lunes, 15 de octubre de 2007

cRóNiCa EsCoLaR 3

El primer robo, acaecido en el tercer trimestre del curso pasado, se había saldado con cinco expedientes disciplinarios, dos por la vía ordinaria y tres de forma conciliada. A los dos primeros se les había expulsado definitivamente del centro. A un tercero se le había invitado a abandonarnos, siendo ya mayor de 16 años. Los otros dos alumnos habían cumplido una sanción menor. Las culpas ante cualquier delito o falta colectiva no siempre comportan la misma gravedad y vienen siempre acompañados de agravantes o atenuantes que los matizan.

Al alumno mayor de 16 años al que se le había confiado el bolso para entregarlo en jefatura de estudios tras habérselo olvidado la profesora de sociales en la 217 lo invitamos a irse del centro voluntariamente. Su falta era grave: en lugar de dirigirse directamente a mi despacho había pasado por el baño de alumnos y allí se había juntado con cuatro alumnos más, cómplices del robo. El alumno de 4º de la ESO al que expulsamos había sido el que, entre la confusión de manos y cabezas agazapadas en torno al bolso, había sustraído el móvil, le había quitado la tarjeta y se lo había agenciado. El otro alumno expulsado era de 2º de la ESO. Aunque ya el año pasado había tenido un comportamiento disruptivo, con faltas de respeto al profesorado o faltas graves como la de vaciar un extintor y echarle la culpa a otros compañeros, su participación en el robo se había limitado a hurtar un par de euros. No obstante, fue el que más descaradamente mintió durante aquellos tres días en los que desfilaron uno a uno por jefatura de estudios con el objeto de interrogarlos y aclarar lo ocurrido. También fue el que hizo aquella pintada en la puerta de mi despacho: "Cuidate maricón".

A los otros dos alumnos se les valoró el no instalarse tanto tiempo en la mentira y el terminar describiendo lo ocurrido sin demasiadas tergiversaciones, aparte de su historial, algo más pulcro que el de resto de compañeros. Se les dio por tanto la oportunidad de acogerse a un expediente disciplinario por la vía conciliada, cuya sanción máxima es siempre menor a una expulsión definitiva.

Cuando se descubre la verdad acerca de los múltiples incidentes que desembocan en mi despacho, oscurecidos por la mentira de los alumnos (fruto del miedo, la edad y el instinto de supervivencia), siento un alivio y una gran satisfacción, casi platónicas. No se trata, creo, de un instinto sádico que me hace disfrutar aplicando normativas y castigos, sino de un repudio visceral por el engaño y por la incertidumbre.

Por ello suelo ser bastante magnánimo con los alumnos que confiesan su falta y se sinceran relativamente pronto. Y al revés: un poco implacable con los que se atrincheran en la mentira.

Los alumnos cuando son enviados a jefatura de estudios siempre mienten. Es algo natural. De hecho, la ley les ampara: nadie está obligado a declarar en su contra. He visto simulacros verdaderamente desalentadores, auténticos campeones del cinismo. Recuerdo a un alumno que llevaba un tiempo robando móviles y MP3. Cuando al final lo pillamos con un MP4 que decía ser suyo y lo careamos con el verdadero propietario del artilugio, un alumno de 2º de bachillerato que hacía meses que había denunciado la desaparición del mismo, siguió pese a lo ridículo de la situación defendiendo su inocencia, insistiendo en que el MP4 era suyo, pese a tener grabados los videos y canciones del alumno de 2º de bachillerato. Al pedirle explicaciones por toda una serie de contradicciones y evidencias en su contra, se negaba a capitular y se refugiaba en "Yo no sé nada de eso. Sólo sé que no he hecho nada".

La jefatura es un observatorio ideal para el comportamiento moral de los alumnos, no menos que del de los profesores: un laboratorio en el que hay que vérselas cada día con uno o más dilemas morales.

Por ejemplo el siguiente: ¿qué hacer cuando las pesquisas para el esclarecimiento del robo del bolso de una profesora de matemáticas desembocan en un sospechoso en cuya mirada ambigua centellea no obstante el recuerdo de un principio moral y legal insoslayable: la presunción de inocencia?


