miércoles, 11 de noviembre de 2009

SiN DiOs 3


Si me levanto y en el baño hay dibujado un arco iris en el lienzo de azulejos de la pared no pienso en dios, pero sí veo una señal, un misterio, un enigma en ese haz de luz de colores: algo que se me escapa.

Se me atoja entonces que a la explicación de Newton también se le escapa un misterio, un enigma, una señal.

Descubro en mí ante ciertas situaciones y espectáculos del mundo una suerte de religión personal.

Me hice la promesa a mí mismo, delante de la pulsera, como quien jura fidelidad en el altar, en la salud y en la enfermedad:

-No te la quites nunca, deja que se caiga sola.

Intuyo que en el fondo había una fascinación morbosa por el desgaste inexorable del tiempo, una especie de reto o apuesta contra Cronos.

Pero también una petición indeterminada y ambigua, difusa como el deseo de quien sopla las velas de su propio cumpleaños o quien engulle las 12 uvas de un tirón.

A veces lanzo plegarias al viento, a un dios que no existe, sin destinatario claro y sin preocuparme demasiado por concretar el contenido de la súplica:

-Que me vaya todo bien.

Para especificar y entrar en detalles ya están las Cartas a los Reyes Magos.

(o las listas de boda)

Pero otras veces mis solicitudes son concretas y detalladas como un contrato legal:

Hace un mes en Barcelona, arropado por dos testigos, con el pie dolorido y lleno de ira ciega contra el absurdo del mundo y contra la dermatología, hice un pacto con lo divino, con el haz de luz, con mi dios de cabecera:

-Si en Navidades ya no tengo el (puto) papiloma prometo que de aquí a dos años me hago el camino de Santiago.

La religión, como la magia, no es más que un mercadeo -una transacción comercial- con lo divino.

Así que me sorprendo a veces a mí mismo creeyendo a pies juntillas en un universo mágico, encantado y con sentido.

Así por ejemplo cuando pienso en mi propia felicidad.

Si me hundo en la miseria nunca me cuesta demasiado volver a salir a flote, renacer.

-¿Qué tonterías estás diciendo? ¿qué miseria? Mira a tu alrededor...

Nada como un par de razonamientos optimistas sacados de aquí o de allá como para salir a flote:

-Ya llegarán tiempos mejores, ya se te compensará, esto no puede durar mucho más.

Pero también a la inversa:

Cuando la vida me sonríe y mi corazón reboza dicha y sólo me sale un doble seis a los dados...

(Uff)

...entonces un presagio funesto recorre mi espinazo como un relámpago:

-Ya pagarás por esto, ya llegará tu expiación.

Y es que las penas y las alegrías se compensan y equilibran en esta religión en la que a la postre se imparte justicia:

-¿Les suena?

Y sin embargo no estoy bautizado, ni voy a la iglesia ni sé persignarme ni nada de nada.

Ni creo.

Pero descubro en mí mismo un lado irracional, supersticioso, encantado.

Mis tics y mis manías de la infancia y de la adolescencia se han transformado. Ya no las exhibe obscenamente mi cuerpo, sino que han pasado a ser tics mentales: religión.

¿Qué son las religiones sino grandes tics mentales sistematizados e institucionalizados?

Este mundo sin dios me maravilla y me asusta al mismo tiempo.

Yo también -como Silvio- tengo miedo y me alimento de fantasmas.

Yo también percibo signos, señales y enigmas casi cada mañana.


33 comentarios:

Chelucana dijo...

Pues eso... creando a dios (sin mayúscula) desde la tábula rasa. Humanos somos, tan singulares como idénticos, complejos y simples al mismo tiempo. Partimos de lugares distintos para llegar al mismo destino que, sin embargo, miramos con ojos diferentes... Difícil de entender, sí :-)

Enganchada a tu blog.

NaDa PeRmAnEcE, sAlVo LoS sEgUiDoReS, pOrQuE nAdA eS pReViSiBlE

dra jomeini dijo...

Uf, Andriu, a mí se me ha ocurrido contar una anécdota religiosa y se me ha montado la repanocha en el blog...y tú aquí presumiendo de que no hay Dios y nadie se te subleva. Si es que nos tienes amaestraditos...

Montse dijo...

Dra. Jomeini, es que Andriu tiene la habilidad de decir cosas que dichas por otros crearían polémica y si las dice él nadie se molesta. Será el estilo, la dulzura, la estrella que tiene, yo qué sé, pero es cierto lo que dices.

