanecen): el tiempo atmosférico cambia, una cara feliz se entristece, el amor se marchita o florece, la mariposa ha dejado de ser gusano, etc...

Si tratamos a "c.4" como un conjunto normal no ocurre nada contradictorio y podemos sortear la paradoja.

Es decir, siendo "c.4" el enunciado "nada permanece" y representando el conjunto de las cosas que cambian, si pensamos que c.4 no es miembro de sí mismo, entonces no tenemos por qué incluirla dentro de las cosas que no permanecen (o cambian).




Sin embargo, si pensamos que el enunciado "nada permanece" puede referirse también a sí mismo (y no sólo al clima, a una sonrisa, al amor, a las mariposas, etc.), es decir, si lo tomamos como un miembro de sí mismo, entendiendo que "c.4" es un conjunto singular, entonces surge la paradoja que comentaba al principio del post.

Pues entonces el propio enunciado "nada permanece" (o el conjunto de las cosas que no permanecen) deben también no permanecer, cambiar. Lo que nos lleva a una negación del propio enunciado.

¿Se entiende?

A mí de tanto pensar me ha entrado hambre.

Creo que voy a fabricarme un sandwich... de pavo.


viernes, 14 de mayo de 2010

aLgO PeRMaNeCe


El 12 de febrero de 2007 escribí el segundo post de NaDa PeRmAnEcE, que titulé "BaRCo HuNdidO".

(El lector avispado y sagaz podrá darse cuenta de que el sistema de reglas maniáticamente establecido por Andriu para la elaboración de los títulos no estaba completamente afinado)

El 11 de febrero, un día antes, había estrenado el blog con el único post sin foto, titulado "Todo fluye..."

(El paréntesis anterior es aún más pertinente aquí)

El primer post del blog era una especie de declaración de intenciones. Apelando a Heráclito, a Proust y a Saramago trataba de descubrir por adelantado el sentido de mi blog:

Un blog: literatura efímera, volátil, perecedera. Un soporte inmaterial, virtual, casi etéreo: digital. Y pese a todo, un intento más de retener y dilatar y enriquecer y ennoblecer y engrosar y almacenar el tiempo, la savia de las horas, los entresijos de los días y las noches, los renglones que silenciosamente escribimos al vivir.

El 26 de septiembre de 2009 Carse escribió un comentario al post BaRCo HuNdidO en el que me adjuntaba un link con la foto del barco antes del hundimiento.

El 28 de abril de 2010 alguien anónimo dejaba otro comentario preguntando por el nombre del barco.

El 30 de abril de 2010 alguien con el nickname de ainara contestaba que el nombre era el "Telamón".

Picado por la curiosidad decidí buscar en google información acerca del barco y decubrí dos cosas:

1) Que el Telamón era otro barco diferente, encallado frente al puerto de los Mármoles (Arrecife de Lanzarote) pocas semanas antes del misterioso barco hundido frente a las costas de Famara.

2) Que el 10 de noviembre del 2007 el diario digital "Crónicas de Lanzarote" había publicado un reportaje sobre ambos hundimientos y que el final del reportaje se cerraba con un párrafo extraído del blog "Nada permanece" de un tal Andriu, en el que recordaba el año del hundimiento. En dicho reportaje se citaba además a un tal Tomás Fajardo.

Más intrigado aún que al principio decidí escribir a mi padre, para hacerle dos preguntas:

1) ¿Cuál era el nombre del barco hundido en Famara?

2) ¿Era familia nuestra ese Tomás Fajardo?

Me sorprendió que mi padre no tuviera respuestas para tales preguntas, pues en casa siempre lo consideramos (pese a sus protestas) una especie de oráculo, que todo lo sabe. Nuestro primer apellido es Fajardo; su segundo nombre es Tomás. Pero obviamente el reportaje debía de referirse a otro Tomás Fajardo.

A estas alturas de la historia yo ya me había percatado de una cosa, a saber:

Que me había equivocado al calificar lo escrito en los blog de "literatura efímera".

El 12 de mayo de 2010 se convirtió en certeza esta impresión. Y es que otra persona anónima volvió a dejar un comentario en aquella segunda entrada sobre el barco de Famara, con toda la información que nos faltaba, que aquí reproduzco:

"El barco mercante que encalló en Famara se llamaba el ROLLA-1 de bandera libanesa la mayoría de sus 23 tripulantes eran de nacionalidad coreana e iba cargado con cuatro mil toneladas de cemento, había salido del puerto de Aguilas (Murcia) y se dirigía a Nigeria, vía Las Palmas. Encalló el martes 19 de enero de 1982, debido a que sufrió una vía de agua en la sala de máquinas. Esto es lo que recogen los periódicos de este año".

Lo que se escribe en los blogs no es para siempre: nada lo es.

