domingo, 12 de agosto de 2007

HeNrY MiLLeR 2

"Con los refinamientos propios de la madurez, los olores fueron esfumándose para quedar sustituidos por otro olor claramente memorable y placentero: el olor a coño. Y, en particular, el olor que queda en los dedos después de magrear a una mujer, pues -no sé si se habrá observado antes- ese olor es más grato, incluso quizá porque ya lleva consigo el perfume del pretérito, que el propio olor a coño. Pero este olor, que corresponde a la madurez, es tenue comparado con los olores vinculados a la infancia. Es un olor que se evapora casi tan rápido en la imaginación como en la realidad. Puedes recordar muchas cosas de la mujer que has amado, pero es difícil recordar el olor de su coño... con alguna certeza".

(Trópico de Capricornio)


HeNrY MiLLeR 1


"Pues sólo existe una gran aventura y es hacia dentro, hacia uno mismo, y para ésa ni el tiempo ni el espacio, ni los actos siquiera, importan"
(Trópico de Capricornio)

domingo, 5 de agosto de 2007

SoNeTo MoLaR


Por un dolor de muelas belicoso,
Armado de valor a su consulta
Fui con ojos de Quijote y oculta
Tras la bata vi a Evelia del Toboso.

Sus mañas y sus artes de dentista
Lográronme extirpar tan gran dolor,
Mas quiso confundir mi torpe vista
Gigantes y molinos: salud y amor.

¡Qué mal, qué sufrimiento, qué suplicio!
¡Qué goce, qué deleite, qué alegría!
No sé si era mejor todo al inicio...

Curado estoy, mas ¡qué melancolía!
Debátome entre cima o precipicio
Por culpa de la odontología.

sábado, 4 de agosto de 2007

pLaNeTa tOnSiOtRéN

Hace mucho tiempo que no me tomo un tonsiotrén.

Ya sé, probablemente no sepas de qué demonios te hablo, qué criatura extraña es esa: "tonsiotren". A muchos farmacéuticos les pasa, al principio. Pero si la farmacia me queda a mano de mi nueva residencia, de mi curro, del piso o apartamento en el que paso un par de semanas, tarde o temprano terminan iniciándose: llaman al laboratorio (sito en Las Palmas), mandan a pedir un par de cajas y, poco a poco, aprenden a despachar con naturalidad la exquisita panacea de todos los males, sin necesidad de gestos de estupor y extrañeza, sin necesidad de consultar el ordenador, sin necesidad de que se lo deletree otra vez, ni de hacerme quedar delante de todos como un puto hipocondríaco, como un bicho raro, como un auténtico freaky de los medicamentos: "t-o-n-s-i-o-t-r-é-n".

Desde que empecé a dar clases me di cuenta de que la garganta era mi talón de Aquiles.

Ese descubrimiento hizo que fuera gestándose en mi rutina diaria un entramado de normas de obligado cumplimiento, un sistema abigarrado y complejo de condicionantes que, pese a restarme libertad de movimientos, acción y pensamiento en esta azarosa aventura del vivir, apuntalaban concienzudamente mi debilitada y siempre vulnerable garganta. Aunque no se trate de un catálogo discreto y concreto, de una lista finita de preceptos, sino de algo más global y holístico, de un modo de vida, de una forma de ser, de una actitud ante mi cuerpo, la sociedad y el cosmos circundante, puedo intentar aislar del todo, del sistema, alguna de sus partes, y estamparla aquí:

a) Beber cantidades ingentes de agua, preferentemente Lanjarón.

b) Controlar cómo hablar, cómo respirar, cómo modular la voz pero también cuánto. (Hubo un tiempo en que me encerraba por las tardes, apagaba el móvil y hacía una cura de silencio. Afortunadamente aquella época triste está ya superada. Aunque de aquellos cuidados extremos algo queda).

c) Pasear la cerveza unos segundos por la cavidad bucal, para que no descienda tan fría por la faringe.

d) Tomar helados sólo cuando resulta estrictamente necesario. (Mi pediatra decía que los helados cuando se está malo son como papel de lija para la garganta: esa metáfora siempre me ha atormentado).

e) El ron cola siempre con una o más rodajitas de limón.

f) Atiborrarse de aquellos alimentos que dicen tienen un efecto benéfico sobre la garganta: miel, jengibre, limón...

g) Tener siempre a mano: un tapacuellos o braga militar, un suéter de cuello alto, bufanda.

En fin, podría quedarme sin letras del abecedario. El caso es que la piedra de toque de todo ello, el núcleo neurálgico de este modus essere, viene a ser precisamente esa pastillita blanca y casi insípida: el tonsiotrén.

La palabra "tonsiotrén" despierta en mi tantas evocaciones y remembranzas como entradas aparecen en el buscador de Google al escribir la palabra "sex". Me pregunto ahora de dónde saqué que "tonsiotrén" era de género masculino y acentuación aguda. Da igual: tras tan largo periplo juntos sería inconcebible ahora mismo mirarnos a la cara y decirle "Eres una tonsiotren maravillosa".

