domingo, 24 de junio de 2007

FuEgO eTeRnO

La pila de maderos inservibles crecía un poco cada día. Tablones, cajas, palés y hasta una barcaza moribunda, que hubo de traerse con la ayuda de un camión. Los niños escoltaban cada tarde la montaña de madera, celosos de que desde otros barrios vinieran a profanar aquel símbolo del tesón y constancia del vecindaje de Valterra.

Todo aquello iba a arder en una sola noche: a desaparecer, a extinguirse, a dejar de ser. Una especie de congoja, de anticipada melancolía me invadía cada vez que pasaba por delante de aquel monumento a la vanidad de toda empresa y proyecto. Allí se perdería para siempre la barcaza, veterana en extravíos y naufragios, mas inexperta en la navegación sobre el proceloso e ignoto mar de la nada. Allí se descompondría a cachos esa mesa de noche en la que guardaste parte de tu infancia: un diente de leche, un álbum de fotos de tu abuela, tu primer diario. Allí tendría lugar la exhumación de ese palé que había soportado el peso de mil kilos de enlatado atún traído en un mercante desde la desembocadura del río San Lorenzo (Canadá) y que luego había servido de somier para el colchón del piso de estudiantes de aquella novia de Bellas Artes: en ese palé te desvirgaste.

Todo aquello se perdería para siempre en pocas horas.

Los primeros griegos que trataron de comprender el enigma del mundo se aferraron a la posibilidad de que más allá de las apariencias (más allá de la apariencia del cambio, de la vejez, de la muerte, de la extinción) algo permaneciera: inalterable, invariable, inmutable. Algo que refutara el inexorable destino de una barcaza, de una mesa de noche, de un simple palé. A ese algo lo denominaron "arjé": fondo, principio, sustrato de todas las cosas, inasequible al cambio y a la destrucción.

Sólo uno de ellos, Heráclito de Éfeso, pensó en el arjé no como una estilización y síntesis de lo existente en un principio material sino como un rasgo característico de lo que es: cambio, devenir, transformación. Y para expresarlo recurrió metafóricamente a un símbolo: el fuego. Nada permanece para Heráclito, todo fluye; ya lo proclamamos al comienzo de este blog. Tal es el verdadero principio de lo real, el verdadero arje, la norma, la ley, el imperativo al que queda sometido todo lo existente. Empezando por nosotros mismos.

A las doce de la noche se encendió la hoguera: majestuosa, abrasadora, imponente. Un calor súbito inundó los cuerpos for fuera y por dentro: los rostros y los corazones, las pieles ya de por sí bronceadas y las entrañas. Hubo miradas, guiños, risas, manos que se trenzaban: cuerpos buscándose. Era la noche más corta. Había que apresurarse.

El fuego todo lo consume y transforma, como el tiempo.

Nietzsche escribió: "Pongo a un lado, con gran reverencia, el nombre de Heráclito". Según él, todos los demás habían mentido respecto a la verdadera configuracion del mundo: cambiante, efímero, mudable. Todos habían buscado algún tipo de consuelo en el engaño de la metafísica, de la ciencia o de la religión, mediante las cuales el hombre trataba en vano de escapar al trágico destino de su condición mortal. El culpable, según él: la razón. Y ello debido a su capacidad para crear y creer en entidades no sometidas al desgaste, al tiempo.

Bebiste y comiste. Te moviste a ratos como un felino, a ratos como un ave pesada y mareada: bailabas. Cantaste, al son de tambores y ritmos que parecía producir la propia naturaleza. Olvidaste el día, olvidaste el año en el que estabas. Te enajenaste: olvidaste quien eras, cómo pensabas, cómo actuabas normalmente, qué timbre de voz te caracterizaba. Te fundiste con todo y con todos, con el cosmos refulgente allá arriba y con la joven desconocida -y ya amada- a tu lado. Eras fuego. Eras destrucción y lucha. Eras amor. Te imaginaste con ella. La atrajiste hacia ti con ímpetu, sin respetar los delicados broches de su ropa interior, exploraste sediento su desnudez, arrebatadora como el fuego en la negra noche. Te sumergiste en su oloroso y blando sexo. Te imaginaste con ella y veloz entre tus piernas creció una tea encendida.

Nietzsche se opuso a la visión de los primeros griegos como seres racionales y serenos, sensatos y luminosos. Un instinto trágico, un fondo oscuro había en ellos. Nietzsche resaltó la importancia de los ritos dedicados a Baco, dios del vino, o Dionisos. Ritos nocturnos en los que se celebraba la embriaguez, la fecundidad, la pérdida de la individualidad y la consiguiente fusión con los demás. Aquí reinaba la pasión, el éxtasis, la locura, el desatarse de todas las tensiones y de todos los instintos. Serenos y luminosos de día, los primeros griegos comprendieron -según Nietzche- que -como nosotros en la noche de San Juan- hay un enigma insondable, una verdad acaso atroz, una incógnita siempre por despejar, relacionada con lo más cercano y más ajeno: la existencia. Y que de tiempo en tiempo -un 23 de junio por ejemplo- era preciso asomarse a ese abismo, morir un poco viviendo intensamente, apurar gustoso el cáliz del tiempo.

Y para ello se sirvieron del fuego eterno, que todo lo consume, que nada preserva, bajo el que nada dura; hasta extinguirse, también él, muerta la noche.


