lunes, 29 de marzo de 2010

PeQuEñA AiShA


-Lo llamo así porque es muy viejo para ella.

-No vuelvas nunca a hacerlo, mujer. Es un honor para nuestra familia. Y ya está decidido.

Abu Bakr le había pedido la mano de Aisha y él había zanjado rápidamente sus diferencias con su esposa. Hubiera querido esperar algunos años. Pero Abu Bakr no tenía ninguna intención de esperar algunos años y además era el comerciante más próspero y más respetable de la provincia de Qasim. De modo que el padre sólo tardó un día en consentir la boda de Aisha. Todos los gastos corrieron a cargo del comerciante Abu Bakr, quien se encargó de traer a la aldea a un magistrado de confianza. La única condición del juez fue la de no consumar el matrimonio hasta que la niña hubiese alcanzado la pubertad.

Aisha abandonó la aldea e ingresó en el palacio de Abu Bakr con el asombro y el miedo dibujados en sus grandes ojos negros. Iba vestida de novia y al mirarse en los espejos se preguntaba si era normal que las princesas fueran tan maquilladas. Todo era absolutamente nuevo para ella: el brillo de los azulejos, las albercas somnolientas, la docilidad de los sirvientes, el artesonado de los techos, la melancolía de los patios, el aliento enardecido y sofocante de Abu Bakr.

Él le había permitido llevarse al palacio sus juguetes y sus muñecas, aunque no le había comprado ninguna otra; pero sí sortijas y trajes de gala, piedras de ámbar o amatista, juegos de cama, camisitas finas y lencería en seda, transparencias, encajes y satén. De todas formas ella no necesitaba a ninguna otra muñeca que no fuera la pequeña Srini, a la que arrullaba y le decía al oído: “No tengas miedo. Un día volveremos a jugar con Alí, con tu papá”.

Pero en la aldea también los niños crecían desorbitadamente, a golpe de Corán.

-¿Por qué no puede Alí venir a verme? –le preguntaba ella a sus padres cada vez que éstos eran invitados a palacio.

-Alí se está haciendo un soldado. Olvídate de él –le decían.

Aisha les contó a sus padres un buen día cómo era su nueva vida en palacio y ellos discutieron. Pero el padre volvió a zanjar sus diferencias con su madre:

-Es su marido. Mahoma dijo que un esposo tiene derecho a disfrutarlas desde la cima de sus cabezas hasta la planta de sus pies.

-Pero…

-Y ya te dije hace tiempo que no volvieras a llamarlo nunca así. Su nombre es Abu Bakr.

Aisha le canturreaba a la pequeña Srini: “Se está haciendo un soldado y un hombre de fe. Ya verás que un buen día volveremos a estar juntos los tres”. Sólo hacía falta que Abu Bakr envejeciera un poco más. Es lo que le había dicho su madre: “Sólo así podrás volver a tener pretendientes otra vez”. Sólo así. Alí podría esperar. Ella no quería ser repudiada. También podría esperar y esperar.

Pero pasaron cinco, seis, siete, diez años, y él todavía estaba allí. Con su aliento sofocante y sus obsequios todavía. Hasta que un día aciago acudió su madre para darle la noticia:

-Alí se inmoló, hija mía. Ahora es un héroe para todos.

Aisha se cansó de esperar. Él todavía estaba allí y sin embargo era ya demasiado tarde. Pasó los días contemplando los azulejos de luto y sin brillo. Pasó las noches despierta recorriendo los patios de palacio o acostada junto a él con la mirada perdida en las geometrías funestas que el artesonado dibujaba en los techos de su alcoba. Pensó como en un sueño: en quedarse dormida y en despertarse de repente y en verse junto a Alí. Las praderas serían allí verdes y esponjosas. De los ríos podrían beber leche de burra y miel. Al despertarse, pensó, se encontraría junto a Alí.

A la mañana siguiente los sirvientes la encontraron arrojada a la alberca junto a su muñeca Srini. Respiraba todavía aunque estaba sumergida en un profundo sueño del que parecía imposible rescatarla. El dueño del palacio ordenó traer a los mejores médicos de la ciudad. La joven había estado al borde de la muerte, pero estaba a salvo. Continuó no obstante abandonada a su pertinaz letargo cinco, seis, siete, diez semanas.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


viernes, 26 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 28


Olivia tiene razón: me he cansado de esta historia.

Cierro el proceso.

En la página 381 de la Gramática Calcetinífera leo:

"...pero el método más eficaz es con todo el de evitar doblar el Calcetín en forma de bola, pues la superficie redondeada facilita su desplazamiento y le permite sortear toda clase de obstáculos y barreras físicas. Eligiendo otro sistema de doblado conseguirá usted que dejen de deambular por la casa, de formar figuras expresivas y de manifestarse mediante ordenamientos susceptibles de análisis hermenéuticos, con lo que..."

Cierro esta serie de posts volviendo a los calcetines.

Olivia Droslim me ha dejado la llave en el buzón de casa.

Así que en pricipio, no hay motivo ninguno para que nada se vuelva a mover de su sitio de manera autónoma.

Sin embargo, me he tomado en serio la broma de su posdata:

A partir de ahora, por si acaso, pliego cuidadosamente mis calcetines sobre sí mismos, como una colcha, antes de sellar la caja de zapatos en la que conviven los unos con los otros.

Después de esto, cruzo los dedos.


jueves, 25 de marzo de 2010

eN pRoCreSo 27


Estimado Andriu:

Ya me despedí de ti una primera vez hace ya bastante tiempo. Ésta es la segunda vez que lo hago por escrito. En aquella ocasión te dije algunas mentiras y algunas verdades. De entre las verdades te escribí que mi nombre verdadero no era en realidad Valeria. Ahora ya lo sabes: es Olivia Droslim. De entre las mentiras te dije que yo había matado a Silvio Lombardi. Si me conocieras lo sabrías: soy incapaz de matar a una mosca. Me hizo gracia que hicieras tus propios videos y esas entrevistas en la calle, como dando a entender que Silvio Lombardi era un personaje de ficción que habías creado. Yo lo creé sola, como sabes, aunque es verdad que sólo fue eso: un personaje de ficción.

Otra de las mentiras que tuve que contarte fue la de que ya había huido de Madrid, de España, de Europa. Como te habrás dado cuenta en realidad nunca estuve tan cerca de ti. Soy silenciosa y por las noches camino descalza y me desplazo de un modo tan sigiloso como "los otros" de Lost (no te preocupes: tampoco yo pienso decirte nada de la sexta temporada). Pero ya no volverá a ocurrir. He dejado la copia de la llave de tu casa en tu buzón, así que si a partir de ahora siguen desplazándose los calcetines de un lado a otro, o se abren los grifos del agua en mitad de la noche, o los pósters de tu cuarto aparecen colgados boca abajo, entonces corre, corre, huye de la casa de Limón, porque ya no tendrá que ver nada conmigo.

El señor "alto y extraño del sombrero" (como tú lo has llamado) es sólo un intermediario que trabaja para alguien de "arriba", un importante constructor madrileño. Fue él quien me contrató, hace algo más de un año. El objetivo era desalojar los dos pisos de la última planta del número 19 de la calle Limón: conseguir que sus dueños se fueran y lo vendieran barato. Debían hacerlo voluntariamente, sin necesidad de recurrir a la violencia.

Con Christian y con Carlos conseguí mi objetivo. Tras fingir mi muerte y tras continuar provocando en la casa fenómenos extraños los dos primos terminaron por dejar el piso. En aquellas fechas tus tíos estuvieron a punto de vender, pero se echaron atrás a última hora.