Un día de catarros e irritaciones lo probé y el efecto fue inmediatico, milagroso, panaceático. En seguida empecé a encargarlo en la farmacia más cercana, en cantidades industriales. Y a consumirlo a todas horas. Tras las comidas, siempre. Lavarme los dientes, enjuagarme y calzarme el tonsiotrén en el paladar se hicieron todo uno, uno y trino, tres acciones indisociables. Iba a todas partes ligero de equipaje, con lo estrictamente imprescindible: llaves, dinero y algunos tonsiotrenes. Cortaba con unas tijeras la tabletilla metálica y transparente en la que vivían las pastillas a fin de no llevar siempre conmigo los 20 nichos. Luego conseguí un pastillero con distintos departamentos: uno de ellos quedó pronto encalado por el polvillo blanco -y por tanto equívoco- que dejaba el rastro o recuerdo de las pastillas de tonsiotrén.

Por las noches caían siempre, uno, o dos en determinadas temporadas. Era un ritual: sin la pastilla en la boca disolviéndose no conseguía conciliar el sueño. Me dormía y el tonsiotrén tardaba horas en consumirse y fundirse con mi carne. A veces me despertaba a las 3 o 4 de la madrugada y allí seguía, fínisima y translúcida, como una hostia de pan ázimo, en lenta consagración, revitalizando la glándula tiroides, minando la moral y las fuerzas de las huestes del ejercito bacteriano, fortaleciendo la tensión, torsión y vitalidad de mis cuerdas vocales, en sagrado reposo. Así aprendí que el tonsiotrén no había que chuparlo ni absorberle con ansiedad enfermiza toda su substancia, como si de una cabeza de gamba se tratara: se trataba de dejarlo en reposo y dejarlo actuar por su cuenta. Lentamente. Incorporé este ritmo a las horas del día. Cuando la pastilla se había por fin disuelto por sí misma era el momento de hacer "plof" con el pulgar sobre otro de aquellos nichos de metal (como quien revienta un himen) e introducirse en la boca otra pastilla más. La respiración recobraba entonces su ritmo habitual, así como el ritmo cardiaco, y el cerebro volvía a funcionar correctamente. Tuve la certeza entonces de que nunca me haría fumador, pues los comprendía demasiado bien.

Podría llenar incontables y prolijos tomos sobre la materia... pero no. Lo vuelvo a repetir:

Hace mucho tiempo que no me tomo un tonsiotrén.

Se acabó. Basta. Finito. Kaputt. Esto es un adiós a mis días de tonsiotrén. La escritura es restauración de las ruinas del pasado y al revivir aquí todas mis precauciones pretéritas, todos mis miedos y supersticiones, todas mis profilácticos pensamientos, me siento ajeno y diferente, como si de pronto me viera al otro lado del río, como si hubiera cruzado ya el puente que me separa ahora de mi otro yo, de aquel yo esquizoide, hipocondríaco y encerrado en su propio delirio...


Y ello a pesar de todo esto, a pesar de esta dieta con la que me desayuno, almuerzo y ceno durante toda esta semana.

Y es que mi cuerpo trata aún de subyugar a mi mente rebelde.

Mi cuerpo no soporta que de pronto mi mente se haya librado del yugo del tonsiotrén.

No soporta que se haya hecho libre.

No soporta que se haya hecho inmune a los azotes y embestidas del cuerpo, que dice "no me olvides", que dice "estoy aquí", que añora ese otro andriu en que la mente era prisionera y esclava de los achaques del cuerpo.

"¡Viva Platón!" -proclama el nuevo andriu: "El cuerpo es sólo la cárcel del alma".

Y en su venenoso rencor, en su venganza infinita, en su absoluta desconfianza en la fuerza de este nuevo e insólito rival, el cuerpo, ese cuerpo, ha querido ponerme a prueba:

Con un papiloma.

Con hongos en la planta del pie.

Con una luxación de hombro.

Con llagas en la boca.

Con un cordal insidioso a extraer.



He aquí mi pie, ese pie.

A la izquierda el hongo, a la derecha el papiloma.

Éste soy yo; no sé si ponerme en "mi perfil".


He aquí mi hombro, tras haber vuelto todo a su sitio, de donde jamás debió haber salido.


He aquí el pastillaje que me mandó el podólogo: una en cada comida durante un mes. Un buen pretexto para seguir midiendo el tiempo.


¡Adiós tonsiotrén!

Fue maravilloso compatir contigo mis días, tantos años de mi vida.

Pero todo son ciclos y éste se cierra.

No me tientes con esas tres pastillas; será en vano.

Ya no te necesito: mi mente ha madurado.

No pienso tirarte a la basura.