TrAbAjO dUrO



De último me paso demasiado tiempo en el curro, trabajando duramente...

lunes, 11 de junio de 2007

CoRpUs ChRiSti

Había cumplido con todos los trámites pertinentes. Había hecho la solicitud al Ayuntamiento, cumplimentado la ficha de inscripción, entregado alguna información acerca de los participantes y, finalmente, adelantado un boceto, un avance, un croquis, imagino que a fin de encuadrar la alfombra en cuestión en el abigarrado paisaje floral del urbanismo lagunero en la jornada de Corpus Christi.

Pero fue en vano. Mi solicitud fue denegada.

No obtuve ninguna explicación. No sé, esperaba acaso algún pretexto acerca de lo inapropiado de los colores, algún subterfugio basado en la falta de armonía o unidad con el resto de propuestas... algo a lo que aferrarme para perseverar con más tino de cara a la próxima edición.

Era absurdo e ingenuo: tratar de colar una alfombra con el lema "Educación para la Ciudadanía" en una ciudad al auspicio de una Ana Oramas estrenando una recién lograda mayoría absoluta.

Así que me resigné y salí a la calle, a disfrutar de la espléndida mañana de domingo, soleada y -más que nunca- primaveralmente floreada. Como siempre, mi participación en la fiesta del Corpus se vería reducida a la de mero espectador pasivo.

He aquí la alfombra del Ayuntamiento. Se aprecia claramente cómo el logotipo de La Laguna, ciudad patrimonio histórico de la Unesco, es una copia calcada de los quesitos en porciones "El Caserío" o "La vache qui rie", que para el caso es lo mismo.

Estas avenidas de flores son una tentación. Le entran a uno ganas de revolcarse por el suelo e imbuirse en una orgía de pétalos. Conozco a algún monaguillo que se metió en el ramo sólo por el goce de ir escoltando al obispo durante la procesión mientras con paso ceremonial pisoteaba con deleite todas aquellas filigranas paciente, laboriosa y cristianamente urdidas desde antes del alba.

He aquí una de esas filigranas, prestas a ser arrasadas por católicas suelas.

Desde las alturas se aprecia menos el detalle pero se gana en visión de conjunto. Ocurre como con la pintura impresionista, supongo.

Espectador pasivo, decía. Aquí estoy, como un voyeur, sacando fotos en altura desde mi balcón. Un par de alfombras más o menos laicas se ven desde aquí, como la del IES Cabrera Pinto, con su torre como tema principal. Aunque inevitablemente se cuela alguna paloma blanca en un segundo plano. Y no es precisamente la de la paz, con la ramita de olivo en el pico.

Aquí vemos la mentada paloma en todo su esplendor. Recorriendo la Carrera y San Agustín, camara en mano, no pude evitar sentirme como un extraño, casi como un intruso, un infiltrado. La religiosidad de los motivos era inequívoca: cristos, espiritus santos alados, cálices, cruces, frases del tipo: "yo soy el camino, la verdad y la vida". Todo aquello me era extraño. Y yo era extraño a todo aquello. La leve resaca de los últimos rones de la víspera contribuía a esa sensación.

Por las calles desfilaba gente variopinta y de cualquier condición. Al fin y al cabo, era el segundo fin de semana desde la inauguración del tranvía y las huestes de santacruceros noveleros tenían un motivo excelente para estrenarlo y pasar en La Laguna una agradable mañana en familia. "Gente variopinta. Gente de todo tipo". Eso quería pensar, eso me decía a mí mismo. Así debería ser. Y sin embargo, me daba la impresión de que predominaba o se hacía notar más otra casta, otra clase, una particular fauna cortada por el patrón del conservadurismo cristiano.

Ya sé que suena a topicazo pero no de otro modo se me presentaban los transeuntes con los que me cruzaba y compartía petril. Había casi en cada esquina mujeres de avanzada de edad y acomodada apariencia pidiendo para Cáritas con una huchita en la mano. Era difícil sortearlas. Lo mejor era hacer un modesto donativo y dejar que te pegaran el lacito correspondiente en la solapa. Ante posteriores abordajes sólo había que señalar el lacito y disculparse: "Ya colaboré". Había padres de familia comparseando a su extensa prole y su señora, endomingados todos y con aires inconfundibles de... encabezar una manifestación contra la política antiterrorista del gobierno. Lo sé, suena a topicazo; pero sólo les faltaba la banderita patria en mano.

Había religiosos profesionales. Monjas, supongo que no de clausura, y curas, como el padre Adán, que pese a su lento andar lo vi al menos dar dos vueltas al circuito floral.

Y luego laguneros de abolengo, de apellido rimbombante, solidarizados con la causa del día en cuestión, que para demostrarlo visten las ventanas de sus casas con estos paños morados, que simbolizan -no sé- algo así como "Aquí vive gente de bien". Las fiestas laguneras son fiestas religiosas en su origen y -casi todas- en su espíritu: la Semana Santa, el Corpus, las fiestas del Cristo... Sólo los Carnavales y San Benito Abad han podido trascender su significado religioso e ir más allá. Pues bien, los paños morados siempre están ahí, prestos a exhibirse en cualquiera de estas fiestas, como un botón de muestra de las ideas de los habitantes de esas casas, que cabe imaginar partidarios de la presencia y protagonismo de las manifestaciones religiosas en el ámbito de lo público.

