domingo, 8 de noviembre de 2009

Ya lo dije


Soy impotente.

Ahora que creo que Valeria lee también el blog de Andriu, bueno es que yo lo diga, antes de que sea ella quien lo cuente. Un conocido me explicó el otro día cómo en el "historial" quedan registrados todos mis movimientos en la computadora de Valeria. Y me contó cómo había que hacer para borrarlos. Ayer pude encender a solas la computadora. Quería borrar mi rastro, mis huellas. Pero entonces vi que alguna otra persona había estado entrando a "nada permanece" a horas diferentes de las mías. Galoha tiene sólo tres años y medio. Valeria es la dueña de la computadora y que yo sepa la única persona que tiene acceso a la misma. Se me ocurre pensar si yo mismo soy el que entré al blog en esas horas, sin acordarme ahora. O peor aun: se me ocurre pensar si fui yo el que entré en estado como de sonambulismo, sin ser consciente de lo que hacía.

El caso es que Valeria es una buena mujer. Todavía no la describí, creo. Tiene una belleza ambigua. No es el tipo de las que hacen que un hombre se voltee en la calle y exclame: "Vaya hembrón". Ni tampoco tiene carita de muñeca, ni de princesa, ni unos rasgos perfilados. Su rostro es tirando a regular. Una de esas mujeres anónimas que se cruza uno todo los días en el metro y que en nada llaman la atención. O casi en nada. Porque hay algo especial y único en su mirada. No sé si es el brillo, o la forma de almendra o la melancolía de sus ojos oscuros. Algo en el fondo de su mirada que solo se descubre tras mucho observarla hacen de Valeria, también, una mujer linda.

Pero sobre todo es buena Valeria por haber seguido conmigo después de todo. Yo le ayudo en casa todo lo que puedo. Las mañanas las paso buscando laburo. Me tomo mi tazita de mate y una rebanada de pan con mantequilla y salgo a la calle, entrando a todos los lugares donde leo escrito: "se busca". Luego me tomo un café en algún bar con periódico y apunto las señas de las ofertas en las que puedo encajar. Pero a eso de la una ya estoy de vuelta en casa: limpio la casa, hago la cama, barro, friego, ordeno y hago la comida. También le ayudo con Galoha, con la ducha, cena y cuento. Pero a menudo me pregunto si todo esto es suficiente para compensar las veces que engañé a Valeria.

A los tres meses de mudarme a su casa dejamos de hacer el amor, de coger. Yo no tenía ganas. Era raro y ella pensó que el problema era de ella. Yo siempre había sido muy mujeriego y ella lo sabía. Ya me había descubierto alguna aventurilla con alguna mina, alguna mentira, lo que no bastó para que se echara atrás en su decisión de ponernos a vivir juntos.

Yo también pensé que el problema era ella. La verdad es que me seguía gustando. Ya lo dije: sus ojos lindos y cómo huele a limpio siempre. Pero a la hora de la verdad, cuando nos ibamos a la cama, nada. Aquello no había forma de levantarlo.

Entonces yo volví a las andadas. Quise encontrar en todas esas mujeres a las que ansiaba y perseguía como un depredador lo que con Valeria no conseguía: una erección. Volví a mirar a las mujeres más allá de los ojos y a hablarles más allá de las palabras. Volví a jugar a engatusarlas, a llevarlas a una cama, a un cuarto de baño, a un discreto rincón en un parque. Pero asistí espantado a este horror que me consume por dentro.

Valeria me dio mucho apoyo, mucha comprensión y también dinero. Fue ella la que me pagó las sesiones con un sexólogo: Alfredo. Yo me convertí en un monstruo parecido (y al mismo tiempo muy diferente) al que ustedes ya conocen. Seguía intentándolo sin éxito con Valeria y siempre que podía lo intentaba con la primera mujer que se me pusiera delante y que me pareciera atractiva. Quería curarme no más. El monstruo impotente en que me había convertido quería dejar de ser impotente pero para eso había que ser un monstruo un poco más.

