domingo, 9 de octubre de 2011

pRiMeR cOnTaCtO



Cuánto cuesta volver a empezar, y reparar lo que hemos por largo tiempo descuidado.

lunes, 2 de mayo de 2011

aDiÓs, SáBaTo


"Existe cierto tipo de ficciones mediante las cuales el autor intenta liberarse de una obsesión que no resulta clara ni para él mismo. Para bien y para mal, son las únicas que puedo escribir. Más, todavía, son las incomprensibles historias que me vi forzado a escribir desde que era un adolescente".

(Sobre héroes y tumbas: Ernesto Sábato)

"El principal problema del escritor tal vez sea el de evitar la tentación de juntar palabras para hacer una obra. Dijo Claudel que no fueron las palabras las que hicieron la Odisea, sino al revés"

(El escritor y sus fantasmas: Ernesto Sábato)

Nota: el retrato de Sábato lo tomo prestado de este blog.

sábado, 23 de abril de 2011

¿InTiMiDaD VioLAdA 3?


Escenario 1:

 El año pasado, por estas mismas fechas, salí a recorrer las calles de La Laguna, cámara en mano, con el propósito de captar en imágenes el espíritu de la Semana Santa a través de sus procesiones. El resultado es este post sin texto: son sólo fotos.

En varias de esas fotos (cuatro para ser más exactos) se ve a niños a los que, al estar en primer plano, se les puede identificar perfectamente. En el resto de imágenes se ve a personas adultas claramente identificables (sólo los capuchinos constituyen la ineludible excepción). Ni a los niños ni a los adultos les pedí autorización alguna: para ser fotografiados, para subir a internet sus imágenes, para enlazar el post un año más tarde.

¿Debería haberlo hecho? Detener la procesión para cumplir con dicha formalidad hubiera resultado un tanto heterodoxo. ¿Debería haber renunciado a crear aquel post? Me asomo a mi balcón, contemplo las procesiones de este 2011, me fijo en la cantidad de personas que sacan fotografías o graban videos con sus cámaras o teléfonos móviles... ¿Cuántas de esas fotografías y videos están ya en la red, para ser compartidas -exhibidas- en blogs o a través de las prolíficas redes sociales? ¿Cuántas de esas personas detuvieron la procesión para explicarles lo que pretendían hacer con esas fotos o videos a los afectados en cuestión: penitentes, monaguillos, músicos, obispos, políticos, niños?

Cambio de escenario:

Hace un mes les mandé a hacer un trabajo en grupo a mis alumnos de Ética sobre alguno de los Derechos Humanos: un mural, un sketch, un video, un power-point, una canción. Varios de los grupos decidieron hacer videos caseros. Los grababan en casa, o en el recreo, o en alguna hora libre. Hasta que llegó el asunto a oídas de la directota. Ésta habló con el grupo de alumnos que pretendía hacer entrevistas a profesores y alumnos acerca del Derecho Humano que habían elegido: no podían llevarlas a cabo sin una autorización de sus padres.

Fui a hablar con la directora, para explicarle en qué consistía el trabajo, así como su exhibición: sólo pretendía utilizar los videos en clase, sólo lo verían los alumnos del grupo. La directora me insistió en que sólo podrían salir imágenes de aquellos alumnos cuyos padres hubieran firmado un documento de autorización a principio de curso. Además, para evitar que las imágenes fueran subidas a internet y de ahí circularan incontroladamente, yo debía ser quien lo grabara todo (con la cámara del instituto), sin darle copia del documento ¡a los propios creadores y actores!

Estábamos en su despacho. Empecé a sentirme incómodo en el asiento. Hacía tan sólo unos días acababa de subir a la red el video sobre los dos chinijos caleteros comiendo pipas y filosofando:

-Isabel ¿tienes acceso a Internet? -le dije, señalando a su ordenador.
Ella asintió.

-Te voy a enseñar una cosa. 

Entonces le enseñé el último post de mi blog de Filosofía. Era una crónica de la fiesta de Carnavales del IES Agustín Espinosa. Allí se veía a alumnos de todos los cursos y edades. Como en el caso de las procesiones de Semana Santa, no le había pedido autorización a nadie para publicarlas. Tan sólo les había dicho a mis alumnos de 2º de bachillerato que se metieran en el blog para que se descargaran las fotos más fácilmente (tengo el correo electrónico de todos ellos, pero es más sencillo enviarles un link que 20 fotos).