Al pasearme por mi ciudad y sentirme en ella un extraño pensé en todo ello. La Laguna era una ciudad comprometida con lo religioso. A todas horas sonaban las campanas de La Catedral, de la Concepción o de parroquias menores; regularmente en días comunes y enloquecidamente -como contrapunto a los voladores- en ciertas efemérides señaladas por el calendario. En Semana Santa acceder en coche al centro quedaba absolutamente vedado, así como descansar sin que el silencio vacacional se viera torpedeado por las fúnebres cornetas de las procesiones... Y ahora ese compromiso municipal con lo religioso se veía confirmado por los motivos píos de las alfombras del Corpus.

Según nuestra Constitución, España es un país aconfesional. Aunque tímidamente, se declara con esta afirmación la separación Iglesia-Estado que desde la Ilustración determina el espacio que la religión debe ocupar, al menos, en los sistemas democráticos europeos. No obstante, acaso como una rémora del nacionalcatolicismo que durante 40 años hizo de España una excepción en este punto, el Estado español firmó en su momento unos acuerdos de colaboración con otro Estado, máxima expresión éste último de la vulneración de aquella separación Iglesia-Estado a la que antes aludíamos (el Estado Vaticano), según los cuales España se comprometía a dar un trato de favor a la Iglesia católica, hasta que ésta pudiera autofinanciarse por sí sóla.

A tales acuerdos se les ha vencido ya la fecha de caducidad, pero el gobierno del PSOE los ha ratificado y prolongado, ya sea por cristiana convicción, ya sea por pusilanimidad electoral. En materia educativa los acuerdos obligan a la escuela pública a mantener la asignatura de religión católica (y la de otras confesiones con similares acuerdos de colaboración) como materia optativa de obligada oferta en nada más y nada menos que 11 años consecutivos: desde 1º de Primaria hasta 1º de Bachillerato. Los profesores son elegidos por la Conferencia Episcopal pero los paga el Ministerio de Educación, es decir, todos los contribuyentes, con independencia de sus creencias en materia religiosa.

Frente a los defensores de la presencia de la religión en la escuela pública (frente a los redactores de la LOE del PSOE y de la LOCE del PP) hay quien ha ironizado reivindicando la presencia del pensamiento humanista ateo en la liturgia religiosa y demandando a las autoridades eclesiásticas un segmento de tiempo proporcional (pongamos quince minutos) de la misa dominical para explicar nociones elementales de darwinismo, constitucionalismo laico y materialismo filosófico. Sospecho que la iniciativa tiene tantos visos de prosperar como mi propuesta gráfica de alfombra para la presente edición del Corpus Christi.

Y ya que sale a colación de nuevo la presuntamente matacuras "Educación para la Ciudadanía", contra la que tanto obispo se ha movilizado, pancarta en mano, hay que aclarar dos cosas. La primera es que sus contenidos son absolutamente constitucionales: es más, son precisamente nociones elementales como la libertad, la participación democrática, las garantías del derecho y demás fundamentos de la Constitución, lo que constituye el objeto de estudio de dicha asignatura. La segunda aclaración es que frente a los 11 cursos de religión la LOE incluye sólo en 2 cursos la materia de Educación para la Ciudadanía. Lo que dice el Libro Sagrado influye sólo a los que profesan una determinada creencia, pero se le mima durante 11 años consecutivos en la escuela pública. Lo que dice la Constitución Española influye y obliga a todos los ciudadanos del Estado español, pero se estudia sólo durante 2 años y con la boca chica.

La misma reflexión cabe extrapolar al asunto alfombril. ¿Por qué el Ayuntamiento, que es una institución civil y no religiosa, da tanto pábulo a lo religioso en materia de fiestas? ¿por qué proporciona medios, espacios, subvenciones, flores y sales a parroquias, cofradías, seminarios de religión o particulares siempre y cuando no se alejen demasiado en el diseño de sus alfombras del ideario cristiano? ¿por qué no promueve una concepción más pluralista de esta fiesta, en la que tengan su espacio otro tipo de voces y mensajes, otro tipo de ideas y creencias, otro tipo de reivindicaciones, en las que puedan verse identificados y representados todos los ciudadanos y no sólo los creyentes en el cuerpo de cristo?

El ejemplo de los Scouts podría servir de punto de partida. Aunque no exento de un tufillo cristiano (presente más en algunos grupos que en otros), hay una serie de valores no incardinados en lo religioso que cabría reivindicar y que pueden encontrarse (creo: mi hermano fue lobato pero yo nunca vestí el uniforme de Baden Powell) en el ideario Scout: la lealtad, la solidaridad, el compañerismo, la autoexigencia, el cuidado de la naturaleza...

¡Hay tantas ideas y valores que merecen el esfuerzo conjunto de una noche en vela trabajando en equipo para lograr la materialización estética de un proyecto en común! ¿Acaso todas ellas han de tener algo que ver con la religión?

Estas niñas, por ejemplo, parece que están ensamblando pétalos que simulen ser la sangre de Cristo. ¿No sería más hermoso y más sano (en esta aromática mañana de sol y flores) imaginar que están dedicándole un corazón de rosas a sus madres, a su tutora, al chico más guapo de la clase?

Y estos niños, ataviados con el polo amarillo que identifica el grupo religioso al que pertenecen sus padres, están regando unas iniciales que ni ellos mismos entienden (yo tampoco), unas siglas de una cofradía acaso, una inscripción en latín resumida, quién sabe. ¿Por qué no fantasear con que las siglas son las del Club de Fútbol al que admiran y el amarillo el color del uniforme de su equipo?