Luego llegaron los nuevos inquilinos a la casa: Geno, Santi y tú. Por aquel entonces yo ya había conseguido desalojar a los vecinos del 4º 2 y desde la ventana que daba al patio interior podía espiar gran parte de vuestros movimientos. Un día te seguí con un amigo argentino hasta el templo de Debod. Él se tropezó contigo para disimular mientras te quitaba el teléfono. Sólo quería leer tus mensajes: conocerte y ver por dónde empezar. Lo que ocurrió después ya lo sabes. Inventarme el personaje de Silvio para escribir en tu blog fue una manera de conocerte desde dentro (a ti y a quienes te rodean) sin necesidad de utilizar las llaves de tu casa.

¿Por qué me he delatado? ¿Por qué renuncio a todo y por qué he dejado a medias el trabajo con el que me comprometí en su día?

Las razones que he dado son en cierta manera comprensibles:

"Renuncio a mi labor. En el inmueble 19 de la calle Limón, piso 4º 1, los actuales inquilinos poseen una alta tolerancia a lo fantástico. Tres de ellos son actores y el cuarto aprendiz de escritor. Los cuatro tienen una mente que tiende fácilmente a la subversión de la realidad y a los universos de ficción. Cortázar, Lost y el mundo del clown los han hecho inmunes a la sorpresa y al miedo, por lo que todos mis intentos de provocar en ellos terror, conflicto o desesperación han sido en vano."


Sin embargo, una tiene siempre sus propias razones, más oscuras incluso para una misma, pero no menos poderosas. Me aburrí de seguir con esta farsa, Andriu. Tú también te has aburrido de estas crónicas, de estos posts en proceso, de este diario fantástico. Quizás yo lo sé incluso mejor que tú.

Adiós una vez más, Andriu.

Olivia D.

pd: repasa la Gramática Calcetinífera, página 381.

eN pRoCreSo 26


Anoche me leí el relato de Cortázar y aunque me gustó mucho no saqué en claro nada acerca de mi vecina o amiga de Christian.

Decidí llamarlo por teléfono para preguntarle por ella.

-¿Amigo yo de una vecina del 2º?

-Bueno, o del 4º.

-No sé de quién me hablas, Andrés.

-Pero si ella me dijo que le podía dar tu correspondencia, que te veía a menudo.

-Me dejas descolocado. ¿Cómo es ella?

-Pelo oscuro, negro diría yo, delgada, ojos rasgados, como dejados en herencia por algún bisabuelo oriental...

-Espera: ¿Tiene un lunar en la cara, cerca de la nariz?

-Sí, creo que sí.

Christian tardó unos segundos en continuar.

-¡Es Olivia!

-¿Olivia Droslim?

-No puede ser otra.

-Entonces no está muerta.

-Yo nunca creí que hubiera muerto.

Le pregunté a Christian si sabía qué relación podría tener Olivia Droslim con Cortázar o con un cuento de Cortázar titulado Lejana. Me dijo que no tenía ni idea, que vaya preguntas que hacía, que si todo esto me estaba afectando demasiado, que si los calcetines en mi casa seguían saliéndose de la caja y apareciendo en los sitios más insospechados, que si...

-Sí, estoy bien, Christian. Te llamo en otro momento.

Volví al cuento de Cortázar. Recordé lo que me había dicho Olivia Droslim en el templo de Debod. Sus palabras habían sido: "el relato en el que Alina Reyes se entretiene formando palíndromos y anagramas".

¿Por qué era precisamente eso lo que había llamado la atención de Olivia Droslim?

Pensé en ejemplos de palíndromos famosos:

"¿Acaso hubo búhos acá?"

"Átalo, demoníaco Caín, o me delata"

Éste último era de Cortázar y salía precisamente en el relato Lejana.

Pensé en ejemplos de anagramas y volvió una vez más a interponerse la trama de Lost en mis reflexiones:

Ethan Rom es uno de "los Otros" y su nombre es un anagrama de "Other man".

¿De qué era un anagrama el nombre de Olivia Droslim?

Cogí lápiz y papel.

No.

Imposible.

No puede ser.

Busqué otras combinaciones posibles pero siempre llegaba a la misma...


miércoles, 24 de marzo de 2010

eN pRoCreSo 25


Hace unas horas sonó el timbre de la calle. Descolgué el auricular del telefonillo:

-Buenos días, cartero de correos -era una voz de mujer.

Abrí y al instante volvió a sonar el timbre:

-Hay una postal para usted, señor Andriu.

Aquello parecía una broma pero bajé los cuatro pisos y abrí el buzón.

En efecto, había una postal en la que se veían unos jeroglíficos egipcios.

En el reverso había escrito lo siguiente:

"Te estoy esperando, Andriu"



¿Quién me está esperando?

¿Y dónde?

Me hice estas preguntas, aunque sin excesiva convicción. Pues aunque ignoraba el quién sabía que el lugar no podía ser otro que el Templo de Debod.

Fui hasta allí.

Di un paseo por el parque, escrutando atentamente las caras de cuantos se cruzaban conmigo, dándome la vuelta cada tres pasos, observando los árboles detrás de los cuales alguna sombra furtiva podría estar apostada, vigilándome.

Pero no descubrí a nadie.

Me di cuenta de que todavía no había entrado nunca al interior del templo y decidí hacer la visita.

Estaba lleno de turistas y hacía mucho calor en el interior: jeroglíficos, maquetas en miniatura, inscripciones en piedra, cámaras mortuarias, pasadizos oscuros, recovecos...

-¡Cuánto has tardado!

Me di la vuelta y era ella, mi vecina.

-¿Qué significa todo esto? -le dije.

-Mejor vamos afuera ¿quieres?



Nos sentamos en un banco, por fuera del templo.

-Entonces te parece que mi pelo es castaño.

-No te entiendo.

-Eso dijiste. Eso escribiste en el blog.

-¿Conoces mi blog?

-Sí. Lo leo desde hace tiempo.

-Pero si Christian...

-No, no fue Christian quien me dio la dirección.

-Entonces ¿quién?

-Te sorprendería saberlo... Pero eso ahora no importa.

-¿Ah, no? ¿Y qué es lo que importa? ¿Quién eres? ¿Por qué me dijiste que vivías en el 2º piso?

-Fue una pequeña mentira piadosa. No pensé que fueras a tocarle al señor Rigoberto. Toca muy bien el piano ¿verdad?

-¿Vives en el 4º? ¿Eras tú la que me estabas espiando ayer desde tu ventana?

-Bueno, todo es relativo. Yo podría decirte que eras tú quién me espiabas a mí desde la tuya.

-¡Por favor! ¿Qué es lo que quieres de mí?

-Tranquilízate. No perdamos la calma.

-¿Qué es lo que quieres entonces?

Mi vecina tardó en responder. Volvió la cabeza hacia el frente, hacia el horizonte colmado de nubes, distantes y en fuga hacia otros cielos que recorrer. Luego me volvió a mirar a los ojos.

-Quería despedirme, sólo eso.

-¿Despedirte? Pero si apenas nos conocemos.

-Sí que nos conocemos, Andriu.

-Ni siquiera sé cómo te llamas.

-He leído que te gusta Cortázar.

-¿Intentas cambiar de tema?

-En absoluto, intento responderte.

-Has leído bien.

-¿Conoces el relato en el que Alina Reyes se entretiene formando palíndromos y anagramas?

-No, creo que no.