-¿Crees que debo borrar este post? -le pregunté.

Lo hice desde el mismo ordenador de su despacho. Ese post carnavalero ya no existe (últimamente no hay post carnavalero que resista la censura).

Le dije a la directora que repartiría a todos los alumnos que hicieran un video como trabajo de Ética un impreso para que sus padres autorizaran por escrito la toma de imágenes de sus hijos con fines educativos.

Meta-escenario:

Acabo de reproducir una conversación privada entre la directora de mi Centro y yo. Sin su consentimiento. Me pregunto si al hacerlo estoy violando, de nuevo, la ley de Protección de Datos de Carácter Personal (a la que se refirió ella durante dicha conversación). Al difundir sin su permiso nuestra charla: ¿Estoy violando el artículo número 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

Escenario 3:

El origen de todas estas dudas y disquisiciones fue el video de los chinijos caleteros. Empecé aquel post con esta pregunta: "¿Debo eliminar este post?". Casi todos los lectores coincidieron en que el video violaba la intimidad de los dos chiquillos. 

Ricardo propuso, entre otras cosas, distorsionar la imagen. También contó cómo él había hecho lo mismo en fotos de su instituto que había colgado en su blog. Bajé -censuré- el video y lo modifiqué con Movie Maker. Ya no se distinguía la imagen de los dos peques, ni -¡ay!- el azul nítido del cielo caletero, la ondulación de la toalla emulando el mar, la luz primaveral. Pero el tono de voz de los chinijos, inconfundiblemente caletero, seguía siendo delicioso: transmitía tranquilidad, dicha, reminiscencias de una época pretérita e irrecuperable.

Carse opinó entonces que también la voz debía distorsionarse, a fin de no poder identificar a los infantes. Y aminuscula dio una vuelta de tuerca: ni siquiera era legítimo reproducir el contenido de una conversación que era privada. ¿Acaso los niños no debían ser tomados tan en serio como los adultos?

Ante las dudas, decidí no volver a subir el video de los chinijos caleteros, ni siquiera en la versión en la que éstos eran casi inidentificables. Y empecé a escribir post monotemáticos, con el título entre signos de interrogación, sin tener ya claro los límites de una buena praxis en materia de blogs...

lunes, 18 de abril de 2011

¿InTiMiDaD VioLAdA 2?


Hay que reconocer que la Caleta de Famara is different:

¡Montar un Carnaval a mediados de marzo, casi en Semana Santa!


Fue hace tan sólo dos fines de semana (es verdad: llevo una buena temporada ausente del blog), y lo pasé bastante bien.
 
Lo mejor fue dormir en casa y no tener que conducir borracho a horas intempestivas: bastaba con cruzar la calle para ponerle a la noche su punto final.



No me esperaba para nada ver a Pepe Benavente en el Carnaval de Famara.  

Yo le dije a Nico (mi primo):

-Chacho, ése se parece a Pepe Benavente.

-¿Te puedes creer que nunca he visto al Pepe Benavente ese?

(Mi primo es abogado, le gusta la literatura fantástica, el ajedrez y participa esporádicamente en misiones internacionales como observador electoral... No sé si todo ello explica el que no conozca a Pepe Benavente. Algo debe de explicar)

-Naycol, vamos a acercarnos al escenario porque me da que es él.

Y en efecto, allí estaba el Pepe más famoso de la TV Autónomica Canaria, haciendo retruécanos y meneando la cintura a ritmo de bolero en el escenario del Llano de Famara.

"Altamente surrealista" -pensé- "Como todo lo que ocurre en este pueblo"



Media hora antes mi primo Nico se había rociado la camiseta con Betadine (para darle más verosimilitud al disfraz de zombie) y yo me había puesto una gorra de flores y unas gafas plateadas (para que me entrara la gorra había tenido que quitarme, por cierto, la peluca rubia, tras treinta y dos días de exhibición ininterrumpida).