Al final todo es una cuestión de flores

Una cuestión de pétalos, con los que pueden expresarse una infinidad de ideas, sentimientos y proyectos, no necesariamente vinculados a la fe en el cuerpo de cristo...

Por eso no me ha quedado más remedio que coger estas cajas de flores sobrantes y llevarlas a casa, para ejecutar libremente en mi patio -que es particular- mi proyecto de alfombra de "Educación para la Cidadanía".

domingo, 10 de junio de 2007

pLeiTo iNsULaR

En la portada del último número de "El jueves" aparece una mujer oronda, poderosa, muy entrada en carnes. Es -según reza la banda que lleva colgada del hombro- la ganadora de las últimas elecciones municipales y autonómicas: la abstención. Frente al PSOE diciendo que ha ganado en número de concejales y en bla, bla, bla... y el PP proclamándose vencedor en número de votos y en ble, ble, ble... los de "El jueves" nos recuerdan una vez más con su humor ácido que con la abstención campando por sus anchas sobran tantas medallas.

Pero en Canarias, aparte de la abstención, ha ganado el pleito insular. El PSOE ha dado un vuelco, ha superado con creces las expectativas y ha roto las encuestas. Es cierto que no hasta el punto de lograr la mayoría absoluta en el Parlamento. Pero su proclamación como fuerza política más votada y su ascenso espectacular es valorado justamente como una victoria clara. No obstante, este incremento del PSOE se ha producido en la provincia de las Palmas y concretamente en la isla de Gran Canaria (feudo tradicional del PP de Soria). Obviamente, se trata sin lugar a dudas del tirón producido por el "fenómeno López Aguilar", Juan Fernando, JuanFer, ese canarión. Los grancanarios han votado en masa al PSOE, castigando con ello a un PP involucrado en importantes casos de corrupción en la isla y a una CC que en el imaginario colectivo -y me temo que también en la realidad- se presenta como absolutamente fagocitada por el chicharrerismo de ATI. Los canariones han votado por el grancanario JuanFer y contra el chicharrerismo de Coalición. El discurso es muy simple: "¿Dices que con el PSOE todo viene cocinado ya desde Madrid? ¡En CC es peor, todo viene desde Tenerife!".

Y es verdad. El mapa electoral lo confirma. Coalición Canaria se hunde estrepitosamente en Gran Canaria y se mantiene triunfal en Tenerife, tanto en votos al Parlamento, como al Cabildo o a los ayuntamientos de La Laguna (donde consigue la rejuvenecida por el photoshop Anita Oramas la mayoría absoluta) y de Santa Cruz (donde el imputado Zerolo mantiene su cargo). El discurso ranciochicharrero del panfleto "El Día" ha calado hondo. Cuando vuelo en Binter y tengo el aplomo suficiente para atreverme con uno de sus incendiarios editoriales (eso sí: con la bolsita antimareos bien a mano) me doy cuenta de algo obvio: ¡es siempre el mismo! Que si los canariones esto, que si los canariones lo otro, que si el "Gran" que precede a "Canaria" no tiene legitimidad desde el punto de vista histórico, que si en el escudo el tamaño de la isla de Tenerife debe aumentarse, que si en el texto del Estatuto el orden de enumeración de las islas no debe ajustarse a un criterio alfabético (que dejaría a Tenerife por detrás de Gran Canar.. perdón, por detrás de "canaria") sino al del tamaño de la misma.... En eso se queda la cosa: en repetir argumentos del tipo de "a ver quién la tiene más grande".

Así que visto lo visto, a las dificultades inherentes a las respectivas cotas de poder y niveles de autonomía que ambas fuerzas, PSOE y CC, quieren garantizar antes de formalizar un pacto, hay que sumarle un nuevo obstáculo: el pleito insular.

O acaso no. O acaso estas mamarrachadas sólo se las cree algún director de periódico y la parte del pueblo que consigue engañar o confundir. Porque los políticos en general son mucho más ladinos y pragmáticos. Venerar ante todo al padre Teide o hacerlo al dedo de Dios son asuntos de un sentimentalismo que no va con ellos. Lo primordial es otra cosa: la permanencia en el poder, en la cosa, en el ajo. Y si para ello hay que fingir que se nos saltan las lágrimas por un accidente o formación geológica antes que por otro, pues así sea. Que cale el mensaje y que "El Día" siga con sus diatribas. Que se logrará, como en el mundo del fútbol, ese desesperado objetivo: la permanencia. Creo que gracias a este camelo del pleito insular han "permanecido" después del 27M algunos que deberían haber hecho ya mutis por el foro.

Ante este desaguisado quiero reivindicar enfáticamente el espíritu yo diría que ecuménico del pan bizcochado "Los compadres", que a cada lado de su paquete hace un guiño a cada una de sus provincias. A eso lo llamo yo un pan politizado.

Ya saben, canarios: "Si es de los compadres... es bueno".

miércoles, 30 de mayo de 2007

CuAtRo EsTaCiOnEs


Primavera,


verano,


otoño


e invierno.

lunes, 21 de mayo de 2007

eLeCCiOnEs AuToNóMiCaS


En este país no sólo hace falta la asignatura de "Educación para la ciudadanía". También un refuerzo en ortografía. Lo de "hay" por "ahí" es uno de los errores más habituales entre mis alumnos. Pero la última línea del "párrafo" se me antoja absolutamente indescifrable... ¿esperanto? ¿bereber? ¿interlingua?

