viernes, 16 de octubre de 2009

VeNdO SuEñOs.1


Esta tarde me ocurrió algo que me confirmó que sigo en racha y que no deja de salirme el doble seis.

Es una pequeña historia divertida, pero es ya tarde y estoy cansado, así que tendré que contarla a la vuelta de...

¡Barcelona!

(Por cierto: quedo absolutamente deslegitimado para hacer la más mínima crítica a quienes están enganchados a contar en el Facebook lo que hacen, lo que ven y lo que piensan en cada momento; en ese deporte por culpa de este blog ya he ganado yo todas las medallas)



Y como no quiero que nadie se aburra...

Y como quiero pasármelo pipa cuando regrese leyendo los comentarios...

Te someto a una nueva prueba de agudeza visual y te pregunto:

¿Qué ves aquí?


miércoles, 14 de octubre de 2009

ArTe SeReNo


"Hace quince días me dijiste en el Pont-Royal, yendo a comer, unas palabras que me gustaron mucho: que te dabas cuenta de que no hay nada peor que poner en arte sentimientos personales. Sigue este axioma paso a paso, línea a línea, que sea siempre inquebrantable en tu convicción, disecando cada fibra humana y buscando cada sinónimo de palabra, y ya verás, ya verás cómo se ensanchará tu horizonte, cómo sonará tu instrumento y qué serenidad te llenará. Tu corazón, alejado en el horizonte, lo iluminará en el fondo en lugar de deslumbrarte en el primer plano; diseminada tú en todos, tus personajes vivirán, y en vez de una eterna personalización declamatoria, que ni siquiera se puede continuar claramente por falta de detalles precisos que nunca se tienen, por disfraces que la cambian, se verán en tus obras multitudes humanas"

(Gustave Flaubert: Carta a Louise Colet)


martes, 13 de octubre de 2009

FoTo ReLaTaDa 3


Me mordió hace tanto tiempo aquel pato que estoy por pensar que es un recuerdo falso también.

Fue en el jardín botánico del Puerto de la Cruz y yo tendría 3, 4, 5 años quizás.

Creo que te lo conté una vez.

Me acercqué al estanque, metí los dedos por entre los colmillos de la reja metálica y el pato se abalanzó sobre mí, como una cobra, para morderme con su pico duro y frío.

Lloré desconsoladamente y puede que haya algo de falso en la historia porque recuerdo que el pato comenzó a gritarme que no volviera a acercarme al estanque, en un idioma que sonaba como cua, cua, cua...

También recuerdo con nitidez cuando empecé a hablar:

-¡Ha hablado! ¡Ha dicho "mamá"! -exclamaron mis padres.

Recuerdo la casa y el cuarto y hasta la posición de la cuna.

Pero en esa casa vivíamos cuando yo tenía ya 6 años y el que nació entonces y habló por primera vez fue mi hermano, supongo.

Recuerdos falsos, yo que siempre presumí de tener buena memoria.

Algunas noches cierro los ojos y nos vuelvo a ver juntos, besándonos.

Fue hace tan poco tiempo que estoy por pensar que es un recuerdo falso también.


lunes, 12 de octubre de 2009

NuEvA eTaPa


Llegué al fin al madrileño pisito de la calle Limón.



Justo al enfilar la calle, a escasos metros de la casa, se rompió el asa de la maleta.

Lo interpreté como un signo favorable, como la señal de que el viaje no era de ida y vuelta ni efímero ni transitorio.

Después de un largo verano en diferentes casas (Dallas, Mexico, Lanzarote, Tenerife) parecía que podría hacer finalmente ciertas concesiones al sedentarismo.



Deshice la maleta: había ropa y libros, básicamente; no un muerto, como había pensado durante todo el camino.



Al día siguiente me fui al Ikea de Alcorcón, casi idéntico al de Dallas.

Y me saqué una foto al acordarme de aquella foto dedicada (a Yaiza).