Andriu, a mí también me pasas eso que describes: Cuando la vida me va genial, siento que pronto llegará algo que fastidie todo. No sé, es como si una tuviera que sentirse culpable por ser feliz, como si tuviéramos que pagar un impuesto revolucionario por ser felices. Yo lo he achacado al peso de la educación cristiana que yo al menos he recibido, parece que el sufrimiento es lo que nos hace dignos, ¡qué losa nos cayó encima!

Con respecto a lo de las creencias, parece que el ser humano inevitablemente tiene que creer en algo: Un Dios, La Razón, La Ciencia, El Destino... lo que sea. Quizá es la necesidad que tenemos de buscar algo en lo que apoyarnos, en lo que tener cierta seguridad. De hecho, algunas creencias están tan arraigadas que ni siquiera somos conscientes de que las tenemos. Por eso decía Ortega en IDEAS Y CREENCIAS eso de que las ideas las tenemos y las creencias somos. Es interesante, te lo recomiendo su lectura.

Un abrazo y valentía, no hay que tener miedo de ser feliz porque no hacemos nada malo por serlo.

Montse

El Cizaña dijo...

El post me hizo recordar un cuento oriental que habla de relativizar alegrías y tristezas, pero no sé si será demasiado grande para escribirlo aquí...

Anónimo dijo...

Sí, es verdad, yo también soy de la liga de los recelosos, y cuando estoy muy contenta empiezo a sospechar ("a ver lumbrera, recapitula, que seguro que hay algo por ahí muy pero que muy jodido de lo que todavía no te has dado ni enterao").
Lo bueno es que esta dialéctica también funciona a la inversa, y una tapita de ibérico con un buen vino alumbra los pensamientos más sombríos. Y bueno, tampoco vamos a ponernos tan exquisitos, que para eso soy muy elemental y cualquier tontería es capaz de aniquilar los momentos tristones.
Claro, bien diferente es cuando la situación es una mierda de las potentes, una desgracia de las de verdad, pero entonces yo creo que lo mejor es darle un enfoque práctico a la cosa: deslomarse por lograr que la catástrofe en cuestión se sobrelleve lo mejor opsible y aligerar las consecuencias...y no sobrecargarse con la búsqueda incesante de razones. Volcarte tanto físicamente que no te quede ni un átomo de energía con la que arrasarte en reflexiones.
rbc

Anónimo dijo...

yo tampoco soy religiosa, pero sí q me apasiona la ciencia, por ser lo más parecido a la verdad que conozco.
Rbc

Anónimo dijo...

y las astronomía. Pura mecánica.
Y la filosofía (aunque de esto no voy a hablar, que menudo repaso me puedes pegar. pero de siempre me han encantado las peonzas, ponerlas a bailar y quedarte hay un buen rato haciendo el canelo, mirándolas girar hasta que empiezan a tambalearse y finalmente caen)
Rbc

Anónimo dijo...

AHÍ
rbc

Anónimo dijo...

Prometo que a partir de ahora repasaré la perogrullada antes de lanzarla. A ver si soy capaz.
Rbc

Anónimo dijo...

Yo también he hecho un pacto conmigo misma: no escribir nada en las entradas del petardo de Silvio...pero mira que provoca el muy ca_ _ _ _ (cachondo, el muy cachondo)
Rbc (me callo ya)

Andriu dijo...

Chelucana: creo que te pillo. O al menos me veo identificado en eso que nombras para describir a los seres humanos: complejos y simples al mismo tiempo.

Dra jomeini: vaya, será quizás porque aquí se ha juntado azarosamente un grupúsculo de incrédulos y escépticos... Si necesitas un cable avísanos.

Montse: gracias por lo de la dulzura, será que escribo con acento canario. Tienes razón en lo de la herencia cultural del cristianismo incluso en ateos o agnósticos confesos. Por eso me parece tan importante ofrecer una Historia y Cultura de las Religiones para todo el alumnado. Y sacar de la escuela pública la asignatura de Religión Católica y demás variantes de índole confesional (Eso sí: todo ello dicho con la melosa sonoridad del acento canario, jeje). Y sí, todos tenemos creencias en el sentido orteguiano de la palabra. Lo bueno de un blog es que a uno le sirve para hacer arqueología de estas creencias en uno mismo, y encima le ayudan.