Conservaré estos 3 últimos orgasmos en potencia con los que te me insinúas.

Pero sólo para demostrarte mi fortaleza.

Aprenderé a vivir contigo pero sin ti.

Contigo en las farmacias, contigo en algún rincón de mi casa, contigo en mi imaginación deseante.

Pero sin ti.

Sin ti en mi paladar, sin ti por las noches, sin ti en mi desasosiego.

Hasta siempre, amigo, amante, ramera, remedio y remedo.

¡Adiós!

miércoles, 1 de agosto de 2007

SiN CoNeXiÓn

Desde arriba, desde la infinita altura de los cielos, se relativizan los problemas y las penas.

Un esguince, un despido laboral, un desengaño amoroso...

Desde el cielo se diluye, difumina y desvanece todo mal.

Desaparece del mapa.

Por eso es tan difícil la conexión con dios que pretenden algunos.

Dios no ve nada desde arriba.

Nada desde su altura estratosférica.

Y sin embargo ahí están Gran Canaria y Tenerife desangrándose.

Ahí están pidiendo ayuda al cielo desde el suelo.

Hacen señales a dios.

El hombre no puede salvarles.

El hombre trata en vano de enmendar el entuerto, la destrucción, la masacre.

El hombre encendió el fuego.

El hombre incendió el sosiego del verano.

El hombre hizo añicos la confianza en el hombre.


La Gomera fue la primera en arder.

En la foto: el barranco de Chipude.

Hablemos ya de los restos del naufragio: sobrevivió Garajonay.

Sobrevivió el pulmón de la isla, el bosque encantado.

Desde la reserva de laurisilva los elfos y otras criaturas arbóreas conjuraron el fuego.

Luego ardió Gran Canaria.

En la foto: el pinar de Pajonales.

Adoro el queso en general y el canario en particular.

En casa de mis padres SIEMPRE hay queso de Pajonales. A todos nos encanta.

Qué incierto es el adverbio SIEMPRE.

Nunca he estado en Pajonales.

No sé si iré algún día.

Ahora es como asistir a un funeral y a un entierro.



Ayer lunes se extendió.

Se extendió la maledicencia e iniquidad de algunos.

Se extendió la tristeza, el estupor y la rabia de todos.

El fuego no se extendió.

El fuego no atraviesa mares ni salta de una isla a otra.

En la foto: La Guancha, La Matanza, la Victoria... y el Teide al fondo.

El de Gran Canaria fue el peor incendio que se recuerda en las islas.

El de Tenerife va en camino de superarlo.

Ya han sido desalojadas más de 4.000 personas entre ambas islas.

Ya han ardido más de 10.000 hectáreas entre las dos.

Hermanados en la desgracia se abrazan impotentes los canarios.

Ahora más que nunca se presenta ridículo el manido pleito insular de los políticos y sus comparsistas mediáticos.



El hombre hace todo lo que puede.

Una ola de calor y viento infernal azota las islas y aviva el fuego.

Acuden refuerzos de La Palma, de La Gomera, del Hierro y de la Península.

Aquí en Lanzarote, y en Fuerteventura, se entiende que no hay efectivos ni medios especializados en la extinción de incendios forestales.

La ministra de Medio Ambiente y el presidente del gobierno también acuden.


Pero lo poco que se consigue durante el día se hace minúsculo en la noche.

El fuego avanza y crece y arrasa sin piedad.

El tiempo se acelera en la oscuridad.

Por la mañana el monte amanece mil años más viejo.


Y el hombre se lamenta impotente ante tal devastación.

Se lamenta pues no hay señal, no hay respuesta.

No hay conexión con dios.

domingo, 29 de julio de 2007

DuDaS mEtAbLoGuíStiCaS

Llevo una semana sin escribir nada en el blog.

Una semana con dudas metabloguísticas de todo tipo.

¿Por qué escribo? ¿para quién? ¿sobre qué? ¿cómo?

Algunas de estas preguntas hacen que me deslice hacia otro tipo de interrogantes: ¿quién soy? ¿cómo soy? ¿qué pretendo hacer y ser? Preguntas difíciles de responder de un plumazo, siempre revisables y, en otro orden de cosas, tremendamente íntimas.

Y así, recogiendo este cabo, el de lo tremendamente íntimo, volvemos a las dudas metabloguísticas: ¿por qué o para qué escribo? ¿para quién?

Recuerdo haber intentado responder a estas preguntas en un cuaderno de tapas negras. Me levanto a buscarlo. No lo encuentro, debe de estar en casa de mis padres (qué raro me resulta no decir simplemente "en mi casa"), en Tenerife. Recuerdo a grandes rasgos lo que albergan las cuadrículas de aquel cuaderno: una defensa del onanismo, algunos comentarios algo ingenuos sobre la estética de las "tribus urbanas", poemas de amor adolescente, delirios, reflexiones del género que podríamos bautizar "contra el tiempo" (preludio de estas notas) y, también (no pierdas el hilo, andriu), alguna metareflexión, algún escrito sobre la escritura y su sentido.