-Se titula: Lejana. No dejes de leerlo. Te va a gustar.

-¿Pero cómo te llamas?

-Lee el relato, Andriu. Me tengo que ir.

-¿Adonde?

-Lejos, supongo, como Alina Reyes.


eN pRoCreSo 24


Sigo viendo Lost y encontrando paralelismos entre la serie y la vida real.

En la serie hay algo así como unos números malditos (bad numbers), cuyo significado exacto se desconoce pero que traen mala suerte.

No sólo nuestro buzón es el 13.

También nuestra dirección postal desemboca en el 13.

Calle Limón 19 4º 1
28015 Madrid

Si sumamos todos los dígitos por separado tenemos 31:

1+9+4+1+2+8+0+1+5 = 31

El 31 es una primera aproximación al 13: un 13 emboscado.

Pero hay otro modo de de obtener el 13 directamente:

1) Se suman los dígitos de la primera y de la segunda línea de la dirección postal:

1+9+4+1 = 15

2+8+0+1+5 = 16

2) Se suman nuevamente los dígitos de los números obtenidos:

1+5 = 6

1+6 = 7

3) Se suman los números obtenidos:

6+7 = 13


El hombre del sombrero me aconsejó que estuviera atento a los números.

El 13 parece estar secretamente vinculado a nuestra casa de Limón.




martes, 23 de marzo de 2010

eN pRoCreSo 23


La ventana de mi cuarto da a un patio interior y a otra ventana, más pequeña, que lleva casi todo el año cerrada y que pertenece a la casa de los vecinos.

¿Qué vecinos? Siempre me ha extrañado no ver a nadie en la casa de enfrente.

Pero esta mañana me he levantado y he mirado hacia afuera y me ha llamado la atención ver la persiana de los vecinos abierta. Me he quedado mirando fijamente hacia allí, tratando de ver algo por el hueco de la ventana. Y entonces me ha parecido ver un bulto moverse y desaparecer, una melena castaña, como un animal salvaje que nos espía y que huye una vez que sabe que nos hemos percatado de su presencia.

Es ella: la vecina del 2º, la amiga de Christian, la que se ofreció a quedarse con sus cartas...

He llamado a mi primo. Me ha dicho que en esa casa siempre ha vivido una familia con dos hijos que deben rondar ya los veinte años. Imposible, le digo, lleva todo el año cerrada. Pues no sé primo, serán fotosensibles. En cuanto al señor del sombrero, cree saber de quién se trata. Es un hombre un tanto siniestro, presidente de la comunidad de propietarios, estuvo hace unos años de intermediario entre mis tíos y un comprador que estaba interesado por el piso.

Me he decidido a tocar el timbre de mis vecinos.

Nadie me abre.

Sin embargo la ventana sigue ligeramente abierta.

Y sé que hay alguien ahí que espía mis movimientos.


eN pRoCreSo 22


Ayer no encontré tampoco al hombre del sombrero.

Sin embargo, cuando eché un vistazo a los buzones del edificio para saber su nombre recordé lo que acababa de decirme:

-Joven, esté atento a los números. Son muy importantes.

El número del buzón de nuestra casa es el 13.


lunes, 22 de marzo de 2010

eN pRoCreSo 21


video


Me puse el sombrero y salí escaleras abajo corriendo detrás del hombre.

Pero al llegar a la puerta del 2º 2 escuché una música de piano y me quedé un instante allí parado, pensando qué hacer.

Recordé entonces a la vecina del 2º, a la amiga de Christian que se había ofrecido a entregarle ella misma su correspondencia. Había pasado muchas veces por delante de su puerta y había escuchado la música del piano. No tenía ninguna prisa por devolverle el sombrero al hombre alto y extraño. Es más, pensé que podría ser una buena idea preguntarle a la amiga de Christian si conocía a aquel hombre.

Toqué el timbre. Dejó de sonar el piano. Esperé medio minuto y al fin apareció en la puerta un señor mayor en albornoz.

-¿Qué quiere, joven?

-¿Está...? Vaya, suena muy bien el piano ¿es usted quien lo toca?

-Soy yo ¿a quién busca?

-Verá... a su hija.

-Está usted equivocado. No tengo ninguna hija.

-Entonces a...

-Vivo solo ¿entendido? Le ruego que no me haga perder mi tiempo. Buenas tardes.

La puerta volvió a cerrarse. Un minuto después la música de piano se había reanudado.


eN pRoCreSo 20


Acaba de tocar a la puerta un hombre alto y extraño, con sombrero.

Ha preguntado por el propietario de la casa. Le he dicho que no estaba. Ha preguntado que cuándo podría hablar con él. Le he contestado que no vivía en Madrid sino en Tenerife. Me ha preguntado que quién era yo. Le he preguntado que quién era él. Me ha preguntado que si últimamente había ocurrido algo en la casa que quisiera yo mencionar. Un sudor frío me ha recorrido la espalda. Me ha dicho que era el presidente de la comunidad de propietarios del inmueble. Yo le he dicho que era el sobrino de los propietarios del piso. Me ha vuelto a preguntar que si había notado algo extraño en la casa. Su mirada no me ha inspirado confianza: le he contestado que nada, que no. Se me ha quedado mirando fijamente y en silencio. Ha vuelto a insistir. Le he dicho que sí, que estaba seguro de lo que decía. Me ha dicho que de acuerdo, pero que si cambiaba de opinión no tenía más que ponerme en contacto con él, piso 1º 2. Y que tuviera al corriente a mis tíos de cualquier novedad. Le he dicho que no entendía a qué novedad se estaba refiriendo. Y entonces él me ha dicho:

-Joven, esté atento a los números. Son muy importantes.

Se ha ido y he cerrado la puerta nuevamente. Me he acordado de algo, de una imagen, de una conversación. Me he acordado de Ángel. Este fin de semana se han estado quedando en casa unos amigos: Ángel, Nena, Mikel y Nayra. Sólo pasaron dos noches y las otras dos se fueron a un hotel. Por la mañana de una de ellas Ángel me dijo que un hombre con sombrero había entrado al salón en mitad de la noche y había vuelto a salir.

Era eso lo que había recordado. Luego he abierto la puerta bruscamente. Ya no estaba el señor, alto y extraño. Pero sí su sombrero, colgado en la pared.

eN pRoCreSo 19


Anoche nos reunimos por fin los cuatro a hablar: Santi, Geno, Joe y yo.

Habíamos estado todos por ahí y al llegar a casa Geno y Joe se encontraron el piso patas arriba: los grifos del baño y de la cocina abiertos, los pósters en las paredes colgados del revés, los edredones cambiados de cama, las luces encendidas, la lavadora puesta, las ventanas abiertas de par en par, la ropa seca tendida, la mojada en los armarios y los calcetines todos desperdigados por el piso como si hubieran estado correteándolo.

Les puse al día: ellos no leen mi blog.

Mientras les hablaba de Cristian y de Olivia Droslim y de los papelitos y de, pude percibir en sus miradas cierta desconfianza. Pensé que a veces es mejor callarse ciertas cosas. Santi me dijo que quizás debería dejar de escribir todo esto. No entendí, discutimos. Joe nos interrumpió para preguntarnos si habíamos visto "El quimérico inquilino" de Roman Polanski.

