domingo, 10 de mayo de 2009

SiMpLe LiFe


Primero subo las fotos: es un proceso lento, casi siempre, que me desespera. A veces hay errores y salen del revés. No consigo voltearlas y he llegado hasta a sacar de nuevo la foto en cuestión para volverla a cargar en el ordenador. Otras veces, la conexión es demasiado lenta y las ganas de ponerme a escribir cuanto antes me superan.

Hoy he ido al Caffe Tazza sólo para descargar las fotos, pues tienen una conexión wifi que va a toda pastilla.

Después escribo.

El proceso es curioso: elijo el orden de las fotos con apenas un borrador en mente, un bosquejo del guión de lo que habré luego de contar. Este orden condiciona ya en parte la historia, pues intento que lo que cuento se compenetre con el soporte visual de las fotos. No obstante, el reino de la escritura es el de la libertad absoluta y una vez que comienzo a darle a las teclas todo puede ocurrir.

Eso es lo más que me gusta de esta aventura de escribir: me pongo a ello sin saber bien donde recalaré ni qué imprevisibles meandros habré de recorrer.

Y del mismo modo que en una novela resulta crucial su apertura, su primera frase, la sonoridad de la primera sílaba impresa, así también considero determinante la primera foto con la que se abre un post:

Simple Life



Llevaba un tiempo postergando esta historia, el relato de este fin de semana con Gaby en el pueblito de Jefferson.

Había sacado fotos curiosas y alguna que otra anécdota podría resultar divertida al narrarla retrospectivamente.

No quería que me ocurriera como con otros posts que, por falta de tiempo u ocasión, se habían quedado sin escribir.

Así que -como dije- me fui a un café en el que poder subir velozmente las fotos y me vine a casa, a escribir la historia.



Cuando uno escribe, creo, importa mucho más el tono con el que se dicen las cosas que lo que realmente se cuenta.

Es obvio: lo mismo ocurre en el lenguaje oral y con las relaciones sociales.

Primero subo las fotos, después escribo, pero antes, en medio de estos dos momentos, trato de buscar el tono.

Es como afinar el espíritu.

Es conectar con uno mismo, indagar más allá del pobre lenguaje y escrutar -asomarse a- ese fondo inefable de sentimientos, presagios y criaturas mentales que todos llevamos dentro.



La historia era bastante sencilla: un bed & breakfast, un pueblecito pintoresco de East Texas, una segunda visita a Caddo Lake, algunos fantasmas, Gaby y yo.



Las fotos que había subido en el Caffe Tazza hacía apenas unos minutos contaban ya, prácticamente, la historia por sí mismas.

Sólo faltaba sentarse y añadir desenfadadamente alguna breve aclaración a pie de foto.



Incluso casi podría decir que el tono del post estaba ya decidido de antemano.

No sólo porque esa era la idea previa que irreflexivamente me había forjado, sino debido a la naturaleza de las fotos: cielos azules y límpidos, casas solariegas de estilo colonial, rostros sonrientes, naturaleza cálida y exuberante, fantasmas de mentirijilla.

Casi estaba impelido a escribir desde un tono jovial y desenfadado: desde la superficie.

Hasta que esa foto del emblema del gallo, dando la bienvenida a los clientes del bed & breakfast donde nos quedamos, con su lema, lo cambió todo:

Welcome to the simple life

¿Por qué?

¿Por qué cambió todo la primera foto?

No sabría explicármelo aún, a esta altura del meandro...



En primer lugar, porque estaba Gaby, supongo.

Entre gansaditas y mexicanadas me las había arreglado para dejar en la recámara de NaDa PeRmAnEcE a esta mexicana con la que comparto casi todos mis fines de semana, entre otras cosas.

No escribir sobre ella, no atreverme a indagar en serio allá dentro a través de la escritura era en parte una forma de respetar su intimidad y no arrastrarla y exponerla al exhibicionismo sentimental de este blog.

Pero también era, en lo que a mí respecta, una forma de dejarme llevar por la inercia irreflexiva de los días y de comulgar con los preceptos de la simple life.



Luego estaba esa sensación de que no sólo esa estancia en el acogedor y recoleto bed & breakfast significaba el ingreso en la simple life, sino que todo el modo de vida americano era, en esencia, simple.

Uno sube las fotos, piensa en lo que quiere contar, pero luego encuentra un tono que le lleva a hacer un uso muy diferente al que había pensado de las fotos que ha subido.