Aquellas páginas no tenían destinatario imediato alguno. Se trataba de un mero diario. Pasaría todavía un tiempo antes de que la fiebre de las bitácoras o blogs inundara la red. El terreno era por tanto menos movedizo que éste de los blog, con su carácter bífido o bifronte, en el que se conjugan frágilmente el ensimismamiento introspectivo y el exhibicionismo desvergonzado.

Y sin embargo, pese a ser terreno conocido, las preguntas acerca del sentido de la escritura estaban ahí. Lo más sencillo hubiera sido responder: escribo para mí mismo. Y argumentar: eso me permite desahogarme, eso me relaja, eso me libera, eso me permite ser más libre, más iconoclasta, no venderme, no ceñirme a un código, a un estilo, a un canon determinado.

Pero no sería verdad. Aunque quedara mejor (¿ante quién? ¿ante mí mismo? ¿ante la galería?) proclamándome un paladín de la libertad absoluta en cuanto a la forma y el contenido de lo que uno escribe, aunque afirmase que escribo sin pensar en quién me leerá, dictado exclusivamente por el propio instinto, esto no sería verdad. Mentiría como un bellaco.

"Escribo para que me quieran".

Creo que fue a Saramago a quien se lo oí decir. Y creo que es verdad. Creo que la escritura no está exenta de este elemento narcicista. Este afán de gustar y ser queridos condiciona inevitablemente nuestro modo de escribir. Hace que, por ejemplo, ahora mismo, trate de hacer un esfuerzo de contención, de síntesis, para no cansarte ni aburrirte y que me sigas leyendo... si es que has llegado hasta aquí.

Yo también, como Saramago, escribo para que me quieran. Obviamente -qué presunción la mía- lo único que comparto con él es la intención... no los resultados. Pero no es el único móvil:

"Escribir es una forma de enmendar nuestra ignorancia".

Ésta no es de Saramago, sino mía. Creo que escribir me sirve para descubrir y conocer. El famoso "conócete a ti mismo" socrático siempre me ha resultado un poco sospechoso, quizás por haber sido tan manoseado y haber abusado de él las pseudofiosofías a lo "pequeño saltamontes" y la literatura de autoayuda. Pero en definitiva, conocerse a uno mismo es lo más difícil y apasionante que pueda haber. Alguien tan antisocrático como Nietzsche lo expresó así:

"Sólo cuando el hombre haya adquirido el conocimiento de todas las cosas podrá conocerse a sí mismo. Pues las cosas no son sino las fronteras del hombre".

Las cosas son relativamente fáciles de conocer, tardan en cambiar y en dejar de ser lo que son. Pero los hombres estamos en continua metamorfosis y, más importante aún, es al conocernos mejor cuando más cambiamos y cuando, por tanto, necesitamos volver a conocernos... Pues bien, la escritura ayuda a propiciar ese conocimiento y ese cambio sobre uno mismo. En eso mismo estoy ahora mismo embarcado, sin rumbo definido, aunque inmerso en los cauces que marca el encontrarle sentido a este blog.

Como apenas he empezado a sacar a la luz (como hacía Sócrates con las ideas ajenas y su matrona madre con los hijos ajenos) esta madeja que lleva poco a poco enrrollándose a lo largo de la semana, te recomiendo que hagas una pausa para hacer un pis o comer algo (si es que no eres tú quien tiene mi cuaderno de tapas negras y ese escrito a favor del onanismo) mientras yo me cocino un arroz.

(MÁS DE 10 HORAS DESPUÉS: ¿Qué pasó anoché? ¿qué cené? Desde luego, no fue arroz: lo recordaría y habría un caldero más que lavar en el fregadero... Al final me lié con algo, o me entró sueño, o me olvidé. Retomo el post. Por cierto acabo de percatarme de lo absurdo que resulta eso de "aprovecha para hacer un pis mientras yo cocino un arroz", como si tú pudieras hacer una pausa en la lectura antes de que yo publique el post)

1ª DUDA METABLOGUÏSTICA: ¿De qué coño va todo este rollo sobre la muerte y el paso del tiempo? ¿este tipo tiene realmente 30 años o 90? ¿a qué se dedica cuando no escribe en el blog? ¿hace necrológicas? ¿vende ataúdes en una funerararia?

No sé si me verán así quienes me conocen, pero la verdad es que leyéndome esta es la imagen que cualquiera se hace. No consigo recordar en qué novela había un personaje que escribía una tesis doctoral sobre la muerte. Se desarrollaba en Lisboa y Pessoa estaba de algún modo presente. No era La última noche de Ricardo Reis porque no la he leído. Hay premio para quien la acierte. Pues bien, me veo a veces a mí mismo escribiendo este blog como ese personaje: gris, ensimismado, acogotado por la parca, muerto en vida.