Cizañas: ¿demasiado largo? La economía de espacio aquí no es un pretexto, mírame a mí si no cuando me entusiasmo. Eso sí, tendrás que dividir el texto posiblemente en varios fragmentos y publicarlo en comentarios diferentes. Si te apetece, of course.

(Rbc te ha hecho un tutorial al respecto aquí mismo, je je)

Rbc: en ese recetario para la felicidad yo no descartaría tan rápidamente esa tapita de ibérico y ese buen vino. No entiendo lo de "AHÍ" ni cuál es la perogrullada. Te apasiona la astronomía; espero que te gustara "Ágora".

Un abrazo.

Montse dijo...

Andriu, el AHí de Rbc va por lo de la peonza, que tuvo un lapsus y se le escapó un hay por un ahí (quedarte ahí un buen rato, sería).

Rbc, si no dices nada habría pasado casi desapercibido, no se puede ser tan buena gente que nos las dan todas en el mismo lado.

Un abrazo, Montse

Anónimo dijo...

Es curioso, siempre me han dicho que ese sentimiento de culpabilidad que uno tiene procede de la educación religiosa que hemos, y yo también, recibido. La culpabilidad de no faltar al trabajo, tengo que estar pero que muy enferma para no ir, no me puedo quedar en casa con la conciencia tranquila si me levantara de la cama. Es verdad que cuando uno piensa lo feliz que es por no tener ninguna desgracia, siempre pienso que pueden venir... Si, ya llegarán. A pesar de que ahora y desde hace mucho años no tengo religion, ni dios, la ciencia me lo explica casi todo, estos sentimientos permanecen. Pero claro me sorprende que Andriu sin ninguna educación religiosa, ninguna, que confundía una procesión, con la romeria o la cabalgata, puedas tener esas sensaciones que siempre se han achacado a la educación religiosa.
La verdad, soy muy ignorante en temas filosóficos, y no acierto a ver respuestas.
Besos.
Castora.

Yaiza dijo...

A mí me pasa lo mismo (y también soy atea). He pensado muchas veces en ello, no sólo cuando las cosas me van bien. Alguna vez me he sorprendido justificando la mala suerte en algo en plan "bueno, no todo puede ir bien...es normal que algo me falle".
Creo que esa necesidad de fe, reside en que el ser humano, a través de la razón, es capaz de pensar en el futuro. Proyectamos continuamente y con nuestro proyecto se crean las esperanzas. La fe no es otra cosa que la esperanza de que todo salga tal y como hemos planeado, cuando lo cierto es que sólo somos dueños de nuestro presente. El futuro genera cierta ansiedad, porque es incierto, así que necesitamos creer que las cosas saldrán tal y como queremos para eliminar esa ansiedad.
A alguno le sonará eso del "poder del ahora"...que implica la ausencia de tal sobre el pasado y sobre el futuro.



Un saludo.

PD: En este tipo de foros siento cierto rubor al exponer mis reflexiones "filosóficas" porque yo, de filosofía no sé casi nada.

Montse dijo...

Yaiza, rubor ¿por qué?, ¿acaso alguien sabe?, el mismo Sócrates decía eso de "Sólo sé que no sé nada" y es precisamente el reconocimiento de nuestra ignorancia lo que nos pone en predisposición de empezar a saber. Así que rubor ninguno, que aquí somos todos ignorantes.

Un abrazo, Montse

Gaby dijo...

Es curioso, hay un dicho que describe muy bien esto de la culpabilidad: "No hay felicidad completa", aunque no haya uno para la tristeza o fatalidad. Al parecer el hombre (religioso o no) no sabe gozar de épocas o instantes de gozo sin pensar que la vida te va a cobrar cada uno de estos momentos.
No sé (y me uno a los que no saben de filosofía que yo también soy ignorante en estos temas) pero estoy empezando a creer que en nuestros genes corre la culpabilidad como parte del ADN. Y en el momento que comienzas a gozar te vuleve esa punzada que te pide compadecerte por todos aquellos que sufren.

(Aunque el irme de viaje y dejar a mis niños de 4to tres días con una sustituta NO ME DA NADA de culpabilidad, jajaja)

PD. "No hay mal que dure cien años" (un rayito de esperanza!)

Gaby dijo...

Sorry, repetí gozar y gozo en la misma oración...justo lo que no dejo hacer a mis estudiantes. Mal, mal.

