lunes 13 de julio de 2009
miércoles 8 de julio de 2009
CoCo LoCo

A falta de calaveras, buenos son cocos.
El Cizañas sacó esta foto hamletiana en una playa del Pacífico, hace milenios.
Y es precisamente este coco el que ilustra lo que quiero contar, o no contar, en este post, o en este no-post: en este metapost.
Porque... ¿cómo seguir?
Llegué a Canarias. Volví. Viajé y regresé, de nuevo, a mis islas.
Hice todo lo que uno hace cuando pasa un año fuera de casa: di abrazos, besos, explicaciones, resúmenes; me reencontré con familiares, amigos, mascotas, casas, paisajes; hice gestiones.
Y mientras hacía todo esto sentía como si al hacerlo estuviese contrayendo una nueva deuda con el blog: la de contarlo todo.
¿A quién?
Me he dado cuenta de que durante este año en Estados Unidos mi relación con el blog ha cambiado.
En primer lugar, ha aumentado el número de personas conocidas que lo leen: colegas, amigos, antiguos alumnos, compañeros de trabajo, padres, primos, tíos, amigos de mis padres, blogueros que se han convertido en amigos virtuales, Gaby.
En segundo lugar, el blog ha desempeñado a lo largo del curso una función determinada: mantener el contacto con toda mi gente a este -ya sí- lado del Atlántico, narrarles mis vivencias e impresiones y saber de ellos a través de sus comentarios.
En tercer lugar, aunque relacionado con lo anterior, el contenido mismo del blog, de los posts que he ido escribiendo, ha ido cada vez más consolidándose en una misma dirección: la de una crónica del viaje o estancia en los Estados Unidos, plagada -eso sí- de discontinuidades, fruto de la falta de tiempo, pero expuesta casi en un orden secuencial y cronológico, como un relato.
Es decir, el blog ha aparcado o dejado de lado aquel espíritu un tanto anárquico en su temática e introspectivo en el tono, recorrido por el leit motiv del tiempo que se diluye como granos de arena en una mano abierta, para convertirse en una suerte de crónica de viajes por entrega.
Prueba de ello: en la barra de eTiQuEtAs, el número de posts con la etiqueta Living America asciende a día de hoy a 81, mientras que los etiquetados como Tempus Fugit, otrora mayoría, se han quedado en un exiguo 35.
¿Y ahora qué?
He sentido casi como una obligación la necesidad de continuar con este relato, de colgar fotos de Famara rediviva, de La Laguna imperturbable y señorial, del gato Mayco, avejentado.
¿Mas para quién?
¿Y por qué?
Ahora sólo la inercia de esta deriva que ha tomado el blog en el último año podría justificar el que siguiera escribiendo en él esta especie de diario o crónica de mis días.
¿Cómo seguir?
Tengo mil fotos en mente y en un disco duro, de toda índole.
Me quedan todavía muchas anécdotas que contar sobre el año en Tyler, varios temas por desarrollar.
Tengo ganas de leer y rendirle aquí homenaje -o lo contrario- a lo que leo.
No sé si me apetece romper el hilo conductor, la coherencia interna, la previsibilidad...
...y hacerlas estallar en una miscelánea de temas, fotos, opiniones, ficciones, extravíos, pasatiempos, borradores, dudas existenciales, citas, pasiones y visiones:
"¡Oh, coco caribeño! ¡Oh, alma dubitativa! Muéstrame el camino, la salida a este impasse. Ábrete en dos y muéstrame el elixir de la vida y de tu esencia, la savia del saber, la respuesta al ser y al no ser, al post y al no-post. ¡Coco caribeño, fruto de la divina Marquelia, comeré de tu pulpa sagrada y sabré entonces la respuesta a cómo seguir viviendo!"
domingo 28 de junio de 2009
martes 23 de junio de 2009
PaRaiSo nUbLaDo

Nuestro plan: pasar allí cinco días de descanso y paz, bañados por las cálidas aguas del pacífico.
Allí estaba Hermes, con sus cabañas de madera y hojas de palmera; con su hospitalidad sin tacha y su disposición a llevarnos en plena noche a ver el deshueve de alguna tortuga.
Allí estaba Olga, su hermana, con sus exquisitos guisos mexicanos y su conversación sin pausa.
Junio, época de lluvias, temporada baja.

¨De hacer túneles a dibujar sin rumbo en la arena, del infierno a la vida simple... Barcelona, qué lejos quedas de todo esto, de la naturaleza, de los cocos, de los baños en el océano: Vanesa ¿tú te vendrías conmigo?"