Alfredo me pidió que lo escribiera todo y que dejara esos intentos frustrados de infidelidad, con los que el círculo vicioso en el que había entrado no hacía más que agrandarse al tiempo que hacía a Valeria cada vez más desgraciada. Yo le hice caso en lo de escribir, pero no en lo de dejar de intentar reencontrar mi virilidad en camas ajenas.

Entonces me encontré a Andriu (bueno, a su celular) en el Templo de Debod, se lo devolví y te quedaste tan agradecido, Andriu, que me prometiste escribir un post sobre nosotros en tu blog. Yo no sabía bien lo que era un blog todavía ni tú sabias quienes éramos nosotros. Porque aquella mina con la que vos me viste en el Templo de Debod no era Valeria, sino una, otra, con la que había quedado por internet. Si hubiera estado con Valeria también habrías visto a Galoha con nosotros.

Después de leer tu blog te pedí el favor de que me dejaras escribir en él. Por cierto, no me lo leí todo como te dije. Pensá que Valeria me controla mucho el uso que le doy a la computadora y me resulta difícil leer páginas prohibidas, como las de citas con desconocida,s siendo suya la computadora. Te dije no más que leí todo tu blog para halagarte y así hacer más fácil que aceptaras mi propuesta de colaboración. Perdoná si te molestó esta mentira. Tu blog se convirtió también en una de esas páginas prohibidas para mí. Entonces empecé a contar esos encuentros sexuales: el metro, Halloween. Pero eran pura fabulación. No se me empina. Y mi querida Valeria, que quizás vaya a leer todo esto dentro de un rato, lo sabe demasiado bien.

Ya está, ya lo dije.

sábado, 7 de noviembre de 2009

GuAtEqUe LiMoNeRo


Me da algo de reparo publicar todas estas fotos sin haberlo consultado antes con las personas implicadas. No es lo normal, pero es posible que a alguien no le apezca ver su imagen publicada en un blog. Pero para ofrecer una crónica visual que haga justicia a la fiesta de anoche hace falta correr este riesgo: el de aventurarse a pensar que a estas alturas, cuando las redes sociales como Facebook, los blogs y la telerrealidad están a la orden del día, nadie va a molestarse por ver su foto en un post inocente y respetuoso como éste. Además, este blog tampoco tiene demasiada difusión. Además, dos terceras partes de los invitados son actores: están acostumbrados a una cámara.

Pero si no obstante alguien no quiere ver su foto publicada aquí no tiene más que decírmelo y la quitaré enseguida.

Dilemas de bloguero, supongo.



Al principio todos parecían tenerle miedo al objetivo de la cámara.



Pero enseguida le cogieron el gusto e incluso pedían más y más.



Era la fiesta de la planta carnívora y hubo quien cumplió a pies juntillas con lo que se pedía en el flyer y vino con la suya.


Planta o flor.



El picoteo lo pusimos nosotros.

Endivias con roquefort,



canapés con paté aux fines herbes

(galletas crackers con foi gras del chungo, del supermercado Lidl)



El montadito Limón con tomatillos Conde Duque de Olivares y reducción de anchoa del Cantábrico

(en el paréntesis pongan lo que les dé la gana)



Y las deliciosas tortillas del chef Santi Lópezz, artícife también del postre Dulce Guayarmina o Bomba (calórica) Chaxiraxi.



Ya a la hora de los postres los invitados habían empezado a hacer cosas raras.



Y la cosa siguió en esa línea...



...toda la noche.



Esto es un póker de amigos.



Póker de chicas.



Póker de chicos.



Esto es un trío.



Trío de canarios.



La fotógrafa oficial también quiso salir en uno.



Al primo Leandro a mitad de la noche le dio por hablar con acento argentino y telefonear a las Islas Canarias...



Esto es una pareja.



Ésta otra.


Y otra.

Les presento a Geno: nuestra compi de piso.

Es encantadora por dentro también.