El Cizaña dijo...

Me gustan estas palabras de Rbc:

"deslomarse por lograr que la catástrofe en cuestión se sobrelleve lo mejor opsible y aligerar las consecuencias...y no sobrecargarse con la búsqueda incesante de razones"

Aunque creo que no debemos llegar a deslomarnos o a la extenuación física para acallar la mente en su búsqueda de razones o culpables.

Yaiza, dices bien que el único momento que tenemos realmente es el presente. Sin embargo añades:
"necesitamos creer que las cosas saldrán tal y como queremos para eliminar esa ansiedad" ; "La fe no es otra cosa que la esperanza de que todo salga tal y como hemos planeado"

Por mucho que planifiquemos el futuro, nunca saldrá tal y como lo hemos "planeado". Aunque logres calmar la ansiedad convenciéndote de que va a ser así, chocarás con la realidad una y otra vez. Y la ansiedad volverá.
Sólo podrás calmar esa ansiedad aceptando el fluir de las cosas, actuando cuando debas, pero en los momentos presentes, que son los que te llevan al futuro.

Esto no significa que debas ir por el presente sin rumbo alguno. Ten presente el faro que te alumbra allá al fondo.

"El poder del ahora", es un gran libro del filósofo/pensador/persona "Ekchart Tolle" en el que habla de todo esto.

Localicé el cuento, se los pongo debajo.

El Cizaña dijo...

Bebed, oh, de las fuentes más puras del "NaDa PeRmAnEcE". Dice así:


Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARA”.

Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

Anónimo dijo...

MIENTRAS DURA EL DELEITE
Ayer abrí el periódico por la página de las esquelas y no vi la mía. No hay que dejar pasar los grandes acontecimientos, así que hoy, para celebrarlo, he invitado a comer a un escogido grupo de amigas y amigos con los que tengo en común, entre otras muchas cosas, que tampoco sus esquelas han aparecido estos días en los periódicos. A estas alturas y en los tiempos que corren es casi un milagro tener en su sitio y a pleno funcionamiento los órganos que nos permiten disfrutar el placer de unos alimentos cuya principal sazón es la amistad. Hemos llegado a este día sin que el automóvil de un niñato inflado de anfetaminas, la ingestión de un solomillo de ternera chiflada o de un muslo de pollo febril, el avatar de un navajazo a la puerta de una discoteca, la bomba vengadora de un fanático, el misil preventivo de un defensor de la libertad, o cualquier otra tesitura letal de las que hoy acechan cotidianamente a los mortales, nos haya convertido en polvo de la historia. El azar es un dios arbitrario y es inútil formularse preguntas acerca de sus designios. Las cosas pasan y ese pasar es parte de su propia esencia.
"Mientras dura el deleite no se envejece", dice un refrán que supera la tosca obviedad del género. No sabemos si nos quedan muchos o pocos atardeceres que contemplar a través de una copa de oporto, pero en éste la luz del sol es de un oro rojizo y si nos concentramos en uno de los rayos que se filtran por el emparrado y logramos fundir lo que acontece alrededor -la charla rumorosa de los amigos, el aroma cálido del café, el tintineo de esa copa al chocar con otra, el sonido del agua al escanciarse, el piar del verdecillo en el jardín- con ese oro que arde en el crepúsculo, quizá podamos conseguir un momento de eternidad. Al margen de ideologías pomposas y para no amargarnos más de lo estrictemente necesario, hay que vivir la vida como una sucesión de pequeños instantes y placeres, sabiendo que son un fin en sí mismos y que no hay nada más allá que merezca la pena, excepto el esfuerzo por estender esos goces al mayor número de personas posibles.
Al igual que Aquiles nunca alcanza a la tortuga, la muerte nunca nos alcanzará mientras vivamos. Mientras dura la vida somos inmortales y si bien es imposible -y nada saludable intentarlo- vivir cada minuto como si fuera el último, sí podemos, en la sucesión anodina de minutos que es el acontecer humano, dedicar algunos de ellos al goce bienllevado de sensaciones a nuestro alcance: la solitaria lectura de un libro (Pessoa, por ejemplo: "La flor que eres, no la que me das, deseo"), una larga y sosegada sobremesa, amanecer en el mar frente a una isla azulada, un paseo vespertino por el parque, el olor del café por las mañanas, los juegos y risas de los niños del piso de al lado, la felicidad de tu perro cuando regresas a casa, el allegro vivace de la sinfonía Júpiter de Mozart, el perfume del jazmín las noches e verano... La lista es interminable y cada uno de nosotros puede hacer una a su medida, la medida de su felicidad, concreta y efímera como la plenitud de la rosa.
Y otra vez Pessoa: "cojo la rosa porque la suerte manda./Marchita la guardo, mústiese conmigo".
(Del libro de Julián Ayala "Desde la orilla", presentado anoche en el Ateneo de La Laguna)

Montse dijo...