Ya estábamos, pues,  listos para darlo todo.


Por supuesto, como me temía, lo primero que me encontré fue a mis alumnos.

Nota aclaratoria nº1: A todo profesor/a le resulta incómodo tropezarse a sus alumnos/as mientras está de marcha. Se trata de una Ley Universal del Cosmos y las explicaciones son muy variadas (Montse: sospecho que tú eres una excepción ¿me equivoco?).

Nota aclaratoria nº2: Hube de aclararle a mis alumnos que lo de haberme quitado la peluca era algo meramente transitorio. Volvería a ponérmela en cuanto terminara el Carnaval.



El desfile no era el coso de Santa Cruz, vale, pero las carrozas, la batucada y la gente disfrazada animaron las calles de este pueblito surfero como si de Rio de Janeiro se tratara.

 

¡Y sí! ¡Es Lidel!

Cuando lo vi, jugando con los niños, me acerqué disimuladamente, sin pronunciar su nombre (el dueño estaba cerca), su verdadero nombre (el dueño lo llama de otra forma), y Lidel se abalanzó sobre mí, mientras me llenaba de lamidos y besos.

Menos mal que en esto apareció mi primo Nico, que aunque amante de los perros, iba disfrazado de zombie: Lidel huyó como de la pólvora, mientras ladraba, farruco pero en retirada. Conseguimos así que el dueño  (mi vecino) no se enterara "de lo nuestro".




¡Ni idea quiénes son éstos!

Uno en Carnavales se junta con lo peor de cada casa. Voy a imprimir la imagen y titularla: "Foto de familia: Family Monster".


Al final todo termina.

El Carnaval de Famara es un mes más tarde que en el resto del mundo. Al principio cuesta calzarse un disfraz con estos calores que preludian el verano. Es como comer peladillas en agosto. Pero al final uno se acostumbra, como a todo. El fin del Carnaval chicharrero produce melancolía y desconsuelo. (Y una monumental resaca). Menos mal que existe el de Famara, prolongación desesperada del primero, sucedáneo delirante y deliciosamente extravagante.

Los caleteros ya están, también, en Semana Santa. Su cuaresma es la más breve del mundo: sólo dura una semana.

Nota aclaratoria nº3: Este es uno de mis clásicos posts en los que hago una crónica fotográfica de alguna festividad, tradición o viaje. Como he querido cumplir con la legalidad vigente (con la Ley de Protección de Datos de Carácter Personal), según la cual no puedo sacar y publicar fotos o videos de personas que no hayan dado su consentimiento expresamente, me he visto obligado a sustituir las fotos originales por otras realizadas en los mismos lugares pero a diferente hora, cuando las calles estaban desiertas. Confío en que el cumplimiento de la ley y la adecuación a lo moralmente preferible no escatime o mengüe el interés de la crónica carnavalera.

domingo, 3 de abril de 2011

¿InTiMiDaD VioLAdA 1?



NOTA PREVIA: He decidido suprimir el video que encabezaba este post, en el que se veía y escuchaba a dos "chinijos" (así se llama en Lanzarote a los niños pequeños) comiendo pipas y filosofando. El video violaba la Ley de Protección de Datos de Carácter Personal, al no contar con el consentimiento de sus padres. El texto, la reflexión acerca de las dificultades de cumplir con esta ley con la llegada de Internet, sigue siendo válido, así que lo dejo.  

¿Les parece que debo eliminar este post?

Cuando oí la conversación que estaban teniendo estos niños, estos chinijos caleteros, no pude evitar coger la cámara para grabar desde mi toalla, como un espía, todo lo que se decían. 

En cuanto agucé el oído me sentí fascinado por poder ser testigo de esa concepción del mundo que tienen los niños y que tan bien se muestra cuando éstos hablan entre sí, y no con adultos. Además me sentí transportado a la infancia: a los días y vacaciones eternas, al ocio como lo más importante en el mundo, a ver la vida a un metro y poco del suelo. Pero tras haber editado el video he tardado bastante en decidirme a publicarlo en el blog.

¿Por qué?