Vaya estilazo, Manuel.



Pareja checa.



Esto es un as.

Dani aprobó con creces el Proyecto de Arquitectura y creo que aquí estaba examinando la solidez de las vigas del techo.



Póker, tríos, parejas...

Lo mejor son los primeros planos en solitario, creo.



¿Verdad que sí?



Bueno, siempre hay excepciones.

-Este porro no jala.



¡Muacka!



Deconstruyendo la Revolución Cultural de Mao Zedong...



¿Te estás aburriendo?



¿Cómo se llama la peli: "Quiero quemar la Caldera", ja, ja, ja?



Rouge



Retrato de una noche loca.



La bella benjamina.



-¿No es verdad ángel de amor...?

¡Me perdí la clase de teatro!



¡Y la de acrobacia!



Y la de relajación.



Y muchas gracias a Ana, autora de casi todas las fotos de este post.


Valeria: ¿estás ahí?


Tengo serias razones para pensar, Valeria, que vos leés todo lo que llevo escribiendo en el blog de Andriu.

viernes, 6 de noviembre de 2009

SiN DiOs 2


De pequeño, tendría 12 o 13 años, exhibía un horrible tic en los ojos.

Consistía en voltearlos hacia arriba, hacia el cielo del párpado, como si quisiera mirar una mosca posada en mi frente.

Lo vuelvo a hacer ahora, veinte años más tarde, y casi puedo sentir el escalofrío de aquella adicción motriz.

Luego, en plena adolescencia, trasladé mi debilidad por los tics a otras partes del cuerpo y me pertreché de insólitos ritos de obligado cumplimiento:

Saltaba para tocar el dintel de una puerta.

Me aseguraba una y mil veces de haber cerrado una ventana o agarrado una llave.

Y sobre todo, me desplazaba por la calle y por mi casa tocándolo todo: farolas, alcantarillas, retrovisores, esquinas de muebles, jarrones... todo.

Lo tocaba todo con pies y manos.

Recorría el pasillo en dirección a la cocina y saltaba para tocar la maceta que entonces colgaba del techo.

Llegaba y saludaba a mis padres pero una mano se había quedado atrás, con el brazo estirado, pues había pasado de largo por delante de un mueble de madera dotado de una irresistible esquina.

-¿Qué haces? -me preguntaban, con gesto estupefacto.

Todavía me extraña que nunca me llevaran al psicólogo.

Eran otros tiempos.

Ahora vivo liberado de aquellos tics y manías.

Pero no de otros.

Lo de la pulsera no dejó de ser una forma de tic, una rémora de aquellos años.

Ahora mis tics son mentales.

Y poco a poco se ha ido gestando a la sombra, en lo más oscuro de mí, una religión personal hecha de tics mentales.


jueves, 5 de noviembre de 2009

EsTrEnAnDo PiSo


¡Están todos invitados!



Diseño: María (vecina)

TrEs PaLaBrAS

Leí que están enfadados conmigo, porque sigo escribiendo de vez en cuando, porque no escribo comentarios o por las dos cosas.

No conté en el último post que el sábado Valeria se despertó y me descubrió escribiendo en su computadfora. Era muy temprano, las seis más o menos. Me preguntó: "¿Qué haces?". Yo le dije que me había levantado solo, sin sueño, y que estaba rellenarndo un curriculum para una empresa de importaciones de productos argentinos de la que me había hablado. No sé si me creyó o no. Se regresó a dormir y luego por la mañana no me volvió a preguntar.

Pero no me puedo arriesgar a que me vea otra mañana tan temprano con su computadora. Desde que descubrió que la utilzaba para concertar citas con desconocidas por internet no me permite utilizarla si no está ella delante. Y claro, delante de ella no puedo ponerme a escribir en este blog. Así que perdonen que escriba tan rápido y sin estilo literario ni nada de eso y que no conteste a los comentarios, además, Andriu, no he entendido casi nada de esa discusión sobreel erotismo (tampoco terminé de leerla). Para mí el sexo no es un arte ni un capricho sino una pura necesidad. Y n o estoy orgulloso de ello pero así es.

