miércoles, 10 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 8


He terminado adquiriendo la Gramática del profesor Gracia Cantero.

Ricardo fue el que me puso detrás de la pista de esta obra tan peculiar y extravagante. Me mandó un archivo pdf, que hojeé al principio intrigado aunque con un punto de escepticismo. Me asombraba que acerca de un objeto en apariencia tan anodino como El Calcetín (el profesor Gracia Cantero siempre lo pone en singular y con mayúsculas) alguien pudiera escribir un tratado de 467 páginas.

Ya dije que la semana pasada estuve en la entrañable librería Fuentetaja en busca de una novelita rosa de Corin Tellado. En el máster habíamos estado analizando distintos principios de novela y el profesor nos tendió una trampa al ponernos como contraejemplo de lo que debe ser un buen comienzo un texto insípido de Corin Tellado. Un alumno salió al ruedo elogiando la potencia y la fuerza del texto, sin habernos dicho aún el profesor quién era su autora. Cuando por fin nos reveló de quién era la portentosa pluma que había escrito aquel comienzo sublime nos estuvimos burlando cariñosamente de nuestro compañero y le prometimos que para su cumpleaños tendría una novelita de Corin Tellado. Pero toda su obra estaba descatalogada y me dijeron que a lo sumo podían intentar pedirla a través de internet. Tardaría una semana, pero les dije que sí.

Ya me había olvidado del pedido (como si de un encargo a Gingerboy se tratara) cuando recibí ayer tarde una llamada de Fuentetaja diciéndome que les había llegado a la librería Frívola, El engaño de mi marido y Te acepto como eres. Me cambié de calcetines y bajé a la calle rumbo al número 35 de la calle San Bernardo.

Y al detenerme en el escaparate de la librería sentí cómo mi mirada era reclamada por un grueso volumen de tapas duras y sobrio diseño: era la Gramática Calcetinífera del profesor Gracia Cantero.

Una vez en casa, me tumbé en la cama, me quité los calcetines y comencé a leer el prólogo:

"Escaso y raro ha sido el abordaje y el estudio científico del Calcetín en el último siglo. Desde el ambicioso ensayo sobre la materia del experto en reflexología y criptólogo J.K. Sokkusu en Historias del Calcetín: Apariciones y Lenguaje apenas ha habido una tentativa de elaborar un estudio sistemático de la morfología y simbología del Calcetín. Con la presente obra hemos pretendido remediar el olvido en que desde entonces ha caído todo lo relativo a este campo de investigación. Basándonos en la escasa bibliografía sobre la materia, pero principalmente en las experiencias realizadas y experimentos desarrollados en el marco del proyecto de tesina Hermenéutica del Calcetín: Aproximaciones a una Semiótica Calcetinífera, hemos pretendido ofrecer a los lectores de esta obra una guía a través de la cual -como pertrechado con un hilo de Ariadna- poder acceder a la comprensión de los signos y expresiones externas del Calcetín en sus más diversas manifestaciones. En otras palabras, nuestro propósito no ha sido otro que el de elaborar la primera Gramática Calcetinífera. A juicio del lector dejamos la cuestión de en qué medida dicha Gramática satisface las elevadas expectativas que tan vasta y ambiciosa empresa conlleva".


6 comentarios:

jane dijo...

Es curioso pero acabo de leer una novela ("Un lugar llamado Aquí" de Cecelia Ahern)que va de una persona obsesionada con las pérdidas y una de esas pérdidas es la del calcetín ¿Por qué se pierde sólo un calcetín? Y a veces, un calcetín anaranjado. Metafísica reflexión.

Ricardo dijo...

Es que está demostrado: los calcetines nos hablan y saben más de lo que creemos. Tienen su propio lenguaje cuya expresión no conocemos por pura ignorancia.

Precisamente ayer por la tarde me entrevisté con los padres de un alumno de 3º. de E.S.O. que tiene superdotación intelectual. Los padres estaban muy preocupados por él porque, dado pertinazmente a la lectura de libros de fantasía y ciencia ficción, como si de un nuevo Alonso Quijano se tratara, el chico olvida las cosas más básicas como comer, hacer sus necesidades e incluso vestirse. Me decían consternados que algunos días lo ven que lleva calcetines distintos e incluso una vez llevaba calcetín en un pie pero no en el otro. Y resaltaban mucho estos detalles de los calcetines del chico.

¿Elegimos los calcetines nosotros o nos eligen ellos a nosotros? ¿Por qué cada persona dobla los calcetines de forma distinta (unos en forma de bola, otros en forma de lengua, otros en forma de L, etc)?

Mi padre me contaba el caso de un señor muy mayor que, en su pueblo, daba masajes en la espalda a las personas lesionadas con sus propios pies pero sin quitarse los calcetines. Al parecer este señor, que se llamaba Andrés, precisamente, mientras practicaba los masajes con los pies, solía canturrear una canción que decía:

Ay, Andrés, Andrés,
tus calcetines son nones
y no llegan a tres.

Imáginense cómo estarían los calcetines del peculiar masajista.

Un abrazo para todos/as.

El Cizaña dijo...

Umm...Interesante lo de los calcetines

Andriu dijo...

Jane: Interesante pregunta. He de decir que mi especialidad es perder calcetines. Mi casa está llena de calcetines desparejados. Los guardo a la espera de que retornen sus hermanos gemelos. Pero esto casi nunca ocurre, así que termino tirándolos. A la protagonista de tu novela le molestaba mucho que le pasara lo mismo que a mí y por eso empezó a comprarse sólo calcetines de color naranja. Pero incluso así, una vez que los pierde, no consigue encontrarlos.

Ricardo: muy divertida la anécdota del masajista. Conociéndote estoy seguro de que el buen hombre se llamaba Ginés o Moisés (que también hacen rima), pero con tal de meterte conmigo un poco le has debido de cambiar el nombre.

Cizañas: ya te digo.

Un abrazo.

Yaiza dijo...

Jajajajajaj!!! Me encantó la anecdota de los pasajes con los pies. Estoy segura de que se llamaba Andrés, además te pega mucho ser el protagonista de tal surrealista historia calcetinística!!!
Ay Andrés, tus calcetines están solteros y no llegan ni a dos ni a tres.

Andriu dijo...

Yaiza: desde que me dedico a dar masajes con los pies me corto las uñas casi a diario ;)

Un abrazo.