En el post anterior aparecía Andriu haciendo el payaso en el Natural History Museum junto a unas niñas inglesas que habían ido allí con el colegio. Nadie dijo nada, nadie protestó por sacar a esas niñas en NaDa PeRmAnEcE sin su consentimiento. Y sin embargo es posible que a sus padres, en el improbable caso de que algún día se topen con este blog, no les haga ninguna gracia esa entrada.

En el pasado  a "mis gansitos" siempre los saqué desenfocados. Los estadounidenses son tan histéricos con los niños que me pareció que hacer que sus rasgos no se identificaran era la mínima de las precauciones. Ahora no sé si aquellos posts hubieran ganado más con las caras de mis alumnos al natural, mostrando a través de sus expresivas facciones sus sentimientos, ocurrencias y... en suma, sus "gansaditas".

Lo cierto es que hay un problema legal en todo ello. La Ley de Protección de Datos de carácter personal no permite publicar o difundir imágenes de menores sin su consentimiento. Cuando éstos son menores de 14 años serán sus padres quienes otorguen o nieguen dicho consentimiento.

Así que el video en el Natural History y éste en el muelle de Famara son claramente ilegales.

¿Qué hacer? Lo correcto sería hablar con los padres y pedirles su autorización para subir a la red estas imágenes de sus hijos...

Tan sólo tener que explicarles a los padres el asunto me da pereza (no se trata de un corto o una película o un anuncio, sino de un simple post). Y además ¿Es realista pensar que no tendrían inconveniente en hacerlo? Francamente, no. 

Imagínense la escena: Andriu se acerca al tipo de la bici y le aborda (después de haberse quitado la peluca rubia) y le explica que quiere subir a internet un video en cámara oculta que ha hecho de su hijo, en bañador, mientras mantiene una charla de carácter privado con otro niño en bañador.

Sinceramente, no me veo con tal capacidad de persuasión como para no salir con un ojo morado.

Así que... ¿qué hacer entonces? ¿renunciar a publicar todas aquellas fotos o videos en los que aparezcan menores identificables, a no ser que se obtenga por parte de sus padres una costosa o improbable autorización?  Si de lo que se trata es de cumplir con la ley... habrá que renunciar a ello.

 Sin embargo, como han repetido los internautas anti-Sinde a lo largo de los últimos meses, con la llegada de internet es imposible ponerle puertas al campo. En efecto, la red está llena de fotos e imágenes de menores que se envían, copian, publican, descargan y suben a través de blogs, periódicos, redes sociales o cadenas de mails. No hablo de imágenes vinculadas a la pornografía infantil, sino de fotos de niños de todo tipo. Apuesto a que es elevadísimo el porcentaje de esas fotografías que han sido introducidas o reutilizadas en la red sin autorización alguna.

Por ejemplo, ésta:



He escrito "Niños" en Google-Imágenes. Me han salido tropecientas mil fotos e imágenes de niños y niñas disponibles para hacer con ellas lo que crea conveninte. Pues bien, aquí está, colgada a NaDa PeRmAnEcE, esta fotografía. Los padres de los tres retoños seguramente dieron una autorización al fotógrafo para darle a la imagen un uso determinado (aun anuncio de cursos de verano, por ejemplo). Pero una vez que la fotografía se ha subido a la red, cualquier persona puede hacer con ella infinidad de cosas. Yo, por ejemplo, tan sólo la he utilizado como ejemplo de mi argumentación. Pero podría escribir un post explicando que estos son mis tres hijos, o hablando de la grave enfermedad de Tommy, o del ligero retraso mental de Carol, la niña rubia que está subida a la pela, o... ya pueden imaginar todo lo que se puede hacer jugando con la realidad y la ficción. 

¿Qué hacer pues? ¿Es correcto infringir la ley aduciendo que la intención con la que uno sube a la red este video caletero es inofensiva, o arguyendo que tiene un interés como documento audiovisual debido a su gran poder sugestivo y evocador? ¿Son esto razones válidas o una mera racionalización?

El domingo que viene eliminaré este post o lo dejaré tal cual está. Todo depende de lo que ustedes opinen al respecto. Así que, dicho esto, les reitero la pregunta del principio:

¿Les parece que debo eliminar este post?

viernes, 25 de marzo de 2011

eLeGaNciA bRiTáNiCa



A las escolares del Reino Unido no les interesa la vida y las ideas de los prohombres que apuntalaron el conocimiento y la ciencia de su país. Me acerqué a estas estudiantes con la intención de hablarles acerca de John Dalton, pero huyeron de mi explicación como de la peste.