Los texanos beben Dr Pepper con orgullo. Pese a ser todavía Coca Cola el refresco más vendido, Dr Pepper (que ocupa el séptimo lugar en ventas) es el más antiguo de todos: lo creó un farmacéutico de Waco en 1885.

La foto del enorme cartelón de Dr Pepper en Jefferson era meramente una estampa típicamente texana, con su apuesta por lo local e idiosincrático, con su toque retro en el diseño, con los leños apilados recordándonos el carácter eminentemente rural de este Estado y de este país.

Pero ahora -por culpa del gallo- se me antoja una caricatura de la vida simple americana, entregada de lleno con pueril pasión al consumo, ciega ante los cantos de sirena de la publicidad, imbuida en un universo falaz y simplificado en el que todos los valores y facetas de la vida se explican, resuelven o traducen en un nuevo objeto de consumo, en nueva mercancía.



El gallo era probablemente, quién sabe, una invitación a salir y escapar de este círculo vicioso del consumismo.

Una invitación al reposo del ocio, a la tranquilidad de la lectura, a la cercanía con uno mismo y con el resto de humanos que nos rodean, a la contemplación de la belleza de la naturaleza, del mundo y de la vida.

¡Pero esto es precisamente lo que carece de toda simplicidad!

El gallo, la foto del gallo, la publicación de la foto del gallo, me ha hecho pensar en que lo verdaderamente simple es el modo de vida americano: atrapados por el trabajo, embaucados por el señuelo de los objetos sublimados del consumo, apenas tienen tiempo u oportunidades de trascender y complicarse -es decir, enriquecerse- la vida con libros, personas y momentos para intentar comprender mejor un poco más el mundo.

Quizás soy injusto con ellos, como cada vez que uno opina, pero a veces tengo la sensación de que sus sentimientos -de amor, de miedo, de dicha- son importados y prefabricados, como las risas enlatadas de las teleseries. Esa sentimentalidad exacerbada se me antoja a menudo una reproducción mimética y en serie de los ejemplos de la industria audiovisual, que nos hace a todos semejantes y a ninguno único y genuino.

Y como contrapunto al amor a los objetos la simple life sólo nos ofrece como única opción de trascendencia una religiosidad extrema, sensiblera y pueril que lo inunda todo: particularmente, esa actividad tan típicamente humana que se desarrolla en el neocortex y que los filósofos y otros expertos llaman pensamiento racional.



Claro que una cosa y la otra, religión y consumo, casi siempre van de la mano, en esta versión americana de la simple life.



Mientras tanto, mi vida en Estados Unidos ha seguido ese mismo patrón de la simple life.

Y en lo que a mi relación con Gaby se refiere ese viaje a Jefferson -los dos lo sabemos- marcó un antes y un después.



Miro las fotos, leo lo escrito y me sorprendo de cuánta distancia puede abrir entre ambos el tono con el que uno va afinando el relato.



Aquí debería estar contando cómo le sugerí pasar el día en Caddo Lake, que ella no conocía y que se hallaba a pocas millas de Jefferson.

Cómo remamos durante 40 minutos desde el embarcadero hasta un recodo en el que dejamos la canoa y desde el que empezamos a caminar.



Aquí debería estar nombrando la ruta a pie hasta ese enclave del bosque...



...en el que hicimos este almuerzo campestre con quiche Lorraine y sin mantel a cuadros.



Pero ahora que el kikirikí de la simple life lo inunda todo por dentro, me resulta difícil -tedioso- detenerme en esta secuencia inicialmente prevista de la narración.



Me resulta ahora secundaria la anécdota de la canoa, que en un primer momento -ya desde antes de llegar al Caffe Tazza esta mañana- imaginé como el momento dramático -y cómico- por excelencia del post.

Ya ha perdido la frescura y la importancia para mí relatar el modo en el que posamos frente a la canoa como auténticos navegantes profesionales.



El modo en que nos creímos señores de las aguas dulces y pantanosas, expertos del remo.



Y el modo en el que la canoa volcó imprevisiblemente con los dos dentro, mojándome yo por completo y dislocándome -una vez más- el hombro izquierdo.



Quiero terminar ya, volver otra vez al meollo de la simple life, en donde presiento se han quedado por decir algunas cosas.

Quiero que termine ya esta secuencia de fotos que subí con un estado anímico un poco más trivial.