En cualquier caso, para captar el sentido de la pintada ayuda saber que lo que está "hay" no es otra cosa (o casa) que la del excelentísimo Cabildo de Lanzarote. Así qué ¡helas! el grafitti adquiere la categoría de proclama política ciudadana. Lejos quedan aquellos años en que los muros rezaban lindezas poéticas de esta guisa:

"Seamos realistas, pidamos lo imposible"

"Bajo los adoquines, la playa"

"Están comprando tu felicidad: róbala"

"La barricada cierra la calle, pero abre la vía"

Definitivamente, el tono de los grafittis se ha vuelto cada vez más pedestre...

Sea como fuere, lo cierto es que los políticos a los que se refiere la pintada están estos días en todas partes... menos en su casa.



Aquí tenemos a nuestra alcadesa, en versión clónica.

Lo de "hecho en Canarias" es el colmo de la horterada. Además, me parece una argucia simplona aunque demagógica basada en el presupuesto de que somos todos tontos del culo. ¿Se refieren al cartel? ¿acaso el resto de partidos traen los suyos "de Madrid"? Mucho lo dudo... ¿Se refieren a la política de Coalición Canaria? ¿acaso los demás partidos no desarrollan su actividad política en las islas? ¿dónde si no?... ¡Oh, cielos! Ingenuo de mi... Olvidé que en el PSC y en el PP se limitan a seguir "las directrices de Madrid" y que traen todo ya cocinadito desde la capi....

-Pues oye compadre: ¡yo me pido una ración de fiscalía anticorrupción!
-¿Para comer o para llevar? (frase mítica de Peter, toda una institución en la historia de los perritos calientes en San Cristóbal de La Laguna).
-Para llevar... que me la llevo pa Canarias. Y póngale mucho mojo, que no se diga...

Por favol... ¿pero cuándo cambiarán su discurso los de la Coca?

Desgraciadamente, la pregunta no es retórica y tiene una respuesta muy sencilla: pues cuando dejemos de votarles... como si realmente fuéramos tontos del culo.


Enrique Pérez, todo un futurible: el único que puede desbancar a Mª Isabel Déniz. Si le preguntas al ciudadano medio te dirá de él: "Un tipo honesto, no se ha enriquecido". Y habiendo sido dos veces presidente del Cabildo, eso tiene mérito.

Además, es profe en mi instituto (los alumnos le llaman "Parrilla": ¿me llamarán a mi también "Fajardo"?). Y una de las personas más inteligentes que conozco. Lástima no estar empadronado en Arrecife. ¡Ánimo Enrique!


¡Noooo! ¡Paulino otra vez nooo!

Estuve el fin de semana en Tenerife y vine saturado de Paulino... Y pensar que este también es futurible y favorito... ¿dónde hay que firmar para darse de baja?

Trato de serenarme pensando al menos en estos dos atenuantes:

1) Aquí no les ha dado por machacarnos todo el santo día con la cantinela de las kanarias en versión nacionalista: "Canarias son, siete estrellas y coalición". La primera vez que lo oí sólo pude proferir dos palabras: "¡Manda eggs!".

2) Aquí no tenemos que sufrir la jeta de Zerolo cada 200 metros. Créanme, es todo un alivio.


¡Pero bueno! ¡si sólo les faltan los sombreros mexicanos! ¡pinche güey! ¡son el trío Los Panchos!


En fin... ¿qué decir del CCN, de un partido que lo monta de la noche a la mañana el hijo de uno de los empresarios más ricos de Canarias, implicado junto a Zerolo en el pelotazo urbanístico de Las Teresitas y que lleva toda la campaña haciendo declaraciones en busca del voto de los pobres? Declaraciones tan acojonantemente surrealistas como que va a explotar el petróleo de las islas para dárselo a los pobres... Éste o bien se piensa que es Robin Hood... o bien se piensa también que somos todos tontos del culo.

¡Ojo al dato! Los que se piensan que somos lelos del recto han recurrido a unos eslóganes muy simples pero efectivos basados en una de las técnicas más elementales de la publicidad, esto es, del buen comerciante o empresario (¿alguien dudó alguna vez de la verdadera naturaleza de éstos que pasan por políticos?): la técnica de la adulación incondicional al cliente; o para el caso al votante. "Tú=Yo" dice el CCN. "Lo mejor de Arrecife, Tú" dice CC. Tú, tú, tú... Apelan a nuestra vanidad, a nuestro ego y por cierto, a nuestro individualismo, con el más vacío y simple de los mensajes. En fin, si al final va a ser que tienen razón...

"Tú=Yo" también se refiere a la mayor de las falacias. Hoy en el Telecanarias ponen imágenes de Ignacio González en el Rastro de Santa Cruz... Supongo debía de ser la primera vez en su vida que pisaba un mercado tan poco chic. Se le veía codeándose con el pueblo. Cuando se sentó junto a un negro que estaba vendiendo baratijas, le estrechó la mano y le pidió su voto... no pude soportarlo más e hice zapping.

Por supuesto, a los de Coalición también les va eso de "Tú=Yo". ¿O no recuerdan a Zerolo haciendo cola frente a las puertas del Corte Inglés (como uno más, como Tú, como Yo...) para conseguir comprar la Play Station 3 antes de que se agotara? Yo no sé lo que pensará este individuo acerca del personal, ahora bien, si resulta que no es un perfecto tonto del culo... lo disimula bastante bien.