Es una historia circular: al comienzo de la película el protagonista llega a un piso como nuevo inquilino. Pregunta a la casera que qué le ocurrió al anterior inquilino. Ella le cuenta que se lanzó por la ventana. El protagonista siente curiosidad y va a verlo al hospital. Allí lo recibe un hombre vendado de pies a cabeza como una momia egipcia, que al verlo comienza a gritar como un poseso. El protagonista vuelve al piso y entonces empiezan a ocurrir en él cosas extrañísimas, como en Limón. La situación se vuelve tan delirante que el protagonista termina lanzándose a la calle por la ventana. En la última escena se ve otro nuevo inquilino del piso que va a visitar al protagonista al hospital. Éste está vendado de pies a cabeza, como una momia egipcia. Y al ver al visitante le empieza a gritar como un poseso.

-Me recuerda bastante a lo que está pasando aquí ¿no? -concluye Joe.

-Si tan sólo supiéramos en qué hospital se encuentra Olivia Droslim...


domingo, 21 de marzo de 2010

eN pRoCreSo 18


Últimamente no puedo evitar relacionar todo lo que me ocurre con la serie Lost.

Christian me contó que, una vez que hubo desaparecido Olivia, las diferencias con su primo Carlos se fueron acentuando cada vez más, debido a la distinta manera que ambos tenían de interpretar los acontecimientos.

John Locke en la serie Lost es "the man of faith" mientras que Jack (el médico) es "the man of science". Cada uno de ellos interpreta los insólitos acontecimientos que suceden en la isla desde su particular concepción del mundo: Jack intenta comprender racionalmente, aceptar sólo aquello que la ciencia o la experiencia pueden refrendar, no abandonarse a la creencia ciega. John en cambio está abierto a lo insólito, a lo inexplicable, al milagro, a la intuición de que las cosas que suceden en la isla no responden a una mera casualidad, sino que tienen un significado y una razón, acaso inescrutable, como las razones de Dios.

A Christian y a Carlos les ocurrió lo mismo.

El día posterior al último papelito amenazante recibido por Olivia Droslim, en el que se le auguraba un sólo día de vida, la tercera inquilina de Limón desapareció.

Nunca han vuelto a saber nada más de ella.

Christian lo tomó todo como una broma de mal gusto perpetrada por la propia Olivia. Carlos en cambio estaba convencido de que a Olivia le había ocurrido algo. En la casa siguieron ocurriendo, según Carlos, cosas extrañas. Christian en cambio tenía siempre una explicación racional preparada para cada una de ellas. Las discusiones y los conflictos entre los dos se hicieron cada vez más insostenibles, hasta que Carlos terminó abandonando la casa de Limón, para apartarse no tanto de su primo como del mal difuso que la recorría de arriba abajo.

John versus Jack

Carlos versus Christian

Man of faith versus man of science

También yo me siento en lucha y dividido.

Christian me dijo que las pocas pertenencias que dejó Olivia Droslim en su cuarto las metió él mismo en una caja y las tiró en el contenedor de basura. Por eso cuando le enseñé el plano de la casa dibujado y el resto de pertenencias de Olivia se asombró tanto y decidió contármelo todo.

¿Cómo vuelve una caja desde el contenedor de la calle hasta el trastero de encima del baño de un cuarto piso?

¿Cómo se mueven solos los calcetines?

¿Qué le ocurrió a Olivia Droslim?

¿Por qué ella también recibía papelitos, como aquel argentino de cuyo nombre nadie quiere acordarse?

¿Por qué antes de esta extraña coincidencia se me aparece en sueños otra vez el Templo de Debod?

A veces pienso como un hombre de ciencia y entonces me digo que todas estas peripecias no son sino una mera alucinación fruto de una mente intoxicada por los cuentos de Cortázar, por una serie de televisión y por los derroteros delirantes a los que tan a menudo nos conduce la escritura.

Otras veces, en cambio, acepto lo que me ocurre con la ingenuidad de un niño y sin el doblez y la suspicacia del censor racionalista que todos llevamos dentro. Es entonces cuando pienso como un hombre de fe y abro las compuertas de mi mente para dejarme invadir por el cortejo fantástico de una realidad insólita, fascinante y nueva.


sábado, 20 de marzo de 2010

eN pRoCreSo 17


-Pero ¿está muerta o no está muerta?

-No sé, Andrés, ya no sé qué pensar.

Christian se había mostrado reservado al principio y recibió con desconfianza la explicación del Aloe que le di. Probablemente sospechaba que toda la operación había sido un estratagema de mi primo y mío para poder verlo... e interrogarlo.

Sin embargo, en cuanto le enseñé el plano de la casa de Limón su actitud cambió por completo y la sorpresa o quizás el miedo contribuyeron a que se desahogara conmigo, contándome todo lo que él sabía sobre el asunto.

Olivia Droslim vivió durante casi medio año en la habitación pequeña de la casa de Limón. Christian y Carlos le alquilaron esa habitación, a espaldas de mi primo, por un precio razonable. Olivia Droslim les había abordado en un bar, se habían emborrachado juntos los tres y se habían intercambiado los teléfonos. Ella les había llamado unos días más tarde y les había preguntado que si necesitaban a alguien para compartir el piso. Una semana más tarde Olivia Droslim se había instalado en la habitación pequeña que ocupa ahora Santi.

Al principio todo transcurrió con absoluta normalidad. Pero al poco tiempo de haber llegado la tercera inquilina al piso de Limón comenzaron a ocurrir cosas extrañas.

-¿Calcetines? ¿Se movían solos los calcetines? -pregunté.

-Pues sí -respondió Christian-, supongo. O al menos eso es lo que decía Olivia Droslim que ocurría. Carlos empezó a pensar que era yo quien cogía los calcetines de los demás y los dispersaba por la casa...

La casa parecía estar habitada como por una especie de poltergeist, por un espíritu travieso y desconocido, que dejaba abiertos los grifos del agua o que encendía interruptores en mitad de la noche. También comenzaron a aparecer en las paredes de la casa inquietantes mensajes...

Christian siempre sospechó de Olivia. Pensó que ella podía ser sonámbula. Al fin y al cabo, antes de su llegada nada había ocurrido en la casa de Limón. Todo debía de tener una explicación racional y lógica. Carlos en cambio comenzó a sospechar también de su propio primo. Carlos empezó a creer las historias que Olivia Droslim les contaba. Y empezó, también, a pasar miedo en la casa.

-Un día Olivia nos dijo que llevaba un tiempo recibiendo amenazas de muerte.

Cuando Christian dijo esto último yo lo miré intensamente a los ojos.

-¿Qué tipo de amenazas? ¿por teléfono?

Yo ya sabía que no eran amenazas por teléfono pero necesitaba que fuera él quien lo dijera.

-No. Por papelitos.

Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Pero había que conservar la calma. Había que fingir sorpresa.

-¿Amenazas por papelitos?

-Decía que alguien le introducía en los bolsillos papelitos en los que ponía los días que faltaban para su muerte.


Foto: No llevé mi cámara al Café Conde Duque en el que tuvo lugar esta conversación con Christian. La foto es de Wali.

jueves, 18 de marzo de 2010

eN pRoCreSo 16


El 4 de octubre de 2009 llegué a Madrid, a esta casa.

El día antes de coger el vuelo mi primo Nico me pidió un favor:

-Primo ¿llevas mucho peso en la maleta?

-Bueno, lo normal para alguien que va a pasar un año fuera de su casa.

Mi primo me miró con esa cara que pone cuando se dispone a pedirte algo disparatado, algo que él percibe no obstante como absolutamente normal, y ante lo cual sabe que tú no vas a poderle decir que no.

-¿Te puedo pedir un favor... enorme?

-Dispara.