Eso sí, lo hicieron con gran disimulo, sin grandes aspavientos, y haciendo gala de una prudencia circunspecta y sobria que me atrevería a calificar de muy británica.

domingo, 20 de marzo de 2011

SoY dALTóNiCo


De Londres me apasionan sus museos.

Además de inabarcables, son muy amenos e interactivos. A los escolares que lo recorren, libreta en mano, se les ve encantados, anotando datos que leen en los paneles informativos o que escuchan en un video. Los profesores los dejan danzar libremente por las distintas salas y galerías, pese a ser algunos de estos escolares muy menudos. Viéndoles me pregunté (con bastante escepticismo) si nuestros peques, en una situación parecida, darían muestra de semejante autonomía.



Esta chica está copiando un retrato de Tomás Moro (creo), en la National Gallery Portrait. La profesora les había dejado a sus alumnos elegir el retrato que más les inspirase y ellos se habían puesto manos a la obra, entusiasmados. Mientras ellos dibujaban, la profesora iba observando el trabajo y corrigiendo o aprobando el trazo de cada uno.

Yo quise ser uno de esos alumnos. 

En Londres los escolares visitan el British Museum, la National Gallery o el Natural History Museum. En Tenerife nos llevaban, en cambio, a la fábrica Danone y, con suerte, a la de Coca-Cola.


Pero afortunadamente de pequeño hice un viaje a Londres con mis padres y pude visitar este museo con apariencia de catedral: el Natural History Museum.

Y fue allí donde por primera vez supe que era daltónico.



Al volver hace unas semanas a este museo, le hablé a Olivia de aquella sección, dedicada al cuerpo humano, en la que hacía muchísimos años había sido incapaz de detectar unos números camuflados en un dibujo. Mi madre entonces me había dicho: "Hijo, puede que seas daltónico".

Eso cuadraba bastante con algunas anécdotas. Las discusiones en torno al color de un objeto siempre han sido una constanteen mi vida. Cuando se trataba de verdes, grises o marrones, yo notaba que me faltaba convicción en el modo de distinguirlos, identificarlos y nombrarlos.
Pero mi vida transcurría con total normalidad y aquello no alteraba en absoluto el día a día: no confundía el verde con el rojo en los semáforos, y distinguía claramente los colores puros y no mezclados, como el verde que tapiza el fondo de escritorio de mi blog.

En realidad, nunca llegué a estar seguro de ser daltónico. Aquel experimento había tenido lugar hacía muchísimos años, y no en la consulta de un oftalmólogo, sino en un museo. No había pues evidencia científica de mi daltonismo.




 ¡Hasta que, perplejo, volví a hacer hace unas semanas el test en el Natural History!

Yo iba pasando las diapositivas, mientras tapaba con la funda de la cámara la leyenda explicativa. Olivia entonces me preguntaba: "¿Qué ves?". Y yo decía: "Veo un 9". Y ella insistía: "¿No ves nada más?". Y yo: "Bueno, veo una ligera sombra junto al 9. Me parece un 5 o un 6, no estoy seguro". 

Y entonces leíamos la leyenda: 

"96: Probablemente tienes visión completa del color; 9 y un amago de 6: Probablemente tienes un problema en la percepción del color verde; 6 y un amago de 9: Probablemente tienes un problema en la percepción del color rojo".

¡Yo era daltónico!

No sabía si celebrarlo o entristecerme por ello, pero al menos ya no era una vaga sospecha, sino una evidencia.




Al llegar a casa investigué algo más en torno al mal del daltonismo, y consulté en internet varias cartas de Ishihara (como la de arriba), para confirmar mi diagnóstico.

Y efectivamente, pude comprobar que padezco un tipo de daltonismo por el que no distingo ciertas gamas de verde.