Aquí están las ya míticas siluetas de "Alternativa Ciudadana 25 de mayo". Una campaña electoral sencilla, barata, original y, sobre todo, que tiene la valentía de ir en contra de la lógica de la eficiencia publicitaria o márqueting y renuncia a poner un cartel con una cara, un rostro, una persona. La política no es cosa de una persona, sino de un equipo. Esto lo saben todos. Pero vende más una persona, con la que nos sentimos identificados, atraídos, etc... Alternativa Ciudadana, al menos en su campaña, pone las cartas sobre la mesa.

La gran paradoja de todo ello es que el partido se haya roto y dividido en gran parte -dicen- debido al personalismo de dos de sus miembros... Es lo que tienen los pequeños partidos de izquierda: que tienden a la metástasis, a la separación, a la guerra intestina.


Mientras papá da instrucciones desde la cárcel de Tahiche, Fabián, el vástago, acata.

¡Ojo al dato! Una cara, la de Dimas, a la que no pueden poner un nombre en la propaganda electoral. Y no se trata de que ya todos lo conozcan y no haga falta presentación. Sino de que no se puede estar en misa y repicando. O más exactamente: cumpliendo condena y presentándose a unas elecciones.

¡Si es que somos tontos del culo! ¿Cómo puede tener tirón electoral un tipo que está en el talego?


¡Cuántas siglas en una misma farola! A esto lo llamo yo cohabitación...


Lo malo de Juan Fernando es que sólo es Juan Fernando. Y ya dijimos que la política es cosa de equipo. La gestión del PSC en la última legislatura da pena: pactando con Coalición, renunciando a cambiar la ley electoral (que beneficia a CC), diciendo sí al Puerto de Granadilla... ¿Va a ser capaz un sólo hombre de cambiar todo esto? No sé, no sé... aunque resulta más fácil creer en ello que en Ignacio González repartiendo entre los pobres las riquezas del petróleo.


Arrecife está plagada de banderas de este tipo. Estuve un rato esperando el momento en que el viento izase la bandera hasta el punto de poder leer con un mínimo de claridad lo que anunciaba. Me acordé lo que me costó sacar en China una foto similar con la bandera comunista frente a una de las zonas más salvajemente capitalistas que he visitado: el Pudong, la parte ultramoderna de Shanghai. Afortunadamente Lanzarote es más ventosa que China y tras una breve espera tuve la foto.


¿Qué pinta este contenedor vacío en este descampado? Ni idea.

No obstante, si nos fijamos en el tono del verde en cuestión, no difiere mucho del utilizado por algunos de los partidos que han ido desfilando por aquí...

A más de uno se le habrá ocurrido ya algún uso incívico que darle a este contenedor desangelado...

Me pregunto cuántos políticos corruptos caben en él... No se equivoquen: mera curiosidad intelectual.

Me despido y cierro este largo post con una confesión personal acerca de mi posicionamiento en esto de la política:

"Me considero un marxista... de la tendencia de Groucho".

martes, 15 de mayo de 2007

aMiGoS TrEinTaÑeRoS

Hoy cumple 30 años un gran amigo.

No está sólo. Todos los que comprendemos el sentido de estas fotos que hoy le dedico (o casi todos) cumplimos 30 este año.

Que este sea el año de los 30, el año de un encuentro necesario, el año del 3 de febrero, del 15 de mayo, del 31 de mayo, del 9 de julio, del 11 de agosto, del 23 de septiembre y de un rezagado 3 de enero... que este sea el año de un gran cumpleaños fraccionado, repartido y dosificado, no sólo me hará menos brusca la noticia al despertarme el 9 de julio (¡ya son 30!) sino que me recuerda que en esta incierta travesía en la que estamos todos embarcados hay unos compañeros de viaje que siguen ahí (más cerca o más lejos: mas siempre ahí), con los que puedo siempre contar en caso de apuro o naufragio. Son mis amigos.

No es un club cerrado ni exclusivo, pero los que están llevan ya tanto tiempo en él que se hace inconcebible la idea de que en algún momento alguno de ellos se dé de baja o dimita. Y esta certeza tan simple es una especie de amuleto que en el viaje cumple una función determinada: calma, reconforta, gratifica... hace feliz.

Ya lo dijo Aristóteles: "Sin amigos nadie querría vivir".



sábado, 5 de mayo de 2007

úLtiMo SeGuNdO

Era día de fiesta: primero de mayo, fiesta del trabajador. Me llamaron para un pateo por los alrededores de Famara y no me lo pensé dos veces. Dejamos los coches en la urbanización de los noruegos y empezamos a ascender, lentamente, digiriendo aún el almuerzo, dejando atrás las preocupaciones (exámenes por corregir, clases por preparar, citas, compromisos), el gentío bullicioso de Arrecife, el tiempo compartimentado de los días laborales... e ingresamos poco a poco en el azocado silencio del barranco.

En la foto una diagonal imaginaria une los noruegos, en primer plano, la Caleta de Famara, luego, y la montaña de Soo, al fondo; similar a la que de modo invisible atraviesa en París el Obelisco, el Arco del Triunfo y La Défense.

Miro la Caleta y me digo: "esa diagonal sigue y desemboca -cual flecha- en mi pecho".

Un alto en el camino. Dudas, titubeos: vamos sin plan alguno, sin rumbo predeterminado, sin un camino fijo, como en la canción de Serrat.