-Es una planta de Aloe ¿Podrías llevarla a Madrid?

Lo sabía. Sabía que se trataba de ese tipo de extravagancias de mi primo a las que resulta imposible resistirse.

-¿Para qué coño quireres una planta de Aloe en Madrid?

-No es para mí. Es para el padre de un amigo.

-Ah.

-Está en el hospital, muy grave.

Pensé en las dos hipótesis posibles: a) El padre de su amigo se estaba muriendo y en sus últimas horas había pedido un Aloe Vera de las islas Canarias: esa planta tendría algún significado especial para él, le traería algún recuerdo grato, acaso era un símbolo de algún amor de juventud, algo así como el avioncito de Kate (o de Olivia); b) El padre de su amigo se estaba muriendo y mi primo pensaba que una planta de Aloe le podría salvar la vida.

Mi primo Nico es un idealista, un romántico, un soñador, Bécquer en estado puro. Así que cualquiera de las dos hipótesis eran posibles y encajaban a la perfección con su personalidad.

-De acuerdo. Si es así, trataré de hacerle un hueco en la maleta.

El plan era muy sencillo: yo llevaba el Aloe a Limón y al día siguiente (o al siguiente del siguiente) su amigo vendría a buscarlo para llevárselo a su padre al hospital. Los planes de mi primo siempre gozan de la sencillez de lo perfecto y de lo irrefutable.

Lo malo está en llevarlos a la práctica. Y es que el 5 de octubre no vino nadie a llevarse el Aloe Vera, ni el 6 de noviembre, ni el 7 de diciembre, ni el 8 de enero, ni el 9 de febrero, ni el 10 de marzo, ni... El Aloe sigue en nuestra azotea de Limón y ha soportado el sol de octubre, la lluvia de noviembre y la nieve ocasional de diciembre y enero.

Ayer pensé que había llegado el momento de cobrarme el favor:

-Hola primo ¿Recuerdas aquella planta de Aloe que metí en mi maleta y por la que tuve exceso de equipaje al venirme a Madrid?

Mi plan era también muy sencillo: Nico necesitaba urgentemente la planta de Aloe de vuelta en Tenerife. Nico sabía que mi hermano Pablo volaba hoy por la tarde rumbo Tenerife. Santi y Geno estarían en la escuela y no podrían hacerlo. Su primo Andrés se negaría a tener más contactos con plantas de Aloe y además había salido de Madrid el fin de semana (esto debía dejarlo Nico muy claro). Con Joe no tenía Nico confianza suficiente. Así que sólo quedaba él, Christian, como único posible ejecutor del plan. Debía presentarse en Limón hoy por la tarde, a eso de las 16:00, para recoger el Aloe. Joe le abriría la puerta y se lo daría. Él sólo tendría que llevárselo a mi hermano al aeropuerto. Su vuelo se había retrasado y hasta las 18:30 no tenía previsto que saliera.

El plan no era perfecto pero podía funcionar. Christian conocía a mi primo Nico y por lo tanto sabía que transportar un Aloe Vera desde Madrid hasta Canarias con carácter de urgencia podía tener pleno sentido y no era una idea descabellada o ante la cual fuera conveniente ponerse en guardia.

Christian vendría a Limón a buscar el Aloe. Pero no le abriría Joe sino yo: Al final decidí quedarme en Madrid el fin de semana. Al final mi hermano salió antes de lo previsto, olvida el Aloe. Hay café preparado, entra, por favor. Hay algo que quiero enseñarte.

Hoy a las 16:00 horas.

Éste es el plan.


miércoles, 17 de marzo de 2010

eN pRoCreSo 15


El viernes encontré las pertenencias de Olivia Droslim en el pequeño trastero sobre el baño y desde entonces he estado llamando a Christian por teléfono casi a diario.

No me ha devuelto todavía las llamadas, pese a mis sms y mensajes de voz. He tenido la precaución de no nombrar en ellos a Olivia ni nada relativo a las cosas extrañas que han seguido ocurriendo. Recuerdo que cuando le pedí que me contara algo más acerca de su convivencia en la casa de Limón con su primo Carlos se cerró en banda y me espetó: "Preferiría no hacerlo".

Lo que ha sucedido hoy termina de confirmar mis sospechas de que por uno u otro motivo desde aquel día Christian me evita. Muy de mañana han tocado a la puerta y he ido a abrir. Afortunadamente no se trataba esta vez de un doble de mi padre, sino de una vecina que vive en el 2º piso. Me ha dicho que Christian ha estado tocando ayer por la tarde en casa y al no encontrar a nadie se ha dirigido a la suya. Mi vecina me ha dicho que conoce bastante bien a Christian, y que éste le ha dicho que le puedo dejar a ella su correspondencia. A ella no le importa encargarse de llamarlo cuando el correo es abundante o hay alguna carta de cierta importancia. Además, me ha entregado una copia de la llave de mi buzón, que al parecer Christian todavía conservaba y que venía a entregar.

-¿A qué hora estuvo tocando Christian en mi casa? -le pregunté.

-Por la tarde-noche, a eso de las siete -respondió.

A esa hora yo estaba en la escuela de Santi, viendo su obra de teatro. Pero Geno y Joe sí que estaban. Y según me dijeron hace un momento, no oyeron nada.

Christian parece haberlo calculado todo para no verme ni hablar conmigo.

Y sin embargo, mañana pienso verlo y pienso hablar con él.

Yo también he hecho mis cálculos.


martes, 16 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 14


También Cortázar, o el mundo de la ficción literaria, parece haberse inmiscuido en el universo semirreal de los sueños:

Yo estaba en casa, en La Laguna. Mi padre estaba allí, viendo la tele. Y entonces sonó el timbre de la callé. Yo me levanté y abrí por el telefonillo y me asomé por el hueco de la escalera para ver quién había tocado y esperaba en la puerta a que alguien bajara: era mi padre. Sentí miedo. Mi padre estaba arriba viendo la tele y abajo en el umbral de la puerta. Bajé las escaleras lentamente y me acerqué a mi padre. Le toqué la cara con mi mano y comprobé que no era plástico, sino piel. Era mi padre. Pero entonces bajó por la escalera también mi padre, que había estado arriba viendo la tele. Volví a sentir miedo nuevamente. Cuando llegó junto a sí msmo y junto a mí, le toqué la cara. Y tampoco era de plástico. Y también era de piel.

Anoche me desperté sobresaltado y asustado por este extraño sueño.

Me fui al baño sin ganas: necesitaba salir de la cama, levantarme, encender alguna luz.

Luego me acordé del cuento de Cortázar que acababa de leer: "El otro cielo". Y de la monografía aclaratoria que leí en internet según la cual el tema del relato en cuestión es precisamente el de "los dobles".

En mi sueño se coló un doble de mi padre.

En los sueños la literatura.

En la ficción la ficción.


lunes, 15 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 13


Hoy me dio por releer la entrada de ayer y me percaté de algo que había escrito.

Escribí que entre los objetos y cachivaches de Olivia había un avioncito de juguete.

Hoy he vuelto a revisar la caja: no hay avión alguno.

¿Por qué escribí lo que escribí entonces?

Es más: ¿De veras lo escribí?

Es algo que no recuerdo y sin embargo escrito está.

La entrada se titula "eN pRoCeSo 12".

En el capítulo 12 de la primera temporada de Lost es precisamente en el que se cuenta la historia del avioncito de juguete de Kate.

Empiezo a pensar que el universo de ficción de Lost se ha inmiscuido por un momento en la realidad de lo que está ocurriendo en la casa.