Y del comentario de Chelucana:

"NaDa PeRmAnEcE

Excepto GlobalIKEA

que NaDa CaMbIa

La misma IKEALanzarote que IKEAlcorcón que IKEADallas que..."

Y al revisitar la foto de di cuenta de que -como quiso Heráclito- nunca compramos ni siquiera en el mismo IKEA.

En efecto: ¡cuántas cosas habían sucedido desde entonces!

Sentí vértigo de pensarlo.

Miré la foto: esos vaqueros y esa camisa me la había puesto este mismo sábado, antes de ayer, pero los zapatos los había tirado en un contenedor de los apartamentos de Gaby en Dallas. También las gafas habían sucumbido al desgaste del tiempo.

Y nuevos objetos, relaciones y personas habían aparecido en mi vida desde entonces.

Sin ir más lejos, Chelucana misma, a la que pude conocer más allá de lo virtual finalmente.

Pero dejémonos de filosofía barata:

¡Seamos prácticos!



¡Montemos la cama recién adquirida, para empezar!



Tras organizar mi cuarto Santi y yo comenzamos a meterle mano al resto.

Santi y yo: dos nenes, dos buenos amigos, metidos ahora a compañeros de piso en el mítico territorio de Limón.



Mientras Geno pasaba el puente fuera de Madrid los dos hombres de la casa nos encargamos de ponerla a punto:

-¡Pa que luego digan que hay machismo, oiga usté!



Limón 19 se fue transformando poco a poco, entre barrido y fregado, hasta que quedó casi todo listo.

Afuera esperaba Madrid:



Con sus gentes: su apasionante multitud de hormiguero.



Con sus calles enormes: salpicadas de imprevistas imágenes y espectáculos minúsculos.



Con su cielo: amplio, nítido y exultante.



Me senté ayer a contemplarlo, desde la terraza de Limón.

Me quedé a ver morir el día y a ver cómo se juntaban y confundían uno y otro: el comienzo del año, de esta nueva etapa, con el final de esta tarde cálida de otoño.

Me produjo cierta desazón melancólica la perspectiva de cambiar los 300 segundos de las amanecidas caleteras por las rojezas crepusculares de los atardeceres madrileños.

Como si esta misma etapa en la que entraba yo a partir de ahora tuviese, también, un algo de crepuscular.

Es de nuevo, supongo, Schopenhauer:

"No es pequeña la contribución que aporta al tormento de nuestra existencia la presión permanente ejercida en nosotros por el tiempo, que no nos deja el más leve respiro y, blandiendo el látigo, acecha como un domador a nuestras espaldas".

Pero todo ocaso es asimismo el anuncio de un nuevo amanecer:

Supongo.




SeReNo PrEsEnTe


"Los animales encuentran mucha más satisfacción que nosotros en la mera existencia; esta última satisface a la planta absolutamente; y al hombre según su grado de estupidez. En consecuencia, la vida del animal contiene menos dolor, pero también menos placer, que la humana. Ello se debe ante todo al hecho de que, por una parte, el animal está libre del cuidado y la preocupación, con su inevitable tormento; mas, por otra, también a que le falta el recurso de la verdadera esperanza, lo cual le impide, por ende, beneficiarse, merced al pensamiento, de la anticipación de un gozoso futuro y de su deliciosa secuela de fantasmagorías, alimentada por la facultad imaginativa, que son fuente de la mayor y mejor parte de nuestros placeres y alegrías; en este sentido, pues, el animal carece de esperanza. Si esos dos sentimientos le faltan, es porque su conciencia está restringida a lo intuitivamente percibido y, por tanto, al presente".



"El animal es la encarnación del presente; de ahí que sólo experimente el temor y la esperanza por referencia a objetos ya dados en la percepción intuitiva del presente y, por tanto, en fugasísimos momentos; mientras que la conciencia del hombre tiene un horizonte intelectual que abarca la totalidad de la vida e incluso la sobrepasa. Consecuencia de ello es que, en comparación con el hombre, los animales parecen ser realmente sabios en un respecto: en su sereno e imperturbado goce del presente. La ostensible paz de que disfruta su ánimo frecuentemente humilla al nuestro, atormentado de continuo por sus propios pensamientos y cuidados".