Hoy en cambio quiero contar lo de los papelitos en los bolsillos.

Desde hace casi un mes me viene sucediendo, no todos los días pero muy a menudo: encuentro papelitos ensangrentados en los bolsillos de mi campera.

Ya había tenido alguna experiencia desconcertante, que me había hecho ponerme en guardia. Así, por ejemplo, una noche en una discoteca alguien debió de metereme una cápsula o chorro de veneno en la bebida porque cuando llegué a casa empece a vomitar y a retorcerme en el suelo. Empecé a aullar de dolor y Valeria llamó a la ambulancia. Me hicieron un lavado de estómago y me dijeronque habían encontrado restos de amatoxina, un poderoso veneno con efectos mortales.

Luego vinieron los papelitos. Salía de casa por las mañanas para buscsar laburo, me tomaba un café acá o allá, acompañaba a Valeria y a Galoha al parque, daba una vuelta, volvía a casa. Y en algún momento ocurría: metía la mano en el bolsilklo de la campera y encontraba allí un trozo de papel manchado de sangre.

Se lo conté a Alfredo y él me dejaba hablar pero me miraba con cara de no estarselo creyendo. Tampoco Valeria parecía muy convencida, pese a que siempre le enseñaba los papelitos. No sé si pensaba que yo mismo me lo inventaba, que yo mismo sacaba la sangre de alguna parte y trataba de llamar no más la atención con esa alocada invención. Comprobé que no era salsa ketchup, ni zumo de tomate. Era sangre, no sé si de ternera, de cerdo, de perro... o de persona.

Ayer volví a encontrar un nuevo papelito manchado de rojo y esta vez tenía escritas tres palabras:

"ES TU SANGRE"


miércoles, 4 de noviembre de 2009

SiN DiOs 1


¿Qué habrá sido de mi pulsera verde?

Se me rompió mientras hablaba: hizo de repente ploff.

La guardé en un bolsillo con cremallera, acelerado el pulso, y seguí hablando como si nada.

Pensé: foto en el blog de la pulsera y más "nada permanece" en vena.

Pero hoy me asomé al bolsillo con cremallera y la pulsera no está.

Se la compré a una argentina en un bar de Las Palmas, hace siete años, cuando daba yo clases allí.

(Vistas soberbias del padre Teide desde Las Canteras beach)

Me la puso y pensé: aquí te quedas hasta que tú lo quieras, amarrada a mi muñeca, no te pienso soltar.

Durante estos siete años varias personas se han interesado por la pulserita verde de hilo y cuentas azuladas de plástico:

-¿Qué significa?

-¿Quién te la regaló?

-Cuéntame su historia.

Pero la historia de mi pulsera es una no-historia. No me la regaló ninguna novia, ningún amor. No me la cedió solemnemente mi abuela como reliquia familiar: es una pulsera hippie. No simboliza nada. No significa nada. Es solamente una pulsera; eso es lo que fue.

Y sin embargo está la promesa.

Me prometí a mí mismo no quitármela nunca, que se desprendiera sola, por desgaste del tiempo, por hastío hacia mi piel omnipresente.

¡Cuántas experiencias juntos, compartidas, entre mi pulsera y yo, caben en estos últimos siete años!

Fuimos juntos a China, a Tyler y nos bañamos juntos mil veces en el mar indómito de Famara.

Durmimos en lechos ajenos y evitamos dormir en tantos otros.

Me viste emocionarme, aburrirme quizás, llorar acaso, emborracharme sin lugar a dudas, masturbarme soy humano, asistir dichosa al alumbramiento feliz de una idea tecleada en el portátil, acariciar a gatos, secarme el sudor de la frente, colocarte del derecho: siempre te dabas la vuelta, preguntarte quién eres tú, compañera.