Fotos que hablan por sí solas y que no me necesitan para nada.



Rema, Andriu, salte ya de ahí, de esa excursión divertidísima y accidentada a Caddo Lake.

Rema hacia esa misma noche en Jefferson, hacia esos acontecimientos que de verdad importan y quieres contar.

Rema y salte y escapa de la simple life.



Porque fue aquí, en este bed & breakfast, cuya puerta de entrada escolta un gallo sabihondo, donde presiento ocurrieron cosas -entre Gaby y yo- que me importan más que todas las anécdotas y destinos turísticos de la simple life.



Pues mi vida, como dije, en este país, ha sido casi tan simple como la de los americanos:

Me he comprado un jeep enorme que me encanta, con el que voy a todos sitios, sin reparar mentalmente ni un segundo en eso de la capa de ozono; esa quimera.

No reciclo nada.

No leo prensa, ni americana ni española: hace tiempo que no me siento tan ignorante acerca de lo que ocurre en el mundo.

Los libros que me he leído este curso los puedo contar con los dedos de una mano.

Trabajo muchas horas al días y mi grado de autorrealización no es muy alto.

Vivo dentro de la burbuja americana.

Y por último: hasta aquella noche en Jefferson mi relación con Gaby fue ante todo simple.



Antes de que estallara todo (antes de hablar) hicimos el tour guiado por el fantasmagórico Jefferson.



El pueblo es famoso por sus bed & breakfast, por sus edificios históricos (aunque más historia tiene la casa de mis padres en La Laguna) y por la insólita concentración de fantasmas que alberga.



Recorrimos el pueblecito a oscuras y con un grupo de americanos simples que habían venido desde distintas partes del Estado buscando experiencias paranormales.

Todos sacábamos fotos, con la esperanza de pillar in fraganti a alguno de los históricos fantasmas cuyas vidas una guía con falsa fachada de escéptica nos iba narrando amenamente.

La creencia en fantasmas se asemeja mucho a la creencia en dioses: no me extrañaría nada que USA fuera uno de los países con más fantasmas en el mundo.



Pero lo que de verdad importa -¿verdad?- fue darnos cuenta de cómo habíamos pasado Gaby y yo los últimos meses.

Lo de los fantasmas tenía su interés: fue una ocasión más para practicar inglés, para conocer algo acerca del pasado de este pueblucho de East Texas y para bromear con Gaby asegurándole que quién le acababa de pellizcar el culo había sido un espíritu travieso.

Mas lo importante fue darme cuenta de que habíamos pasado algunos meses sin haberme complicado ni siquiera un segundo mi vida simple parándome a pensar en lo que sentíamos el uno por el otro.



Esa noche lo hablamos.



El pueblo seguía estando lleno de espíritus y fantasmas del pasado.

Pero allí sólo estábamos vivos ella y yo.



Aquella noche en Jefferson, rodeados de algunas de las casas encantadas más aterradoras del Estado, Gaby y yo rompimos la inercia de las relaciones fáciles y simples, atreviéndonos a ponerle nombre a los sentimientos, con mejor o peor fortuna; enfrentando, no ya fantasmas de sábana y bola ni licántropos sino ese miedo a ser sinceros y transparentes con las personas queridas.



Desde entonces, pese a que el final se avecina y no estará exento de drama, nuestra relación es menos simple; más sutil, cercana y auténtica.

Más compleja, también, supongo.

Eso quizás es lo que no nos perdona el fantasma de Jefferson.

Ese fantasma simple y rencoroso que por no haberle hecho caso se desplazó a Caddo Lake y nos tiró de la canoa.


16 comentarios:

Anónimo dijo...

prefiero no buscar la conexión entre love story + simple life...aunque tendría su punto.

I don't believe in fretting and grieving
why mess around with strife?
I never was cut out to step and strut out
give me the simple life
Some find it pleasant dining on pheasant
Those things roll off my knife
Just serve me tomatoes and mashed potatoes
give me the simple life.

POS ESO.
Un abrazo,

Rbc

Bridge:

A cottage small is all I'm after,
Not one that's spacious and wide.
A house that rings with joy and laughter
And the ones you love inside.

Some like the high road, I like the low road,
Free from the care and strife.
Sounds corny and seedy, but yes, indeed-y;
Give me the simple life.

Montse dijo...