¿Cómo empezó todo? ¿cómo empezó este blog? Fue una especie de proyecto para el 2007: "La foto de la semana". Me propuse hacer una foto semanal que resumiera lo ocurrido o reflejara lo más importante de los últimos siete días. Y un comentario a la foto. Quería por una parte seguir en contacto con un puñado de buenos amigos (Tenerife, Madrid, Barcelona, Méjico) y por otra parte, supongo, registrar, almacenar, coleccionar imágenes, sucesos, momentos. Ahí estaba en germen el blog. Se trataba ya de medir el tiempo, de detener un poco el ritmo vertiginoso de los días, de trastocar la monotonía de las semanas siempre iguales con el fogonazo de un hito que la hiciese diferente a la anterior, a la siguiente y a todas las por venir. Supongo que este es el precio a pagar por no gustarme el fútbol...

Entonces uno de esos buenos amigos me dio la idea de sustituir esa foto con comentario a pie de página enviada a Mis favoritos vía e-mail por un blog de blogger. A mí eso me sonó un poco complicado. "Buff, crear una página web, con lo coñazo que es ese lenguaje html y toda esa vaina". Me sonroja decirlo, pero aceptémoslo: era y soy un analfabeto informático (aunque con propósito de enmienda). Cuando me di cuenta que hacer un post era más fácil que enviar un mail, cuando descubrí el inabarcable y ancho y extraordinario mundo de la blogosfera... sentí cuán maravilloso universo de posibilidades y nuevos horizontes se abría ante mí... y cuán limitado nuestro tiempo para intentar siquiera otearlo. La blogosfera: Gran Biblioteca mutante aquejada de una metástasis que la hace multiplicarse y crecer incesantemente. ¡Cuántas perlas por descubrir en este océano! ¡y todas ellas en constante proceso de fornicación creadora! Gracias, amigo, por el consejo, por el hallazgo.

¿Un blog? Siempre había querido hacer una página web. Y siempre, supongo, me había amparado en mi inutilidad tecnológica como pretexto para no hacerlo. Ya no había excusa: al menos bajo este formato, estaba chupado. Ahora bien: ¿qué poner? ¿para quién? ¿para qué? Todas estas preguntas estaban ligadas y eran cruciales. Creo que mucha gente escribe blogs sin planteárselas en serio, al menos las dos últimas. Yo preferí no planteármelas, lanzarme a escribir sin más, dejarlas de momento en suspenso.

Y pensé que mi blog había de tener un perfil propio, una especie de leit motiv, de ideario, de código genético, de hilo coductor, de... bueno, creo que se ha entendido. Desde el primer momento, creo que sin otro candidato a la vista, me decidí: el tiempo. Es fácil relacionar casi cualquier tema con esa constante. Eso me daría libertad y flexibilidad a la hora de elegir los temas. Además, creo que el tiempo, el pasado, la memoria y criaturas semejantes están emparentadas de un modo esencial con la escritura. Por otra parte, para qué negarlo, se trata de un asunto ineludible, que el hombre desde que es tal no ha podido dejar de plantearse: tempus fugit, carpe diem, etc... Y al menos en mi caso he de reconocer que debo de tener un corazón melancólico, sensible a la pérdida, a la aniquilación, a la devastación que el tiempo imprime en todo lo que toca... cuando no está la escritura y el recuerdo que la vertebra dispuesta a disimular o a enmendar dicha pérdida (otra vez el mismo verbo: la escritura es enmienda).

Y como es enmienda, creo que escribiendo me he aclarado un poco y he encontrado mis respuestas a la duda metabloguïstica nº 1. Son éstas: a) me importa una mierda lo que piensen los demás (me conozcan o no) acerca de si mi comportamiento y opiniones son de nonagenario en vez de treintañero; b) me importa lo que YO piense al respecto, que después de pensarlo un poco es esto: ¡menos mal que pienso y actúo -casi siempre- como suelen hacerlo los de mi edad y mayores! La adolescencia es una enfermedad que es mejor pasar cuanto antes: ¿qué modelos iba a encontrar ahí? Por otra parte, lo que hay de elogiable en la juventud (dejando aparte la plenitud física que representa) no depende de la edad ni disminuye necesariamente a medida que ésta aumenta: la ilusión, la energía, la esperanza, el optimismo, la entrega, la capacidad de soñar. Anoche Eduardo Galeano afirmaba en una entrevista en la radio: "El único pecado que no tiene redención es el pecado contra la esperanza". Tiene 65 años. Mis alumnos con 15 años son infinitamente más cínicos y desencantados. Y no precisamente porque hayan visto -frente a Galeano- cuán cruel es el mundo; y c) pero no obstante no veo por qué ceñirme inncesariamente a moldes autoimpuestos; cuando el "tiempo" se vuelva un corsé castrador e incómodo, dejaré libremente de alumbrarlo desde estas páginas demasiado graves a veces.