¿Te cansaste, pues, de todo eso?


martes, 3 de noviembre de 2009

PaRa SiLviO


"Hay muchas formas de definir el erotismo, pero tal vez la principal sea llamarlo la desanimalización del amor físico, su conversión, a lo largo del tiempo y gracias al progreso de la libertad y la influencia de la cultura y las artes en la vida privada, de mera satisfacción de una pulsión instintiva en un quehacer creativo y compartido que prolonga y sublima el placer físico rodeándolo de rituales y refinamientos que llegan a convertirlo en obra de arte. Tal vez en ninguna otra actividad se haya ido estableciendo una frontera tan evidente entre lo animal y lo humano como en el dominio del sexo, diferencia que, en un principio, en la noche de los tiempos, no existía y confundía a ambos en un acoplamiento carnal sin misterio, sin gracia, sin sutileza y sin amor (...) Hacer el amor ya no es un arte. Es un deporte sin riesgo, como correr en la cinta del gimnasio o pedalear en la bicicleta estática"

(Mario Vargas Llosa: inicio y final del artículo periodístico "La desaparición del erotismo")


Foto: Chema Madoz

Es así...


El sábado me vestí de monstruo pero yo me siento así todos los días: monstruo.

Hicimos una fiesta de Halloween en casa. Nos disfrazamos todos. Galoha de bruja piruja. Valeria de personaje de Tim Burton. No conozco a Tim Burton pero eso me dijo y la verdad estaba terrorífica. El Zanahoria también vino, no me explico qué hacía allí. Tenía un hacha clavada en la cabeza y un río de sangre le corría por la cara hasta la barbilla. Yo iba normal, con mi campera de siempre pero con una careta de monstruo en la cara. Así lo de fuera reflejaba lo de dentro.

Había bocaditos, tortilla española, frutos secos, ananás y birras para los mayores. Había muchos nenes, amiguitos de Galoha, de la escuela. Y también sus mamás. Sobre todo sus mamás.

A la última novia del Zanahoria ya me la cogí así que me puse a mirar a las otras, con gran cuidado de Valeria Burton. Y quien busca encuentra.

Me refiero a la mami del nene diablo que tanto gritaba.

Me refiero al nene; la mami no gritaba pues cogimos a escondidas sobre la alfombrita del cuarto de Galoha.

Ya estuvo en casa varias veces esa mami. Y también la veo en el parque cuando llevamos a Galoha a jugar. Los niños juegan y las mamás hablan sentadas en un banco. Yo a veces las acompaño y me fumo un cigarrillo mientras pienso. Antes aprovechaba allí para escribir en la libreta negra las cosas importantes que me iban pasando y que me preocupaban. Ahora aprovecho para escribir en esa misma libreta las mentiras que lee Alfredo cada lunes y cada miércoles. A veces escribo y otras veces observo desde lejos. Algunas de esas minas con las que habla Valeria hacen que se me acelere la sangre. Por ejemplo, esta, la mami del nene diablo.

Se lo digo todo esto en la fiesta de Halloween, en la cocina, mientras saco unas birras. No se sorprende, no se asusta. Estoy seguro de que sabe. Estoy seguro de que Valeria le cuenta, de que en el parque, sentadas en el banco, hablan de mí, del monstruo, de mi problema.

Se lo digo también y le pregunto:

-¿Verdad que tenés curiosidad? ¿verdad que querés saber cómo es hacerlo con alguien que sólo piensa en hacerlo?

La mami aparta la mirada, como si yo llevara la máscara puesta, luego mira para atrás: fuera de la cocina todos juegan y beben y comen y no oyen nada de lo que hablamos pues la música infantil no lo deja. Y entonces me responde:

-Sí.

Y la droga empieza a fluir furiosa por cada una de mis venas.

-Vení, seguime.

Lo demás ya lo saben: la alfombra, el cuarto de Galoha. Mientras lo hacemos yo le susurro al oído muy bajito: "Es así, es así, es así. es así...".


lunes, 2 de noviembre de 2009