6 comentarios:

El Cizaña dijo...

Hola Flanagan !

Date cuenta que tal y como sucedio el robo, tuvo que haber varios alumnos que lo vieron en directo, y no necesariamente coleguillas del ladronzuelo. Eso si, seguro que han sido presionados para que no suelten prenda... Ese al que le brillan los ojos puede que no sea el ladron sino que le remuerda la conciencia.. Podrias montar un numerito tipo poli bueno - poli malo y a ver que suelta...

Lo mas importante... esta buena la profe?

Andriu dijo...

Hola cizañitas,

Descuida, hubo interrogatorio a lo Torquemada. Sólo faltó el potro y demás instrumentos de tortura. En próximos episodios de la saga lo iré contando, y admito consejos. En efecto, también pensamos eso nosotros. Y por eso lo primero que hicimos fue plantarnos en el aula y pedirles a todos los que hubieran visto algo sospechoso que lo apuntaran en un papel en blanco que repartimos y entregaron de modo anónimo. Pero eso pertenece ya a la "crónica escolar 4".

Pero en fin, eso pa que veas que uno se lo curra todo lo que puede... esté o no buena la profe.

Santi dijo...

al final me engancharé a estas puñeteras cronicas...que el otro día me dieron que pensar....y añoré aquellos emails trimestrales en los que ademas de las peripecias de andres, a compartir con los colegas y con los cada día mas fanáticos docentes y blogers...nos enterabamos de cosas de los demás.....pocas, a veces breves...pero en ocasiones tremendas cartas, llenas de guiños a una amistad que durante mucho tiempo vive en distintas distancias y que solo se ve alimentada por momentos de esplendor escribano.....pero todo eso parece pertenecer a un mundo lejano....ajeno al blogworld....donde más de uno se corta ante la posibilidad de que otros lean las intimidades.......pues eso, añoro aquellos emails cada 5 meses....lo que acaba por echar de menos uno!
besos
pd: empala al que se encasquilló en la mentira

Juanjo dijo...

Sigo con interés tus crónicas, las sensaciones desde tu observatorio no son exactamente las mismas que las del observatorio del director, pero son igualmente "observaciones observadas". La "presunción de presunción", aunque suene a juego de palabras, está por delante de otras presunciones. Interesantísimo, sí señor. Si es que éstos de Filosofía...

Un saludo.

Ricardo L. Rodríguez dijo...

Estimado Andrés: ¡Vaya! La tela de araña también es un pañuelo. He llegado a tu blog a través de mi buen amigo de Sevilla Juan José. Quería ver qué decía ese Andriu y, fíjate por dónde, me encuentro a mi colega de sufrimientos en la jefatura de estudios, Andrés. Me siento retratado en tus crónicas. Y tienes razón, los jefes de estudios somos unos putas, que no unos putos. Un fuerte abrazo. Por cierto, soy Ricardo, el compañero de Ángel, del IES José Arencibia Gil de Telde.

Andriu dijo...

Ricardo... ¡qué pequeño es el (blog)mundo! Sí, un pañuelo. Sí, colega de sufrimientos, al menos, en mi caso, hasta el 30/06/08 (me he tatuado esa fecha en el pecho). Aunque, bromas aparte, si 2 "putas" como tú y como yo sacamos algunas horas a la semana para bloguear, la cosa no será tan mala...

Juanjo... los roles y funciones de director y de jefe de estudios en muchas cosas son intercambiables (en cada centro las tareas se reparten y comparten de modos diferentes), pero el punto de vista -como miembros del equipo al que todos se dirigen cuando no se sabe quién soluciona ni cómo este o aquel marrón- es el mismo. By the way, no entiendo lo de la "presunción de presunción".... Sorry.

Santi... yo también echo esos mails trimestrales. Recuerdo que eras especilista en romper el hielo. Y que yo siempre te secundaba. Yo en el blog sacio mi necesidad de comunicación, al menos con aquellos de ustedes que se pasan de tarde en tarde por aquí... Con los otros: ¡que escriban, coño, que escriban! Bótate un mail cañero de los tuyos, de esos que a nadie dejan indeferentes.