(Salvo el amor, mientras dura)

Sin embargo, gracias a Carse, a Anónimo 1, a Ainara, a Arturo Escarda (autor del reportaje) y a Anónimo 2... tengo la impresión de que aquel post tan lejano y antiguo todavía sigue vivo.

Da gusto comprobar que, de vez en cuando, algo permanece.


jueves, 25 de febrero de 2010

pOsTs CaRaCoLa


Saco fotos que guardo, confiando en que tarde o temprano surja el texto apropiado.

Lo bueno de las fotos es que casan con innumerables textos.

Y eso es tambien lo bueno de los textos: que casan con innumerables fotos.

Por ejemplo, ésta.

Hoy me he levantado con un punto de resaca de ginebra.

(Me pregunto si estaré entrando en una nueva etapa en mi vida: fase gin. He tenido varias fases: vodka, whisky, ron... Sí, así también se pueden medir los años. Es un criterio tan legítimo como otro cualquiera... Qué consciente soy de que este tipo de comentarios, este paréntesis, esta verborrea que asoma como un molusco desde dentro de su concha... es de lo que trata este post)

Hace un par de semanas estuve con un amigo que hacía años que no veía. Hablamos de todo un poco. Y en una de éstas me soltó: "¡Vaya bemeta que pillaste para ir a Cáceres!". Me sorprendió bastante que leyera mi blog. Me dijo que seguía las crónicas texanas y que ahora se metía de vez en cuando. Salió a relucir una palabra: "Exhibicionismo". Que no sé si la pronuncié yo primero, o fue él.

Creo que desde que comenzó el año no he escrito ningún post de los de antes. Me refiero a esos post que eran una especie de carta abierta o mail colectivo, en los que contaba cosas que me ocurrían, sitios a los que iba, conversaciones que tenía, ideas que se me pasaban por la cabeza o extravagancias como la de mear en el bol del desayuno...

En el 2010 he continuado escribiendo en el blog, casi a diario, pero medio emboscado en una caracola de mar. He colgado Sólo-Fotos. He subido algún video casero. He reciclado ejercicios del master. He transcrito citas curiosas o literarias... Si he contado o expresado sentimientos o experiencias personales lo he hecho de un modo indirecto y sutil.

(Por cierto, ahora mismo, mientras escribo, llueve)

Si se ha oído mi voz es porque se ha leído entre líneas o se ha aguzado el oído para descifrar ese susurro que se escapa desde lo más hondo de la concha.

(¿Exhibicionismo? ¿Narcicismo? Dudas)

No sé, supongo que este post es una excepción, una debilidad, una concesión a la resaca.

Lo cierto es que un impulso verborreico por exhibirse y contar lucha en mí contra otra tendencia a la contención, a la prudencia y al pudor.

Y la literatura ayuda enormemente: Esto es mera ficción, Éste no soy yo.

Este 2010 ha comenzado con posts caracola.

Y me pregunto si es que he comenzado a madurar, a desarrollar un sentido de la privacidad sobrevenido, a envejecer...

O a beber gin-tonics.


miércoles, 18 de noviembre de 2009

AdiÓs SiLviO 3


Supongo que nos gustan las dos cosas: ficción y realidad.

Disfrutamos con los universos de ficción. Nos deleitan esos productos de la imaginación, esas historias que no están constreñidas por los límites de lo material, esos personajes que cobran vida sin tener huesos ni carne. Es el mundo del arte: de la literatura, del cine, del teatro. Es el mundo de la imaginación: de los sueños, de la locura, del pensamiento cuando se eleva en el cielo con la libertad de una cometa libre de dueño.

Pero al mismo tiempo sentimos una irresistible atracción por la realidad, por la verdad. No nos gusta que nos mientan: la demagogia, el engaño, la simulación, la ocultación, la desinformación. No sólo les ocurre a los filósofos: a nadie le gusta vivir de espaldas a la realidad. Y leemos, escuchamos, preguntamos, interrogamos, precisamente por eso: porque buscamos la verdad.

Cuando uno vive lo suficiente como para llevar un tiempo expuesto a los productos de la ficción, por una parte, y a las realidades de la vida misma, por otra, no tarda en percatarse de lo siguiente:

Que en la ficción hay mucha más realidad de la que estamos dispuestos a reconocer y en la realidad, a su vez, mucha más ficción.

Por un lado, los personajes de ficción y sus peripecias nos muestran con su ejemplo muchas verdades que la realidad -por ser más pobre, material y limitada- no está siempre en condiciones de ofrecernos.

Por otro lado, nuestras vidas están llenas de ficción: imitamos y nos inspiramos e invocamos muy a menudo a aquellos personajes de ficción que por uno u otro motivo se han hecho un lugar en nosotros mismos; y ellos condicionan nuestra forma de actuar y de ver el mundo.