Al parecer, el ojo humano dispone de conos y de bastones. Los primeros son los responsables de la visión del color; los segundos, de la luz. Hay tres tipos de conos: uno sensible al azul, otro al verde y el tercero al rojo. Combinándolos somos capaces de percibir unos 20 millones de colores distintos. En la pigmentación de mis conos encargados del verde hay un defecto, que hace que confunda unos con otros.

El daltonismo es un defecto genético, y es más frecuente en los hombres que en las mujeres. Según la Wikipedia afecta al 8% de los hombres y al 0,5 de las mujeres. Ello se debe a que sólo se transmite por el cromosoma X y a que el alelo por el que lo hace es recesivo (un alelo es dominante cuando "se impone" al alelo contrario y se manifiesta en los rasgos físicos del individuo; si es recesivo, entonces no se manifiesta sino que se inhibe, a no ser que el otro alelo sea también del mismo tipo). Las mujeres tienen dos cromosomas X. Para que una mujer sea daltónica, los dos alelos ligados al rasgo de la visión del color han de ser propios del daltonismo. Esto es bastante poco frecuente. En el caso del hombre, basta con que su único cromosoma X tenga el defecto del daltonismo para que el individuo sea daltónico. Paradójicamente, las mujeres son las únicas que pueden transmitir el daltonismo a su descendencia (debido a que el gen del daltonismo "viaja" en el cromosoma que ella transmite, el X).

Si me he enrollado como una maraca, aquí tienes la explicación de la Wikipedia, más clara y concisa:

"El defecto genético es hereditario y se transmite por un alelo recesivo ligado al cromosoma X. Si un varón hereda un cromosoma X con esta deficiencia será daltónico, en cambio en el caso de las mujeres sólo serán daltónicas si sus dos cromosomas X tienen la deficiencia, en caso contrario serán sólo portadoras, pudiendo transmitirlo a su descendencia. Esto produce un notable predominio de varones entre la población afectada: el daltonismo afecta a aproximadamente el 8% de los hombres y solo al 0,5% de las mujeres".

La Wikipedia habla explícitamente de "defecto". Sin embargo, también dice:

"Aunque la confusión de colores entre un daltónico y otro puede ser totalmente diferente, incluso en miembros pertenecientes a la misma familia, es muy frecuente que confundan el verde y el rojo; sin embargo, pueden ver más matices del violeta que las personas con visión normal y son capaces de distinguir objetos camuflados. También hay casos en los que la incidencia de la luz puede hacer que varíe el color que ve el daltónico".



¿Qué querrá decir con eso de que somos capaces de distinguir los objetos camuflados?


¿Quiere decir eso que estamos mejor preparados genéticamente para encontrar a Wally?

En fin, haciendo virtud de la necesidad, proclamo:

¿Quién quiere poder distinguir 20 millones de colores si luego se pasa toda la tarde buscado a Wally y no lo encuentra?

viernes, 18 de marzo de 2011

AgEnDa VeRdE


Pese a estar ya a mediados de marzo, ayer me he comprado una agenda. 

Mi cabeza y el dorso de mi mano izquierda estaban llenos de recordatorios, apuntes, citas, tareas pendientes, pequeños proyectos que me veo obligado a postergar. Me he dicho: "Tu cabecita necesita un disco duro externo". Así que he entrado en una papelería y he preguntado por una agenda del 2011.

En la foto se puede apreciar que no es exactamente una agenda lo que me he comprado, sino un dietario. La dueña de la papelería no me supo explicar en qué se diferenciaba una agenda de un dietario: en ambos había un calendario inicial, una página en blanco para cada día y un santoral que me informaba que hoy, por ejemplo, es San Cirilo. En las últimas páginas había en cambio un apartado titulado "Resumen del Año". Pensé en las posibilidades literarias de esta sección final y me decidí a llevarme la agenda. Esto es, el dietario.

Ya en casa he sabido por el diccionario que un dietario es un libro de contabilidad, en el que se anotan los gastos e ingresos diarios de una casa. De ahí el apartado titulado "Vencimientos".

Da igual.

Poco importa si es agenda o sucedáneo.

Como le dije a la dueña de la papelería:

-Lo que importa es que es mi color favorito.

 

lunes, 14 de marzo de 2011

HoLiDaYs EnD


La semana pasada me fui a Londres con Olivia de vacaciones.