Tengo que leer todo de nuevo porque no me entero del todo. ¿Estás enamorado?, ¿lo está ella?, ¿lo estáis los dos?, ¿dices que sabe que va a acabar y te quedas tan tranquilo?, ¿en todas tus dudas profundas acerca de quedarte o no, no dijiste nada de la existencia de ella?, ¿su existencia no concidionó tu decisión? No te entiendo, ¿en lugar de corazón tienes una máquina?

O no me entero bien o esto es de locos. Volveré con tiempo, me tengo que ir al instituto porque esta tarde los de 2º de bachillerato se examinan del último examen de Filosofía, ética de Kant, Ilustración y Habermas.

Un abrazo y viva el amor!!!!!!

MARONINI dijo...

Montse, me pareces muy dura con el niño. Que nosotros no supiéramos, o que no lo comentara antes por estos lares no significa que todo sea tan sencillo ni nos da derecho a sacar conclusiones sobre la marcha. Lo que ahora expone de una manera sesgada tendrá mil vueltas de tuerca.

Bien sabes, porque lo conoces, que Andrés tiene corazón, de todas formas en lo de: ¡viva el amor! no puedo estar más deacuerdo contigo. :-)

Saludos a todos.

Yaiza dijo...

Durante unos minutos he pensado en el comentario que iba a escribir, pero se trata de un tema tan personal que siento pudor a la hora de opinar o de preguntarte cosas. No nos tienes acostumbrados a esto en este lugar, así que, querido amigo,esperaré a tu vuelta, para que me lo cuentes todo con pelos y señales...y asi poder darte un cogotazo a gusto (si es que te lo mereces)o bien un masaje cardiaco para reanimar tu corazón (los boca a boca te los buscas tú solito por ahí)o una palmadita en la espalda.
Aunque reconozco que, en asuntos amorosos, contigo tengo tendencia a lo primero. Pura inercia de Celestina. No obstante, en caso de cogotazo prometo avisar para que puedas enterrar la cabeza cual avestruz.
Besitos nene

Yaiza dijo...

Por cierto, por una vez me voy a permitir criticar un post tuyo: me ha parecido confuso. No se sabe muy bien de qué narices hablas, ni qué estás pensando...te vas por las ramas con tu simple life, dejando al descubierto tu complicado mundo emocional. Pero no viene mal un post enmarañado. A veces tus relatos resultan tan perfectos y agradables que da rabia tener un amigo tan brillante. Que conste que te lo digo desde mi admiración como lectora.

También me ha gustado que al fin escribas sobre ella, bueno, al menos has dejado caer que existe. Es señal de reconocimiento.

Más besitos pa ti!

Montse dijo...

Ahora lo he entendido un poco. ¡Viva el amor Andriu! Y ya sabes lo que decía Silvio al respecto:

"La cobardía es asunto de los hombres no de los amantes, los amores cobardes no llegan a amores ni a historias se quedan ahí, ni el recuerdo los puede salvar ni el mejor orador conjugar".

Te preguntaría algunas cosas, pero luego me dicen que soy dura contigo, así que no te preguntaré nada.

Un abrazo y complícate la vida.

Montse

Andriu dijo...

Vaya, no sé que decir: me sentí un poco extraño cuando Montse me llamó hombre de hojalata y Yaiza me amenazó con capones. De hecho, me sentí un poco extraño nada más publicar el post, por estar contando -aunque elíptica, críptica, veladamente- intimidades sobre Gaby y yo. Esto es demasiado exhibicionismo, pensé. Tú lo dijiste, Yai: "no nos tienes acostumbrados a esto en este lugar". Creo que no volveré a reincidir. En cualquier caso, me siento más reconfortado después de saber que Gaby lo ha leído. Me he quitado de encima la desagradable sensación de estar escribiendo "a sus espaldas".

Rbc, gracias por el acompañamiento musical y por no meter cizaña con lo de las iguanas...

Montse, no: si te contestara AQUÍ a esas preguntas sí que sería (o tendría) una máquina.

Maronini, gracias por el cable y la empatía.

Yaiza-tina, qué bien me conoces. En cuanto al post es en sí, es una mezcla de cuatro temas: a) el relato de un finde con Gaby en Jefferson y Caddo Lake; b) una "investigación" personal en torno al proceso de escritura de un post; c) una reflexión sobre el modo de vida americano, del que he sido partícipe; d) Gaby. Quizás querer mezclarlo todo y que ello fluyera sin demasiada planificación, casi como dejándome sorprender por lo que fuera saliendo, hizo del post esa cosa enmarañada que has leído.