Y ahora no puedo evitar imaginarme a la misteriosa Olivia con el rostro y la personalidad de la enigmática y hermosísima Kate.


domingo, 14 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 12



El trastero estaba lleno, casi hasta reventar, tal y como me había advertido mi primo Nico.

Fundamentalmente había libros de Derecho, revistas sobre el mundo islámico, documentos en árabe, piezas de ordenadores destripados, álbumes de fotos, mantas y cachivaches varios. Pude reconocer en cada uno de ellos a alguno de mis cuatro primos, cada uno de los cuales ha vivido en esta casa en diferentes épocas de su vida: Luis, Isa, Blanqui y, finalmente, Nico.

Sin embargo, junto a todo este grupo de objetos reconocibles y hasta cierto punto familiares, había también una caja de zapatos con lo que parecían ser las pertenencias de alguien llamado Olivia Droslim. Había un estuche con lápices de colores e innumerables dibujos; había un avioncito de juguete; había apuntes, anotaciones, papeles con mensajes; y muchos libros.

En cada uno de los libros Olivia Droslim había escrito su nombre, una fecha y un lugar. Me fijé en que el lugar era siempre Madrid y que las fechas iban desde marzo del 2009 hasta junio del mismo año.

¿Quién era Olivia Droslim?

Lo primero que pensé fue en alguna amiga de alguno de mis primos. Pero luego descubrí un sobre amplio entre tanto papel y en su interior una especie de plano de la casa de Limón. Se trataba de una aproximación algo imperfecta y desproporcionada a la planta del piso de Limón, pero eran perfectamente reconocibles los tres dormitorios, el salón, la cocina, el baño y la terraza. Lo más sorprendente eran los tres nombres que había escritos dentro de cada uno de los tres dormitorios: Christian, Carlos y Olivia. Y lo más inquietante: la palabra "dead" bajo el nombre de Olivia.

¿Qué broma era todo esto y quién era Oivia Droslim? ¿Habían compartido piso Christian y Carlos con una tercera persona? ¿Por qué la convivencia en la casa de Limón entre Christian y Carlos se había malogrado? ¿Por qué se había Christian sumido en un extraño silencio tras preguntarle yo por este asunto? Eran demasiadas preguntas. Decidí telefonear a mi primo Nico.

-Supongo -me dijo- que son de la novia de Christian. Llámalo para que venga a buscarlas si les hace falta espacio en el trastero.

-Ok, primo -le dije-. Por cierto ¿cómo se llama?

-¿La novia?

-Sí. ¿Te sabes su nombre?

Mi pregunta era estúpida y yo era absolutamente consciente de ello. Sabía que la novia de Christian solía pasar muchos días y muchas noches en la casa de Limón. Y sabía que Nico la conocía perfectamente y que los tres habían salido de cañas juntos a menudo. Pero necesitaba confirmar mis sospechas.

-Claro -me dijo-: Se llama Sara.


sábado, 13 de marzo de 2010

viernes, 12 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 10



Cuando venga Christian a por la correspondencia pienso ser directo, claro y veloz: pienso noquerlo con mi pregunta.

Continuamente están ocurriendo a nuestro alrededor cosas a las que no les damos importancia ni significado alguno, que pasan desapercibidas ante nuestros propios ojos, los cuales miran sin ver y existen sin comprender.

Eso es lo que explica, según el profesor Gracia Cantero, el que a lo largo de la historia de la humanidad hayan pasado prácticamente inadvertidas las señales e indicios propios del lenguaje del Calcetín. Cito textualmente:

"Su gramática es discreta y sutil, casi vaporosa, por lo que a lo largo del tiempo sólo aquellos espíritus más fácilmente excitables han prestado atención a las casi imperceptibles desviaciones del orden natural en el que por lo general se circunscribe la cotidiana existencia del Calcetín. Sólo en determinadas situaciones muy particulares ha quedado constancia de un comportamiento extravagante y llamativo; situaciones en las que un peligro, una advertencia o un enigma flota en el aire o en el tiempo, latente y todavía oculto. Pero por lo general el Calcetín se manifiesta y expresa de un modo tan discreto que la generalidad de los mortales reaccionan ante estas señales del mismo modo que lo hace un invidente ante un haz de luz. Y por lo tanto, la pérdida de un Calcetín, la repentina sudoración del pie en un día de invierno o las apariciones recurrentes durante el sueño han de ser interpretados como fenómenos lingüísticos o acontecimientos no exentos de un valor semántico"

Habiendo leído esto comencé a llevar dentro de la casa una vida más consciente y, gracias (o por culpa de) eso, he hecho un descubrimiento esta mañana ante el que no he podido por menos que sentir un escalofrío indescriptible.

La lavadora está en el baño y el tendedero en el pequeño salón que comunica con mi cuarto y con el de Geno y Joe. Pues bien, esta mañana estaba tendiendo la ropa y cada vez que la sacaba de la lavadora y la transportaba hacia el tendedero un calcetín diferente se caía al suelo. Intenté evitarlo: concentrarme para que no ocurriera. Pero no hubo forma: en cada viaje al tendedero un calcetín se quedaba en el camino. Entonces pensé en el posible significado de un hecho tan banal y me percaté de una circunstancia algo singular: todos y cada uno de los calcetines se habían caído en un mismo sitio, justo debajo del dintel de la puerta del baño.

Miré hacia arriba y allí estaba el pequeño armarito que todavía nunca habíamos abierto. Recordé las palabras de mi primo Nico, allá en octubre, cuando llegamos al piso:

-Hay un pequeño trastero en lo alto de la puerta del baño, pero es mejor que no lo abran porque está lleno de todo un poco y no les va a caber allí nada.

Miré de nuevo el armarito o trastero. Y sin dudarlo un instante, con la evidencia de que eso era lo que querían los calcetines que hiciera, me subí a una silla y lo abrí.

Ahora que ya he visto lo que hay en su interior sólo me queda esperar a hablar con Christian y hacerle la pregunta antes de darle tiempo a pensar:

-Christian: ¿Quién es Olivia Droslim y de qué murió?


jueves, 11 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 9


Cada noche me acuesto y veo en la cama uno o dos capítulos de Lost.

Anoche, sin embargo, preferí quedarme leyendo hasta horas intempestivas la Gramática Calcetinífera del profesor Gracia Cantero.

Y acaso por eso terminé soñando con calcetines:

Ellos salían de su caja y se desplazaban con sigilo por el suelo de mi habitación, salían al pasillo, cruzaban el umbral de la puerta de la casa, bajaban los cuatro pisos del inmueble, enfilaban la calle Limón, cruzaban la Gran Vía, avanzaban decididos, como sabiendo de antemano qué les aguardaba al final de las siguientes callejuelas, hasta desembocar en los jardines del Templo de Debod. Una vez allí se encaramaron al bordillo del estanque que rodea al templo y comenzaron a darle vueltas sin cesar.

En ese momento me desperté, sobrecogido.

Me pregunto por qué mi imaginación también da vueltas en torno al Templo de Debod.


miércoles, 10 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 8


He terminado adquiriendo la Gramática del profesor Gracia Cantero.

Ricardo fue el que me puso detrás de la pista de esta obra tan peculiar y extravagante. Me mandó un archivo pdf, que hojeé al principio intrigado aunque con un punto de escepticismo. Me asombraba que acerca de un objeto en apariencia tan anodino como El Calcetín (el profesor Gracia Cantero siempre lo pone en singular y con mayúsculas) alguien pudiera escribir un tratado de 467 páginas.