2ª DUDA METABLOGUÍSTICA: ¿es éste un blog anónimo o un blog con nombre y apellido?

Sin lugar a dudas, lo mejor que he leído nunca acerca de los blogs se lo debo a Southmac en su Diariodeunimpresentable
. Allí advierte que sobre blogs no hay nada escrito: no hay normas, leyes, criterios que definan lo que es blog y lo que no lo es. Y sí infinitos géneros de blogs: cuerdos, dementes, esquizoides, sexuales, paternalistas, solitarios, "blogs que parecen la puta Gran Vía a hora punta"... No obstante, yo haría una clasificación importantísima: hay blogs anónimos y blogs con nombre y apellido.


Ésa fue otra de las decisiones que no tomé, que preferí postergar. Al final, al menos por ahora, la cosa se ha quedado en una solución intermedia. Por una parte, en "mi perfil" no aparece una foto mía, sino un retrato de una exposición de pintura expresionista que visité en Madrid hace unos meses; tampoco hay datos personales. Por otra parte, casi todos los posts tienen un carácter autobiográfico o, sencilla y directamente, hablan sobre mí y cuento en ellos cosas sobre mí que hacen que puedan fácilmente identificarme.


Lo del anonimato tiene sus ventajas. Básicamente, es más fácil desnudarse cuando nadie sabe quien eres. Ten ven así, en pelotas, tal cual eres, y no pasa nada: no hay nadie que te saque una fotografía y la lleve al curro y todos digan "¡es andriu! ¡qué pequeña la tiene!". Bajo el anonimato uno es más libre y escribe sin el yugo del qué dirán los que me conocen, los que saben que bajo el nick de "andriu" se esconde un hombre de carne y hueso llamado Jaime Peralta Pompidou, que trabaja en un intituto de la isla de Lanzarote y que en el post de ayer ha dicho muchas palabrotas y ha contado con prolija obscenidad cómo desvirgaba a una alumna quinceañera, cínica y desencantada cuyo mejor pecado no era precisamente, no obstante, contra la esperanza, sino contra el decoro.


Pero no sólo ventajas. El anonimato también nos esclaviza. Nos hace en principio más libres, mostrarnos tal cual somos. Pero en seguida nos expone a la tentación del exhibicionismo y la sobreactuación para complacer a un público que le interesa más que le mientan con esa historia de la quinceañera pecaminosa y no que le cuenten las pajas mentales que se hace un tal Jaime Peralta o un tal andriu (que para el caso es lo mismo) a medida que envejece. Qué fácil es venderse desde el anonimato, qué fácil masturbarse en público, porque eso es lo que pide ver la masa incondicional.


¿Para quién se escribe? La pregunta es crucial y su respuesta cambia, pues, en función del tipo de blog: anónimo o con rúbrica. Pero siempre se escribe, en parte, para alguien. Siempre buscamos que alguien nos quiera. Y como a mi entender este es un fin legítimo de la escritura pero no el único, es importante estar alerta para evitar que se convierta en el único fin y pervierta el otro pilar de la misma: la autenticidad, la originalidad, la honestidad. Acaso la síntesis de ambos polos es lo siguiente: hay que esforzarse en escribir para quererse uno más a uno mismo; sólo así resulta legítimo buscar la aprobación y el calor y comprensión de los demás: tras haberla encontrado en nuestro "yo ideal", que viene a abrazar y lamer las heridas del "yo real".


(Breve paréntesis para que me bajen los colores: esto es lo que tiene de malo un blog, que tarde o temprano acabaré pulsando el botón de "PUBLICAR ENTRADA" y todos los que conozcan a Jaime P.P. se acordarán de estas cursiladas que parecen pretender emular a Harold Bloom pero se quedan en un refrito de Paulo Coehlo y Jorge Bucay; y al hacerlo dejarán escapar una sonrisita...)