De las grandes ciudades me gusta el anonimato y la libertad con la que uno puede salir a la calle de cualquier manera. A este individuo (Joe) lo habíamos visto el primer día en Picadilly Circus, ataviado con ropa veraniega (pese al frío) y extravagantemente colorida.



Ello me llevó a querer emularlo, así que me pertreché de una peluca rubio platino y lo perseguí hasta darle alcance.



Joe y yo hicimos buenas migas. Él era consciente de lo estrafalario de su atuendo, así como de las miradas jocosas de los transeuntes con los que nos cruzábamos. Pero lo importante para Joe era sentirse bien consigo mismo y hacerse fuerte en su idiosincracia, en su forma de ser y de pensar. 

Joe se despidió de mí con las siguientes palabras: "Be yourself, my friend"


A la mañana siguiente decidí ir al supermercado con la peluca puesta.



Deseaba sentirme durante esos cinco días como un verdadero londinense. Y esa cabellera blonda me hacía más fácil vivir en la ilusión de que no estaba en Londres de paso, sino que había dejado atrás mi vida de profesor en Lanzarote y que mi sueño de poder vivir en esta ciudad grandiosa volvía a hacerse realidad.


Así que al salir del supermercado decidí pasar todo el día con la peluca puesta y hacer así vida de londinense.




Al principio la gente se me quedaba mirando, extrañada.


A principio la gente me rehuía, temerosa.


Pero pronto llegó un momento en que fui capaz de pasear por entre las calles más concurridas de la ciudad sin apenas llamar la atención. 

Joe me había dicho: "Todo está en tu interior. Sé natural. Sé tú mismo. Los humanos huelen el sentido del ridículo como los perros el miedo. No te dejes amedrentar. No hay nada de lo que avergonzarse. El rubio te sienta genial".


Así que llegó un momento en el que me olvidé de que llevaba una peluca puesta y empecé a fantasear con quitármela frente a un espejo y no reconocerme a mí mismo.


Olivia no conocía Londres así que visitamos los enclaves turísticos de rigor, a condición de que me permitiera hacerlo con mi peluca rubia.


Y sacarme con ella las tradicionales fotografías.




La guardia montada ni se inmutó, permaneciendo impávida ante mi ondulada cabellera oxigenada.


Y así pude disfrutar de la vida de Londres como un verdadero londinense: museos, fish & cheaps, parques enormes, tiendas espectaculares, arquitectura victoriana, gentes de todas las razas, colores y pelucas.


Poco a poco fui entablando relaciones con los nativos, y comprobando que Joe tenía razón: "Si tú estás a gusto, ellos están a gusto".


Fui muy feliz durante cinco días en Londres, aunque cada mañana la cama amaneciera revuelta de largos pelos amarillos. Pero todo lo bueno termina. Mi viaje. Mis vacaciones. Amanecer con Olivia sin horarios  cada mañana.

Hoy volví a despertarme a las 6:23 am para ir a trabajar. Hoy me tocaba quitarme la peluca rubia.



Pero no pude. 

Fui incapaz de hacerlo.

Tuve que presentarme delante de mi alumnos con la peluca rubia puesta.



Seguramente pensarían al principio que estaba loco. Yo trataba de explicar el idealismo trascendental de Kant con la mayor claridad expositiva posible, pero me desconcentraba percibir en la mirada de mis alumnos cierta ironía o guasa contenida.

 

Pero me acordé de Joe y pensé que no había nada de incompatible o incongruente entre mi atuendo y la actividad rutinaria a la que mis alumnos y yo estamos acostumbrados.



Traté de ser yo mismo, y de explicar a Kant lo mejor que sabía, olvidándome de todo lo demás.



Cuando pregunté a mis alumnos acerca de lo que había estado explicándoles me respondieron correctamente.