Ya dije que la semana pasada estuve en la entrañable librería Fuentetaja en busca de una novelita rosa de Corin Tellado. En el máster habíamos estado analizando distintos principios de novela y el profesor nos tendió una trampa al ponernos como contraejemplo de lo que debe ser un buen comienzo un texto insípido de Corin Tellado. Un alumno salió al ruedo elogiando la potencia y la fuerza del texto, sin habernos dicho aún el profesor quién era su autora. Cuando por fin nos reveló de quién era la portentosa pluma que había escrito aquel comienzo sublime nos estuvimos burlando cariñosamente de nuestro compañero y le prometimos que para su cumpleaños tendría una novelita de Corin Tellado. Pero toda su obra estaba descatalogada y me dijeron que a lo sumo podían intentar pedirla a través de internet. Tardaría una semana, pero les dije que sí.

Ya me había olvidado del pedido (como si de un encargo a Gingerboy se tratara) cuando recibí ayer tarde una llamada de Fuentetaja diciéndome que les había llegado a la librería Frívola, El engaño de mi marido y Te acepto como eres. Me cambié de calcetines y bajé a la calle rumbo al número 35 de la calle San Bernardo.

Y al detenerme en el escaparate de la librería sentí cómo mi mirada era reclamada por un grueso volumen de tapas duras y sobrio diseño: era la Gramática Calcetinífera del profesor Gracia Cantero.

Una vez en casa, me tumbé en la cama, me quité los calcetines y comencé a leer el prólogo:

"Escaso y raro ha sido el abordaje y el estudio científico del Calcetín en el último siglo. Desde el ambicioso ensayo sobre la materia del experto en reflexología y criptólogo J.K. Sokkusu en Historias del Calcetín: Apariciones y Lenguaje apenas ha habido una tentativa de elaborar un estudio sistemático de la morfología y simbología del Calcetín. Con la presente obra hemos pretendido remediar el olvido en que desde entonces ha caído todo lo relativo a este campo de investigación. Basándonos en la escasa bibliografía sobre la materia, pero principalmente en las experiencias realizadas y experimentos desarrollados en el marco del proyecto de tesina Hermenéutica del Calcetín: Aproximaciones a una Semiótica Calcetinífera, hemos pretendido ofrecer a los lectores de esta obra una guía a través de la cual -como pertrechado con un hilo de Ariadna- poder acceder a la comprensión de los signos y expresiones externas del Calcetín en sus más diversas manifestaciones. En otras palabras, nuestro propósito no ha sido otro que el de elaborar la primera Gramática Calcetinífera. A juicio del lector dejamos la cuestión de en qué medida dicha Gramática satisface las elevadas expectativas que tan vasta y ambiciosa empresa conlleva".


martes, 9 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 7



Mi primo Nico es el dueño de la casa y antes de que llegáramos nosotros vivían en ella Christian y Carlos.

A Christian lo veo muy esporádicamente, cuando viene a recoger el correo que todavía sigue recibiendo en Limón 19. Ayer lo llamé por teléfono para avisarle de que se le estaba acumulando bastante correspondencia. Me aseguró que ni Carlos ni él tenían ya ninguna copia de la llave de la casa. Le conté lo de los pedidos de comida oriental a Gingerboy y me dijo que ni siquiera sabía de la existencia del restaurante.

-¿Y Carlos?

-He perdido ya el contacto con él.

-Carlos es tu primo ¿no es verdad?

Christian me contó que durante la convivencia de algo más de un año con su primo Carlos en la casa de Limón la relación entre los dos se había ido deteriorando poco a poco.

-En realidad, fue él quien se empezó a rayar y a obsesionar. Me acusaba de cosas que yo ni siquiera había hecho.

Christian se quedó callado y creí escuchar al otro lado del teléfono su respiración acelerada.

-Cuéntame un poco más -le pedí.

Pero él continuó como si fuera mudo y le costara respirar. Y cuando por fin rompió el silencio fue para contestarme con la célebre frase de la novela de Melville:

-Preferiría no hacerlo.


lunes, 8 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 6



El Cizaña y Vanesa deben de estar ahora mismo en el AVE de vuelta a Barcelona.

Esta mañana tuve que solicitar unos visados para mis tíos en la embajada china, así que me vi obligado a dejarlos a los dos en casa, solos.

La espera en la cola de visados fue larga: la china que estaba justo delante de mí tramitó la solicitud de unos diez o veinte visados al mismo tiempo. Allí esperando se me ocurrió una idea descabellada: que el chino que me trajo el almuerzo el martes pasado en realidad pretendía comprobar si en la casa había alguien a esa hora o no.

Al volver a casa el Cizaña y Vanesa ya habían hecho sus maletas y me esperaban en el sillón de la tele.

El Cizaña tenía un brillo extraño en la mirada y Vanesa tenía el libro de Cortázar entre las manos y estaba empezando a leer Casa tomada.

Al entrar en mi cuarto, mis calcetines habían vuelto a salirse de la caja y estaban en círculo.

En el interior del círculo había un objeto que le pertenecía al Cizaña.

Volví al cuarto de la tele riéndome:

-Al salir de casa tuve la precaución de dejar detrás de mi puerta la chincheta -le dije-. Te pillé.

El Cizaña no dijo nada, no confirmó ni desmintió mi hipótesis. Se limitó a sonreir y mantener ese brillo aguado en la mirada.

Pero una vez que nos hubimos despedido, al volver a mi cuarto, en el centro del círculo no había nada más que parqué y una ausencia o un recuerdo.



domingo, 7 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 5


Esta serie de posts no conforman algo así como una historia policiaca previamente pensada por mí.

Eso significa que en cualquier momento pueden dejar de ocurrir cosas, o que las cosas que están ocurriendo se pueden quedar sin explicación, o a mí me puede suceder algo que me impida continuar con este blog...

Tenemos visita. El Cizaña y Vanesa, su novia, se están quedando en casa. No les he querido preguntar si han notado alguna cosa extraña. Simplemente por las mañanas les digo: "¿Qué tal han dormido? ¿Les ha molestado algún ruido?". Ellos han creído que mi pregunta no tenía nada de extraordinario. Han debido de pensar que se trata de la pregunta que habitualmente le formula cualquier anfitrión a sus huéspedes. Y yo no he querido desmentirlo. He preferido que piensen que así es.

Sin embargo, ayer por la tarde le presté al Cizaña un libro de relatos de Cortázar y significativamente hoy por la mañana ha estado leyéndose el inquietante y célebre relato Casa tomada.


sábado, 6 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 4


El martes decidí empezar a escribir las cosas que están ocurriendo en la casa.

Pensaba no hacerlo. Por ahora no parece que ninguna de ellas constituya un peligro de ninguna clase así que no lo hice movido por la voluntad de que a la postre todo quedara por escrito. Sin embargo, el ejercicio de escribir siempre me ha servido -entre otras cosas- para aclarar mis pensamientos. Cuando uno escribe o cuando uno le cuenta a alguien una historia o algo que le ha sucedido necesariamente llevamos a cabo una labor de síntesis y de puesta en orden de eso que nos ha sucedido o que queremos contar. Por eso creo que del ejercicio de ordenarlo todo por escrito puedo sacar algún provecho y puede servirme para entenderlo.

Dije que antes del episodio de los calcetines ya habían empezado a ocurrir cosas.