Subí este barranco hace unos quince años, con mis primos. No había vuelto por aquí. Cuánto ha cambiado Lanzarote en quince años. Este barranco en cambio posiblemente siga igual.

Yo sí he cambiado, pienso. Adapto el aforismo a las circunstancias: "Nunca te pasearás dos veces por el mismo barranco".


Pensaba que para ver el color verde hacía falta montarse en una avioneta de Binter. Hemos dejado atrás hace tiempo el murmullo incansable de Famara. El ascenso empieza a hacer estragos en la conversación y la respiración, cada vez más entrecortadas.

Queda poco para llegar a la cumbre. He aquí el "Barranco de la paja" en todo su esplendor. Ruego se abstengan de hacer un chiste fácil.

Ya estamos en la cumbre, en el lomo del risco, como en el de un tigre. Se siente uno aquí poderoso y al mismo tiempo en constante peligro de muerte. El viento sopla fuerte y frío. Me tengo que enrrollar el pantalón de chándal en la cabeza a modo de turbante. Tal es el frío.

Al fondo la Graciosa. En la escarpada pared del risco hay una hendidura negra, una gruta: la cueva de Don Justo. Aun no me han dicho que acabaré entrando en ella.

Esto es lo que contempla el suicida durante unos últimos segundos eternos en caída libre.

El risco es uno de los destinos preferidos de quienes deciden suicidarse. Desde esta altura no hay posibilidad de error alguno. Sobrevivir queda descartado. Por otra parte, es un lugar asombroso, cargado de un magnetismo y de una majestuosidad acordes con la trascendencia y solemnidad que toda muerte -máxime aquella producida por el postrero acto de una voluntad desesperada- implica. Sólo hay un problema: me pregunto si la belleza de esta vista desde el cielo no hará arrepentirse al suicida de su decisión... una vez tomada, en pleno vuelo, reconciliado con la vida en medio del vacío.

Para llegar a la cueva hay que bajar por esta especie de escalera natural. El problema añadido al vértigo natural es el fuerte viento. Bajo de culo, aferrado con las dos manos a la dura roca, temiendo una ráfaga traicionera que me alce en vuelo, que me desplace apenas unos centímetros, los que me separan del abismo, de una muerte segura.

Hace ya más de veinte años que murió Don Justo, un agricultor de San Bartolomé que tenía unas tierras por esta zona y que oradó esta cueva con sus propias manos. Prefiero no preguntar hasta más tarde cómo murió don Justo.


Ha merecido la pena. En el interior de la cueva el viento ha cesado de súbito. Estamos en la misma entraña del risco de Famara. La vista es sobrecogedora. El mar rompe lejano en las playas del risco, a las que sólo en barco o a pie puede accederse.

Tirarme, no tirarme.

Es sólo un segundo, sólo un paso al frente, sólo un salto al vacío.

Es tan sencillo, tan simple, tan accesible. Tanto como meterme en la boca este finger de chocolate o elegir tirarlo al frente y ver cómo se lo lleva el viento de un zarpazo invisible.

Tan sencillo y tan difícil. Una impulso fáustico, un anhelo de experimentación, me reclama desde lo más profundo. Un instinto de autoconservación me retiene con los pies bien anclados en la tierra firme. Es fascinante darse cuenta de cómo un segundo puede cobrar tanta trascendencia.

A menudo he tenido esta sensación, de noche, paseando por el muelle de La Caleta. Totalmente vestido, con zapatos, reloj, el móvil, las llaves de casa en el bolsillo y quién sabe que más cosas que no me permito enumerar ni calcular porque me estaría haciendo trampa a mí mismo, pienso. Porque de lo que se trata es de no calcular ni predecir ni calibrar ni preveer. Sólo actuar. Tirarse al mar en plena noche. No pensar en el resfriado, en las dificultades para salir, en la agenda del móvil irrecuperable, en... Tirarse sin más. Hacerlo. Demostrarte a ti mismo que si quieres puedes. Demostrarte que puedes, que eres libre, que puedes elegirlo no únicamente en un plano teórico e hipotético.

Spinoza decía que sólo la acción estrictamente racional podía ser libre. No somos libres de elegir lo irracional. Mis coqueteos con el muelle en plena noche, mi fascinación ante las fuerzas magnéticas de repulsión y atracción que desprende el abismo del risco, no son sino el intento fallido de quitarle la razón a Spinoza.

viernes, 27 de abril de 2007

PaTeRaS NóMaDaS 2

Otra vez más Kapuscinski:

"Se vuelve cada vez más importante para el mundo la pregunta no de cómo alimentar a la humanidad -hay comida suficiente; a menudo sólo se trata de organización y transporte-, sino de qué hacer con la gente. Qué hacer con la presencia en la Tierra de millones y millones de personas. Con su energía sin emplear. Con el potencial que llevan dentro y que nadie parece necesitar. ¿Qué lugar ocupa esa gente en la familia humana? ¿El de miembros de pleno derecho? ¿El de prójimos maltratados? ¿El de intrusos molestos?".

(Ryszard Kapuscinski: Ébano).

sábado, 21 de abril de 2007

ZoNa PeLiGrOsA

Un viernes por la noche no deberían ocurrírseme planes tan arriesgados como el de salir al videoclub y alquilar una comedia ligera con la que ir dejando atrás el cansancio acumulado desde el lunes. Hace un par de meses me dejé las llaves del piso puestas por dentro y tuve que llamar al cerrajero. La operación terminó a la 1:30 de la mañana, hora en la que pude entrar por fin a mi casa, previo pago de 108 euros y sin haber podido siquiera llegar al videoclub.