¿Qué hacer, pues, al respecto? ¿cómo resolver el dilema que plantea la 2ª duda matabloguística? Este fin de semana fantaseé con la idea de crear otro blog con una identidad anónima y no darle a nadie conocido la dirección; en todo caso colgarlo como un link más en mi sección de afinidadades electivas. Pero finalmente he desechado la idea por dos motivos: 1) ¿de dónde sacar el tiempo? Podría hacerlo ahora, en mis vacaciones (que, por cierto, empiezo oficialmente mañana) pero ¿y luego? ¿qué pasaría en septiembre? ¿qué sería de mis 2 blogs cuando la esclavitud de mi absorvente curro me atenace de nuevo?; y 2) creo que es más interesante, al menos por ahora, no ir a refugiarme en el anonimato; creo que me resulta más estimulante y un reto mayor ir desnudando poco a poco aquí al verdadero Jaime, consciente de que no hay nada que deba, al menos por ahora, ocultarse. Siempre tenemos 2 caras, qué digo 2, 200 en realidad, en función de a quién se la mostremos: mamá y papá, la abuela, los colegas, el ligue de una noche, el ligue de tres meses, la novia, los alumnos, los profes, el camarero que te sirve los cafés por la mañana, los cuatro gatos que leen este blog... El número de caras que adoptamos varía en función de cómo somos. Supongo que mientras más fuerte es nuestra personalidad y menos necesidad de aceptación tengamos, menos caretas habremos de gastar. Yo soy un ser introspectivo y algo tímido, con muchas caras, aunque a a alguno le parezca lo contrario. Voy a seguir como "andriu", como el autor de NaDa PeRmAnEcE, sin saber bien si así me voy alejar o no de J.P.P., del nombre que delata mi DNI. No me interesa la cáscara, el caparazón: el DNI. Me importa encontrar y
no ocultar al verdadero andriu: quiero ir quitándome caretas, disfraces, sonrisas innecesarias, palabras de más: quiero verme la cara, la de andriu: y quiero que se vea.

Duda resuelta.

3ª DUDA METABLOGUÍSTICA: ¿Tengo talento para escribir? ¿tiene valor lo que escribo?

Tengo un hermano que estudió guión. Quiere ser guionista o director de cine o ambas cosas. Está en Madrid, buscándose la vida, haciendo sus primeros pinitos. Supongo que alguna vez se preguntará: ¿Tengo talento para escribir? ¿puedo ser un buen guionista o un director de cine?

Tengo un amigo que quiere ser actor. Tiró a la basura unas oposiciones a la Caja de Ahorros y su licenciatura en Derecho para ingresar en la Escuela Oficial de Actores. Está haciendo sus primeros pinitos e intentando realizar su sueño. Supongo que alguna vez se preguntará: ¿Tengo talento para actuar? ¿puedo ser un buen actor?

Tengo otro amigo que, siendo aparejador, mide casi 2 metros y siempre ha jugado al baloncesto en equipos de ámbito regional aunque a veces como profesional. Tras haberlo dejado durante 2 años ahora han vuelto a ficharlo para la próxima temporada. Es consciente de hasta donde puede llegar y hasta donde no. Con 30 años, salvo en deportes como el ajedrez o el tiro al blanco, no suele haber grandes sorpresas ni incertidumbres. No obstante, cuando empezó a jugar y a despegar, cuando lo fichaban ya para los mejores equipos de la isla y uno seguía de suplente en el equipucho del mismo colegio público al que asistíamos, supongo que algua vez se preguntaría: ¿Tengo talento para el basket? ¿puedo convertirme en un jugador de élite?

Soy profesor de filosofía en un instituto, pero lo que en realidad me gustaría es ser escritor.

La frase es pretenciosa, ingenua, casi infantil. Pero honesta. En ella se desnuda andriu.

Acaso suena más realista y más pedestre simplemente decir: "me gustaría escribir". Pero eso es compatible con cualquier otra profesión, desde profesor de filosofía hasta deshollinador (especialmente con esta última: hoy los deshollinadores no tienen tanto curro como en los tiempos de Mary Poppins). Y yo quiero sólo escribir, escribir y leer, leer y escribir. ¿Filosofía? Sí ¿por qué no? Pero sobre todo ficción, literatura. Ése es mi ideal de vida: ganármela escribiendo, vivir de ello, aunque sea modestamente.

No obstante, yo también me pregunto: ¿Tengo talento para escribir? ¿puedo ser un buen escritor? Supongo que entenderán que yo también me lo pregunte.

Miro a mi alrededor y me siento como una anoréxica (o bueno, como un anoréxico) acomplejado por la belleza que ve en otros cuerpos (en otros textos) y que le niega su espejo. Así, cada vez que miro a Southmac, o al Pequeño Nefastófeles o a Ezcritor.

A la anoréxica no le provoca angustia la exultante belleza (o delgadez) de una Martina Klein, de una Linda Evangelista o de una Naomi Campbell. Ellas son profesionales, top models, están en otro nivel, en otra categoría. Lo que la deprime es pasearse por unas galerías comerciales cualesquiera y ver que todas están más delgadas y guapas y felices que ella.

Del mismo modo, leer a Vargas Llosa, a Proust o a Alejo Carpentier no me produce angustia alguna sino placer y admiración. Pero encontrar "escritores amateurs" como los linkeados más arriba que me dan mil vueltas y ello tan sólo con mirar en rededor de un modo casual y fortuito, es decir, a partir de escasos y puntuales escarceos por la red, me acompleja, me dice que no sirvo, que no valgo, que puedo agradar a amigos y familiares y ganar algún concursito regional, pero no dedicarme a esto, ganarme la vida escribiendo.