Alguna que otra vez he encargado comida al Gingerboy, un restaurante de "Cocina fusión asiática de alta calidad". Hacen unos rollitos de langostinos y unos noodles bastante aceptables. Y los precios no son tan caros como habría uno de suponer por la sofisticación de los nombres de los platos.

Pues bien, la semana pasada quise ver un capítulo de Lost mientras cenaba comida "asiática de alta calidad". Pero al llamar me dijeron que no podían aceptar mi pedido, que lo sentían mucho. Al parecer, en varias ocasiones ya habían recibido pedidos desde mi dirección y al llegar la moto al 19 de la calle del Limón nadie les había abierto la puerta.

Recordé entonces que con trece años habíamos hecho una compra de alimentos en un supermercado por teléfono y que la habíamos mandado a una dirección aleatoria. A mí me había tocado hacer el pedido y mientras mis amigos me iban escribiendo en un papel toda clase de víveres yo me mordía el labio para no soltar una carcajada.

-Pero le aseguro que yo nunca he encargado nada a Gingerboy sin estar en casa -protesté-. Puede haber sido la gamberrada de unos críos.

-Lo siento, señor, pero los pedidos fueron hechos desde el teléfono fijo desde el que usted me llama. No podemos aceptarle más pedidos. Son las normas de la empresa.

Colgué el teléfono y, cabreado, me hice unos spaguetti con atún y limón.

Unos días más tarde era martes día 2 de marzo y yo volvía de hacer la compra en el supermercado. En casa tenemos eneldo en rama y había conseguido un salmón con aspecto muy fresco. Mientras guardaba la compra en la despensa y sacaba los ingredientes para preparar la salsa de eneldo tocaron el timbre. No entendí bien lo que me dijeron desde el otro lado del telefonillo pero abrí de todas formas, pensando que sería el cartero de Correos. A los pocos minutos, el timbre que sonaba no era el de la calle sino el de mi puerta. Abrí y me encontré a un chino joven con un casco de motorista en una mano y una bolsa de plástico humeante en la otra:

-¿Andlés Fajaldo?

-Sí.

-Su comida.

Pensé en aquella tarde hace 19 años en que había hecho un encargo falso con mis amigos. Pensé en que en el Gingerboy ya estaba yo en la lista negra y que me convenía estar a bien con el resto de take-aways del barrio. Así que me cercioré mentalmente de que quedaba espacio en el congelador para el salmón y le dije:

-Muchas gracias ¿cuánto le de debo?

Empecé a engullir la comida china sin reparar en su sabor, dándole vueltas al asunto. En casa no estaban ni Santi, ni Geno, ni Joe. Me harté rápido. Eran las 13:00 horas y aunque no había desayunado no estaba acostumbrado a almorzar tan temprano. Después de comer me dirigí a mi cuarto y fue entonces que vi los calcetines en fuga, o en forma de "C", o en forma de interrogante.

Me dije: "Aquí están sucediendo cosas".

Y empecé a escribirlo todo.



jueves, 4 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 3



Así me imagino a mis calcetines en fuga desde mi cuarto.

Ayer estuve pendiente de mi puerta.

Los calcetines no podían haberse caído solos. O al menos al caerse no habían podido quedarse colocados en una línea curva tan perfecta sin la intervención de nadie. Así que cuando salí por la tarde a rastrear por las librerías de Madrid un libro de Corin Tellado tomé la precaución de dejar tras la puerta, en una intersección precisa del parqué, una chincheta.

Estuve en la Casa del Libro, en el FNAC y en la librería Fuentetaja. En ninguna de las tres tenían nada de Corín Tellado. Todos sus libros estaban descatalogados. Yo buscaba una novelita titulada "Frívola". Durante una hora y media mi mente anduvo entretenida, y pude evadirme en cierto modo, olvidar por un momento las cosas que estaban ocurriendo en casa.

Pero a la vuelta, en el umbral de la puerta cerrada de mi cuarto, me detuve y tomé aire profundamente, temiéndome lo peor. Entorné la puerta lo suficiente como para introducir mi cabeza y asomarme: la chincheta estaba allí, sobre el suelo de parqué, pero se había movido.

No creo en calcetines ni en chinchetas que se mueven solos, así que decidí tocar en la puerta de al lado:

-Hola Geno.

-Hola, compi ¿qué tal?

Vi que estaba todavía memorizando un texto para aquella obra de la que me había hablado, así que decidí ir al grano.

-Oye ¿tú has entrado a mi cuarto hoy por la tarde?

-Sí, he entrado un momento.

-¿Y eso?

-Fui a dejarte unos calcetines. Tú no los dejaste en mi cuarto ¿verdad?

-¿Yo? Pues no ¿es que estaban en tu cuarto?

-Habrá sido Joe, no sé. No sabía si había sido él o tú haciéndome una broma.

-¿Qué tipo de broma?

-No sé, la verdad, pero estaban tan colocaditos que me extrañó...

-¿Cómo de colocaditos? ¿estaban como en curva?

-No. Estaban como formando una "C".

-Ya. Pregúntale a Joe cuando llegue y me cuentas.

Hoy me he levantado y todos se habían ido ya de casa: Geno, Joe y Santi. Los tres son actores. Los tres estudian teatro. Los tres se pasan casi todo el día fuera mientras yo me quedo solo en esta casa en la que han empezado a ocurrir cosas.

Dentro de un rato saldré a mis clases de escritura. Los del master hemos hecho muy buenas migas y los jueves nos vamos de cena y nos retiramos tarde. Hoy es el cumpleaños de uno de ellos y queríamos hacerle un regalo irónico: pero al parecer está descatalogado. Hoy cuando vuelva estarán durmiendo los tres actores.

Así que me acostaré sin saber quién coloca y pasea por la casa mis calcetines. Y mi único consuelo será imaginármelos en fila india, en sinuosa peregrinación, vadeando imaginarios meandros, desde la caja en la que suelen estar hasta quién sabe qué rincones de esta casa.


PaRa eLLa

miércoles, 3 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 2


Geno y Joe suelen dejar siempre cerrada la puerta de su cuarto, y yo también.

En los pisos compartidos es necesario tener un cuarto propio desde el que cerrar por dentro la puerta. La de la izquierda conduce al cuarto de Geno y de Joe. La que sí tiene picaporte es la mía.

Las puertas cerradas parecen susurrarnos al oído: "Ábreme".

Las puertas cerradas se hicieron para ser abiertas, del mismo modo que las manzanas se hicieron para ser mordidas y el gatillo de un revólver para ser apretado.

Después de mucho darle vueltas he llegado a la conclusión de que la caja de calcetines no se cayó al suelo sola.


martes, 2 de marzo de 2010

eN pRoCeSo 1


Han empezado a ocurrir cosas.

Hoy he vuelto del supermercado y al entrar a mi cuarto me he encontrado esto.

¿Están tirados o colocados?

Ni Santi, ni Geno, ni Joe estaban en casa cuando he llegado de la calle.


lunes, 1 de marzo de 2010

SoNeTo CLXIX



Sirvan tus nuevas lentes de contacto,

vidrio que cambia años por dioptrías,

o el peeling o el botox o las cirugías

para sellar luciferino el pacto.


Sirva el aloe o la flor de cacto

a erradicar del glúteo las estrías

y a que aunque marchita lucir deberías

lozana y joven parezcas de facto.


Nereida de gym, nínfula operada,

que con liftings alargas tu artificial

primavera, falaz edad dorada:


¿Cómo podrás afrontar que tu rosal

acabe siendo polvo, sombra, nada,

cuando, sin flores, sea ése tu final?



Foto: Magnolia