Ya nadie en clase se acordaba de que alguna vez tuve el pelo corto y castaño, ni de que no soy un londinense de paso en Lanzarote, ni de que me levanto todos los días solo, a las 6:23 am, para ir a trabajar...

viernes, 4 de marzo de 2011

gEnTe CoHeReNtE


El otro día leí en EL PAÍS, en la sección de Cartas al Director, la siguiente reflexión, de un tal David Otero:

Desde hace unos días, vengo viendo en la televisión unos anuncios en los que nos avisan de la importancia del reciclaje de bombillas y nos invitan a realizarlo para mejorar el medio ambiente. Me hace sentir extraño ver como alguien puede impulsar el reciclaje de un elemento fabricado por la industria que creó la obsolescencia programada, que no es más que reducir la vida útil de algo para mantener o aumentar sus ventas.

Si realmente los residuos de las bombillas son tan nocivos para el medio ambiente, en lugar de fomentar su reciclaje, deberían obligar a toda la industria a fabricarlas con durabilidad, y una vez logremos volver a tener bombillas casi perpetuas -hace 100 años era posible, ¿y ahora no?-, creo que podremos hablar de reciclar las que sufran algún fallo no programado. Reciclaje sí, tomadura de pelo no, gracias.

Me gustó la reflexión: concisa, clara y directa. Cargada de razón. Me gustó que lo de la obsolescencia programada comenzase a estar en boca de la gente, a conocerse, a nombrarse sin que sonase a  palabreja extraña o a concepto técnico.  



Por esas fechas estaba corrigiendo un trabajo de una alumna sobre el vegetarianismo. Se trataba de leer un texto en el que se ofrecían argumentos muy buenos en contra de la costumbre que tenemos los humanos de matar animales para comérnoslos. La última pregunta que debían responder los alumnos eran: ¿Te resultan convincentes los argumetos? ¿dejarías de comer carne?

La respuesta de la alumna a esta pregunta era la siguiente:

"No, voy a seguir alimentandome de la misma forma porque algunos vegetarianos como que no comen carne pero ,si se ponen ropa fabricada con pieles animales. O se es vegetariano en todo o se es en nada en la vida .Creo que hay que ser coherente en todos los aspectos"


 Hace unos días el gobierno anunció la medida de reducir el límite de velocidad máxima en España, pasando de 120 km/h. a 110. 

Las críticas de la oposición no tardaron en llegar: que si se improvisaba, que si no apenas se iba a notar, que si Papá-Estado... Aunque no hacía falta escuchar a la oposición para saber de antemano cuál iba a ser su reacción.

Más interesante me parece, en cambio, la reacción no ya de los políticos, sino de los ciudadanos, como tú, como yo, como mi alumna, o como David Otero, el de las bombillas. Escuchando en la radio la "opinión de la calle" decía un ciudadano, notablemente furioso:

"Si es verdad eso de que bajando la velocidad a 110 se ahorra combustible, pues que sean coherentes y bajen el límite a 90 o a 80"

Me sorprendió que también este ciudadano cabreado, como mi alumna, apelase a la coherencia.



 Pero a lo que me recordó el razonamiento del conductor furioso fue a otro repetidísimo por muchos fumadores descontentos con la ley antitabaco que desde el 1 de enero les prohíbe fumar en el interior bares y restaurantes:

"¡Ya que nos prohíben fumar en todos los bares, pues que ilegalicen el tabaco y santas pascuas!" 
Me imagino que habrás oído este mismo argumento hasta la saciedad últimamente. Al fumador agraviado sólo le faltó añadir que eso era lo que exigía precisamente la coherencia...

Te puede parecer que todos estos ejemplos no tienen nada que ver los unos con los otros. A mí en cambio me parece que apuntan a lo mismo.

Estos ejemplos nos enseñan que somos gente coherente.

Somos gente seria, comprometida con nobles causas o ideales. Haríamos cualquier cosa por defender esos valores: el ecologismo, la vida de los animales, el ahorro energético, la salud... Pero al decir "cualquier cosa" me refiero a verdaderas proezas y sacrificios, a empresas titánicas o de largo alcance. Los pequeños gestos, en cambio, las migajitas, los parches... eso no va con nosotros. Mejor no hacer nada antes que hacer tan poco. No debemos conformarnos con medidas tan tímidas. Dejemos pasar estas pequeñas olas de mentirijilla y esperemos a que llegue el gran tsunami, el verdadero giro de timón, el plan maximalista.

Lo demás son simples bagatelas, de gente mediocre, de gente incoherente.