"Mas ni siquiera los placeres debidos a la esperanza y la anticipación, que acabamos de analizar, nos han sido otorgados gratuitamente. Pues cuando un hombre, valiéndose de la imaginación y la esperanza de una satisfacción venidera, disfruta de algo por anticipado, pierde luego cierto caudal de placer real en el momento en que lo consigue, y la cosa misma le satisface ya bastante menos. El animal, por el contrario, está libre de ese placer anticipado como también del descontento que luego lo acompaña, y disfruta por tanto de la realidad presente en su integridad y sin menoscabo. Y también sucede que los males presionan sobre el animal descargando sobre él solamente su peso propio y real, mientras que en nosotros el temor y la previsión (...) multiplican a menudo ese peso por diez".

(Arthur Schopenhauer: Sobre el dolor del mundo, el suicidio y la voluntad de vivir)


domingo, 11 de octubre de 2009

FoTo ReLaTaDa 2


Un día mi suerte se decantó hacía el doble seis.

No dejó de salirme aquella noche, y todas las siguientes.

Gané mucho dinero y no perdí ni una pelea.

Mi bolsa aumentaba día a día mientras mi cama se llenaba de besos, noche a noche.

Pero la suerte es caprichosa y hasta unos dados trucados fallan a veces y rehuyen el seis.

O quizás no, quizás es que todo está medido y previsto de antemano:

-Rachas de seis, rachas de uno -así es la vida, te oí decir un día- todo se acaba equilibrando.

Así que soy consciente de que en cualquier momento puede mi suerte y mi mundo escorarse hacia el uno.

Pero no lo pienso, no demasiado.

Mientras tanto sigo tirando y jugando y besando y saboreando esta existencia en doble seis.


sábado, 10 de octubre de 2009

viernes, 9 de octubre de 2009

MaR EtErNo


-¡Oh, yo adoro el mar! -dijo León.

-Y además, ¿no le parece -replicó Madame Bovary- que el espíritu boga más libremente por esa superficie sin límites, cuya contemplación eleva el alma y sugiere ideas de infinito, de ideal?

(Gustave Flaubert: Madame Bovary)


jueves, 8 de octubre de 2009

FoTo ReLaTaDa 1


La vida es como la flor del cactus.

Cuando menos te lo esperas, florece.

Hacen falta varios años, lustros a veces, para que de la espina brote el pétalo y de la púa la belleza.

Porque es efímera, la belleza: y por eso me obnubila.

De esas flores que tardan años o lustros en aparecer, algunas apenas duran un día o dos, acaso sólo una tarde.

Tú también eres un poco flor:

"Flor de cactus" -empezaré a llamarte.

Y yo a tu lado me siento a veces un poco espina.


miércoles, 7 de octubre de 2009

oTrA dEsPeDiDa


Efectivamente, el último ejercicio de agudeza visual era al mismo tiempo una despedida de las islas, del océano, de los baños en las aguas limpias y bravas del norte de Tenerife.

El sábado por la mañna fui a darme un baño tempranero a las piscinas de Bajamar, antes de la hora en que quedan abarrotadas.



Y allí fotografié estas lapas gigantes de bronce.



De bronce para resistir el empuje del cuchillo veloz y voraz que pretende arrancarlas.



O para perdurar un poco más frente al desgaste infinito del agua.



Habrá que preguntárselo al artista en cuestión.



Y el domingo al Charco de la Laja.

A esto lo llamo yo un completo: como cuando vas a Peter y te pides hamburguesa, papas y perrito.



Los burgados del Charco no son de bronce.



Compañeros de viaje: los libros.

En tierra, mar...



...y aire.



Y por fin Madrid.

¿Qué por qué ando tan escueto?

No sé.