El tema da para mucho más, intuyo. Sirva lo anterior de breve pincelada meramente.

Porque lo que me interesa es la cuestión de lo que ocurre cuando la ficción se hace pasar por realidad.

Llamaré a esto lo aparente.

Lo aparente es aquello que parece que es real pero que no lo es:

"Oro parece, plata-no es"

Hay algo de fraude y decepción, pues, en ello; y algo de fascinación también.

El ejemplo perfecto es el reality show amañado, tan recurrente en nuestra televisión:

Nos fascina el espectáculo, la trama rocambolesca, el esperpento.

Nos fascina la idea de que la madre de la chica se haya liado con el novio de ésta última; y que aparezcan peleándose en pantalla madre e hija, novio y novia; nos fascina que luego el presentador anuncie que el chico en realidad es gay y que tiene otra relación fuera de ese triángulo familiar; y que aparezca el susodicho y que resulte ser el padre de la niña; y ver entonces a la madre insultando y pegando a su marido; y a la chica haciendo lo mismo con su novio...

Vale, lo reconozco: se me fue la mano con el ejemplo. Pero a lo que iba: nos fascina dicho espectáculo precisamente en la medida en que creemos que es real. Puede que sintamos repulsión y que cambiemos de canal y que escribamos indignados una carta al director echando pestes de la telebasura. Pero el esperpento no nos ha dejado indemnes, indiferentes.

Sin embargo, cuando nos enteramos de que todo ha sido amañado y de que todos los protagonistas del show son sólo actores... entonces lo que sentimos es decepción (y no alivio), chasco (y no reconciliación) y una profunda desilusión por haber estado sometidos a un fraude, a un engaño, a un fiasco...

Fascinación y fiasco: este es el territorio de lo aparente.

Es muy significativo que a la ficción de la literatura, del cine o del teatro nunca le hacemos este reproche:

-¡Era todo mentira! Vaya mierda.

Con lo aparente en cambio nos sentimos como si hubieran jugado con nuestros sentimientos (confianza, ingenuidad, ilusión, miedo, ternura, fascinación) o simplemente como si nos hubieran hecho perder el tiempo:

-¡Eran todos actores! ¡Y yo aquí hipnotizado delante de la TV como un gilipollas!

Explico todo esto, supongo, en mi descargo, quizás como una forma de mea culpa, pues no a todo el mundo le ha sentado igual de bien la revelación del fiasco, la idea de que hubiera alguien real, manejando desde arriba o desde atrás los hilos del Silvio Lombardi de ficción.

Cuando se juega a mezclar ficción y realidad a tan altas temperaturas las quemaduras terminan por ser de verdad.

Y es que la historia de Silvio Lombardi entra dentro de la categoría de lo aparente.

Y tras la fascinación, como dije, llega el fiasco.



Voy a aparentar lo siguiente: que yo también quedé fascinado y engañado por la propia historia de Silvio, para así saciar la sed de realidad -natural como el hombre (y la mujer, uff)- de quienes con tanto ahínco preguntaron si Mr. Lombardi era real o no. Voy a aparentar que dejé escrita una nota para mí mismo, para no volverme loco con tanto argentino de caballería:

"He empezado a confundirlo todo, o algunas cosas al menos. Ayer casi digo "vos" y apenas utilizo ya el pretérito perfecto compuesto, como si fuera argentino. Me voy a la cama pensando "qué hara Silvio mañana" y me levanto con una idea febril que no puedo dejar de apuntar. Hoy me crucé con una chica por la calle y me dije: "Vaya mina". Así que voy a escribirlo todo: la verdad. Voy a contarme a mí mismo cómo ocurrió todo por si algún día en el futuro empiezo a ver de veras papelitos ensangrentados en los bolsillos de la chaqueta... Todo comenzó con el Cizañas, en Barcelona. Estábamos desayunando una tosta catalana en una churrería cerca de su casa cuando me dijo que estaría bien crear un personaje de ficcion en el blog para animar el cotarro, que la cosa estaba muy poco animada. La idea me fascinó. Mezclar ficción y realidad; ya llevaba haciendo algo de eso en cierta manera. Y la cosa me gustaba. Ahí mismo le puse nombre: Silvio Lombardi. No sé muy bien por qué ese nombre. Supongo que fue esa misma mañana y no en el AVE a Madrid cuando decidí que el personaje sería argentino, como el chico que me había devuelto el móvil. En efecto, dos días antes había perdido mi móvil en el Templo de Debod y una pareja de argentinos lo había encontrado y me lo había devuelto. Yo estaba entusiasmado, muy agradecido y les pregunté cómo podía recompensarles. Tenía 20 euros en el bolsillo y tiempo libre. Pero ellos dijeron que no hacía falta, que era lo menos que podían haber hecho. La anécdota se quedó grabada en mi memoria y pensé que la cosa merecía un post. Pero cuando surgió la idea de parir para el blog a un personaje de ficción vi claro que dicho individuo tenía que salir de allí, de aquella tarde en el Templo de Debod. Así que continué a mi manera el encuentro con la pareja de argentinos. Vi nacer ante mis ojos a Silvio Lombardi, quien empezó a contarnos sus peripecias desde este blog. Un día recibí un mail de Montse, diciéndome que me había pillado, que había descubierto un error en mi historia. Tenía razón, había descubierto un error al que difícilmente podían ponérsele peros. Desde entonces, Montse y el Cizaña se convirtieron en las únicas personas que sabían la verdad, pese a que eran bastantes quienes no terminaban de creerse la historia. Pensé muchas veces: "A estos dos hay que darles un Óscar" o "Si al final de todo se reparten capones, estos dos no se salvan". Pero a mí me tocó el trabajo sucio de dar la cara, de mentir, incluso a las personas más cercanas, a mis seres queridos. A mi padre una vez tuve que decirle: "Estate tranquilo, yo sé lo que me hago, soy mayorcito y responsable, confía en mí". Y es que hay que reconocer que Silvio en algunos momentos llegó a inspirar cierto miedo.... Ahora en cambio es distinto, ahora nos llevamos bastante bien los dos, qué digo, Silvio no existe, qué manía, a veces me da por dudar y por olvidarme de todo esto, de cómo nació en realidad Mr. Lombardi y de cuál es su verdadera naturaleza. Pero por si acaso, por si alguna vez lo olvido, he querido dejar todo esto escrito, a modo de prueba, de mensaje en una botella, por si acaso, por si las moscas, entendés Andriu, espero que sí."

Lo aparente saca su fuerza de seducción de la irresistible atracción que siente el ser humano por la verdad, por la realidad. Estoy convencido de que si desde el principio hubiera dicho que Silvio Lombardi era sólo un personaje de ficción, en vez de un argentino -algo chiflado- de carne y hueso la expectación en torno a las peripecias de este singular personaje no hubiera sido muy grande. O dicho de otro modo: estoy convencido de que quienes creyeron en la realidad de Silvio Lombardi disfrutaron mucho más de sus posts que quienes supieron o sospecharon que era un personaje de ficción.

Por esa misma razón los realities shows o los concursos de tele-realidad triunfan. Vienen respaldados por un aliado poderoso: la realidad.

Lo mismo ocurre con muchos blogs. En este ya se me conoce demasiado como para jugar a las adivinanzas con la realidad y la ficción. La aventura de Silvio Lombardi no deja de ser una excepción. Pero hay muchísimos blogs en la red que juegan a contar historias o peripecias vitales increíbles y sorprendentes. El anzuelo que mantiene a los lectores enganchados lleva en parte casi siempre la misma carnada, a saber: la pregunta "¿será verdad todo esto que cuenta este pavo?".

Cuando se descubre todo, cuando se sabe la verdad y se encienden las luces, ya lo dije: se acaba la fiesta.

Llega la decepción.

Por eso quizás hubiera sido mejor dejar a Silvio vivo, o al menos a Valeria; llevarlo de vuelta a su país y a su ciudad natal, Santa Fé; despedirlo desde aquí con lágrimas virtuales, o con gritos de alivio: "vete ya, pesado"; hacerlo desaparecer en la ficción para seguir soñando con él de tarde en tarde.

Pero no ha sido así: lo he traído desde el sosegado universo de la ficción -casi tirándole por las orejas- hasta el mundo falaz de lo aparente.

He decepcionado a algunos y he saciado la sed de realidad de otros.

Quizás todos hemos aprendido algo.

Yo al menos sí.

Platón fue un señor en ocasiones muy serio. Cuando diseñó su ciudad ideal prohibió la entrada en ella a los artistas o específicamente a los poeas o "aedos". De eso trata el primer libro que me mandaron a leer en 1º de Filosofía. Platón le reprochaba a los poetas su inmoralidad al describir o contar de modo falaz la realidad. Para el filósofo griego los poetas eran, en suma, mentirosos, embusteros, impostores. Sus obras eran mera apariencia. Hacían pasar lo falso por verdadero, la ficción por realidad. En resumen: eran apologetas de lo aparente.

Sospecho que Platón de habérselo planteado también habría prohibido en su polis perfecta los reality shows y los blogs embusteros, como éste en ocasiones.

Pero lo más grave no es su rechazo a lo aparente, sino el no haber sido capaz de imaginar una categoría para la ficción (o no haber incluido la obra de los poetas dentro de esa categoría):

Obsesionado con sus dicotomías (mundo real vs. mundo aparente, conocimiento vs. opinión, mundo inteligible vs. mundo sensible) me temo que no dejó o no pensó en un lugar para la ficción.

Es una lástima.