"Desconectar del estrés del museo, del teléfono que no para, del ritmo frenético del DF... y disfrutar de estos días con los nenes... qué cerca los tengo... por ahora"

"Tribu canibal, Patty, espero que me salga lo de las elecciones en Mexico, bruagg, 50 flexiones, Mensa a las 7 de la mañana, ¿y el año que viene?, a tomar por culo: ¡vive el paraiso!"

"No tenemos Risk, pero sí libros, cartas, ajedrez, mar, arena, amigos y mil alicientes para filosofar y construir una visión poética de la realidad... Hermes: ¿tienes leche condensada?"

No sé si el tiempo volaba o estaba estancado.
En el paraíso -incluso nublado- no corre el tiempo.

¿Acaso alguien tenía algo que hacer?
No: decidimos prohibir por decreto ley el verbo "tener que".

-La verdad es que se agradece que esté nublado el primer día, para no quemarnos como perros.
La frase del segundo día fue:
-La verdad es que se agradece que esté nublado el segundo día, para no quemarnos como perros.
La frase del tercer día fue:
-La verdad es que se agradece que esté nublado el tercer día, para no quemarnos como perros.
Claro que, salvo el primer día, lo decíamos de coña, conjurando con humor el mal tiempo.






"Qué burbuja la de esta playa, qué lejos queda Texas ya, qué lejos queda Canarias todavía, dónde estoy, da igual: ¿unas chelas?"
Nos levantamos con un bloque de cemento en el estómago, con cagalera y vómitos.
El agua tras la lluvia o alguna comida en mal estado nos sentó mal.
Olga me hizo un masaje en la cabeza: agradable, aunque insuficiente ante la fiebre y las náuseas.
Los paraisos, no por nublados dejan de ser paraísos.
jueves 18 de junio de 2009
RuTa OaXaQuEñA

Salvo el medio de transporte, todo recordaba a nuestros viejos interrails: abre mochila, cierra mochila, carga mochila... y una baraja para decidir -según la carta menor- quién lleva la mochila pequeña.

Paseamos por ella como por La Laguna, hablando de nuestras cosas, sin dejar por ello de ser sensibles a lo que el nuevo ambiente nos iba ofreciendo: con un pie en Canarias y otro en México, un pie en el pasado y otro en el presente.

Así: el Tule, en donde se conserva este inmenso árbol milenario, de inabarcable perímetro y frondosa copa.
La iglesia a su lado se me antojó de juguete: la Naturaleza, una vez más, empequeñeciendo al hombre y sus dioses.



















"El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos"
(El laberinto de la soledad; Octavio Paz)

Ya un poco huérfanos, sin hostal ni cuarto, matamos el tiempo en el parque Benito Juárez, héroe nacional.

(Eso sí: qué fácil es jugar a ser pobre)




Allí nos reunimos con los seres queridos, con el pasado de las pirámides, con los proyectos de futuro, con las quimeras mesoamericanas, con las conversaciones enrevesadas y con el dios Quetzalcóatl.
domingo 14 de junio de 2009
sábado 13 de junio de 2009
úLTiMaS SeMaNaS


Los apartamentos en Estados Unidos, por lo general, se alquilan completamente vacíos, sin amueblar. Por eso son tan comunes los garage sale, en los que uno vende de todo a precio de ganga.
La gente se muda y necesita venderlo todo, dejar el apartamento vacío. Al mismo tiempo, quien acaba de llegar necesita hacer el camino inverso: amueblar su nueva casa.
Fue divertido:
Raquel tenía una Biblia en venta: una edición de cuero muy cara y con estuche incluido.
Tyler no dejó de mostrar su esencia hasta el final: no importaba quien se acercara a nuestro puesto, lo primero que miraban y manoseaban era la Biblia de Raquel.
También fue lo primero que se vendió: la compró un chico de unos treinta años que se fue leyéndola, ensimismado.

Había que deshacerse de todo así que esta vez dejamos que el comprador pusiese el precio.
El resto lo regalamos.

También en lo emocional.
Disfruté de mis últimos días con los gansitos.




Aunque una cosa es verdad:
¿Sabrán mis gansitos lo que significa nunca?

Nunca supe porqué los llamaron desde un principio monitos.
Tampoco recuerdo cuándo, cómo ni por qué empecé a llamarlos yo también así: monitos.

Con las personas es diferente:
A ellas se les quiere.