Me consuela pensar una cosa: que acaso Southmac, el Pequeño Nefastófeles y Ezcritor son verdaderos filones, verdaderos escritores que -si quisieran: ¿y quién de ellos no quiere cuando se nota a la legua que les apasiona escribir?- podrían dedicarse a ello, subsistir con ello. De hecho, Ezcritor ya va en camino, a raíz de haber ganado el concurso "20blogs" del periódico "20 minutos". Quizás por azar, sin necesidad de buscar, tropecé con tres perlas, con tres diamantes brutos. Quizás pertenecen también a ese otro nivel, a esa otra categoría, y no hay razón para crearse complejos y hacerse sangre...

Creo que por hoy es suficiente.

Creo haber resuelto algunas dudas...

Otras no.

Creo que he desatascado el blog.



lunes, 23 de julio de 2007

MuErTe MeDiÁtiCa


"Saber que somos mortales nos convierte en hombres, negarnos a admitirlo confirma que lo somos"

(Fernando Savater, La vida eterna).

domingo, 22 de julio de 2007

LuZ eXiGeNtE

Suena Lhasa de Sela. Suena su lamento mexicano y henchido de orgullo. Son las 9:00 am. Eso marca mi móvil y confirma la luz de domigo que se cuela por la cristalera, por el balcón abierto de par en par.

Sobre el mantel, vasos a medias: de ron cola, de cerveza tibia, incluso aún del vino de las primeras horas de la noche.

Un sillón cama en el que duermen dos, el gallego y la vasca. Una cama con angelito, el otro. Todos duermen, a pesar de la luz, a pesar de la música, a pesar de las drogas.

Y yo velo. No hay sueño que me derrumbe aún, que me lleve a la cama, a despedir la luz que entra a raudales.

Sólo siento sed, pero no hay agua. Tomo otra cerveza más.

Suena Lhasa, suena su voz cadenciosa y cómplice, única compañía mientras duermen todos, Ramón, Pampín, Angelito.

Marca ya mi mi móvil las 9:15. No sé qué marcará blogger.

Me entretuve mirándolos. Duermen, pese a la luz y la música. Quizás porque ésta es sólo una noche de marcha más, como otra cualquiera.

Para mí no. Soplé las velas: un tres y un cero.

Un tres y un cero tras los cuales hay muchas noches y muchas amanecidas como éstas, ebrias y acaso no tan metafísicas, no tan melancólicas.

Treinta. Pero si hago un balance no acabo.

Ahora sólo cuenta esta luz de domingo que no cesa ni ceja. Luz que me impide abandonarme al sueño, que no llega. Luz que bosqueja y configura lo que he de aguardar tras el tres y el cero. Luz que me exige lealtad y me mantiene en vilo, en vela.

sábado, 21 de julio de 2007

MuNdO iNtEriOr

El hombre de acción y el hombre de contemplación se complementaban el uno al otro.

El hombre de acción había probado todos los medios de comunicación imaginables para -surcando mares, cielos, desiertos- alcanzar nuevos lugares inimaginables. La angustia de no haber días suficientes para conocerlos todos invadía sus noches.

El hombre de contemplación viajaba con los libros y con el pensamiento. Había frecuentado y amado todos los géneros literarios y discutido todas las doctrinas filosóficas. Pero cada día llegaba a sus manos un nuevo ejemplar, un nuevo hallazgo. La angustia de no haber días suficientes para leerlos y meditarlos todos concienzudamente invadía sus noches.

El uno tenía don de gentes, gustaba a las mujeres y a los niños. Seducía con facilidad a las masas aunque también era capaz de desarmarte en las distancias cortas. Le gustaba el vino y la comida, el buen sexo, la espontaneidad.

El otro era tímido e introvertido. Solitario. Hermético, críptico, casi inaccesible. A menudo filosofaba a destiempo. Se volvía grave cuando los demás reían.

El hombre de acción gastaba su tiempo en trivialidades, pero no sufría por ello. Hacía de todo en muy poco tiempo, a gran velocidad, pero sin percatarse de nada. También los sonámbulos recorren muchos metros en sus andanadas nocturnas, mas sin enterarse.

El hombre de contemplación se levantaba, desayunaba y toda la jornada -hasta quedar dormido, de nuevo, al terminar el día, con un libro abierto entre las manos- la pasaba en casa enfundado en un albornoz a cuadros y unas pantuflas raídas, sin salir de su breve casucha. Y sin embargo abismos insondables, goces extáticos, atroces temores, remansos de dicha y dolorosas punzadas de melancolía lo escoltaban hasta acabar exhausto al final del día.

El hombre de acción y el de contemplación.

Uno y otro conformaban la cara y el envés de uno y el mismo individuo.

sábado, 14 de julio de 2007

TiEmPo EsCaSo


"La única interpretación inteligible de lo que llamamos "dar sentido a la vida" es la administración orientada hacia esto o aquello de la escasez del tiempo de que disponemos"

(Fernando Savater: La vida eterna)