Cizañas, me gusta mucho el cuento, voy a leérselo a mis segundillos de la ESO, me viene como anillo al dedo. Últimamente en Educación para la Ciudadanía les digo que yo no creo que ahora sean peores alumnos/as que antes, lo que sí creo es que cada vez somos más flojos y estamos menos entrenados en ser capaces de soportar las frustraciones. Les digo que debemos reforzar esa capacidad de resistencia ante la frustración y no tirar la toalla a la primera de cambio. Les digo que no crean que son sólo ellos y ellas los que son más flojos; en general, somos todos/as, estamos en la sociedad del bienestar, permisiva y opulenta y nos hemos acostumbrado a tenerlo todo sin apenas esfuerzo, olvidándonos de fomentar la capacidad de resistencia ante las situaciones menos agradables y el esfuerzo. Me pongo como ejemplo yo misma, les digo: A mi edad, mi madre tenía 5 hijos, un de cortinas que ella misma cosía para instalarlas y una casa (con marido incluído, mi madre, porque entonces los maridos no hacían nada en casa, al menos mi padre) que gobernar. Y le daba tiempo a todo. Y yo ahora que tengo un trabajo cómodo y sólo me tengo que ocupar de mí misma estoy siempre agobiada y me falta tiempo.

Tenemos que aprender a saber vivir los momentos buenos y malos, creo que no sabemos vivir ni unos ni otros. Ante los primeros acabamos teniendo sentimientos de culpa y ante los segundos nos desesperamos. Algo no estamos haciendo bien.

Más abrazos, Montse.

Montse dijo...

Fe de errores:

Donde dice:
"mi madre tenía 5 hijos, un de cortinas que ella misma cosía para instalarlas"

Debería decir:
"mi madre tenía 5 hijos, una tienda de cortinas que ella misma cosía para instalarlas"

Y donde dice: "una casa (con marido incluído, mi madre, porque entonces los maridos...)

Debería decir: "una casa (con marido incluído, mi padre, porque entonces los maridos..."

No me acostumbro a leer antes de enviar, si es que soy una "ansias", jajaja.

Saludos, Montse

Anónimo dijo...

Gracias Cizañas, te lo has currado y ha merecido la pena leerse la parrafada. Y gracias también a Montse, "mi portavoz" ;)

Opino modestamente (a mí sí que me da corte discurrir aquí, como si tuviese algo que aportar -las gansadas no cuentan-) de que esos sentimiento de culpabilidad no son tanto consecuencia del contexto cristiano que ha podido empaparnos (o salpicarnos un poco a algunos), sino que forman parte de esos otros valores más categóricos y universales. Habéis leído a Richard Dawkins en "The God Delusion"?? Creo que en castellano lo han
traducido como "El espejismo de Dios". Creo q os puede interesar. Su pág web:
www.richarddawkins.net
Ahora ha sacado otro muy interesante también: "The Greatest Show on Earth".

Pues eso, the show must go on. Y además el goce de saber que es viernes se extiende a muchísima gente.

un abrazo,
rbc

Anónimo dijo...

"el azar es un dios arbitrario" me ha hecho recordar que incluso los científicos lo han estudiado, y ahí queda la teoría de la serialidad de Kammerer. Ese tipo de estudios a mí me parecen pura poesía.
Viernes y además, hora del cortado. Pago yo.
Rbc

Anónimo dijo...

ostrix Montse, estábamos escribiendo a la vez...Sí, nuestra capacidad de sacrificio es mucho menor que la de la generación de nuestros padres. Y a veces nos desesperamos más de la cuenta porque no estamos suficientemente entrenados en la frustración. Ejercitarse en el prueba-error creo que es también un buen adiestramiento para aprender a ser feliz. Yo a mis hijos siempre les digo que cuando algo no les sale (un puzzle, atarse los zapatos,...es lógico que sientan rabia, desilusión, etc. pero que la parte buena es que son myu afortunados por tener la oportunidad de volver a intentarlo. Y la satisfacción que se obtiene después es una sensación casi tan placentera como la del cortadito de los viernes ;)
Un besete,
Rbc

Anónimo dijo...

y supongo que con los alumnos y los hijos hay que ejercitar mucho la frase ésa de Arquímedes tan bonita "dame un punto de apoyo y moveré el mundo"
rbc

Anónimo dijo...