El viernes pasado pude por lo menos alquilar la película antes de que se produjera la catástrofe. Iba ya de vuelta, el DVD en una mano y el MP3 en la otra, escuchando abstraído un reportaje radiofónico acerca de la nueva ley de universidades, ajeno por completo a la ciudad dormida, a la tranquilidad del barrio de Valterra sólo perturbada por la música y el motor atronadores de algún opel corsa tuneado y travestido en reactor, cuando -como un jarro de agua fría: no, ojalá, qué frecor, qué higiénico castigo- llegó y enchumbome desde el cielo la inmundicia en estado líquido:

¡¡¡pflashhhhhhh!!!

Me había alcanzado de lleno: el suéter, los vaqueros y, sobre todo, el pelo, que chorreaba como manantial desde una frente por la que corrían hilillos de un líquido repugnante. Tendría que ducharme de nuevo. ¿Qué rayos era aquella bazofia? Me olía a alcohol, a vino barato, a licor adulterado. A un alcohol dulzón; sangría don Simón mezclada a saber con qué mejunje de índole orgánica.

Maldije al culpable, grité "Sal, ti te atreves", espié la casa desde una distancia prudencial, escrutando el horizonte de lo que parecía una azotea, los ventanucos abiertos o rotos por los que cabría un cubo lleno de mierda. Era una casona típica canaria, abandonada, deshabitada, acaso ocupada ocasionalmente por mendigos, yonquis o niños en busca de emociones fuertes. La casa tenía de hecho cierto aire fantasmal. Ni un alma, ni un rostro agazapado, ni una risa de fondo... Nada. Silencio, impotencia y rabia.

"Aquí no hay más que rascar" -me dije. No era cuestión de coger un resfriado ni de perder el pelo por efecto de aquel potingue nauseabundo. Me fui, resignado.

Pero de pronto solté una carcajada y una súbita alegría me recorrió por dentro. Imaginé a tres o cuatro chicos tirados en el suelo de la casa en ruinas muertos de risa hasta el dolor. Imaginé que acaso hasta fueran alumnos del IES Blas Cabrera Felipe. Imaginé su dificultad para articular entre lágrimas de felicidad la frase en cuestión: "Joder, tío, le has dado de lleno en pleno tolmo al puto jefe de estudios".

Y es que con esta agresión líquida se cerraba el círculo, se hacía justicia, se saldaba una cuenta con mi pasado de cabroncete adolescente.

Éramos dos, tres, cuatro, no sé, dependía del día. Nuestra barbacana: la azotea de la casa del abuelo de Alberto, encima de Caprichos. No pude ver cumplidas casi ninguna de las fantasías eróticas de mi adolescencia. Y sin embargo, Caprichos, la tienda de golosinas del abuelo de Alberto, colmó todas las fantasías gastronómicas de mi tardoniñez. Nos metíamos por la trampilla, de noche o los fines de semana, cuando por fuera colgaba el cartelito de "cerrado", en delictivo silencio y con un chute de adrenalina que precedía al inminente chute en vena de azúcar insiscriminado. Una vez dentro, sólo era cuestión de saber elegir sabiamente el orden de los placeres antes del hartazgo: trufas, chocolate blanco, frutos de mar, judías, nubes, melocotones, plátanos, fresones, relojes, huevos fritos, cocacolas, caramelos, regalíes y pastillas de todos los colores y formas imaginables. ¡Qué desbordante imaginación la de los fabricantes de chuches! Nos sentíamos como Hansel y Gretel sin bruja.

Pero me he desviado... Desde la barbacana de Caprichos lanzábamos a los viandantes globos llenos de agua (que les daban un susto de muerte y les enchumbaban de arriba a abajo), huevos (con los que era más difícil acertar) o inocuos garbanzos (que simplemente hacían detenerse a los transeúntes, vacilar un instante, mirar estúpidamente alrededor, y proseguir el paso). Una vez acertamos de lleno con un huevo en el interior de un BMW del que salía una emperifollada víctima. Nos descubrió y una semana más tarde se presentó en Caprichos con la factura de la tintorería. Hubimos de pagar el lavado del traje y de la tapicería. Fue entonces que el abuelo tomó medidas y zanjó esta etapa de nuestra infancia.

El viernes pasado volví a recordarla y mientras me enjabonaba en la ducha y me sacaba esa mugre hedionda y pestilente del pelo, reí al trasladarme a aquel escenario, en el que dos, tres o cuatro cabroncetes preadolescentes puteábamos incívicamente a la ciudadanía desde las alturas, ebrios de placer y adrenalina, vacilando entre el temor a ser pillados y el regocijo por la fechoría cometida.

Reí y la risa me sirvió de catarsis y el incidente de expiación. Pues aunque pueda parecer una impostura o una fabricación a posteriori de la memoria, creo no equivocarme si afirmo que junto a la frivola e inconsciente gamberrada, una sombra de culpa, de congoja y de vergüenza de mí mismo acompañaba a aquellos bombardeos desde las trincheras de un ejército pueril y algo cobarde.

Así que si el baño nocturno de líquido inmundo del viernes pasado sirve para justificar tantas risas y buenos momentos, y para hacer justicia y pagar el precio por las gamberradas que hace más de quince años quedaron impunes... ¡Bienvenido sea!