Montse (segunda lectura), gracias -también- por la de Silvio.

Gaby, bienvenida. Tenerte por aquí me gusta: nos acerca más y reducirá la a veces esquizofrénica distancia entre Andriu y Andrés.

Un abrazo a todAs.

pd: ¿no hay hombres por aquí? Tan rodeado de mujeres, me siento entre acorralado y maternalmente protegido.

Anónimo dijo...

Hola a todas,
pues soy la "famosa" Gaby que ayer descubrio que parte de su intimidad era descubierta en este blog. Ya me habian pedido permiso para esto aunque no tenia idea de lo que se iba a escribir.
Ha sido una aventura que, a traves de los meses, ha pasado por varias etapas a pesar de la distancia entre Dallas y Tyler y a pesar de las distancias de nuestras culturas y creencias. Tienes razon Andres, esto se ha vuelto mas autentico aunque cuando viviamos en la simplicidad estas cuestiones del corazon no nos molestaban tanto. No me atrevo a escribir del final porque es demasiado intimo y es algo que se queda entre tu y yo pero todas las muchachas (no dejare de ser mexicana con esta palabra ;)) coinciden en lo mismo que yo: viva el amor aunque me llegue de una forma que no me convenga tanto...pero sabes que la acepto, respeto y disfruto.

Un beso y saludo a todas!!!
Gaby

pd. disculpen la falta de acentos pero mi laptop esta en ingles y es un poco complicado cambiar el idioma del teclado.

El Cizaña dijo...

Yo también lo leí, pero a ver quién se atreve a llevarles la contraria...
jeje

Yaiza dijo...

Hola Gaby!!! Qué alegría leerte!!! Aunque no nos conocemos personalmente hace tiempo que ambas sabemos de la existencia de la otra (eso espero Andriu). El caso es que no quería dejar de saludarte!!!
Un beso y que viva el amor!!!

Y.

Anónimo dijo...

Hola Yaiza...si, ya sabia de tu existencia y tambien me da gusto saludarte aunque sea un poco raro hacerlo por este medio. Y si le vas a dar un golpe procura que no sea muy fuerte, jajaja.
Un beso!

Jueves dijo...

¡Requetebienvenido a la complejidad, Anrew!... ¿Dónde ibas a estar si no?... Que sigas disfrutando de todo y que nosotros continuemos siendo espectadores de tu inteligencia y de tu sensibilidad. ¡Gracias y gracias y gracias!
"No es fácil", como dicen los cubanos...
Gaby... ¡qué envidia!... :)

Un abrazo

Santi dijo...

no pensaba escribir....y la verdad es que no se bien que decir....de hecho he pasado directamente del blog a los comentarios...son interesantísimos....nene, cualquier cosa que te pueda decir la habras oido cinco millones de veces....y no me atrevo a mostrar el mismo valor que tu dejándome fluir, éste es tu blog...y dejando a un lado lo serio está que ni pintado para hacer salir a Torrente...pero dejalo estar. Un beso

Santi dijo...

Acabo de leer el post...y ahora más que nunca me jode que no vayas a leer los comentarios a toro pasado....chacho!!!! no me parece ni frio, ni hojalta ni acero, ni maquina ni ná...de lo mas normal del mundo, sencillo y casi hasta diría que lejos de una "cierta" capacidad analítica que tienes tu....vamos que a raíz de los comentarios, casualmente femeninos, pensé que te habías tirado por un precipicio emocional....y es la bajadita de toda la vida, la que tantas veces hemos compartido.
Un abrazo.

Andriu dijo...

Yaiza, Gabi. Gabi, Yaiza... Ah, perdón: ¡ya se conocen! Jajaja.

Jueves, requetegracias por esos cumplidos: cualquiera juraría que eres americana.

Santi, siempre leo los comentarios, aunque sean de un post de hace 2 años: me llegan al mail. Es verdad que a veces tardo más en responder de lo que querría. Sí, son interesantísimos los comentarios, como dices: bien meditados algunos de ellos. Team work. Muchos me hacen cuestionarme muchas de las cosas que escribo, ergo pienso. A Torrente mejor acállalo, que saldría apaleado. Ya ves que hasta el Cizaña no se ha atrevido a meter baza.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

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