¿era de Arquímedes o he metido la gamba?

jajaj, acabo de ir a mirarlo al bendito google...sí que era de arquímedes...

rbc

Andriu dijo...

¡Vaya, sí que ha traído cola el post existencial!

Yaiza: me ha quitado Montse las palabras de la boca; ya ves que aquí todos somos algo filósofos. Lo que cuento yo en los post es en cualquier caso filosofía de pantufla, de andar por casa.

Castora: quizás no es sólo "culpa" del cristianismo que no mamé, sino un fenómeno cultural más amplio. Tengo un ligero recuerdo de ver algo parecido en los griegos: el miedo a ser plenamente felices y expresarlo de viva voz, ligado a un posible enfado -y castigo- de los dioses.

Gaby: aquí también hay un dicho inverso al que citas de "No hay felicidad completa". Dice: "Dios aprieta pero no ahoga". Es como si los sentimientos extremos, de felicidad o de desdicha absolutas, hubieran sido abolidos culturalmente por decreto desde tiempos inmemoriales.

Cizañas: ¡el cuento viene como anillo al post! Me asombra comprobar cómo esa religión personal (de equilibrios y balances entre dichas y tristezas) no es tan personal como creía. Gracias por el cuento.

Anónimo: ¡Maravillosa la siempre estimulante y vitalmente infatigable prosa del helenista y amigo (¿tuyo?) Julián Ayala! Muchas gracias también.

Montse: desde luego, nos falta "tolerancia a la frustración". Y literatura, quizás.

Rbc: no seas modesta, ¿"gansadas"?, yo no sé qué es la teoría de la serialidad de Krammer y apenas me suena el libro de Richard Dawkins. La verdad es que en conocimientos científicos estoy tan verde como el fondo de pantalla de este blog.

Un abrazo filosófico y existencial.

Anónimo dijo...

Copio y pego de wikipedia el resumen de la teoría de las coincidencias de Kammerer, un científico austriaco.

Kammerer's other passion was collecting coincidences. He published a book with the title Das Gesetz der Serie (The Law of the Series; never translated into English) in which he recounted 100 or so anecdotes of coincidences that had led him to formulate his theory of Seriality.

He postulated that all events are connected by waves of seriality. These unknown forces would cause what we would perceive as just the peaks, or groupings and coincidences. Kammerer was known to, for example, make notes in public parks of what numbers of people were passing by, how many carried umbrellas, etc. Albert Einstein called the idea of Seriality "Interesting, and by no means absurd", while Carl Jung drew upon Kammerer's work in his essay Synchronicity.[5] Koestler reported that, when researching for his biography about Kammerer, he himself was subjected to "a meteor shower" of coincidences - as if Kammerer's ghost were grinning down at him saying, "I told you so!"

Rbc

Anónimo dijo...

http://www.life-cycles-destiny.com/for/the-law-of-seriality-kammerer.htm

(Siento la chapa, pero es que estas cosas a mí me fascinan)

Y Andriu, no he podido ver Ágora (el tiempo, un bien escaso, you know) aunque me apetece mucho. Para compensar anoche me tragué una en DVD que resultó muy bien.

rbc

Anónimo dijo...

a pesar de que salía Eva Mendes, actriz a la que no puedo tomarme muy en serio porque sus posados artísticos enseñándonos pezón+chocho me despistan de sus registros como actriz (además de dejarme añorando los tiempos de Julie Andrews, con guitarrita incluida :(

Pero la peli es un peliculón policiaco bueno, y el papel de Joaquin phoenix excelente.

Anónimo dijo...

que se me había pasado: La noche es nuestra, que es el título de la peli de James Gray (aunque ya podría ser una profecía)
Pasenlo bien!
Rbc

El Cizaña dijo...

Qué bien se respira por aquí!
Me alegro de que les haya gustado el cuento y de que Montse se lo vaya a contar a sus alumnos.
Un abrazo y buen fin de semana a todos.